Ultimas Entradas

Un chico de 17 años murió al recibir nueve impactos de bala en un pasillo de zona sur

Written By Carlos Francisco Gutierre on 07 octubre 2017 | 17:50

El homicidio se produjo alrededor de las 21 en Uriburu al 200. En el lugar, la policía levantó diez vainas de calibre 9 milímetros.

 chico de 17 años fue asesinado a balazos anoche en un pasillo ubicado en Uriburu al 200, en la zona sur. Según las primeras informaciones, la víctima recibió nueve impactos de bala en cráneo, tórax y abdomen.
Fuentes del Ministerio Público de la Acusación identificaron a la víctima como Ariel Damián Verón, quien fue murió al ser alcanzado por las balas cuando se encontraba en un pasillo ubicado en Uriburu y Necochea.
Según constató el médico policial, Verón presentaba un impacto de bala en la cabeza y ocho en tórax y abdomen y en el lugar los peritos levantaron diez vainas servidas de calibre 9 milímetros.
Los voceros consultados esta mañana indicaron que por el momento se desconocían las motivaciones del hecho y no había testigos directos de lo ocurrido.
Interviene Fiscal de la Unidad de Homicidios Dolosos Pablo Pinto con la asistencia del Gabinete Criminalístico de Policía de Investigaciones.

Asesinaron con tres balazos por la espalda a un joven que vendía drogas

Written By Carlos Francisco Gutierre on 27 septiembre 2017 | 10:58

Fue en cercanías de Cavia y Washington, en la zona más humilde de Parque Casas. Su madre dio la cara y contó lo difícil que fue la vida del muchacho.

hijo no era un santo. No voy a decir lo contrario porque esté muerto. Era adicto y vendía para Juan (el transa que le proveía la droga), pero ellos lo mataron mal". La síntesis de la vida de Brian Moreno fue puesta en palabras por Viviana, su madre. Al pibe de 21 años lo mataron de tres balazos ayer de madrugada en inmediaciones de Cavia y Washington, en el barrio Parque Casas y a metros del Puente Negro, junto al arroyo Ludueña. "Mi hijo estaba en la esquina con otros pibes, lo mandaron a comprar en el búnker (de Washington y Cavia) y cuando volvía lo corrieron con un auto y le pegaron tres balazos", explicó la madre de Brian el hecho que investiga el fiscal de la Unidad de Homicidios Miguel Moreno.
La historia de Brian, al que todos en el barrio conocían como "La pelu", es una más en el contexto de una generación de jóvenes expuesta a su destino en los barrios más empobrecidos de Rosario. Lugares donde la dinámica de la vida suele, y puede, ser manejada por el vendedor de drogas. Brian era uno de los seis hijos de Viviana, quien habita un humilde rancho de chapas por calle Cavia, a unos 40 metros de Washington y cerca del Puente Negro, esa vieja pasarela que antaño usaban sólo los carreros sobre el arroyo Ludueña y que puede apreciarse desde calle Sorrento. El resto del paisaje lo completan zanjas pestilentes a cielo abierto, ramilletes de cables colgados de la red y niños jugando sobre el escueto mejorado de la calle.
"Lo tuve que echar"
Viviana espera a la prensa en la puerta de su rancho resuelta a hablar. Y si alguna vez temió, ese día ya pasó. "Vos cerrá el pico", le gritó a un joven vecino que pasó con su carro tirado a caballo y algo le dijo a la doña. "Vos te drogabas con mi hijo y también vendías para Juan", le recriminó la mujer mientras sus hijas trataban de calmarla. El carro se estacionó dos casillas más adelante de la de Viviana y le sumó público extra a la charla con la mamá de Brian. "Yo a mi hijo lo tuve que echar (de la casa) porque me robaba para comprar drogas. Después lo dejé que se hiciera un ranchito en el patio de adelante de casa (con techo de lona). Pero ahí también solían venir a drogarse otros pibes", explicó la mujer.
De acuerdo al relato de Viviana, alrededor de las 4 de la mañana Brian estaba junto a varios de sus compinches en Washington y Cavia. "Se vé que lo mandaron a comprar al búnker que está allá al fondo (por calle Washington) y cuando volvía lo salieron a correr tres en un auto negro. Le pegaron tres tiros y lo dejaron en la calle, tirado", describió la mujer sin pudor.
A la hora de describir el auto desde el cual partió el ataque indicó que era "redondito", similar a un Ford Ka o un Renault Clío. Los familiares de "La pelu" lo cargaron en un vehículo y lo trasladaron hacia el Hospital Alberdi. La gravedad de las heridas motivaron que directamente lo cargaran en una ambulancia y lo derivaran al Policlínico Eva Perón, donde ingresó directamente a quirófano. En medio de la cirugía falleció. Tenía tres disparos: uno en el tórax, otro en el abdomen y uno más en las axilas.
El transa y sus vínculos
Ayer a media mañana, cuando el fiscal Miguel Moreno convocó a una rueda de prensa para brindar detalles sobre el homicidio de un joven cuyo cuerpo apareció calcinado en el baúl de un auto el sábado de madrugada en Pasaje Rolla al 4000 (ver abajo), era muy poca la información que tenía sobre el asesinato de "La pelu" y desconocía la mecánica del hecho e identidad de los agresores.
Sobre "Juan", el transa para quien trabajaba la víctima, se conocieron informalmente dos versiones. La primera, de una fuente policial, que es un vendedor de drogas que estaría ligado a Emanuel Sandoval, un peso pesado de la zona norte apodado "Ema Pimpi". La segunda, de vecinos que conocen la zona, que "Juan" estaría ligado a Olga "La tata" o "La rubia" Medina, otro referente del narcotráfico en el noroeste rosarino.

Hallaron un cuerpo calcinado en el baúl de un auto incendiado en la zona oeste

Written By Carlos Francisco Gutierre on 24 septiembre 2017 | 13:30

Esta madrugada los bomberos lograron sofocar el incendio de un auto estacionado en pasaje Rolla al 4000.

Un cuerpo calcinado fue hallado esta madrugada en el baúl de un auto incendiado en la zona oeste de la ciudad. Fuentes de Fiscalía confirmaron que el incendio se produjo cerca de la 1.45 de este domingo en pasaje Rolla al 4000 (a pocas cuadras de Rouillón al 4000). El auto sería un Fiat Siena y por estas horas se investiga la titularidad del mismo.

En el lugar trabajaron policías y Bomberos Zapadores, quienes tras sofocar el incendio abrieron en baúl del vehículo y encontraron un cuerpo totalmente calcinado, con las piernas hacia afuera desde la altura de las rodillas.
El cuerpo fue remitido al Instituto Médico Legal para su identificación y corroborar la causa de fallecimiento: si la muerte ocurrió a causa del incendio o por otra causa, como así también determinar si hay presencia de heridas en el cuerpo de la víctima. Según pudo saber este medio, algunos testimonios de vecinos indican que esta madrugada se escucharon disparos en la zona.
Interviene Fiscal Miguel Moreno de la Unidad de Homicidios Dolosos y el Gabinete Criminalístico de la PDI.

Don Juan, el hombre que murió tras una dura golpiza

Written By Carlos Francisco Gutierre on 18 septiembre 2017 | 7:42

El 31 de agosto entró al Heca malherido y falleció el lunes pasado. En el barrio hablan de un buen tipo, al límite de la indigencia, a quien le quieren usurpar la casa.

Don Juan José Espinosa murió el lunes a la tarde en el Hospital de Emergencias. Según la versión oficial, el hombre de 69 años había ingresado al centro asistencial el 31 de agosto con un traumatismo de cráneo severo y acompañado por un vecino. Desde la Fiscalía Regional se indicó que "esos golpes habrían sido producidos por una golpiza".

Don Juan vivía en Fader al 3100, en el barrio Godoy, donde los vecinos lo describieron como alguien que estaba al límite de la indigencia. Una mujer de la cuadra le dijo a La Capital que "dos o tres días antes de que fuera internado, don Juan fue atacado en la calle". La mujer recordó: "Me contó que le habían pegado en la placita, dos hombres que andaban en moto. «Todo eso es porque quieren que me muera», me dijo. Se hizo atender, no sé dónde, y se quedó en su casa hasta que lo internaron", rememoró la vecina.
La muerte de Espinosa fue investigada en primera instancia por el fiscal Luis Schiappa Pietra, quien ordenó a la Policía de Investigaciones (PDI) que buscará testimonios para clarificar el contexto en el que fue atacado el hombre. Luego el expediente pasó a manos de Rafael Coria.
En tanto, desde prensa de Fiscalía se dijo que "el preinforme de la autopsia dictaminó que el fallecimiento (de Espinosa) fue por traumatismo de cráneo, aunque no se pudo corroborar el origen de los golpes". Lo cierto es que su muerte desató en el barrio una usina de reclamos por la vivienda que ocupaba la víctima, en la esquina de Fader y Bertolé.
Intento de usurpación
Los vecinos indicaron que Espinosa no tenía esposa ni hijos. Sí una prima que reside en el barrio. La casa en la que vivía era compartida por una familia a modo de un alquiler informal. Y una vecina realizó el 7 de septiembre, cuatro días antes del deceso de Espinosa, una denuncia en la comisaría 32ª por un intento de usurpación de la vivienda que recayó en la Fiscalía de Flagrancia. Desde allí se indicó que "se tomaron testimonios pero no hay indicios claros que corroboren esa versión. Se tomarán más testimonios y hay líneas por investigar".
Los habitantes de Fader al 3100 relataron, no sin matices, la muerte trágica de "un buen vecino". Uno de los residentes exhibió al cronista un video filmado con un celular donde se escucha a un hombre mayor (que sería Espinosa) contar sus pesares. Una especie de obituario en primera persona donde el supuesto Espinosa cuenta que tiene 70 años, que sus padres y una hermana ya estaban muertos y que era visitado sólo "por una sobrina que me lava la ropa". En la grabación el hombre contó que se sentía sólo y se mostraba agradecido con un par de vecinas que lo asistían. El audio tiene fecha del 3 de agosto, un mes antes de la muerte. Quien lo grabó contó que lo hizo en "un arranque circunstancial" al ver la orfandad en la que se movía Espinosa.
Otro vecino llamó a la redacción de este diario, identificándose como quien acompañó a Espinosa al Heca, para desmentir que lo hubiera dejado "abandonado" allí, sino que fue él quien lo acompañó hasta el último día de vida.
Un viejo club
Las referencias en cuanto al hecho en el cual Espinosa fue golpeado son vagas. Pero dialogar con las mujeres del barrio suma datos para comprender cómo vivía don Juan. Hasta el 31 de agosto Espinosa habitó un caserón de Fader y Bertolé, a unos 50 metros de donde funcionó hasta marzo de 2015 la comisaría 32ª, hoy tapiada para evitar su usurpación. La casa de Espinosa era conocida antaño como "un club de bochas donde los fines de semana se juntaban a jugar a las cartas y la lotería. Los fines de semana, en la esquina, siempre se juntaban a comer asado y a tocar el acordeón", contó otro vecino. "Don Juan era una persona muy generosa. Era jubilado, pero siempre tenía un mango. Entonces por ahí si alguno se quedaba sin plata el te prestaba, de buen tipo", indicó el residente.
Para otros, Don Juan "no estaba bien de la cabeza, aunque no era agresivo ni mucho menos. Era un hombre entregado a la bebida que por ahí se juntaba con los borrachines de la plaza (de Fader y Rivarola). Por ahí lo veían ordenando el tránsito, porque tenía ese yeite al no andar bien del bocho", relató una vecina. Pero nadie pudo dar datos certeros sobre los familiares de Don Juan, lo que impidió que este medio pudiera contactarlos para ahondar en su vida.
"Lo que se dice en el barrio es que unos borrachines le pegaron en la cabeza un fierrazo. Que él se fue a hacer atender y se quedó en su casa. En la calle se lo veía con la cabeza vendada. Dos o tres días después de eso se descompuso en su casa y un vecino lo llevó al Heca. Y ahí fue empeorando hasta que murió", agregó la mujer.
Buena parte de los vecinos consultados sobre la suerte de Espinosa no dejaron de plantear, en distintos contextos, lo que sucedió con los bienes del hombre mientras agonizaba en el Heca. Desde la Fiscalía Regional se confirmó que el "7 de septiembre ingresó en la comisaría 32ª una denuncia por un supuesto intento de usurpación del domicilio del fallecido". También se indicó que el 31 de agosto, la fecha en la que Espinosa ingresó al hospital, no se realizaron consultas a la unidad de Flagrancia sobre hechos de violencia en esa zona. Vale aclarar que los vecinos indicaron que fue agredido "dos o tres días antes" y que si bien se hizo atender nadie conocía en dónde.
El miércoles, 48 horas después del deceso de Espinosa, el fiscal Schiappa Pietra ordenó que se le practique la autopsia "para corroborar la causa del fallecimiento, se releve el libro de guardia (del hospital), se tome declaración a los médicos, familiares y al vecino que lo acompañó al Heca". También se comenzó a investigar una versión que daba cuenta que (Espinosa) fue atendido en un dispensario antes de ingresar al Heca. Y se informó que se le tomó declaración al personal policial del Heca "por el retraso en el aviso de lo sucedido". Luego el expediente pasó a manos del fiscal Coria.
caserón. La esquina de Fader y Bertolé, donde vivía don Juan Espinosa.

V.G.Gálvez: asesinaron a balazos a un hombre de 66 años

Written By Carlos Francisco Gutierre on 17 septiembre 2017 | 15:50

Dos sujetos armados ingresaron a un pasillo y atacaron a tiros a la víctima, que se encontraba con dos sobrinos. Los agresores estarían identificados.

Un hombre de 66 años murió este domingo a la madrugada luego de ser atacado a balazos en un pasillo de Entre Ríos al 2100, en la ciudad de Villa Gobernador Gálvez.

Según informaron fuentes policiales, el episodio ocurrió cuando dos sujetos armados ingresaron al lugar donde se encontraban dos hermanos de 25 y 29 años junto a su tío de 66.
Sin mediar palabra, los agresores efectuaron disparos hiriendo de gravedad en el tórax al hombre mayor y más levemente en el abdomen a uno de los hermanos.
Los autores del hecho estarían identificados ya que, según las primeras declaraciones, habrían concurrido al pasillo por un conflicto interpersonal previo.
La víctima fatal, identificada como Marcelino Q., fue derivado de urgencia al hospital Gamen para ser intervenido quirúrgicamente pero falleció cerca de la 1 de la madrugada.
Intervino en el hecho personal de la comisaria 26ª de Villa Gobernador Gálvez y la fiscalía de turno.

Plaza José Hernández

Written By Carlos Francisco Gutierre on 12 septiembre 2017 | 9:52

La plaza es un mundo. La plaza es mujer. Es el vacío central de nuestro vecindario, es más que su pulmón: Es nuestro corazón, que late sin cesar de encarnar la utopía realizada contra toda evidencia de decadencia del presente.
Ahora que un miedo irracional nos retira del espacio público y nos encierra cada vez más en nuestras casas, la plaza, a pesar de toda nuestra agorafobia (de nuestro literal terror al ágora), se yergue luminosa con su fresco traje verde y las joyas sonoras de sus pájaros. Canto la plaza pese a mi cobardía, la veo en mi ventana y me saluda, a toda hora, con el siseo de seda de su fronda y sus aves. Plena en su límpido cielo de verano, está ahí y, a diferencia de todo lo demás, ella sí es quien sería: el paraíso recobrado, la tierra prometida, la dicha en este mundo.
Antes, cuando nos mudamos, atraía a más enamorados, que se besaban en los bancos de madera sin pensar que alguien podía verlos; o más probablemente lo sabían y no les importaba. Todavía, a veces, se ven grupos de chicos jugando al fútbol. Los bancos de esa plaza fueron mi sofá para leer algún libro, en una de esas tardes ociosas de comienzos de siglo que ya casi no existen. El sol en esos bancos es la tibia caricia que se desperdicia cuando están vacíos: toda esa luz era para nosotros. Los mejores momentos de la plaza son al comenzar la mañana y al caer la tarde. Entonces el sol derrocha sobre todas las cosas sus pinceladas de oro radiante e inasible, sesgada luz que se sueña fantasma del oro antiguo. La edad de oro y la utopía de la plaza son un mismo instante ritual en la mañana, cuando la luz cierra el círculo entre el presente y el origen. Es un instante y después, enseguida, viene el día: profano y secular, sin secretos ni misterio.
Al final de la tarde, la luz brilla en la cruz metálica de Nuestra Señora de las Nieves, la iglesia en eterna construcción al final del Pasaje Holmberg y chispea un poco "igual que a la mañana" en sus vidriecitos de colores que parecen los de una casa de cuento.
A veces, en verano, el ocaso es lento y amarillo. Y cuando al fin cae, despeñándose casi anaranjada desde lo alto del más alto de los cipreses, la luz marca el comienzo de la nochecita que vira desde el lila al negro oscuro, pasando por un índigo profundo. Primero, en el lila, se encienden las farolas redondas frente a los edificios, lunas llenas dobles o triples que cuelgan a ambos lados y se yerguen arriba de sus pies de hormigón, finos y esbeltos como los de una copa alta de cristal.
Después viene ese azul prístino como el de un vitral cuya estructura de nervios de plomo, en invierno, fuese el ramaje pelado y oscurecido de los fresnos. En el verano, la penumbra nueva es la señal que parece detonar el encendido de fasitos que, como mínimas antorchas, inundan el aire de un olor dulzón inconfundible: el de la marihuana, no programado por los urbanistas.
La utopía realizada apesta a faso. Para los hippies viejos, es un perfume nostálgico, nostálgico de nuestra nostalgia por lo que sucedió antes de que naciéramos; para los jóvenes que lo usan de chill out acaso sea un aroma por el cual el presente se aplasta en sí mismo. Ya no brinda ese vértigo sublime, el del ahora mirándose en el futuro del pasado y comparándose con cómo sus proyectistas lo soñaron: ese acorde paterno es el alma de la plaza, que a través de todo cambio permanece en la arquitectura de sus antiguas formas, construidas para durar.
El huevero
En el sur el tiempo se repite, idéntico, en vez de crear momentos nuevos; nada de lo que sucede parece tener una ubicación precisa en el presente. Retornan día a día las ordenadas rutinas del vecindario: el lóbrego quejido de los goznes sin aceitar del portón de la cochera de al lado a las siete de la mañana; el pregón del huevero los martes y en verano el piar de la cigarra, a la que creíamos un pájaro: gu, gu, gu... ¡chuuub! El pájaro beatle, lo había apodado Déivid. A las 13:30 viene la ramplona versión grabada de los primeros tres o cuatro puñados de notas de "Para Elisa" de Beethoven por el parlante de la bicicleta del heladero (son las 13:30 y suena, exactamente cuando escribo esto). Y a media tarde, como una diana vespertina indicando el fin de la siesta, la cornetita del churrero ambulante. De tanto en tanto se suma la flautita aguda del afilador, que hace llorar a los perros al herir la sensibilidad de sus tímpanos. En el sur, los pregones de los vendedores ambulantes se mezclan con los cantos de los pájaros y el pregón suena como un clamor animal, un grito natal del mundo mismo.
"El huevero es como un Kant frente a un espejo deformante", interviene Lisandro. "Un ente, que tiene un reloj interno y pasa siempre a la misma hora. Aunque la Presidenta haya decretado que las once ahora son las doce, para él siempre son las diez". ¿No eran las once? "No, las diez. Él tiene otra hora. Su paso es una deformación del espacio tiempo". ¡Un infundíbulo cronosinclástico, como dice Vonnegut en Las sirenas de Titán! "Claro. Por eso le oímos gritar "¡Huó!" y no "¡Huevos!". Cuando le compramos, le estamos comprando al que pasó ayer". ¿Y es siempre el mismo, o es cada vez uno distinto? "Ah, eso nadie lo sabe", responde solemnemente Lisandro. "Para los hombres de nuestra generación, es un interrogante que quedará sin respuesta".
2 de octubre de 2005
Pucha que no era tan fácil escribir sobre pájaros. Separan los indicios, estos bichos astutos. No es como en los dibujos animados de Disney, donde ves el pájaro cantando, no. En su vida semi silvestre, el pájaro canta escondido en la espesura. Si se deja ver, es que está muy alerta; y tal caso está mudo. Los pájaros no son estrellas de rock. Los pájaros, como los analistas freudianos ortodoxos, se vuelven invisibles para decir lo suyo. O el pájaro audible, o el pájaro visible: una de dos, y a que a la taxonomía te la arme Holmberg. Acá en la plaza hay unos que necesito saber cómo se llaman porque, si mis sentidos no me engañan, emiten un canto remotamente parecido al estribillo de "Yo soy la morsa" y quiero ponerlos en la nueva novela como remate del pregón del huevero. Sería una cita casi textual de los Beatles, armada cual ready made o collage con elementos provistos por el azar objetivo. Cosa providencial, si las hay: mudarse uno al pasaje Holmberg, llamado así en honor a un injustamente olvidado escritor y naturalista argentino, y que la vida te cante un tema pop clásico...
Necesitaría una siesta.
"Dormir, tal vez soñar...".
Zoo ilógico
Un auto permitiría hacer las compras en supermercados distantes y más económicos. A los de a pie nos basta con los dos "súper" y las cinco verdulerías de la zona; con las innumerables carnicerías del vecindario, una de las cuales "la de San Martín y Amsterdam, que tiene la mejor" exhibe un antiguo gráfico estatal de los cortes tradicionales. O con el almacén de Walter sobre calle Laprida (entre otros; ¡pero Walter escucha rock pesado!), o con esperar al huevero que llega cada martes por algún agujero de gusano desde algún universo paralelo. O con aquel otro viajero del tiempo, que ya no viene más: "el verdulero lindo", como lo había apodado Déivid. Llegaba cada mañana en su camionetita y las vecinas se arracimaban alrededor. A mí no me parecía lindo pero para Déivid no sólo tenía pinta, sino que ésta lo ayudaba a sonsacar chismes. Nos ponía un poco paranoicos el verdulero aquel, pero era más cómodo que tener que lidiar cuerpo a cuerpo con desconocidos más aptos que uno en los scrums de la lucha darwiniana por la balanza de la verdulería del supermercado La Sandro, que así se llama el supermercado de Uriburu y San Martín; al de San Martín al 5000 todos le decimos "el Lorena". La inversión de géneros no nos es extraña. Tampoco el involuntario humor de los nombres de las panaderías. Las dos tradicionales (la de Conce, en la esquina de Esteban de Luca y Buenos Aires, frente a la iglesia de la parroquia Nuestra Señora de las Nieves, y otra detrás de la ex parrilla "La Amistad") se llaman, respectivamente, De las Nieves y La Flama. Los dos extremos. "La flama detrás de la amistad", escribí una vez en un borrador que después borré. Junto a La Sandro, frente a la parrilla, está el restaurante "Amorfar", del Club Social y Deportivo "Voluntad". El club conserva su antiguo mobiliario, de una dignidad tal que da vértigo. El restaurante tiene, en la tradición nostálgica de la zona, retratos desde el Negro Olmedo hasta el Che Guevara. En la zona hay varios clubes sociales y deportivos. Está el Canals, por San Martín; se puede contar además como club social al centro vecinal Hertz, cerca del Distrito Rosa Ziperovich. Dio glorias del fútbol el Club Central Córdoba, a cuya hinchada hoy le ha ganado terreno la guerra de pintadas entre Central y Newell's. El más cercano a casa es el Club Atlético Olegario Víctor Andrade (C. A. O. V. A.), en la esquina de San Martín y la calle del mismo nombre. Su cafetería es un café de barrio cuya alma de tango resiste entre la música de radio y la remodelación. Los únicos habitués del cafetín eran hombres hasta que empezamos a sentarnos a leer, por separado, dos vecinas: la filóloga Silvia Rivero, que estudia a Saussure, y yo. El C. A. O. V. A. es el tradicional rival del Club Tiro Suizo, de cuyo polígono creí que venían los tiros que luego supe eran de rifles de aire comprimido de chicos que les tiraban a los pájaros de la plaza. Los tiros y los cohetes son parte del paisaje. Este es un barrio donde el agua corriente llega a los departamentos gracias a las cisternas que el consorcio de cada edificio mandó construir por cuenta propia para hacer subir el agua de red. Se llama Barrio Las Heras, pero le dicen el barrio militar, aunque lo único que queda hoy del Regimiento 11 "luego, Batallón de Comunicaciones 121" se mudó a la provincia de Corrientes. Antes, cuando llegamos, oíamos todavía las prácticas militares.
Es un barrio olvidado de la mano de Telecom, donde sin una empresa multinacional petrolera no tendríamos Internet pública. Donde muy de vez en cuando hieren o matan a alguien para robarle, y la consternación se apodera de todos. Pero donde pese a eso se siguen entablando lazos de confianza: los martes, cerca del mediodía, se puede ver bajar desde algún balcón, colgada de una soga como un balde guiado por poleas, la cesta donde el huevero deja su mercancía y el vuelto.
Entre la parrilla y la panadería La Flama existe una callecita o pasillo, una anómala cortada peatonal, enrejada. A veces cierran las rejas, pero otras se puede ir desde la panadería La Flama hasta el bar de San Martín y cortada Bonpland. Amplio, umbrío y con un gato negro, de noche el bar es un karaoke. Me cuenta Lisandro que el pasillo se llama Pasaje Cambiaso.
Parte de la detención temporal del barrio sigue siendo lo abundante de las porciones de sus restaurantes, de esmerada atención, que ignoran la mezquina moda "chef" del centro. Y la generosidad de algunos comerciantes como Liliana, de la verdulería frente a la plaza, quien me separaba hojas de remolacha para los cuises de Déivid y me llenaba enormes bolsas mientras decía: "Tienen para entretenerse, los muchachos".
Cuando voy a la verdulería de Liliana alcanzo a ver, por entre las hendijas de las persianas bajas, la luz catódica del televisor en el living del historietista Mosquil (Gustavo Rojas). A la vuelta de casa, en uno de los chalets con jardincito delantero y garage de la Avenida San Martín, vive la novelista Angélica Gorodischer. Pocas cuadras al norte, por Mister Ross y también con jardín, reside la poeta Concepción Bertone. Si se sigue el pasaje Holmberg a contramano y a pie, se descubre que al oeste de la avenida el pasaje cambia de mano y de nombre y se convierte en José María Gutiérrez. En una esquina de la calle Gutiérrez está la casa paterna de Nancy Rojas, investigadora del Museo Castagnino y artista. También del otro lado de la avenida, por Olegario, hay un club que no había visto al principio: el Club Social El Ceibo.
A la panadería de Conce se llega desde casa por un caminito que separa entre sí el lado este del cuarto y último edificio, contando desde el mío, del fondo del primero de la vuelta, en la esquina de Holmberg y Buenos Aires. El caminito cruza toda la manzana y desemboca en Esteban de Luca. Está cubierto de césped y marcado por huellas de las llantas de los autos que de a poco van aplastando y hundiendo en la tierra las brillantes esquirlas de vidrio que quedaron del granizo de noviembre de 2006. Conozco bien este camino de tanto ir por acá a "la Shell": así le decimos a la estación de servicio Shell de Olegario y Buenos Aires, que nos saca de apuro cuando alguna tormenta rompe los cables del teléfono y hay que esperar tres días como mínimo a que vengan a arreglarlos. Y parece cuento, o parece una película, pero cuando voy a comprar tarjeta para mi celular, el empleado del servicentro que está contando las monedas de la recaudación del día tiene puesta una remera que dice: "Estamos tan cerca como su teléfono".
El sur es el futuro del pasado, sólo que el presente decidió asentarse en otra parte. Lo que queda acá es el siglo veinte mismo. Siguen acá los que llegaron antes que nosotros, cuando los chalets y los edificios eran nuevos y recién estaban asignándose a empleados públicos y a cuadros de las fuerzas armadas. Se acostumbraron y nos acostumbraron a nombrar las calles por su nombre de pila y no por su apellido: Esteban de Luca es Esteban, Andrade es Olegario. La Shell de Olegario y Buenos Aires tiene máquinas conectadas a Internet, dos de ellas con puerto USB para enchufar un pendrive. Cada puerto tiene un cable, y ese cable es el fino cordón umbilical que nos une al presente cambiante. Lo demás, no: lo demás es la radio, sintonizada en una FM "clásica" que pasa todas esas canciones de los años "70 y "80 que uno se alegraba de haber podido olvidar. En el invierno de 2007, Alejandro, el actual playero de la estación, atendía el mostrador del servicentro y deslumbraba con su erudición musical: oía un ringtone de música clásica y era capaz de adivinar el autor, la obra y hasta el movimiento. También sabe de jazz. Y de muchos otros temas. Tiene lo que se llama "cultura general", que todavía vale algo para los hombres y mujeres sensibles de nuestro barrio: le reconocemos de común acuerdo su valor de uso, si no el de cambio. La cultura alivia la vida, nos decimos. Es que nosotros, los sensibles de zona sur, tenemos una vida que necesita ser aliviada. O eso creemos. Nos comparamos siempre con los del centro, nunca con los que están aún peor.
El sur cambia de a poco. Una inercia propia del lugar hace que las cosas se modifiquen recién cuando nos hemos encariñado con ellas. Es así que nos duele cada negocio que se funde y cierra. Los que no, están ahí como si hubieran estado siempre; los que desaparecen, si no han durado lo suficiente para recordarlos, es como si no hubieran existido.
* Fragmentos editados de Kozmik tango (crónica, Editorial Municipal de Rosario, 2009)

Irrumpen en una vivienda y matan a tiros a una mujer y su hijo en presunta venganza

Written By Carlos Francisco Gutierre on 29 agosto 2017 | 5:26

Según los primeros datos los asesinos buscaban al novio de una joven, hija y nieta de las víctimas, que vive en la misma casa y se salvó de la balacera.

En lo que se presume fue una venganza con víctimas equivocadas o ajenas al origen de un conflicto, una mujer de 65 años y su hijo de 45 fueron salvajemente asesinados de varios disparos balazos ayer dentro de una vivienda de barrio Alvear, en la zona sudoeste de Rosario. Del salvaje ataque resultaron milagrosamente ilesas una joven, hija y nieta de las víctimas, y una niña.
Según fuentes allegadas a la investigación, los primeros indicios indican que los agresores fueron al menos dos y buscaban a otro integrante de la familia con el que debían saldar viejas deudas cuyas motivaciones hasta anoche eran un misterio (ver aparte), y no se descartaba su vinculación con una balacera previa ocurrida a unas cuadras.
En ese marco, momentos después del hecho fue encontrado un auto abandonado en el que se habrían trasladado los atacantes, uno de los cuales estaría identificado al cierre de esta edición se mantenía prófugo.
De madrugada
Poco después de la medianoche del domingo una ráfaga de disparos atronó en la cuadra de Constitución al 4300. Los vecinos dicen haber escuchado al menos 25 detonaciones dirigidas primero a la fachada de una modesta pero prolija vivienda con techo a dos aguas de ladrillos de hormigón, donde a esa hora de la noche descansaban sus moradores.
Según los primeros datos de la pesquisa, al menos dos personas que se movilizaban en un auto rojo bajaron del vehículo y ya desde la vereda se abrieron paso a los tiros hasta ingresar a la vivienda. Los proyectiles impactaron en marcos y perfiles de puertas y ventanas, y anticiparon lo que sería una ejecución sangrienta.
Eran cerca de la 1 de la madrugada, adentro descansaban en dos habitaciones Bienvenida Chaparro, de 65 años, y su hijo Luciano Cuevas, de 45. En la casa también se encontraban Luciana, de 25 años e hija del hombre, y una nena de cinco o seis años hija de la joven.
Armas en mano los agresores —al menos dos, aunque no se descarta que hayan sido más— ingresaron a la casa y tomaron por sorpresa a Bienvenida, que recibió varios disparos, y a su hijo. Ambos, exaltados por las primeras estampidas, fueron ejecutados en un hall de la casa mientras trataban de esquivar las balas.
La única testigo del hecho convocó al Comando Radioeléctrico, que en pocos minutos llegó a la escena del doble crimen. La joven narró que momentos antes, mientras se encontraba junto a su abuela y su padre, había ingresado un hombre con un arma de fuego que gatilló a mansalva contra sus familiares.
Un auto rojo
En tanto, algunos vecinos aseguraron haber escuchado entre 20 y 30 detonaciones. También refirieron que los agresores era cinco o seis y que llegaron todos armados a bordo de un auto rojo marca Fiat, modelo Palio o Punto, del que incluso aportaron la chapa patente con el dominio.
Sin embargo, en los primeros momentos trascendió que el autor del ataque estaría identificado y sería del barrio, una zona con pasajes serpenteantes con cortes abruptos, rodeados de asentamientos precarios. Un territorio difícil, de conflictos sociales y delictivos donde son recurrentes los hechos de sangre.
El gabinete criminalístico de Policía de Investigaciones (PDI) realizó el levantamiento de rastros en el interior y en el perímetro de la casa, donde se secuestraron al menos diez vainas servidas calibre 9 milímetros y muestras de sangre que serán analizadas.
Versión oficial
El fiscal de Homicidios Ademar Bianchini, a cargo de la pesquisa, fue prudente ayer en conferencia de prensa al brindar detalles del hecho.
"Los ingresos a la vivienda estaban destrozados, con vidrios rotos y los cuerpos en el sector trasero de dos habitaciones. Aclaró que no podía dar un número exacto de disparos porque faltan informes de balística, "pero se encontró un número importante de vainas servidas", sostuvo al realizar una descripción de la escena del crimen.
Sobre la presencia del auto involucrado en el incidente, el fiscal no pudo consignar la cantidad de ocupantes ni tampoco si se efectuaron disparos desde el vehículo. No obstante, admitió que un auto Fiat Punto hallado abandonado en un pasaje de la zona quedó secuestrado en la comisaría 18ª bajo la sospecha de que en ese vehículo se movieron los agresores.
Al respecto, fuentes policiales indicaron que se halló una vaina servida calibre 9 milímetros junto al auto y otra similar en el interior. Siguiendo la pista de la patente, se estableció que los dominios fueron robados días atrás al auto de una mujer domiciliada en Zeballos al 1200.
Sobre la balacera previa registrada en San Nicolás al 5300 (ver aparte), el fiscal respondió tajantemente que no podía dar información, postura que evidencia su intención de preservar datos para no entorpecer la pesquisa.
Sobre el objetivo de la presunta venganza, Bianchini indicó que "aparentemente buscaban a la pareja de la joven" que sobrevivió. "No hay razones para pensar que el ataque estuviera fundado en las dos personas que fallecieron".
En ese sentido, el funcionario judicial dijo no tener información acerca de cuestiones que lo llevaran a sospechar que se trató de un ajuste o crimen por temas vinculados a la venta de droga. "En principio no hay nada que nos permita sostener esa hipótesis".

Balearon a dos personas que jugaban a la pelota en V.G. Gálvez y uno murió

Written By Carlos Francisco Gutierre on 20 agosto 2017 | 20:04

Fue esta tarde en una canchita de Maipú al 100. Los atacantes huyeron en moto.
Dos personas que jugaban un partido de fútbol en Villa Gobernador Gálvez fueron baleadas esta tarde, y uno de ellos murió debido a las heridas recibidas en rostro y abdomen.

El hecho ocurrió esta tarde, cuando un grupo de personas se encontraba jugando a la pelota en una improvisada canchita de Maipú al 100, muy cerca de avenida de la Ribera. Aproximadamente a las 15.30, desconocidos que pasaban en motocicleta abrieron fuego contras los jugadores e inmediatamente se dieron a la fuga.
Nahuel M., de 21 años, recibió múltiples disparos en el rostro y el abdomen. Fue trasladado al Hospital Gamen, donde falleció.
También resultó herido Jesús María M., que sería familiar de la víctima fatal, recibió un balazo en la pierna con orificio de entrada y de salida y se encuentra internado en el mismo nosocomio.
Interviene en el caso el fiscal de Homicidios Dolosos Florentino Malaponte y el Gabinete Criminalistico de la Policía de Investigaciones.

Luego de robar un celular, asesinan a un joven de una puñalada

Written By Carlos Francisco Gutierre on 18 agosto 2017 | 7:50

Unos chicos le dijeron a una mujer que se trataba de un hombre que minutos antes le había robado el celular a su hija cerca del Hospital Eva Perón.

un joven de 24 años fue asesinado de una puñalada en el pecho ayer a la tarde en un predio cercano al Hospital Eva Perón de Granadero Baigorria. El cadáver apareció junto a una moto y a unos metros de un teléfono celular y, según fuentes policiales, el único testimonio que tenían hasta anoche era el de una mujer cuya hija había sido asaltada minutos antes y declaró que unos adolescentes que habían visto el robo le dijeron que quien le había robado el teléfono estaba muerto.

La víctima fue identificada como Gustavo Alberto Scavuzzo y la pesquisa del hecho está a cargo del fiscal de Homicidios Florentino Malaponte, que ordenó las primeras medidas y peritajes de rigor al gabinete de la Policía de Investigaciones (PDI).
El crimen ocurrió alrededor de las 18, unos 50 metros al sur del Galpón de la Juventud. Allí estaba tendido en el pasto, y con una herida de arma blanca en el pecho a la altura de la tetilla izquierda, el cadáver de Scavuzzo.
El joven fue identificado porque entre sus pertenencias se halló una billetera con 50 pesos y el DNI.
Junto al cuerpo había una moto Honda Titán negra sin dominio que hasta anoche no presentaba pedido de captura. Y a unos metros se halló un teléfono celular marca Samsung.
En ese contexto se presentó una mujer que relató que minutos antes su hija de 12 años había sido asaltada por un hombre mientras patinaba con una amiga.
Al parecer la madre de la niña sindicó como ladrón al joven asesinado y contó que el asaltante le había exigido la nena que le entregara el celular sin mostrarle ningún arma y que su hija se asustó, arrojó el aparato y salió corriendo.
"Buscá tu celular"
La mujer agregó que minutos después se cruzó con un grupo de chicos de aproximadamente 13 años que le dijeron: "Andá a buscar tu celular que el que te lo robó está muerto".
Al cierre de esta edición no habían trascendido más testimonios sobre el homicidio de Scavuzzo, que al parecer era oriundo de Rosario.

Lo asesinaron de varios disparos cuando estaba dentro de su auto junto a su pareja

Written By Carlos Francisco Gutierre on 15 agosto 2017 | 8:43

De acuerdo a las primeras informaciones, dos hombres fueron directamente a ejecutar a la víctima.

Un hombre de 55 años fue asesinado anoche de un disparo en el cráneo mientras conducía su automóvil en compañía de su pareja, quien resultó ilesa del ataque.
Según las primeras informaciones, Norberto Enrique Pescheux, y su mujer habrían sido atacados por dos hombres que se movían en una moto y que se les pusieron a la par mientras circulaban en un Chevrolet Corsa de color blanco por avenida del Rosario y el Acceso Sur.
Esa versión deberá ser corroborada por la investigación que está a cargo de la fiscal de Homicidio Dolosos Georgina Pairola.
De acuerdo a fuentes de la investigación, el ataque se produjo cuando la pareja regresaba de visitar a una familiar.
Fuentes del Ministerio Público de la Acusación indicaron que en el lugar del homicidio se levantaron quince vainas servidas de balas calibre 9 milímetros y que Pescheux sufrió "mútiples heridas".

HISTORIA DE UNA BANDA

 
Support : Creating Website | Johny Template | Mas Template
Copyright © 2011. LA CHICAGO ARGENTINA - All Rights Reserved
Template Created by Creating Website Published by Mas Template
Proudly powered by Blogger