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El "rey de la efedrina", a juicio por vender CD y DVD truchos

Written By Charles Francis on 11 diciembre 2014 | 15:22

Mario Segovia está detenido por exportar efedrina a México. Ahora afronta un tercer proceso, por sus primeros pasos en el mundo de la ilegalidad: el contrabando de mercadería proveniente de Taiwán. El juicio empezará a mediados de 2015.

Mario Roberto Segovia –rosarino, 40 años, detenido en una unidad penal federal- dio sus primeros pasos en el negocio del contrabando con la venta de CDs y DVDs. Fue en 2005, mucho antes de que comprara una fastuosa casa quinta, autos de lujo (un Rolls Royce Phantom, dos camionetas Hummer, una Land Rover), y de ganarse el apodo de  "Rey de la Efedrina”. En aquellos tiempos iniciáticos, montó una empresa fantasma con un nombre falso y la usó para importar mercadería de Asia por valores millonarios. La registraba en la Aduana, como material de construcción, a precios insignificantes. Con dos condenas por tráfico de efedrina, Segovia ahora espera en la cárcel el comienzo del tercer juicio oral en su contra por “contrabando agravado”.
“Se prevé que el juicio comenzará en la primera mitad del año próximo”, dijeron fuentes judiciales a Infojus Noticias. La causa es un desprendimiento de otro expediente en el que Segovia fue condenado a nueve años de cárcel. Esta semana la Cámara Federal de Casación Penal rechazó un planteo de la defensa para apartar a los jueces del Tribunal Oral en lo Penal Económico (TOPE) 2 -César Osiris Lemos, Claudio Javier Gutiérrez de la Cárcova y Luis Gustavo Losada- y dejó la causa al borde del juicio. Los abogados habían planteado que el mismo tribunal ya lo había juzgado en el mismo expediente. Casación  argumentó: si bien se trata de una modalidad similar a los hechos ya juzgados, son acontecimientos diferentes.
Antes de convertirse en el mayor exportador de efedrina del país, Segovia vendió celulares y trabajó de mozo. Todos los días pedaleaba en bicicleta desde su casa hasta el comedor del Club Provincial, en la zona sur de Rosario. Hacía un dinero extra vendiendo CDs, DVDs y revistas porno. Sus clientes eran amigos y compañeros de trabajo. Pese a tener más de un empleo, le costaba llegar a fin de mes. En 2003 afrontó un juicio por desalojo de un departamento por no pagar el alquiler.
Negocios sucios
Cuando la economía empezó a mejorar, Segovia apostó por un emprendimiento propio: la fabricación y venta de productos informáticos. En 2005 fundó la empresa Burn & Play Tecnologies S.A con un nombre falso: Héctor Germán Benítez. Compró un cargamento en Taiwán que registró en la aduana como “ladrillos refractarios” por un valor de 7920 dólares. En la Terminal Portuaria 4 del Puerto de Buenos Aires descubrieron que en los containers había 800 mil CDs y 180 mil DVDs. El valor de la mercadería era de casi 300 mil dólares.
El negocio creció y se diversificó rápidamente. En 2006, Segovia dejó de contrabandear productos informáticos y se convirtió en “jefe, financista y organizador” de una banda que vendía efedrina a cárteles mexicanos que producían metanfetamina. Los investigadores calculan que entre ese año y noviembre de 2008, cuando fue detenido en Aeroparque, exportó casi nueve mil kilos de efedrina. Aquel día, viajaba con un documento a nombre de Héctor Benítez, la misma identidad que había utilizado para importar CDs y DVDs.
La investigación, en manos del juez en lo penal económico Marcelo Aguinsky, se había iniciado a partir de una denuncia de presentada por la Aduana -que depende de la Administración Federal de Ingresos Públicos (AFIP)- por el envío de 300 kilos efedrina disimulados en un cargamento de 12 toneladas de azúcar. El magistrado elevó la causa a juicio oral y en marzo de 2012 el TOPE 2 lo condenó a nueve años de prisión por contrabando agravado por utilizar documentación falsa. Otras cuatro personas recibieron penas de entre dos años y ocho meses y siete años.
En agosto de 2012 el Tribunal Oral Federal Nº 4 de San Martín condenó a Segovia y a otras ocho personas, entre ellas su esposa, Gisella Itatí Ortega. El jefe de la organización recibió una pena de 14 años que se sumaron a la pena anterior. La causa se había iniciado tras el desbartamiento, en julio de 2008, de un laboratorio de metafentaminas en una quinta de Ingeniero Maschwitz. 

"El rey de la efedrina" fue condenado a 14 años de prisión por contrabando

Written By Charles Francis on 11 agosto 2012 | 13:11

El rosarino Mario Roberto Segovia fue hallado culpable de hacer 91 envíos de droga a México. Fue el segundo revés judicial que sufre en el año. Hubo otros 9 condenados, entre ellos su esposa.

Mario Roberto Segovia ayer, al llegar a la sala de audiencias donde escucharía el veredicto del Tribunal.
Buenos Aires.— El rosarino Mario Roberto Segovia fue condenado ayer a 14 años de prisión como coautor de contrabando agravado de efedrina en al menos 91 casos. La pena, dictada por el Tribunal Oral Federal número 4 de San Martín, es la segunda que recibe el llamado "Rey de la efedrina" en lo que va del año y por delitos vinculados al tráfico de sustancias estupefacientes (ver aparte). La misma pena que Segovia recibió el mexicano Juan Jesús Martínez Espinoza, quien fue declarado organizador de una banda que elaboraba metanfetaminas en una quinta de la localidad bonaerense de Ingeniero Maschwitz y la contrabandeaba a México.
El fallo se conoció la tarde de ayer después de varios meses de audiencias orales y públicas y tras escucharse las últimas palabras de los imputados frente al tribunal. Entonces, Segovia dijo que fue "objeto de aberraciones jurídicas", aseguró que está "en bancarrota" y pidió a los jueces que, en caso que lo condenaran, tengan en cuenta que "soy padre de tres hijos que me están esperando" (ver página 35).
Junto a Segovia y Martínez Espinoza fueron condenados el empresario rosarino Rubén Alberto Galvarini a 7 años y 6 meses de cárcel como coautor de contabando agravado; el comerciante Ricardo Ricky Martínez (padre del actor Mariano Martínez) a 4 años como partícipe necesario de contrabando; el empleado Walter Gabriel Garrido, a 7 años de prisión por contrabando agravado; Gisela Ortega (esposa de Segovia) a 5 años de cárcel; el empleado peruano Pedro Díaz Cavero a 4 años de prisión por su participación en los 91 envíos de droga; el jardinero Gonzalo Rodrigo Ortega (cuñado de Segovia) a 4 años de prisión por intervenir en el contrabando en 16 oportunidades; y la misma pena se le dictó al sommelier mexicano Fernando Ventura García, como partícipe secundario de la producción de metanfetaminas. Asimismo, el entrenador físico Horacio Quiroga recibió 4 años de cárcel por comerciar materias primas para producir estupefacientes, mientras que fueron absueltos el empresario mexicano Rodrigo Pozas Iturbe y Antonia Moreno, suegra de El rey de la efedrina.
El fallo fue leído poco después de las 15 de ayer por la presidenta del Tribunal Oral en lo Federal 4 de San Martín, María Lucía Cassain, en una sala de audiencias colmada de periodistas como nunca se había visto en las jornadas del proceso que se inició en octubre del año pasado y bajo estrictas medidas de seguridad.
En una casaquinta. La causa que llevó a los imputados al estrado judicial empezó a develarse el 18 de julio de 2008 cuando en una casaquinta de Ingeniero Maschwitz propiedad de Martínez Espinoza se halló un laboratorio clandestino de metanfetaminas, considerado entonces el más importante de América latina, donde se secuestraron 200 kilos de efedrina.
Por ese caso, ocho ciudadanos mexicanos apresados en el lugar fueron condenados en 2010 a seis años de prisión, aunque tras cumplir la mitad de esa pena fueron expulsados de la Argentina tal como prevé la ley de Migraciones y recuperaron la libertad en su país. En ese mismo debate también recibieron seis años de prisión los argentinos Marcos Frydman y Ana María Nahmod, dueños de una farmacia de la Capital Federal, por comercializar ilícitamente drogas para la elaboración de metanfetamina; el empresario Mario Ribet recibió 4 años y 3 meses de cárcel y los hermanos Guillermo Alberto y Héctor Daniel Salomón otros 4 años.
Los cargos. Según la sentencia conocida ayer, Martínez Espinoza es culpable de organizar la "producción de estupefacientes agravado por la intervención de tres o más personas en concurso real con contrabando agravado por la participación de tres o mas personas y tratarse de sustancias que pudieron afectar la salud pública en grado de tentativa". Al condenado le aplicaron una multa de 30.000 pesos y se lo inhabilitó para el ejercicio del comercio, desempeñarse como empleado aduanero, ejercer actividades de importación o exportación y ser funcionario.
Segovia corrió la misma suerte y fue condenado como "coautor de contrabando agravado por la intervención de tres o más personas y tratarse de sustancias que pudieran afectar la salud pública en 91 hechos, en concurso real con contrabando de estupefacientes agravado en grado de tentativa". Se le aplicó la misma multa e iguales inhabilitaciones que a Martínez Espinoza por enviar efedrina mediante encomiendas desde el aeropuerto de Ezeiza.
Si bien los fundamentos del fallo se conocerán el 28 de septiembre, se estima que los jueces establecieron que Segovia compraba grandes cantidades de efedrina a droguerías a través de distintas farmacias para luego volcarla al mercado ilegal. En ese sentido, se cree que el rosarino que supo vivir en una majestuosa residencia de Fisherton y pasearse por las calles de la ciudad a bordo de alguna de sus camionetas Hummer o en el único Rolls Royce Phantom que se conoció en Rosario, lideraba la banda desde 2006 y era quien obtenía la efedrina de proveedores porque estaba inscripto con un nombre falso para poder comprar precursores químicos bajo la identidad de Héctor Benítez, un preso alojado en el penal de Sierra Chica.

Quién era Mario Segovia antes del negocio que lo llevó a la opulencia

Written By Charles Francis on 26 mayo 2012 | 15:12

Hasta hace ocho años iba a trabajar en bicicleta a un club, donde era mozo. Vendía CD, DVD y revistas porno. A principios de 2007, "el rey de la efedrina" se mudó a su mansión de Fisherton. Y se dio varios gustos, como asfaltar una calle. 


l Rolls Royce, las camionetas Hummer, los Rolex, los lingotes de oro, la mansión de Fisherton y el departamento de Puerto Madero, los plasmas, las libras esterlinas, los viajes por el mundo. La efedrina. Hasta hace menos de ocho años, en la vida de Mario Roberto Segovia, detenido y acusado de ser el mayor proveedor de los carteles mexicanos que fabrican drogas sintéticas, nada de esto existía. Todo era más simple, llano y duro. 


Iba a trabajar al comedor del Club Provincial de Rosario en bicicleta. Pedaleaba desde su casa, en la zona sur, hasta el restaurante donde trabajaba como mozo, un oficio que le daba la posibilidad de viajar cada tanto a Buenos Aires, apiñado en un colectivo junto a medio centenar de colegas. Allí la empresa Poet prestaba su servicio de catering en fiestas, donde Segovia se las ingeniaba para controlar su torpeza con la bandeja y se ganaba unos pesos extra. 



Pero la gastronomía no era su único rebusque, por lo menos en ese momento. En las horas libres, vendía CDs, DVDs y revistas porno en la calle. Se había armado una clientela entre amigos y compañeros de trabajo, a quienes siempre describía con entusiasmo la mercadería que guardaba en un bolsito negro del que muy pocas veces se separaba. Le aportaba unos pesos al presupuesto familiar y, sobre todo, gustaba de ver esas películas, según recordaron sus ex compañeros de trabajo, quienes se acuerdan de él con humor y cierto sarcasmo, sobre todo después de enterarse de que "Marito" fue detenido el domingo pasado en Aeroparque cuando estaba por viajar a la Triple Frontera. Y ahora está detenido en Campana, junto con su mujer Gisela Itatí Ortega, su primo Sebastián Segovia, Daniel Alberto Bocchi y el contador Roberto Guerini, del poderoso estudio Eduardo Scarpello. Se lo acusa de ser el mayor proveedor de efedrina a los carteles mexicanos que elaboran drogas sintéticas, como la metanfetamina. Hasta ahora, todos los detenidos se negaron a declarar. 



Segovia es un personaje nuevo en la trama del tráfico de efedrina que comenzó a investigar el juez Federal Federico Faggionato Márquez, luego de desbaratar a mediados de julio pasado un laboratorio manejado por un grupo mexicano -con aparentes vínculos con el cartel de Sinaloa-en Ingeniero Maschwitz. En esa casaquinta tenían montado un laboratorio para fabricar drogas sintéticas. Como publicó Crítica de Santa Fe en setiembre, parte de los precursores químicos que utilizaban en Maschwitz provenían de un laboratorio "fantasma" -a nombre de Héctor Germán Benítez, la "pantalla" que aparentemente utilizaba Segovia- ubicado en Entre Ríos 1031, frente a la plaza Sarmiento, en pleno microcentro rosarino. Segovia es nuevo en la trama, porque la Policía buscaba a ese tal Benítez. 



De mozo a rey. ¿Cómo ese muchacho de una modesta barriada del sur rosarino se transformó presuntamente en el mayor proveedor de efedrina, con posibles contactos con carteles internacionales? Los investigadores de la Policía Bonaerense -que hicieron 14 allanamientos la semana pasada en Rosario- no tienen todavía la respuesta. Aunque Faggionato Márquez dijo que Segovia "no es ningún perejil", a los jefes de Drogas Ilícitas de Campana les cuesta creer que sea la cabeza de una organización. Por eso, en la historia de este presunto narco rosarino hay varios renglones, por ahora, en blanco. Nadie en la causa pudo establecer cómo aquel mozo del Club Provincial se conectó con semejante organización. El pasado de Segovia, según los registros de la Policía santafesina, es intachable: no tiene antecedentes; ni siquiera una multa por mal estacionamiento. 



Por eso los investigadores tienen pocas huellas por donde ingresar a su historia. Su presente, en cambio, es más claro. Fuentes de la Bonaerense advirtieron que el "rey de la efedrina" tenía nexos directos con los mexicanos; incluso, dos narcos de ese país, que fueron detenidos hace poco más de una semana en Ezeiza con un cargamento de 9 kilos efedrina, estuvieron alojados en un hotel del centro de la ciudad, que pagó el propio Segovia. 



Para reconstruir los pasos previos de Segovia hay que sortear esos espacios aún vacíos. El mozo, inscripto por primera vez en la AFIP en 1998 bajo la actividad "venta al por mayor en comisión y/o consignación de mercaderías", que se presentaba como vendedor de golosinas, empezó a viajar al exterior. Fue despedido de su trabajo en Poet, la empresa que tiene la concesión de los salones de fiestas del Club Provincial y el Salón Naranja de la ex Rural, y a principios de 2006 empezó a visitar una docena de países, como India -uno de los principales productores de efedrina-, Holanda, España y México, entre otros. A veces viajó acompañado por su tío Eduardo Delgado, a quien la policía le perdió el rastro el domingo pasado tras allanar su casa en Comodoro Rivadavia 2897, también en la zona sur. De esa casa, donde desde hace una semana flamean sin parar en la terraza una sábana y dos vaqueros, los policías de Drogas Ilícitas de Campana se llevaron precursores químicos, entre ellos, acetona. 



Del sur al centro. En 2003, Segovia se ausentó del barrio Plata y se mudó al centro. Pero en la zona sur nadie sospechó. "¿Quién iba desconfiar de Marito?", dijo un antiguo vecino, quien admitió que su percepción de aquel muchacho que vendía películas porno cambió cuando lo vio aparecer con una Hummer, que estacionaba junto al cordón con las puertas abiertas, y de donde salía la cumbia a todo volumen. El verano pasado, el ahora "pez gordo del tráfico de efedrina" se sentaba junto con su tío y su hermano a tomar cerveza en torno a un tablón con caballetes que acomodaban en la vereda. 



"Era gente tranquila", agregó otro habitante del barrio. Y recordó que Delgado, tío de Segovia, llevó al hospital a su hija cuando se lastimó. Lejos de estigmatizarlo, en el barrio la leyenda del zar de la efedrina empieza a rugir. 



A principios de 2006, Segovia, su compañera, oriunda de Villa Gobernador Gálvez, y sus dos hijas (todavía no había nacido la tercera) alquilaron un departamento de tres ambientes en Sarmiento 364 2º piso, frente al Pami I. 



Unos meses después, el 24 de agosto de ese año, Segovia envió por correo una solicitud al Registro Nacional de Precursores Químicos para que habilitaran a Benítez -un preso de 33 años que cumple condena desde 2003 en Sierra Chica por robo calificado- para comprar insumos químicos". Pidió ese permiso para comprar y vender "efedrina, pseudoefedrina, hidróxido de sodio, hidróxido de potasio y cal", a través del laboratorio fantasma de Entre Ríos 1031. 



Esa oficina fue allanada por la Bonaerense a principios de setiembre, en busca de Benítez, pero los investigadores se encontraron con un salón vacío. 



Segovia vivió en el edificio de Sarmiento y Pasaje Zabala hasta mediados de 2007. En ese año y medio que estuvo allí los vecinos vieron los frutos de su ascenso económico. El "rey de la efedrina" llegó al centro con su primer auto, un Nissan usado que después regaló a su padre, y que guardaba en una cochera que estaba al lado del edificio. Después llegaron una Land Rover, una Dogde Run, y la Hummer, que compró con beneficios impositivos de diplomático. 



Si bien en su barrio se lo recuerda con simpatía, en el centro a Segovia sus vecinos del edificio lo miraban de reojo. "O era jugador de fútbol o traficaba algo, y el gordo pinta de deportista no tenía", recordó un hombre que lo veía todas las mañanas. 



Del centro a Fisherton. Después de mudarse a la mansión que compró por 350 mil dólares, seguía estacionando la Hummer en la cochera de calle Sarmiento (tuvo abono mensual hasta diciembre de 2007). Más tarde comenzó a llegar con el Rolls Royce, que dejaba en la esquina del pasaje Zabala. Si una chica se acercaba a mirar el auto Segovia la invitaba a dar una vuelta. "Cada tanto, pasaba alguna que le pedía dar una vuelta y él accedía. No era muy dado, pero eso le gustaba", dijo una vecina. 



"Marito" siguió yendo este año a esa esquina y era habitué de un pequeño bar americano. Allí tomaba café con un amigo, a quien le dejó las llaves del departamento de Sarmiento 364. Del nuevo inquilino los vecinos saben poco, recuerdan que siempre estaban juntos y que éste último desapareció hace unos días. Sin embargo, en el café todos negaron con sus cabezas conocer a Segovia. Acaso, un gesto de lealtad. 



Hace poco más de un año decidió mudarse al sector más residencial de la zona oeste, en Alvarez Condarco 472 bis. Tras equipar su casa con todo tipo de lujos electrónicos -otra de sus debilidades- instaló una garita blindada con aire acondicionado en la puerta. Los cuchicheos en el barrio se encendieron después de que la gente veía pasar a Segovia con sus autos lujosos y era celosamente custodiado por unos guardias enormes. El nuevo vecino, a quien no le importaba en lo más mínimo que el resto de los habitantes del barrio conjeturaran cualquier cosa sobre el origen de su fortuna, le molestaba el mal estado de las calles. Le daba mucha rabia no poder esquivar los pozos con el Rolls Royce. Un día decidió cortar por lo sano. No llamó a la Municipalidad para reclamar, sino que contrató a una empresa para que arreglara la cuadra. La cuenta la pagó él, algo que le hizo notar al resto de los vecinos -ricos de más antigüedad- que lo miraban con desconfianza. El domingo pasado, cuando ingresaron los efectivos de la Bonaerense, los mismos que hablaban pestes del "gordito nuevo rico" se relamían satisfechos. 

"Rey de la efedrina"

Written By Charles Francis on 29 marzo 2012 | 1:17

La Justicia condenó a 9 años de prisión a Mario Segovia, "Rey de la efedrina".
En tanto, el tribunal absolvió a Rubén Darío Galvarini Andrés Enricci y José Luis Sicardo. Según se informó, los fundamentos de la sentencia se leerán el 31 de mayo


Mario Roberto Segovia, conocido como el “Rey de la efedrina”, fue condenado a nueve años de prisión por el contrabando de 294 kilos de esa sustancia a México ocurrido en 2007.
Fuentes judiciales confirmaron que el veredicto fue dictado por el Tribunal Oral en lo Penal Económico 2, que también condenó a penas de entre siete años y dos años y ocho meses de prisión a otros cuatro acusados.
El Tribunal integrado por los jueces Claudio Gutiérrez de la Cárcova, Luis Gustavo Losada y César Osiris Lemos condenó a Rubén Alberto Galvarini a la pena de siete años de prisión, y a Jorge Javier Gómez a la pena de seis años, ambos por haber sido autores del delito de contrabando en dos oportunidades.
Además, el tribunal impuso a Maximiliano Damián Iñurrutegui y Angela Colangelo las penas de tres años y de dos años y ocho meses de prisión, respectivamente, por considerarlos partícipes secundarios de un hecho, pero el cumplimiento de estas penas quedó en suspenso.
Resultaron condenadas también dos empresas, South American Docks (Sadocks S.A.) y Euromac S.R.L., a las que se les retiró la personería jurídica y se les canceló la inscripción ante el Registro Público de Comercio.
En tanto, el tribunal absolvió a Rubén Darío Galvarini Andrés Enricci y José Luis Sicardo.
Según se informó, los fundamentos de la sentencia se leerán el próximo 31 de mayo, a las 13.

Conozca el secreto de Mario Roberto Segovia, el rey de la efedrina

Written By Charles Francis on 18 agosto 2011 | 13:20

El gran salto delictivo fue con el contrabando de cigarrillos.
Una incautación en Europa lo obligó a usar documentos falsos. Trazos de un policial que va de Londres a Dubai, Miami y Rosario. Pablo Robledo, desde Londres. 

Se dice de Bruselas que es una de las ciudades más aburridas del planeta. Los burócratas que la pueblan no hacen mucho por desmentirlo y, encima, en el verano de 2005 el calor era agobiante.
Pero el hombre que descolgó el teléfono en una oficina del número 30 de la rue Joseph II estaba quebrando la rutina, al menos del otro lado del océano: en el frío austral de Buenos Aires, otro funcionario atendió el llamado y escuchó cómo el jefe de Investigaciones y Operaciones de la Unidad B.7, Aduanas, Cigarrillos e IVA de la OLAF (Oficina Europea de Lucha contra el Fraude) pedía apoyo argentino a la Unidad Fiscal de Investigaciones de Delitos Tributarios y Contrabando, Ufitco, a cargo del fiscal general Mariano Borinsky. En particular, el sabueso europeo demandaba datos de un tal Mario Roberto Segovia, exportador sospechado de contrabando a España. Segovia era entonces un ignoto rosarino y hoy es conocido como el rey de la efedrina, detenido a disposición del juez Faggionatto Márquez. Se conocían ya sus lujos actuales y su modestia de mozo hace apenas ocho años. Este capítulo delictivo que revela Crítica de la Argentina en exclusiva, es el eslabón perdido que explica su salto social y económico pero también las razones que lo llevaron a adoptar la identidad falsa de Héctor Benítez. 

FUMANDO EXPORTO. La oficina que controla el fraude y el contrabando dentro de las extendidas fronteras de la Unión Europea había sido avisada por la aduana española del decomiso de dos contenedores –MSCU 2424871 y TRIU 584804– con 375 mil paquetes de cigarrillos de marca Dorchester, que se intentaban ingresar de forma fraudulenta bajo una declaración de artículos para bazar.

Junto al Paraná, 2.000 cajas de cigarrillos Dorchester esperaban que alguien las reclame. Apareció entonces Segovia y a través de un despachante de aduanas llamado Andrés Torre declara la importación suspensiva de almacenamiento –03 001 IDA2 4930-W– que ampara los cigarrillos. Esto, en lenguaje llano, significa que los cigarrillos consignados a Loria por la empresa Adam Trading fueron finalmente declarados en una destinación ante la aduana argentina por Segovia, pero de manera “suspensiva”. Es decir que “estaba pensando” si ingresarlos definitivamente al territorio pagando los impuestos o los reexportaba a otro país sin pagar nada, siendo este artilugio no sólo posible sino también completamente legal. 

Finalmente, Segovia decidió reexportar en tres partes el cargamento de 2.000 cajas de Dorchester que había llegado a la Argentina: una que remitió a España y detectó la OLAF, 750 cajas con 375 mil paquetes; otra con rumbo a Chile, que también fue decomisada, y una última, exitosa, a Uruguay. 

ESTACIÓN LORIA. La pesquisa argentina descubrió también que el tal Loria –consignatario de los cigarrillos que luego declaró Segovia– era Lionel Loria y figuraba en otros cargamentos. Uno de ellos, cigarrillos marca Prestige Slimes que se reexportó a los Estados Unidos y otro de las marcas Dorchester, Prestige y Goleen Brown, que se reembarcó hacia Chile. Loria los recibía en nuestro país, figurando en los documentos de transportes que se presentan ante las autoridades nacionales como su contacto con el mismo teléfono de la calle San Luis de Rosario, un número que después se supo estaba vinculado con un distribuidor mayorista de cigarrillos rosarino llamado Darío Rubén Ippolito y a una sociedad anónima, la Bronway S. A. Loria e Ippolito son amigos de Segovia y provienen de Villa Gobernador Gálvez, donde el ahora rey de la efedrina montó un depósito y conoció a su esposa (ver aparte). 

En 2005, las autoridades chilenas informaron a las argentinas que se había detectado un camión con miles de paquetes de cigarrillos marca Derby a punto de ingresar al país procedentes de Miami. Los cigarrillos estaban declarados como cochecitos de bebé. 

Pero otro cargamento, idéntico al secuestrado, había ingresado a la Argentina con éxito y hay una causa abierta en la Justicia federal de Mendoza. En ambos casos, los cigarrillos-carritos de bebé venían a nombre de Mario Roberto Segovia. El reenviador o recargador de los cigarrillos marca Prestige que Loria había enviado a Miami es Southern Group Inc, filial Paraguay. Southern Group Inc. es la misma empresa que envía los cigarrillos Segovia intentaba ingresar a Argentina vía Chile. 

El cargamento interceptado en Chile había sido encomendado para su traslado a territorio argentino a una empresa transportista de Santa Fe, a nombre de Fabián Alberto Silvera. El camionero, según informa el boletín oficial de la República Argentina con fecha 10 de febrero de 2006, había transferido su firma, Logística del Mercosur SRL, a una empresa extranjera llamada Southern Group Inc., que era precisamente la que figuraba como la embarcadora desde Miami de los “carritos de bebé”. 

SE CIERRA EL CÍRCULO. El depósito fiscal de aduanas Sadock (South American Dock S. A.) está involucrado en la investigación por tentativa de contrabando de efedrina. Pero no es la primera vez que la mira judicial se posa sobre ése y otros depósitos fiscales por maniobras tendientes a fraguar las mercaderías que ingresan al país y defraudar al Estado por varios cientos de millones cada año, con la complicidad de agentes aduaneros. 

En los documentos societarios de Sadock apareció como presidente Rubén Darío Galvarini, que a su vez es socio de Segovia en la Importadora Rugal S. A. –creada el 31 de mayo del 2007 con el objetivo de realizar por cuenta propia, de terceros, o asociada a terceros en el país o en el exterior– la compra, venta, importación, exportación, corretaje, distribución, consignación, permuta, mandatos, representaciones, comisiones, y comercialización de todos los productos, artículos, frutos y materias primas del país y del extranjero que permitan las leyes y reglamentaciones aduaneras conforme al Nomenclador Arancelario establecido por la Dirección General de Aduanas.

En Sadock figura también como accionista Jorge Javier Gómez, a la vez titular de Intergroup Services & Trading S. A., una empresa de despacho de aduanas con domicilio en Sarandí. Desde las oficinas de esta empresa fueron faxeadas a la Aduana las facturas que presentó Segovia para la exportación de envases plásticos –acompañados de los cigarrillos de contrabando– a España. 

Y para cerrar el círculo de lo que Carlos Menem justificaba como “las casualidades permanentes”, el cruce de sociedades y accionistas revela que Galvarini ingresó al depósito Sadock en reemplazo del renunciante Andrés Torre y no es otro que el antiguo despachante de aduana a través del cual Segovia declaró la importación suspensiva de los cigarrillos que terminaron decomisados en España. Un puente en el tiempo que lleva directo desde el contrabando de puchos al tráfico de efedrina.

HISTORIA DE UNA BANDA

 
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