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CLXX.l.- EL CORSO REFINERÍA

Written By Charles Francis on 22 febrero 2014 | 17:50

CLXX.l.- EL CORSO TRISTE DEL CLUB REFINERÍA
 Para M. L. P.: Día y noche corre el río, día y noche sopla el viento, desde siempre, día y noche Amor mío estás en mi pensamiento.-
 Según una difundida leyenda de Refinería, el carnaval fue alguna vez una fiesta popular, días enteros en los que no se trabajaba, con juegos en los que abundaba el agua por las tardes y, luego del ángelus en los atardeceres hasta la mañana del día siguiente personas disfrazadas, música, bailes, bromas, cintas y papeles multicolores. En verdad cuesta creer semejante cosa con tanta festividad incluida. Como quiera que sea, la legendaria gesta ha muerto ya. Sin embargo, como silenciosas habitaciones vacías, han quedado ciertas fechas del almanaque a las que la terquedad generalizada insiste en adjudicar la condición carnavalesca. Esos días son utilizados no ya para festejar, sino más bien para reflexionar y añorar la ausencia de la fiesta. Se trata, según se puede observar, de un curioso destino: pasar del entusiasmo a la nostalgia, de la pasión a la meditación, de la alegría a la tristeza. Muchos espíritus taciturnos se solazan con este estado de cosas y afirman que la francachela y el desenfreno de otras épocas fueron apenas un paso previo e inevitable cuyo noble fin se cumple recién ahora, en el ejercicio del recuerdo.
Los Hombres Soñadores de Refinería simpatizaban en cierto modo con este criterio. Para ellos el Carnaval no solamente servía para seducir señoritas en las milongas, sino para pensar en el paso del tiempo.
Puede afirmarse sin caer en el infundio que esta ilustre manga de atorrantes jamás consiguió entender el sentido de los Carnavales.
Dionisio Martínez, el famoso amante irresistible de las viudas en los cementerios, pensador, filósofo, historiador y escritor de Refinería que vive en Arroyito, pensaba que las gentes se ponían contentas en virtud de algún suceso que todos conocían menos él. Sus amigos padecían un desconcierto de la misma índole.
Esto puede explicar la extraña conducta de los Hombres Soñadores en los corsos y en los bailes.
Durante un rato hacían fuerza para sentirse alegres: bailaban, bromeaban, comían choripanes con cerveza y gaseosas, se ponían caretas, hablaban con voz aflautada, se meneaban distorsionando su condición de varones y mojaban a las damas con agua perfumada contenida en pomos de colores. Después comprendían que todo aquello era inútil y entonces se iban a otros bailongos, discutían con los mozos, miraban y escuchaban las orquestas y los grandes cantantes internacionales que visitaban la ciudad, evocaban antiguos Carnavales y cantaban canciones sandungueras. Ya en los primeros albores del día siguiente maldecían el Carnaval, se estacionaban en las esquinas desoladas y se burlaban de las barras de chicas y muchachos que volvían a sus casas.
Pero, una tarde de tórrido verano, Dionisio Martínez tuvo una inspiración genial. Se le ocurrió organizar todos los años el Corso Triste del Club Refinería.
Se trataba de una idea interesante: Dionisio pensaba que en los Carnavales vulgares todos disimulaban el tedio y la tristeza disfrazándose de personas alegres. Su proyecto consistía en adoptar disfraces y actitudes melancólicas para ver si detrás de ellos se instalaban el jolgorio y la alegría.
“Si bajo la sonora risa del payaso se adivina siempre una lágrima, es posible que encontremos una sonrisa al sacarnos nuestras caretas de víctimas.”
Si el propósito de Martínez fue lograr un clima de pesadumbre, hay que decir que lo consiguió con creces. El Corso Triste del Club Refinería se extendió por toda la populosa y cosmopolita barriada y era francamente tenebroso. Todas las luces del club y del barrio estaban apagadas. Los asistentes deambulaban como sombras fingiendo toda clase de sufrimientos.
Las murgas entonaban desde la marcha fúnebre hasta canciones gemebundas de Betinotti y tangos trágicos de Ignacio Corsini y Agustín Magaldi.
Los disfraces eran lastimosos: de condenado a muerte, de madre triste, de novia abandonada, de jugador expulsado, de deudor hipotecario, de vendedor de libros, de jubilado que cobra la mínima paga mensual, de intoxicado, entre otros.
Con el tiempo, el Corso Triste se fue haciendo más ambicioso y complejo.
Rubén Antonio Luis, el joven poeta de la calle Echeverría, comenzó a escribir versos murgueros con pretensión literaria.
        Si parlamo’ del destino
       ¿Quién conoce su camino?
        Boroborom bom bom
boroborom bom bom
Nadie puede contra la suerte
La última carta es la muerte.
        boroborom bom bom
        boroborom bom bom.
Los muchachos tristes de otros arrabales, tanto los de aledaños como los alejados de Refinería, se fueron acercando poco a poco y prontamente circularon carrozas de hojas secas, carruajes fúnebres y automóviles de antaño con las ventanillas cerradas.
Ya para el tercer año se constituyó un jurado y se realizaron concursos y torneos.
Las comparsas y las murgas se sacaban chispas para ver cuál era la más tétrica y deprimente. Los Autoflagelados, Las Lloronas De Los Velorios, Los Desocupados De Siempre, Las Que No Querían Vivir, Las Engañadas En Amores… fueron algunas de las agrupaciones más renombradas.
Las reinas del corso eran bellísimas, pero inaccesibles, perversas y despiadadas. El premio anual de máscara suelta lo ganó siempre el mismo individuo. Hablamos, desde luego, del célebre actor y animador Ricardo Corvacho, quien no tenía rival en la técnica de la caracterización.
Sus primeros disfraces fueron simples, sencillos. Una noche apareció disfrazado como esclavo de los lacedemonios y todos se condolían al ver su espalda de ilota surcada de latigazos y su cuerpo encorvado bajo el peso de enormes cadenas.
Después, sus creaciones fueron más complejas. Un domingo fue cíclope y a la mañana siguiente revolucionó todo el barrio buscando el ojo que se había sacado. Fue, también, mendigo de la Rusia zarista y la gente lloraba al verlo soportar la nieve de Siberia en la calle Monteagudo ya sea sobre el ingreso a la Calle Angosta o frente a la propia puerta de entrada al Club Refinería.
Cuentan que Ricardo Corvacho, entusiasmado por sus éxitos, resolvió seguir con sus disfraces durante todo el año. Dicen que su destreza crecía junto con su crueldad.
Una noche de invierno, lo Hombres Soñadores saltaron de alegría al ver aparecer al Fino Travaglini, el pibe que murió en París. Organizaron una gran fiesta en el mismísimo Club y en el momento que alzaban las copas para celebrar la resurrección, Corvacho, se sacó el guardapolvo, se lavó las rodillas, volvió a poner cara de persona mayor y apareció tal cual era. El Ruso Kreimer estuvo dos semanas en cama y el Turco Elías casi queda tartamudo.
En el último Carnaval del Corso Triste del Club Refinería, Ricardo Corvacho se disfrazó para siempre de recuerdo y nadie volvió a verlo más por el barrio ni por sus alrededores.
La comisión organizadora del Corso pronto advirtió que la creación de Dionisio Martínez tenía interesantes posibilidades económicas. Esto resulta un poco sorprendente si se recuerda la nula capacidad de los Hombres Soñadores para los negocios. De cualquier manera es un hecho que durante largos años los muchachos del Club vendieron papel picado y serpentinas. Emplearon la conocida técnica de marketing del envase, que ha enriquecido a tantos comerciantes: en la primera jornada las bolsitas estaban llenas de papelitos muticolores y cintas en apretados rollitos brillantes e inmaculados. Cuando terminaba la fiesta de cada jornada, barrían el piso y volvían a embolsar el papel picado y hacían lo mismo con las cintas previo confeccionar uno por uno los infinitos y apretados rollos. Noche tras noche los productos se ensuciaban y envilecían, hasta que en la muerte del Carnaval las primorosas bolsitas estaban llenas de tierra, tapitas de cerveza, caramelos empezados, chicles largamente masticados ya endurecidos al ser expelidos y otras porquerías. Algunos memoriosos creen reconocer, todavía hoy, en estos Carnavales que transcurren, en los bailes de algunos clubes de otros barrios, restos de serpentinas y papel picado primigenios que se vendían en el Corso Triste del Club Refinería.
Para contribuir a la pesadumbre de la concurrencia, Martínez vendía pomos llenos de lágrimas que  -si ha de creerse a sus detractores-  falsificaba con agua y sal fina de mesa Celusal.
Los Hombres Racionalistas y Prácticos, en su carácter de comparsa materialista, solían acercarse a la fiesta de Refinería para buscar camorra. Todos recuerdan sus afilados pregones:
El Racionalista
señoras y señores,
llega con sus ritmos y silogismos.
lo desafía
a exponer sus ilusiones
y a confrontarlas
con nuestras realidades a la vista.
Las olímpicas razones de la murga encontraban muchas veces contundente respuesta y dentro de un clima polémico y agudo solían armarse formidables peleas que  -por cierto-   daban lustre y renombre al Corso Triste.
Año tras año, los carnavales organizados por el Club Refinería fueron poniéndose más divertidos. Naturalmente, esto provocó su decadencia.
Los Hombres Soñadores de Refinería, al observar el jolgorio, comprendían que el proyecto inicial iba camino al fracaso.
La sobria melancolía de los primeros tiempos iba dando paso a sonrisas complacientes, cuando no a risotadas sin freno.
“¡Ah!  -se lamentaban-  ¡Carnavales eran los de antes!”
Y, entonces, contaban anécdotas de los corsos de antaño, austeros y silenciosos, comparándolos con la insoportable algarabía que tenían ante sus ojos.
Pero, en realidad, la verdadera esencia del fracaso hay que buscarla por otros rumbos.
Como ya se ha dicho, lo que buscaban Dionisio Martínez y sus amigos era un dejo de alegría que debía  aparecer al quitarse la máscara trágica.
Y lo cierto es que nunca encontraron tal cosa.
Cada vez que  -con toda ilusión-  abandonaban sus disfraces de atormentados, encontraban debajo nuevos tormentos que, para peor, eran reales.
Por eso, comprendiendo que la dicha no estaba en el Carnaval, y quizás en ninguna parte, los Hombres Soñadores disolvieron para siempre el Corso Triste del Club Refinería.
Hoy, cuando la fama de los muchachos refineros ya encontró su tumba en los vientos de la Estación Embarcadero, hay  -aunque pocos lo adivinen-  centenares de corsos tristes. Y son mucho más tristes que el del Club Refinería, pues su tristeza es involuntaria y su propósito es la alegría.
Tal vez, haya llegado el momento de comprender que los que vivimos en esta ciudad fantástica a orillas del río Hijo del Mar color de león no hemos nacido para ciertas fantochadas. Qué se rían los brasileños y los venecianos. Tengamos, eso sí, fiestas y reuniones populares. Pero, no dejemos de ser quienes somos. Si nuestra extraña condición nos ha hecho comprender el sentido adverso del mundo, agrupémonos para ayudarnos solidaria y amistosamente a soportar la adversidad.
A lo mejor, los Carnavales de antaño, tan añorados por los animadores de la radio y nuestros mayores, no eran más que eso. Una reunión de gente triste que buscaba consuelo.
 Chalo Lagrange
Verano sin tregua, Carnavales de febrero de 2013.-


ALBA ROJA: Club del Barrio Refinería

Written By Charles Francis on 26 noviembre 2013 | 20:52

ALBA ROJA, CLUB DEL BARRIO

Los clubes de barrio a veces están marcado por la política.
El club Alba Roja tenía un marcado tinte izquierdista en su nombre. ¿De donde provenía dicho apelativo, en época de la Guerra Fría y el conflicto de Corea?
Si bien esto fue una anécdota, veamos un poco de su curiosa historia, basándonos en una entrevista realizada por el antropólogo Soccorso “Nino” Volpe en el año 2007. Cuenta Salvador Terrazzino: 
........
“Originalmente se llamaba Club Losada, debido a la tienda del mismo nombre que existía en la esquina de Gorriti y Boulevard Avellaneda, el presidente de ese club fue mucho tiempo un señor de apellido Belavita. Pasado el tiempo y como esta tienda no se hacia cargo de los gastos de las camisetas y pantalones se decide cambiar de nombre...."
........
Añadimos que Losada era una tienda del barrio, muy conocida, ubicada en Gorriti 799, era propiedad de los hermanos Losada, que fundaron el club que llevaba su nombre en 1948. Evidentemente, los propietarios dela tienda deciden no seguir solventando el club, cuyo presidente era Victorio Belavita, un profesional que ejercía como abogado. No hay muchos datos de este letrado, pero podemos saber que vivía en calle Vélez Sarsfield 628.
“En ese entonces por el año 1952 el presidente seguía siendo el mismo Belavita cuando se toma la decisión de cambiar de nombre, este señor Belavita, era de ideología política comunista, por eso es que se elige nombre de ALBA ROJA y se elige el color rojo en la camiseta.”
....... 
La camiseta original pareció ser completamente roja para ser luego  como la que mostramos arriba, en cuarteles en aspa blancos y rojos. Algunas muestran al equipo con camisetas  blancas con una franja roja, o bien con una V de ese color.
Aquí al lado mostramos tres versiones, ilustradas por Nino Volpe. No hay que confundir la camiseta con cuello de diseño en V de Alba Roja con la de Defensores de Vélez Sársfield, cuyo diseño era azul.
Podemos decir que las camisetas tuvieron tres etapas: 
  • Originales de Losada: camiseta totalmente roja, con logotipo de la empresa.
  • Primera etapa Alba Roja: en "escaque" roja y blanca, o sea cuadros opuestos como en ajedrez.
  • Segunda etapa: triángulos en los flancos "en aspa" mangas rojas y puños blancos.
  • Tercera etapa,: como la actual de Vélez Sársfield pero con la V roja algo más baja (no es el cuello)
Retomando la biografía de nuestra institución, con su nuevo nombre y desvinculado de los hermanos Losada, se realiza la mudanza: el club se traslada a un patio que había en el interior de la vivienda de la familia Candolfi en la calle Santa María de Oro 320 bis. La nueva casa según nos cuenta Edgardo "poroto" Landaluce:
 ...............
"era el patio de la casa de mi abuelo, ese patio se convirtió primero en un taller de lencería de mi madre y un hermano, bajo la firma "LAN-CAN", o sea, Landaluce - Candolfi".   
.................. 
Y describe don Salvador, en base a lo que le contò don Landaluce:
"En ese patio se instaló un sistema de cierre, un toldo, para hacer el techo, cada vez que se hacían bailes o fiestas para recaudar fondos para el club, se cubría para no estar a la intemperie con lonas blancas, sostenidas por alambres de lado a lado.
El tiempo que existió ese club puede ser del 1952 al 1959… 60... no estaba este club registrado en ningún lugar, todo se hacia a puro esfuerzo de los participantes”.
..
La comisión estuvo integrada por habitantes del barrio Refinería: Victorio Belavita como presidente, “Pocho” Montivero como su sucesor, Hugo González, tesorero; Luis Zambruno, Osvaldo Candolfi y otros vecinos. Entre los jugadores del Alba Roja se pueden rescatar los nombres de Omar “Pato”  Pastoriza, que inicialmente jugó en Rosario Central y Federico Vairo, jugador de River Plate de 1955 a 1958 (derecha). 
...
“Otros jugadores como Panasi, Wallher y Villarino, estos dos últimos se fueron a jugar a Montevideo, otros que integro el equipo eran, uno de los hermanos Montivero, "Forico", el arquero era Manuel Codes.”
................ 
De Alba Roja surgen los 7 grandes (foto de abajo) un famoso equipo del barrio que ganó varios torneos en la canchita del colegio Boneo  y en la cancha de Vélez Sarsfield, que estaba ubicada cerca de los silos, cerca de donde hoy se ubican las nuevas torres. Este sub-equipo, que actuaba de manera independiente, será objeto de una nueva historia, dado lo interesante de su origen.
Volviendo a nuestro club, su nombre completo era Club Social y Deportivo Alba Roja.
Como club social, tenía un conjunto de baile folklórico, y según nos cuenta Edgardo Landaluce, el profesor era un señor de apellido Olmos. 
Mediante estas actividades sociales se recaudaban fondos para el club ofreciendo el espectáculo en los distintos lugares y clubes de la ciudad. Los integrantes de ese conjunto tradicionalista eran chicos del mismo barrio: .........
“...los hermanos Zaffaroni, Adriana Martín, Zulma y Norberto Zambruno,  Edgardo “Poroto” Landaluce, Cristina Zambruno, Nora Penino, Clotilde y otros…”
...............

Este club -de efímera historia, ya que existió por sólo ocho años- tuvo la virtud de aglutinar a muchos vecinos en un proyecto social específico, como era la práctica del fútbol amateur, esencialmente masculino, pero que brindaba una apertura a las chicas del barrio en su componente social.
Alba Roja es uno de los miles de ejemplos de clubes de barrio argentinos, justificados en la necesidad de socialización más allá de la mera vecindad o cercanía, pero precisamente basándose en el conocimiento vecinal. 
El club, como institución, cumplía una función barrial clave: el del mutuo reconocimiento, sea mediante el juego, la danza o la sencilla participación en las tareas  propias de las actividades sociales. En la foto de aquì abajo se ve la amplia participaciòn de los vecinos, sencillamente para encontrarse, reconocerse y charlar en un ámbito común. 
...
Así, el club se separaba de la Vecinal, destinada a labores esencialmente de infraestructura barrial, y de la escuela, dedicada a la enseñanza. Más afinidad había con la iglesia, puesto que era un lugar también de reconocimiento mutuo en la creencia católica. 
Hoy el resultado está a la vista: los antiguos participantes conocen perfecamente a sus ex-compañeros de juego, recordando detalles minuciosos, dado que el club "socializó" fuertemente a sus integrantes en su temprana juventud.
Pero este rol social tenìa un límite: la socializaciòn misma.
El club tenía un papel que con el tiempo resultó inútil, puesto que todos ya se conocían e interactuaban, y las viejas funciones fueron tomadas por otras instituciones, tal vez más eficaces y adaptadas a los tiempos nuevos, en las que participarìan los hijos y nietos de los viejos jugadores. 
El club ya no tendrìa el atractivo juvenil y fundante de la década del 50. 
Las nuevas generaciones tendrìan un menú más amplio de socializaciones y recursos disponibles y con el tiempo, ya avanzado el siglo XX, el uso del ocio luego de la fábrica o la oficina pasò a cubrirse con otras actividades más individuales o cerradas.
Quedan para el recuerdo  las sucesivas presidencias, segùn Edgardo Landaluce:

"... Belavita fue por poco tiempo el presidente, luego lo sucedio el vecino conocido como el "chino" Salazar, al termino del mandato lo reemplazo Luis (el pelado) Zambruno (...)"
"y por ultimo Agustin (Pocho) Montivero, que fue la persona que bajo su mandato, hizo el último acta y la donacion de los bienes." 
 ...
Un final melancòlico, de tiempos idos ¿que bienes habrá tenido y que dirían esas actas?
El viejo Club Social y Deportivo Alba Roja, ex Club Losada, ejemplo de la época dorada de los clubes barriales, desapareció en 1960, sin mayor ruido.
Tal como había llegado.
(En base a entrevista realizada por el Lic. Soccorso Volpe a Salvador Terrazzino, en 2007 y testimonios de Edgardo Landaluce, que suministró las fotos)
Fuente:http://museorefineria.blogspot.com.ar/

El conventillo "El Atrevido"

Written By Charles Francis on 16 octubre 2012 | 21:32

El conventillo era una de las soluciones màs socorridas a la hora de dar respuesta al problema habitacional. Tambièn era un buen negocio. Con una infraestructura mìmina y mucha demanda, la posiblidad de hallar cuartos bararos era escasa, y los conventillos eran una salida ràpida y buscada, como el dinero.

Uno de ellos era el denominado "El Atrevido".
Durante mucho tiempo se ignoraba exactamente su ubicación.
Se sabìa que estaba en las cercanías de calle iriondo y Vèlez Sársfield, puesto que esta ùltima calle hacia el rìo se denominaba muy frecuentemente "calle o camino del Atrevido".
Otros toponímicos eran la "calle al Saladero" (Iriondo) que aludía al Saladero de de Urquiza, desaparecido hacia 1870.
El conventillo que nos ocupa (marcado en el plano de arriba con el Nº1) posee, como vemos, un nombre de fantasía muy particular.
Algunos vecinos adjudican ese apelativo a la inverosímil mezcla de idiomas y dialectos que se hablaba en el lugar, y que fue serìa un atrevimento ir a ese conventillo. Otros argumentan que el nombre alude a la estructura del conventillo, un galpón de mucha amplitud entre columnas o muros, posiblemente unidos con cabriadas metàlicas de ancho considerable. El galpón sería "atrevido" desde el punto de vista de la ingeniería. Otros aluden a las constumbres de los habitantes, malandras, delincuentes, pìcaros y "atrevidos", audaces en los latrocinios y robos.

Màs allà de estas conjeturas (que eso son) el conventillo era uno de los màs grandes del barrio.
Y no era el único de gran tamaño.
Los "40 cuartos" que aun pueden verse en Avenida Alberdi frente al Barrio Inglès. "Los cuartos de Arijón" (marcados en el plano con el Nº2) , de Gorriti y Falucho, eran una "tira" de cuartos de dos cuadras de largo, construidas sobre la linea de edificación de ambas calles.

El conventillo de D`Allorso, tenía unas treinta piezas, divididas en dos alas, en calle Gorriti tambièn. Hoy son departamentos, y en el centro del largo patio central se construyó una medianera.
Con semejantes compañeros, "El Atrevido" acaparaba tal vez cientos de personas, de los miles que tenía el barrio.
El plano que mostramos- de 1898- evidencia una construccion de gran superficie, la cual efectivamente debió tener una ingenieria importante. Al lado hay otra, gemela, de similares dimensiones. Tal vez eran barracas de almacenamiento, trasformadas para vivienda precaria.
Esta particularidad debe haber sido significativa, puesto que su ubicación, en terrenos de Manuel Cilveti, se encontraba cercana a las fàbricas y numerosos trabajadores con sus familias deben haber vivido allì. Las fàbricas d ela zona - la de azúcar, la de ginebra, los depósitos y barracas, el ferrocarril, la estiba y carga den el puerto aledaño- debieron utilizar gran cantidad de mano de obra poco especializada, por lo que el barrio debería ser un imán poblacional.
La vida en los conventillos era precaria y hacinada, suponemos que El Atrevido debe haber sido igual. El prestigioso doctor Juan Bialet Massè describió la forma de vida en el conventillo, suponièndolo un lugar peligroso, tanto en lo sanitario y como en lo moral:

 "Es el foco de todas las inmoralidades y miserias, muerte de todas las libertades y de la elevación moral de los pueblos.
Allì las suciedades en contacto, el pudor y la independencia imposibles, el visillo no basta para mantenerlos, es muy ralo y delgado, las pasiones acechando pared de por medio, en lucha y contacto diario, las peleas de las vecinas, enconando odios dede la infancia, el cambio contínuo quitando la idea de la estabilidad y matando el patriotismo".

No sabemos si esto era exagerado, pero las preocupaciones del buen doctor Bialet Massè abarcan las que son comunes a las clases medias: la moral sexual uniforme, los conflictos callados, la casa propia, la idea de patria frente a los obreros extranjeros.
No se podía exigir al conventillo, por màs atrevido que fuese, que resolviera "limpiamente" los problemas causados por la explotación y la miseria, antes bien los evidenciaba.
Esas "lacras" denunciadas eran consecuencias, y no causas; eran problemas de un sistema egoísta y explotador, que aunque haya mejorado algunos estàndares de vida, siguen existiendo.
Y todavía no apareció el "atrevido" que los resuelva.
Publicado por LA COMISION DEL MUSEO
http://museorefineria.blogspot.com.ar/2009/09/el-atrevido.html

Conflictos sociales, memoria de la lucha en barrio Refinería

Written By Charles Francis on 15 octubre 2012 | 21:23

Por Carlos Solero / Especial para El Ciudadano. El 18 de octubre de 1901, estibadores reunidos en el conventillo “El atrevido” fundaron la Sociedad de Resistencia Obrera.
El 18 de octubre de 1901 en la ciudad de Rosario estibadores de bolsas se reunieron de manera espontánea en el conventillo “El atrevido”. 
El resultado del encuentro fue la fundación dela Sociedad de Resistencia de Obreros de la Refinería, adherida a la Federación Obrera Argentina (FOA). La creación del sindicato proletario implicaba exigir al empréstito Refinería Argentina de Azúcar un doble jornal para los trabajadores que laboraban en días feriados. Por otro lado, pedían reducir a diez las horas de jornada de trabajo. 
El domingo posterior a la reunión en “El atrevido”, unos doscientos proletarios de La Refinería estaban manifestando en la intersección de Gorriti y Thedy frente a las puertas del establecimiento. Reclamaban salarios adeudados y mejoras en las condiciones laborales. Exigían que la patronal cumpliera con el pliego presentado por la Sociedad Obrera.
La medida que los proletarios y proletarias llevaban adelante fue consensuada en una asamblea libre. Allí se creó un comité de huelga y una comisión de trabajadores, que entregaría el pliego de nuevas condiciones laborales. La redacción del manifiesto estuvo a cargo del periodista y dramaturgo Florencio Sánchez. 
El propietario del establecimiento fabril era Ernesto Tornquist, quien acudió de inmediato a las autoridades estatales. Según se desprende de una nota periodística publicada en un diario local en 1998, también llegaron hasta el lugar Sergio Rossi, Juan José Gianni y el político Octavio Grandoli, intendente entre enero de 1884 y diciembre de 1885. Este último fue el encargado de mediar en el conflicto. Grandoli se hallaba en cercanías dela Refineríay al ver la manifestación de trabajadores protestando reconoció entre ellos al obrero anarquista Romulo Ovidi, avisó ala Policía para que lo detuviera.
Los agentes estatales subieron a Ovidi a un carruaje. El obrero Cosme Budislavich intento frenar la maniobra represiva quitando las bridas a los caballos del móvil policial y fue ferozmente golpeado. Budislavich buscó refugio de su atacante, pero no lo logró y fue abatido por un disparo en la nuca. Cayó muerto y quedó tendido en el empedrado, a pocos metros dela Refinería de Azúcar y alcoholes. 
Según informaron las autoridades a periódicos poco después del hecho, Budislavich presidía La Casa del Pueblo, sede de las organizaciones anarquistas rosarinas, que más tarde desmentirían la versión. La única respuesta al reclamo de los trabajadores fue la represión. A comienzos del siglo XX, estos luctuosos acontecimientos fueron frecuentes. 
Las manifestaciones callejeras por el 1º de Mayo de 1904 y 1909 dejaron un tendal de obreros muertos y heridos por las balas y sables de las fuerzas policiales.

Mujeres con alta voz
La historia suele ser escrita con grandes letras para persuadir a las multitudes, para cimentar mitos que echan luces, para ensombrecer las verdaderas luchas populares, aquellas que abren brecha hacia la genuina emancipación del género humano barriendo toda opresión. 
Pero bien sabemos que la verdadera historia de los de abajo se construye de retazos, de gestos solidarios muchas veces ignorados u ocultos en las brumas del tiempo. Por eso, importa rescatar figuras como las de aquellas militantes anarquistas editoras del periódico La voz de la mujer, que en épocas de la república oligárquica y conservadora alzaron sus ideales revolucionarios contra la hipocresía reinante. 
Mujeres como Virgina Bolten, María Collazo y muchas otras fueron parte esencial de las luchas proletarias, de las huelgas, como aquella heroica de los conventillos en 1907. 
Virgina Bolten, de origen puntano fue una activa militante, enarbolando estandarte y recorriendo las calles de Rosario ya en el 1º de Mayo de 1890 en la marcha obrera de protesta universal. Agitadora en la cruenta huelga dela Refineríade Azúcar. 
Fue deportada hacia Uruguay junto a su compañero de vida, expulsada de la región argentina por la infame ley de residencia 4144. Mujeres altivas y valientes como Juana Rouco Buela, organizadora dela Sociedadde Resistencia de las Costureras Rosarinas, condenadas al oprobio. 
Mujeres con altas voces que nunca esperaron los vítores de multitudes, pero abrieron las sendas para dignidad de los humillados y ofendidos. Sabedoras que la libertad se conquista y no se mendiga.

Furias en el Centenario
Los años previos al Centenario dela Revoluciónde Mayo fueron particularmente turbulentos enla Argentina. Elrégimen oligárquico conservador se hallaba entusiasta y frenético con su papel subsidario de gran estancia y eventual factoría del capitalismo mundial. Habían doblegado la rebeldía de los pueblos originarios, exterminados en su mayoría y despojados de sus tierras. La oleada inmigratoria llegó a estas latitudes para vender su fuerza de trabajo. 
La élite gobernante deseaba seres sumisos a sus mandatos pero en la medida que se potenciaba la economía, las desigualdades eran crecientes y el proletariado se organizó en Sociedades de Resistencia de tendencia anarquista. 
El carácter revolucionario de estas asociaciones marcó el inicio de huelgas para enfrentar a los capitalistas. Sometidos a largas jornadas de labor en terribles condiciones y obligados a vivir en infectos conventillos, los hombres y mujeres pronto mostraron su descontento. La heroica huelga de inquilinos de 1907, conocida como “La Huelgade las Escobas”, preparó el terreno para la confrontación en ciernes. El Estado respondió sancionando y promulgando en un solo día la ley 4144, llamada “de Residencia”. Esta legislación fue aplicada por las fuerzas represivas que encarcelaron y deportaron a cientos de obreros.
El 1º de mayo de 1909 una feroz represión atacó a la multitudinaria manifestación de obreros, dejando las calles sembradas de heridos y cobrándose vidas proletarias. Al frente del artero accionar se encontraba un ex oficial del general Roca, el coronel Ramón L. Falcón. 
Tiempo después, el obrero anarquista ruso vengó a sus hermanos de clase volando por los aires a Falcón y Lartigau, que impunemente circulaban por avenida Quintana y Callao. Impuesto el estado de sitio, las redadas de obreros activistas de los sindicatos revolucionarios eran continuas. También las huelgas impulsadas porla Forase opusieron a la coacción policial. 
Las jornadas del 13 y 14 de mayo de 1910 se caracterizaron por extásis destructivo de los niños adinerados de Buenos Aires quienes salieron a romper locales obreros. Durante esos días fue saqueada e incendiada la redacción de los periódicos anarquistasLa Protesta, un matutino, yLa Batalla, otro vespertino. 
Encabezados por el barón Demarchi los altidados jóvenes de frac y levita marcharon en carruajes y automóviles, contando con la anuencia policial, destrozaron bibliotecas, empastaron imprentas. Con hachas en mano destruyeron La Acción Socialista y La Vanguardia, frente a la azorada presencia de Juan B. Justo. En plena orgía predadora, uno de los más fervorosos atacantes de los locales proletarios gritó: “Viva la burguesía. Abajo los revoltosos rojos”. 
Dellepiane, quien en 1919 comandó la represión dela Semana de Enero, sonreía cómplice en su despacho.
Este es uno de los tantos retazos de una historia que no debemos olvidar y que bulle en las entrañas de un noble pueblo que algún día asumirá su destino en sus propias manos para siempre.

HISTORIA DE UNA BANDA

 
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