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El Pibe Cabeza en Villa María

Written By Charles Francis on 11 mayo 2011 | 17:40

Escribe: Jesús Chirino Rogelio Gordillo, más conocido como el “Pibe Cabeza” fue un afamado personaje sobre el que se han tejido diversas historias. Sus andanzas por las provincias de Santa Fe, Buenos Aires y Córdoba fueron publicadas por los diarios de todo el país en la terrible década de los años treinta. Pocos saben que este delincuente y su banda también anduvo por la zona de Villa María. Quizás fue en esta geografía donde cometieron el acto que sellaría la suerte del grupo. Productos de un contexto En primer término tendríamos que decir que la historia de la delincuencia no es la de otros, sino que es parte indisociable del pasado de nuestra sociedad. Es una historia que suele mostrar, como un espejo, el rostro sin maquillaje de la sociedad, la regularidad de delito y los modos en que fueron encarados los conflictos y las denominadas desviaciones criminales. Incluso no es raro notar que aquellos que en un momento se presentaron como delincuentes, en otro momento fueron víctimas de ciertas prácticas sociales. De allí el interés por repasar, aunque más no sea de manera sucinta, algunas historias relacionadas con el delito en la región. En esta oportunidad nos ocupamos de algunos momentos del Pibe Cabeza cuya fama fue tal que se mantuvo a lo largo del tiempo. En 1975 el cineasta Leopoldo Torre Nilsson dirigió un filme que recoge los principales aspectos de la vida de este hombre nacido el 9 de junio de 1910 en Colón, provincia de Buenos Aires. Gordillo llegó a ser considerado el enemigo público número uno, pero por otra parte sectores de la población le tenían simpatía y respeto. Fruto del denominado “fraude patriótico” gobernaba el país Agustín Pedro Justo. Aquella era una sociedad rígida y de grandes privilegios para algunos pocos y privaciones para las mayorías sociales. Tiempo de persecución a los enemigos políticos, con cuerpos policiales que hacía años habían naturalizado los “hábiles interrogatorios” que incluían terribles maltratos a los detenidos. La provincia de Córdoba tenía una realidad diferente en el paisaje político, gobernaba el radical Amadeo Sabattini, quien tuvo que enfrentar reformas en una institución policial que había más que simpatizado con el fascismo de estas pampas. Por otra parte importantes caminos asfaltados acortaban distancia entre las grandes ciudades. En junio de 1937 se inauguraría el último tramo de la ruta 9 entre Buenos Aires y Córdoba. Carnaval Aquella tarde del martes 9 de febrero de 1937 era de Carnaval. En Villa María los festejos del Rey Momo venían siendo un fracaso, todo a raíz de las excesivas prohibiciones fijadas por la reglamentación local. Ante esa realidad, la comisión Oficial de Festejos flexibilizó la cosa y esa noche la celebración local fue un gentío. Esa misma tarde, pero en el barrio de Mataderos de Buenos Aires, cuando la luz del día perdía la batalla con la noche, el bullicio carnestolendo fue interrumpido por los estampidos de varias armas de fuego. Hombres de la Policía Federal se encontraban con el Pibe Cabeza. Aquel fue el enfrentamiento final, pocos días antes la banda del Pibe había pasado por Villa María. Aquel paso quedó documentado en la prensa local. Gracias a diarios como Heraldo, que cubrió de manera profusa las andadas del Pibe Cabeza, podemos acceder a algunas de las vicisitudes que éste vivió en nuestra zona. Tiempo antes de aquel Carnaval del ‘37, el 22 de enero, ese medio de prensa tituló “Un audaz asalto se perpetró en horas de la madrugada. Atracaron a un automóvil”. Surgieron entonces los primeros datos de un hecho que daría mucha tela para cortar. Esa madrugada se había presentado “…ante las autoridades policiales de nuestra ciudad, un desconocido el que refirió una fantástica aventura corrida en compañía de otras personas que con el deponente, viajaban desde Córdoba con rumbo a la Capital Federal ”. Pibe Cabeza en la zona Parece ser que la Policía villamariense no había entregado el nombre del denunciante ni precisiones acerca del hecho pero al otro día, en la edición del sábado 23, se dio a conocer que “personalmente el Pibe Cabeza dirigió el audaz asalto de ayer. Siguen prófugos los audaces forajidos”. También se dijo que el denunciante del hecho era Alberto Salas “administrador de la Estancia El Chingolo, que en el camino a Jesús María posee el coronel D. Daniel Fernández”. Ante las autoridades de la calle General Paz el hombre relató los hechos diciendo que en la noche del jueves viajaba “…en un automóvil Chevrolet último modelo. Acababa de abandonar el establecimiento de campo que administra y le acompañaba la señorita Angélica Medina”. Cuando se encontraban en el kilómetro 4 del camino a Jesús María se encontraron con un automóvil estacionado en medio de la calle, al lado del mismo un agente de Policía les hacía señas para que se detuvieran. Cuando Salas descendió de su vehículo se dio cuenta de que en el lugar también había cuatro individuos que lo amenazaban con revólveres exigiéndole la entrega del Chevrolet. Siempre según el relato de Salas, tanto él como Medina, el agente y un menor de edad que se encontraba con el grupo fueron ubicados en el asiento trasero y se dirigieron hacia la ciudad de Córdoba. Luego, por la ruta 9, hacia Villa María por donde pasaron despacio y llegando a la estación Ramón J. Cárcano detuvieron la marcha. Allí liberaron a Salas y retomaron el camino con rumbo hacía la ciudad de Rosario no sin antes decir que la libertad de Angélica Medina costaría diez mil pesos. El liberado dijo que se dirigió hasta las vías ferroviarias, allí esperó el paso del tren carguero trepándose al mismo para llegar a Villa María y hacer la denuncia. Liberados Según pudo conocerse el auto que guiaban los cuatro que dieron el asalto en el camino de Jesús María era un Ford V. 8, chapa 1689 de Lomas de Zamora. Era el mismo vehículo en el que el día jueves, circulando a excesiva velocidad por las calles de la ciudad de Córdoba, chocaron en la esquina formada por Entre Ríos y Wheelwrigh. Allí atropellaron al niño Ubaldino González que vendía diarios cuando el mismo intentaba trepar al tranvía. La primera reacción de los hombres, vestidos de manera elegante, fue tratar de huir del lugar de la escena pero en la maniobra el vehículo fue a dar contra una columna del alumbrado. Fue allí cuando intervino un policía, el cabo primero Santiago Contreras, quien les expuso la necesidad de hospitalizar a la pequeña víctima. Según el Heraldo “opusieron algunos reparos los viajeros, especialmente cuando se habló de presentarse ante las autoridades de la Sección Tráfico. Apremiados por el agente, hubieron de acceder sin embargo y momentos después partían todos al parecer en dirección al Hospital de Niños”. Pero cuando ascendieron al vehículo amenazaron y desarmaron al cabo Contreras y se dirigieron al camino que lleva a Jesús María, fue en esa arteria vial donde se encontraron con Salas y la señorita Medina que circulaban en un Chevrolet. El denunciante Salas hasta que vio unas fotografías en la Jefatura política de Villa María no sabía que había sido asaltado por la banda del Pibe Cabeza. Identificado el delincuente se informó que las policías patrullaban los caminos de Córdoba y Buenos Aires. Desde la prensa se decía que hablar de persecuciones era excesivo dado que la Policía provincial era atrasada y carecía de automóviles adecuados para las rutas, así se sostenía que bastaba ver la delegación del Departamento Tercero Abajo “cuyos medios se reducen a un vehículo deteriorado, incapaz de competir en velocidad con un camión”. Una de las demandas expresada en los medios de prensa era la creación de una Policía Caminera que hiciera frente a esa nueva modalidad de delitos que practicaban quienes desplazándose en rápidos automóviles realizaban sus atracos en los caminos rurales, o usaban las nuevas rutas para huir. La banda del Pibe Cabeza liberó al canillita Ubaldino González y a la señorita Angélica Medina en la localidad de Luján no sin antes entregarles once y quince pesos, respectivamente, además de unas colchas y un canasto con otras provisiones. Medina conocía que unos parientes de Salas vivían en Buenos Aires, en Silvay 1925, y hacia allí se dirigieron los liberados. Los dos fueron interrogados por Viancarlos, jefe de Investigaciones de Buenos Aires junto al jefe de investigaciones de La Plata. La mujer declaró que el cabo Contreras había sido liberado cerca de Ballesteros la misma noche que dejaron a Salas. Ella también dijo que al cabo le habían atado y vendado los ojos y que no escuchó detonaciones que le hicieran pensar en disparos. La mujer reveló un detalle que disparó las peores hipótesis para la suerte del policía, relató que cuando los maleantes regresaron al vehículo luego de dejar a Contreras le había parecido ver manchas de sangre en la solapa del saco de uno de ellos. La prensa villamariense reflejó el testimonio de la mujer escribiendo que “de acuerdo a la declaración de la Medina , ella y el menor estuvieron secuestrados hasta anteanoche en un pueblito de la provincia de Buenos Aires, que no puede precisar siguiendo viaje a la capital en la mañana de ayer a la que llegaron en las primeras horas”. Ante la información conocida tanto la Policía de Villa María como la de Bell Ville iniciaron la búsqueda del cabo primero en la zona de Ballesteros. Los resultados los comentaremos en la continuidad de esta nota el próximo domingo.

El Pibe Cabeza; perdió por amor

Written By Charles Francis on 11 julio 2010 | 17:27

Un bandido que asoló la pampa de Buenos Aires, Córdoba y Santa Fe. Su raid delictivo alcanzaba niveles increíbles hasta que una lluvia de balas acabó con su vida. (Por Luis Barud). 

El comisario Héctor Fassio llevaba más de dos días vigilando la salida de la casa de calle Artigas 5549 del barrio de Mataderos en la Capital Federal. Cada tanto renovaba a sus hombres Daniel Russo, Carlos Morales y Carlos Antequera, todos con los ojos clavados en la puerta de la casa. Esperaban el milagro, si el dato que un buchón de bajo fondo les entregó por bueno. 

Era el 9 de febrero de 1937 y sol del verano golpeaba el empedrado de Mataderos. Con discreción iban y venían hasta un automóvil estacionado a dos cuadras de la casa bajo vigilancia. El día transcurrió sin sorpresas, como los anteriores, la puerta no se abrió esta vez en ninguna oportunidad. La bella mujer que vivía en el lugar, no asomó por la vereda del barrio. 

María Romano, una rubia despampanante que caminaba esbelta y decidida hacia el almacén alimentaba la esperanza, de encontrar al hombre buscado dentro de su casa. Las compras excedían las necesidades de una persona sola como ella. Alguien más debía estar dentro de la vivienda. La tarde comenzó a mostrar los primeros festejos del carnaval. Los preparativos del corso de Mataderos, famoso por sus carrozas y disfraces, ocupaban la atención de los vecinos. 

Cerca de las siete de la tarde cuando el sol se escondía, Fassio mandó a buscar el auto y le encomendó al sargento Russo que se quedara al volante, por cualquier necesidad. Especulaba que si llegaba a salir el hombre que buscaban, la multitud y el corso tan próximo podían tenderle una mala pasada. Antes de las nueve de la noche, la puerta se entornó despaciosamente.

Fassio y sus policías sintieron que el corazón se les escapaba del pecho. Apareció una cabeza mirando en ambas direcciones, tratando de cerciorarse que justamente la Policía no los esperaba. Cerró la puerta y por unos minutos no volvió a pasar nada. El comisario repasó las últimas órdenes. Buscaban a Rogelio Gordillo, el Pibe Cabeza, un mítico bandido que asoló la pampa de Buenos Aires, Córdoba y Santa Fe. 

Su raid delictivo alcanzaba niveles increíbles en el imaginario popular. Robaron bancos, hoteles, negocios, mercados y viviendas. Todo con una exagerada gala de crueldad y locura. Cimentó la fama a puro gatillo. Así había nacido al mundo del delito, cuando apenas tenía 18 años y le pegó dos tiros a la madre de una niña de 15 que desaprobaba su noviazgo con su hija. Nueve años después, caería para siempre con una pistola en cada mano. 

De golpe saltaron el escalón que separaba la puerta de entrada de la vereda y caminaron despacio y volviendo la mirada atrás, para saber si la tranquilidad podía acompañarlos. El Pibe Cabeza iba pegado a la pared, y su lugarteniente Antonio “El Vivo” Caprioli, caminaba cerca del cordón. La mujer quedó en el interior del domicilio. Salieron por avenida Alberdi, tomaron un colectivo y se bajaron para entrar en el corso, a menos de cinco cuadras. Fassio giró sobre sus pasos y se trepó al auto. Los dos sospechosos apuraron la marcha para entrar en el corso.

El Pibe Cabeza le advirtió a Caprioli que los seguía un auto. No tenían dudas, que era la Federal. Imaginaron por donde huir y se metieron cada vez más adentro del desfile. Sabían que la gente despreocupada, caminando por el medio de la calle y concentrada en la diversión, era su mejor escudo. Apuraron el paso casi al trote y de pronto ingresaron por el medio de la muchedumbre. Les sirvió para sentirme más seguros. 

Caminaron mirando hacia ambos lados con una mano acariciando la cacha del revólver. Fassio bajó del auto con la 45 en la mano. Se dividieron por las dos veredas. Los buscaron rápido en la esquina de Brasil y Francia. Los policías sabían que allí había un túnel que comunicaba a un bar con el aljibe de una casa vecina. Pensaron que intentarían pasar por él y se apuraron. Sonó un disparó y el gentío salió disparado en todas las direcciones. El comisario esperó que terminara la dispersión, para ubicar al Pibe Cabeza y lanzarse encima como lobos. En cuanto intentaron cruzar la calle una lluvia de balas los detuvo. El Pibe Cabeza tirado detrás de un árbol, resistía con una pistola en cada mano. 

El Vivo Caprioli, aprovechó la confusión para correr hacia la esquina y perderse entre la gente que dejaba el lugar a la carrera. Se detuvo a dos cuadras y pensó en un rodeo, pero ya vio llegar a los primeros camiones cargados de policías. Cualquiera hubiera dado por muerto a su compañero, pero confiaba en el olfato del Pibe Cabeza, para zafar de la situación. Esta vez era distinto, estaba rodeado en serio y sin chances. Caprioli corrió a cinco cuadras del lugar y se sentó en la puerta de una pensión a escuchar las detonaciones de 45 que sacudían la noche de Mataderos. Los vecinos contaron más de 60 disparos.

Fassio le pegó un tiro en el pecho, el Pibe dio un respingo y quedó herido de muerte. El cuerpo se sacudió sin dueño un par de veces más y quedó boca arriba con los ojos abierto y cubierto de sangre. La leyenda llegaba a su fin. Los policías se levantaron guardando las armas entre las ropas y se acercaron al cadáver. 

Lo movieron con la punta del zapato. Fassio pidió un teléfono a una vecina y llamó a la prensa. Ordenó dejar al muerto en la vereda hasta que llegaran los fotógrafos. Quince minutos más tarde lo ametrallaron los flashes y las radios bramaron con la noticia. Murió el Pibe Cabeza, repetían incrédulos los porteños. 

La policía explicó la captura señalando que un informante sabía del viaje del prófugo a Buenos Aires y pasó el dato. Otros desconfiaron de María, tanto que argumentaban que ese día no salió de la casa porque lo entregó. Nunca se echó luz sobre la cuestión. Un error fatal lo había llevado a la casa de la mujer. Durante el preparativo de un asalto a un banco en Córdoba, mataron a un joven policía y se pusieron la fuerza encima. A partir de ese momento salieron a cazarlos de cualquier forma. 

El Pibe Cabeza había conocido a María en un aguantadero de Bell Ville y se enamoró perdidamente de la joven. Apenas llegaron a convivir unos pocos días. Cuando admitió que debía salir de escena un tiempo, pensó en la luna de miel soñada con su enamorada. Los primeros cuatro días lo pasaron dentro de la casa sin asomar la nariz afuera. Uno de los integrantes de la banda, se refugió en una casa de Villa Crespo y los citó para un encuentro. Para ese lugar iban cuando la Policía les echó el guante. 

En la central de calle Moreno admitieron que en dos días más se disponían a levantar la guardia del lugar, entendiendo que no se encontraban allí. A pesar de la negativa de Caprioli, el Pibe Cabeza insistió en salir y cayó en la trampa. Exhibieron el cadáver en una cama de azulejos, para que apsara por delante casi toda la Policía. 

Los ojos extrañados de sus integrantes miraban fijamente el hombre que tuvo en vilo a medio país, hasta el extremo que el vértice compuesto por Buenos Aires, Córdoba y Santa Fe, fue bautizado como “El Triangulo de las Bermudas”, en obvia alusión a la capacidad de la banda del Pibe Cabeza para desaparecer luego de cada golpe. En la autopsia le cortaron la cabeza, para exhibirla en un frasco con formol en el museo de la Morgue Judicial de la Capital Federal. 

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El Pibe Cabeza

Written By Charles Francis on 11 enero 2010 | 17:32

Al principio lo perdió una mujer. Rogelio Gordillo había nacido en Colón, provincia de Buenos Aires, el 9 de junio de 1910.

Fue uno de los siete hijos de un matrimonio de chacareros. Cuando su padre murió, su mamá —Gregoria Laparda— dejó el campo y se instaló en General Pico, La Pampa. Rogelio le tomó el gustito a la puerta de calle. "Anda en malas juntas", se quejaban sus hermanas. A los 18 se enamoró de una chica de 15. Como la madre de ella se oponía a la relación, la fue a ver y le pegó dos balazos. No la mató de casualidad. Fue así: al principio lo perdió una mujer.

 Estuvo preso dos años en Rosario y durante la misma semana en que salió asaltó un comercio en un pueblo rural. Ya andaba con Antonio "El Vivo" Caprioli y con Florián "El Nene" Martínez. Ya no era Rogelio, sino "el Pibe Cabeza". Después de algunos golpes famosos a comienzos de la década del 30 se compran dos coches nuevos y agrandan la banda a cinco miembros.

Enseguida ganan celebridad por dos características únicas para la época. Uno: dan un golpe tras otro en cualquier pueblito de Buenos Aires, Córdoba o Santa Fe. Así cambian de jurisdicción y enloquecen a los policías que los siguen. Dos: llevan armamento abundante y pesado: ametralladoras, pistolas y fusiles Winchester. Los diarios alimentan el mito: "La banda del Pibe Cabeza roba en Buenos Aires y Santa Fe", titula Crítica en 1935.

 En enero del 37 asesinan a un policía en Córdoba y ya son la banda más buscada del país. Sus cómplices aconsejan "guardarse" por un tiempo, pero el Pibe Cabeza quiere ir a la Capital. "¿Para qué? ¿Estás loco? Ahí está toda la poli", se enojan los demás miembros de la banda. El insiste. Sólo su amigo Caprioli sabe la verdadera razón. El Pibe Cabeza quiere ver a María, una novia que vivía en Mataderos. Llegaron para carnaval. Un "soplón" le había pasado el dato a la Federal y cuatro agentes de Robos y Hurtos empezaron a vigilar la casa.

Un martes, El Pibe y Caprioli salen a dar una vuelta. María se queda. A la hora en que se va la tarde caminan entre el corso. Los policías los siguen en un auto, despacio, entre la gente. El Pibe Cabeza pasa detrás de un árbol, saca dos pistolas y empieza a disparar contra el coche policial. Caprioli escapa. El Pibe tira con las dos manos hasta que cae muerto, acribillado por la Policía. Tenía 27 años. Al final, lo perdió una mujer.
 Héctor Gambini 
Diario Clarín

Un cadáver sin cabeza

Written By Charles Francis on 11 julio 2009 | 17:49

La cabeza de Rogelio Gordillo el Pibe Cabeza se encuentra en el Museo de la Policía Federal. En Colón estaría el cadáver mutilado. Una leyenda indica que el colonense Rogelio Gordillo más conocido por el Pibe Cabeza se encuentra enterrado en el Cementerio Municipal bajo nombre falso... Su tumba estaría cerca de la gran cruz. Sin embargo sería un cadáver sin cabeza. La ecuación es muy simple. En la Morgue que pertenece a la Policía Federal tienen la cabeza de El Pibe Cabeza. El mismo cuenta con las seis medallitas de la Virgen que el asaltante tenía puestas al morir. Una de ellas regalada por el carrero rojense Ricardo Gil. Una noche de 1937 Gordillo y y su lugarteniente el Vivo Caprioli viajaban en un colectivo de la línea 49 por el barrio de Mataderos, venían de la casa de dos hermosas hermanas donde habían pasado la noche. Pronto se dieron cuenta que el colectivo era seguido por un Ford "a bigotes" y a los que identificaron enseguida como "la cana" y al llegar a la esquina de Juan Bautista Alberdi y Guardia Nacional, para sorpresa de sus seguidores, descendieron del colectivo armas en mano comenzando, sin miedo alguno, la lucha ellos sin esperar un segundo. Gordillo muere en la pelea y Caprioli, herido en un brazo y en la pierna izquierda, se sube a un colectivo de la línea 45, amablemente le pone el arma en la nuca al chofer y lo obliga a cambiar el recorrido. El fin de la banda Capriolli apunta a un pasajero y lo obliga a desnudarse, se cambia la vestimenta y al llegar a la Facultad de Agronomía se baja y ordena al chofer "volar" del lugar bajo amenaza de muerte. Camina varias cuadras como puede ayudándose con los paredones de la facultad, busca ayuda en una farmacia pero se la niegan, vuelve a la calle y allí recuerda a un "amigo", Francisco Barros que era el regente de un aguantadero cercano, llega al lugar donde curan sus heridas y dos horas más tarde, recibe a los integrantes de la pandilla de "El Pibe Cabeza", les comunica la muerte de su jefe y se hace cargo él ahora de la jefatura de la banda. Como primera medida multiplica los robos, por que necesitaban mucho dinero para poder emigrar a lugares más seguros, el cerco que la policía estaba tejiendo cada día era más preocupante. En mayo de ese 1937 la pandilla comete seis robos, dos de ellos con victimas mortales. La Policia logra ubicar tras un fuerte operativo a varios de los integrantes de la banda en Palermo , en la esquina de Cabildo y Juramento. Y tras un tiroteo "infernal", Caprioli una vez más logra "evaporarse" del lugar, y de varios lugares más, por que lo buscan durante días realizando alla- namientos y no aparece por ningún lado. En estos días Caprioli "licencia" a varios de los integrantes de su banda y con dos hombres de confianza viaja en su Ford ultimo modelo a San Nicolás, va en busca del aguantadero de un viejo amigo suyo, Salvador Seminario. Estuvo ahí un par de días, pero la poca seguridad que le ofrecía el lugar lo pone de nuevo en la ruta, esta vez sin rumbo fijo, siempre acompañado de sus dos guardaespaldas. A punta de pistola se alojan en Junín en una finca privada que pertencecía a una familia trabajadora y de mucho prestigio en la zona de apellido Grau, los propietarios de la finca son obligados a construir en el fondo de la vivienda un escondite con lonas y chapas para esconder el auto. La familia Grau vivió un verdadero infierno hasta la mañana del 5 de julio de 1937, cuando cerca del mediodía la casa fue rodeada por la policía. La policía les da la orden de rendirse, y tras un largo silencio, desde la habitación que ocupaban los delincuentes comenzaron los disparos. El primero en caer es uno de sus guardaespaldas conocido como " El nene Martinez", con dos tiros en la frente, Caprioli toma un colchón de lana y trata de protegerse hasta llegar a su Ford, cuando cayó el colchón tenía más de 20 perforaciones, el otro guardaespaldas, Castrogiovanni, prefiere suicidarse, tomando una gran cantidad de veneno, antes de caer en manos de la policía. Pero no le resultó. Lo mataron antes que pudiera terminar de tragar el líquido. Los tres están enterrados en cementerio cerca de Junin. Pequeña historia El Pibe Cabeza nació en Colón el 9 de junio de l910. Su padre Segundo Gordillo fue un caudillo socialista que varias veces terminó apaleado en la comisaría de nuestra ciudad. Según su madre, Gre- goria Lagarda esto marcó profundamente la vida del Pibe. En total vivió en Colón durante 16 años ocupando diferentes domicilios. El primero en cercanías de 45 y 14. También fue ayudante de peluquero en un local de calle 47 entre 23 y 24 y su primer amor adolescente falleció hace pocos años en un geriátrico. En 1926, abandona Colón y se muda con su madre Gregoria Lagarda y seis hermanos a General Pico, provincia de La Pampa. Allí encontró trabajo siguiendo el oficio aprendido en nuestra ciudad se empleó en una peluquería de señoras y descubrió otro amor, al trabar relación con una chica dos años menor que él. Ese amor fue el origen de su perdición. En un gesto romántico, Gordillo propuso a su novia huir juntos del pueblo, en busca de la aventura. La chica aceptó, pero dos días después sus padres denunciaron el caso ante la policía. Y el 8 de febrero de 1928, el joven peluquero fue detenido y acusado de rapto y violación de domicilio.

HISTORIA DE UNA BANDA

 
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