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Barrio Pichincha: Fichas de prostibulos

Written By Charles Francis on 09 octubre 2012 | 19:31


En los años 20 y 30 el  tenía su propia divisa. Se trataba de un objeto preciado de escaso valor económico, pero muy codiciado. Garantizaba –en el mejor delos casos- algo de placer; y en el peor de ellos, el derecho de pasar el tiempo con una de las pupilas del prostíbulo. Se trataban de las conocidas «fichas» o «latas» que servían para controlar el trabajo de las prostitutas que trabajaban en el prostíbulo.

Función de las latas.

El sistema de latas funcionaba en la mayoría de los prostíbulos reglamentados; y en algún que otro clandestino; según surge de los testimonios recolectados por Zinni y Ielpi en «Prostitución y Rufiansimo» Cada peringundín tenía su propia ficha, con su propio diseño, algunos más rústicos y otros mas producidos. Sin embargo, muy pocas llegaron a nuestra época. Por ejemplo, es relativamente sencillo encontrar algunas del Petit Trianon (que ilustran este artículo), en un estado bastante decente (recordemos que tienen casi un siglo) en manos de coleccionistas privados. También hay algunas en circulación con las iniciales C.F, que pertenecerían al Café Marconi. Pero del resto de los prostíbulos, sólo quedan rumores.

La operatoria era la siguiente. El parroquiano ingresaba a la casa de tolerancia. Era recibido por la madama de turno. Ésta le informaba el “precio” por los servicios de sus pupilas. Recordemos que había prostíbulos de calidad, cuyo precio rondaban los 5 pesos (habitualmente los reglamentados) y otros mas económicos y hediondos a los que se podía acceder a un “servicio” por apenas un peso.

El cliente, le pagaba el precio a la madama. Ésta, a cambio, le entregaba una o varias fichas con el diseño del prostíbulo. A estas fichas, vulgarmente se las llamaba latas. El cliente, ya con su lata en mano, pasaba al patio donde se encontraban las pupilas que se ofrecían en el lugar. Una vez seleccionada la que mas le gustaba, pasaban al cuarto. El cliente depositaba la ficha en una especie de alcancía (también de lata) como forma de pago. Por supuesto, todo antes del acceso carnal.

Este intrincado sistema tenía varios fines. En primer lugar, impedía que las pupilas manejaran dinero. Quizás por precaución a que se fugaran con la recaudación, quizás como forma de protegerlas de los posibles “asaltos” por parte de los clientes. Por otro lado, se garantizaba que las madamas sean quienes distribuyan los dividendos. También era una forma de controlar que la prostituida no otorgue más tiempo que el que correspondía a su cliente.

A fin del día (quizás semanal, o quincenalmente), la pupila entregaba a la madama la totalidad de fichas recogidas durante la jornada. Y ésta le pagaba el porcentaje que le correspondía, que en el mejor de los casos, alcanzaba al 50% de la recaudación.

Sin embargo, se le encontró una vuelta de tuerca a esta metodología. Quizás cuando las prostitutas ya disponían de un capital suficiente, o la madama decidía darles algo mas de libertad a sus pupilas, se recurría a la modalidad de «Casa de Pensión» que funcionaba como anexo de los prostíbulos. Allí, la prostituta podía recibir a su cliente y acordar con ellos el pago que quisieran, y la duración del servicio que desearan; sin sujetarse a los precios y tiempos fijados por las madamas de turno. La pupila sólo estaba obligada a pagar diariamente una suma fija en concepto de alquiler de la habitación que ocupaba. El Moulin Rouge y el Royal adoptaron esta modalidad.

Radiografía de las fichas

Como se dijo, las fichas que mas se conocen son las del Petit Trianon. Los primeros ejemplares reaparecieron a la luz mientras se realizaba la investigación que finalmente culminaría en el libro «Prostitución y Rufianismo» cuando uno de los entrevistados le obsequiara los investigadores una de esas fichas.
Precisamente en ese libro, citando un artículo del Boletín del Instituto de Numismática e Historia de San Nicolás las describe: «Es una pieza compuesta de tres partes: dos láminas metálicas que recubren un centro circular de cartón. El metal está dorado y el conjunto sometido a la acción de una prensa entre dos cuños con la impronta de sus caras. Por ambos lados lleva gráfila dentada, estando aplicada la del reverso sobre el cierre o doblez de una de estas láminas, asegurándolas. Su módulo es de 21,4 milímetros y su peso de 1,4 gramos»

En efecto, estas fichas muestran en su anverso, el rostro de una mujer luciendo un peinado antiguo. En su contorno, se leen las palabras Discretion – Securite. En el reverso no hay imágenes, observándose únicamente el nombre del local (Petit Trianon) y su ubicación Pichincha 87 – Rosario.

Sumó algo de confusión la aparición de nuevas fichas (a la sazón, latónes) de menor calidad que las del Petit Trianon. Poseen la inscripción de las letras C.M.; a las que las descubridoras atribuyen pertenencia al prostíbulo Café Marconi, también conocido como Carlos Drago. En el reverso, cuenta la con la inscripción P.F cuyo significado se desconoce. Además, tienen consignados números (50, 20, 10 y 5). Se especuló que podrían significar el costo de los diferentes servicios sexuales, pero esa conjetura es fácilmente descartable sabiendo que los prostíbulos mas caros rara vez cobraban más de 5 pesos por servicio.
Meter la mano en la lata.

A raíz de esta modalidad de pago se incorporó al vocabulario lunfardo, y trascendiendo al cotidiano, la expresión «dame la lata». En efecto, se evoca una escena de prostíbulo: al llegar, el cliente pagaba su consumición y recibía una latita como prueba del pago. Al entrar en el cuarto de la pupila se la entregaba. Cuando el rufián visitaba el quilombo, exigía de sus pupilas la entrega de las latas, para calcular la parte que le correspondía.

Es más, los conocedores del mundillo del tango; consideran que el primer compositor de tango fue Juan Pérez, un clarinetista de romerías, autor del tema «Dame la lata» quien lo habría compuesto hacia mediados de la década de 1880; aunque no se descarta que hayan existido otros autores y otras canciones. En este tango, se hace referencia a la escena descripta.

También, se atribuye al sistema de pago mediante fichas, el origen de la expresión «meter la mano en la lata» Popularmente significa apoderarse de bienes de otro, haciendo abuso de la confianza que se ha dispensado confiando los mismos. Se dice que metían mano en la lata los clientes que intentaban extraer de la “alcancía” (que era otra lata) que cada pupila tenía, alguna que otra ficha para asegurarse –en un momento futuro- otro servicio sin tener que pagar por él.



Bibliografía:
- Ielpi, Rafael – El imperio de Pichincha: La mala vida en Rosario – HomoSapiens Ediciones, Rosario, 2009.
- Ielpi, Rafael; Zinny, Hécto – Prostitución y rufianismo – HomoSapiens Ediciones, Rosario, 2004.
FUENTE: http://www.barriopichincha.com.ar/fichas-de-prostibulos/

Pichincha, una historia en reconstrucción

Written By Charles Francis on 05 septiembre 2011 | 19:42

La entrada es por calle Jujuy, a través de un portón. Aquí hubo un teatro, y también un cine. Se llamaba Casino. Cuentan que Alberto Olmedo estaba con frecuencia entre el público. Pero hace casi cincuenta años que cerró sus puertas, y después vino el olvido. Quedan algunos vestigios: molduras, restos del escenario, la antigua división del espacio. El lugar es uno de los símbolos de Pichincha, donde se encuentra, y también de la situación particular del barrio y su mítico pasado prostibulario: una historia en proceso de reconstrucción.

Desde hace unos años, Pichincha experimenta un acelerado cambio. Mauro Machado, que llegó al barrio en 2002 y abrió el centro cultural El Levante en lo que era una pensión en ruinas, sitúa lo que puede ser un punto de referencia: "entre la calle Salta, hacia el río, y Pichincha, hacia el río, se abría un rincón aislado de la circulación de la ciudad; había inquilinatos, talleres mecánicos y garages, un ambiente de tristeza, depresión económica y marginalidad; la situación empezó a cambiar cuando se abrió el paso de avenida Francia, y empezaron a llegar los bares y a construirse casas nuevas y edificios". 

La transformación de Pichincha recupera el pasado del barrio, una historia más o menos oculta que desde la publicación del libro Prostitución y rufianismo (1974), de Héctor Zinni y Rafael Ielpi, se incorporó a la memoria de la ciudad. Pero en medio del boom inmobiliario —"hoy los terrenos y las casas, aunque estén viejas y derruídas, son carísimas", dice Machado— y de las nuevas investigaciones, esa recuperación plantea un conjunto de problemas y desafíos, ante la preservación de los edificios emblemáticos y el relato mismo de la historia, en la que todavía quedan numerosos interrogantes, dudas y aspectos para abrir nuevos estudios.

En 2008 la historiadora María Luisa Mugica reveló que el verdadero nombre del Madame Safó, como se conocía al burdel de Pichincha 68 bis (uno de los edificios históricos que se mantienen en pie), era El Paraíso, y aportó información desconocida sobre sus madamas y propietarios. Más allá de su importancia puntual, el descubrimiento puso de relieve algo que se proyecta hasta hoy: la historia de Pichincha está abierta a la investigación. 

Plan A 
En 2006 la Secretaría de Planeamiento de Rosario presentó ante el Concejo Deliberante el Plan Especial Pichincha, con el objetivo de proteger el patrimonio urbano-arquitectónico y encauzar la renovación edilicia del área. El barrio se delimitó considerando la historia —el pasado prostibulario—, las características físicas urbanas —los edificios significativos, el trazado vial y ferroviario— y aquello que en el imaginario del presente se entiende por Pichincha, más allá del área delimitada a principios del siglo XX y constituida por el sector de ocho manzanas destinado por el Municipio a la prostitución reglamentada. 

Pichincha no es lo que era a principios del siglo XX, cuando los prostíbulos la convirtieron en una célebre zona roja. Los mitos y el interés inmobiliario ampliaron sus fronteras. El área histórica tiene ahora su núcleo de partida en el sector de la Cervecería Schlau, el túnel Celedonio Escalada y la Estación Sunchales, con límites en las avenidas Del Valle y Rivadavia, Oroño, Tucumán (la vivienda natal de Olmedo devino en hito demarcatorio) y Vera Mujica. 

El Plan Especial Pichincha tuvo como fundamento un minucioso informe en que María Luisa Múgica hizo un relevamiento de espacios característicos del barrio, un listado de casi medio centenar de prostíbulos, bares y fondas y su localización en el área, con datos sobre propietarios y encargados, tomados de fuentes documentales nunca antes consultadas, como los prontuarios de la vieja División de Investigaciones de la policía rosarina, pedidos de habilitación y de clausuras, ordenanzas y mapas de época. 

"Muchos de los inmuebles catalogados contienen en sí mismos una historia, un acontecer, un nombre, un hecho. Y muchos otros son el resultado de una sumatoria de seres anónimos que fueron constituyendo a nuestra ciudad", explica María Laura Fernández, directora del Programa de Preservación y Rehabilitación del Patrimonio municipal. 

Hoy esa protección invita, justamente, a recorrer en detalle sus calles, aunque el itinerario (tanto histórico como arquitectónico) no figura dentro de ningún circuito. Muchos de los inmuebles catalogados por su valor histórico están identificados sólo con una placa y carecen de la información respectiva. 

Desde Preservación advierten que el vandalismo impide profundizar el proyecto en cuanto a acercar información a través de cartelería. Hay un relato propuesto desde el municipio respecto de Pichincha pero su eficacia actúa en lo técnico (los grados de protección de los inmuebles) y muestra debilidad en lo simbólico (por la imposibilidad de narrar la historia). 

Tampoco aparece como muy sencillo la construcción de ese relato por fuera de lo arquitectónico. La historia prostibularia define una cuestión identitaria en el barrio, e incluso en la ciudad, pero no es un tema sencillo de abordar. "Nosotros estamos fundamentalmente ponderando aquellos valores identitarios de la arquitectura que conformó este sector de la ciudad y no estamos reivindicando el uso que se hacía de estos sitios: lo que hacemos es reconocer la conformación de un ámbito urbano cuyos orígenes tuvieron que ver con la actividad prostibularia", advierte Fernández. 

"De todas maneras —agrega la directora de Preservación— se fue comprobando una inversión inmobiliaria, y dentro de ella lo gastronómico, en donde el barrio también posibilitó que esas tipologías se modificaran en positivo. Un ejemplo es El Levante, con su actividad cultural. O sea, lo edilicio dio posibilidad de cambiar el uso y generar estos espacios de encuentros que ya no son los mismos encuentros de entonces pero están generando otro tipo de actividad cultural". 

En ese sentido puede incluirse el Mapa de las artes en Pichincha, una iniciativa del Centro de Apertura Multicultural que apunta a relevar los espacios culturales, de recreación y gastronómicos del barrio para potenciar su actividad y la afluencia de público, y posibilitar nuevas iniciativas. 

El barrio dibujado 
Luis Leonhart es ilustrador y arquitecto. "Dibujar, todo el mundo dibujó desde el primer año de vida, yo seguí un poco más. Y la arquitectura... bueno, es la madre de todas las artes", dice. Ambos confluyen en Pichincha, el escenario sobre el cual desplegó El Pollo Palacios, tira diaria que publicó La Capital, y que también contiene algunos de sus proyectos, como el de construir un hotel en lo que fue el Teatro Casino. Leonhart, además, puso en valor algunos inmuebles de la zona y eso lo convirtió en un testigo privilegiado de un cambio de época. 

El edificio con ingreso en Pichincha 61 y Pichincha 73 fue uno de sus ámbitos de trabajo. "Cuando entramos, aún se respiraba el clima de un prostíbulo. Había un lucernario, de unos 25 metros de largo, que se conserva. Era corredizo, estaba en buenas condiciones. Se desplazaba y dejaba ver el patio adonde daban las habitaciones. Esa propiedad mantiene casi la estructura original, con un pasillo lateral que desembocaba al fondo, donde estaban las pupilas. Las mayólicas, el piso calcáreo del patio, las puertas con los números de las habitaciones estaban intactas, vos entrabas a un prostíbulo, cambiabas de época", cuenta Leonhart. 

Según María Luisa Múgica, en Pichincha 61 y 73 funcionaron los prostíbulos La Mascota y La Mina de Oro, este último "famoso por sus regentas". Entre las madamas estuvo Anita Barán, cuyos restos hoy descansan en el viejo Cementerio Hebreo de Granadero Baigorria, con los de otras colegas, rufianes y prostitutas. 

El Teatro Casino funcionó en Pichincha y Jujuy entre el 17 de marzo de 1914 y el 31 de mayo de 1964. El lugar pasó a ser utilizado por un taller mecánico y cayó en el abandono hasta que fue comprado por un grupo de inversores integrado por dos empresarios rosarinos y un francés. "Tenía un pullman que intentamos recuperar pero estaba destruido; logramos conservar la baranda —dice Leonhart—. Hubo que levantar la parte de plateas, pero se conservó la cubierta de todo el teatro. En el escenario estaban las fosas del taller, pero aún podían verse las bambalinas, que tenían entre quince y dieciocho metros. Su mayor atractivo es la fachada que permanece tal cual". 

Allí el proyecto es construir un hotel con un lobby de uso semipúblico. La parte de hotelería será más bien pequeña, con no más de 40 habitaciones, a lo que se sumará un espacio que servirá como punto de información sobre el barrio y que podría albergar diversas actividades culturales. 

"La idea —detalla Leohnart— es conservar la fachada y liberar toda la planta baja, dejarla como un gran piso entero, para que sea el lobby del hotel. Su característica es que sea como un hall donde la gente se pueda informar sobre el barrio y que eso te permita moverte desde ahí al resto de Pichincha. A la vez, al tener mucha superficie se puede establecer simultaneidad de acontecimientos y usos dentro del mismo espacio". Una historia que, como la del barrio, se está edificando. 

 Agradecimientos: María Luisa Múgica/ Rubén Serri 

El sentido de un mito 
 La fachada de Pichincha 61 ostenta una imagen que representa el mito griego de Leda y el cisne. “Este mismo mito, muy representado a lo largo de la historia del arte, lo encontramos también en un ornamento sobre la fachada de un edificio en el centro de la ciudad —dice María Eugenia Prece, del Centro de Apertura Multicultural de Pichincha—. Pero el modo de su representación en muy diferente ya que presenta a una pudorosa doncella siendo seducida por el cisne”. En el antiguo prostíbulo, “representa en cambio una Leda decididamente dedicada a la erótica divina: en este ejemplo se aprecia cómo mediante el empleo de un estilo de ornamento simbólico el edificio expresa sutil pero claramente su sentido y finalidad”. 

Nombres y datos del Petit Trianon 
 El Petit Trianon, uno de los burdeles más conocidos de Pichincha, perteneció al francés Enrique Chatel. La documentación aportada por María Luisa Múgica registra dos direcciones.    
Así, el 18 de diciembre de 1927, el periódico La Reacción consignó que el Trianon estaba en Pichincha 31. La madama era María López Peña, “mujer escandalosa e insolente, que vive odiada de las demás patronas”, especialista en “corrupción de menores francesas y trata de blancas”.    
La misma dirección de Pichincha 31, dice Mugica, “está en un documento del archivo personal de Silvia Dócola que es el plano (en diapositiva) por el que permitieron en 1912 la construcción del Petit Trianon”.  

Otros datos surgen de prontuarios. Así, la policía registra en 1913 que el francés Alfonso Bonne, alias Eugenio Engrand, tenía un prostíbulo llamado Au Petit Trianon, en Jujuy 2901, en sociedad con un tal Leopoldo y que ambos estaban construyendo un edificio en Pichincha entre Jujuy y Brown En 1914 Bonne aparece como propietario del Petit Trianon, de Pichincha 87. Enrique Chatel registra en su prontuario esa misma dirección, como domicilio particular.

Teatro casino 
El cine teatro casino se inauguró el 17 de marzo de 1914 “con gran éxito y concurrencia, el programa fue variado e interesante”, según la breve crónica de LaCapital. Fue un teatro de variedades que alternaba proyecciones de películas. Desde junio de 1943 hasta agosto de 1944 se llamó Bataclán, por un cambio de dueños. En septiembre de ese mismo año volvió a llamarse Casino. El 17 de octubre de 1960 se produjo su primer cierre y reabrió el 22 de septiembre de 1961. El 31 de mayo de 1964 brindó su última función. Cerró definitivamente sus puertas el 1º de junio de ese año.

El barrio ‘Pichincha’

Written By Charles Francis on 11 julio 2011 | 16:24

Pichincha es un barrio de la ciudad de Rosario (provincia de Santa Fe, Argentina). Desde los años 1990, es considerado un Barrio de culto, lo que a fines del s. XIX y hasta mediados del s. XX era un barrio prostibulario. Delimitado por la Avenida Ovidio Lagos (ex La Plata), o quizás hasta Callao (era un zanjón hasta principios de 1900), Avenida Francia (ex Boulevar Timbúes), Avenidas Rivadavia y Salta.

Historia 
En el siglo XIX, la instalación del ferrocarril y el crecimiento de la actividad portuaria debido a la exportación de productos agrícolas, fueron hechos fundamentales para la formación del barrio Pichincha. 
El centro del mencionado barrio era la estación de ferrocarriles Sunchales (actual Estación Rosario Norte), cuyo nombre aludía en realidad a una distante localidad del norte de la provincia de Santa Fe donde terminaban las vías del ferrocarril, y a la que iban muchos de los envíos destinados a la ciudad de Rosario. La repetida frase de los empleados de las oficinas de encomiendas de dicha estación "¡está en Sunchales!" " bautizó así a esa estación.
Esta estación también marcaba el límite entre la ciudad poblada y los suburbios en vías de desarrollo. Además la estación de trenes también funcionaba como terminal de tranvías hacia todos los puntos de la ciudad. 
En la referida estación en la que se concentró durante varios años una nutrida cantidad de personas y personajes, albergó cuando bajaron del tren a Albert Einstein, al cantor de tangos Carlos Gardel, al escritor Jorge Luis Borges y muchos otros personajes famosos de la época.
La calle principal del barrio era Pichincha (nombrada así en recordación a la Batalla de Pichincha, realizada en las laderas del volcán Pichincha en Ecuador, una de las principales batallas de las Guerras de Independencia Hispanoamericana), que más tarde cambiaría "para ejemplar moralización del área" su nombre por el discutido Gral. Ricchieri. A principios del siglo XXI, una revisión histórica a nivel municipal propició retornar al nombre original. 
El desarrollo demográfico que experimentaba la ciudad fue el factor que propició la instalación de burdeles en toda la ciudad. Muchos funcionaban en la clandestinidad, el municipio intentó controlar y delimitar la zona para el funcionamiento de dichos establecimientos, debido a esto surge y toma auge el "imperio prostibulario" conocido como Pichincha. La mafia polaca conocida como Zwi Migdal funcionó durante décadas, dedicada a la trata de blancas. La mayor parte de estos prostíbulos, y la misma organización, desaparecieron hacia 1930, pero muchos continuaron su existencia, bajo diversos nombres, hasta el siglo XXI. Entre los más destacados se puede mencionar: 
  • Madame Safó en el cual se daba cita la burguesía de la ciudad (de moral abiertamente victoriana) e ilustres visitantes procedentes de otras tierras. Ubicado en calle Pichincha entre Brown y Güemes era considerado el más lujoso de la zona. 
  • Moulin Rouge en la calle Jujuy, más allá de Ovidio Lagos. 
  • El Chantecler" se ubicaba en calle Pichincha entre Brown y Güemes, donde más tarde (finales del siglo XX) se asentó un hotel por horas llamado; "El Ideal". 
Gran parte de las meretrices de Pichincha, mujeres explotadas como lo denunció una de ellas; Raquel Liberman, yacen sepultadas en el Cementerio de Granadero Baigorria en un lugar separado del resto de las sepulturas.

 Resurgimiento 
 En este barrio que conserva una gran parte de la estructura edilicia de la época, actualmente funciona un centro cultural, se encuentran varios bares y restaurantes de alto nivel, es lugar de reunión de artesanos y anticuarios que transformaron al antiguo barrio, que ahora se perfila como un centro de cultura para la ciudad de Rosario. 
Actualmente, Pichincha ha perdido su impronta prostibularia y se está transformando en un importante polo cultural de la ciudad de Rosario. Desde 2002 funciona allí la Secretaría de Cultura de la Municipalidad de Rosario (dentro del edificio de la antigua estación Rosario Norte), y el mercado de antigüedades Feria Retro «La Huella» (sobre el pavimento de la avenida Rivadavia entre avenida Ovidio Lagos y calle Rodríguez), donde cada domingo más de 150 puestos ofrecen antigüedades y objetos del pasado y de la vida cotidiana del rosarino y sus antecesores, los inmigrantes, a precios muy accesibles. 
Y se agrupan por sus calles los Anticuarios de Pichincha, una veintena de comercios dedicados a la venta de antigüedades. En la Retro hay espectáculos callejeros de tango y teatro, radios abiertas, títeres y otras formas de expresión de cultura popular. 
Se asientan en las calles del barrio además, boliches y bares donde los jóvenes escuchan música, asisten a recitales u organizan perfomances de música electrónica. Esta impronta se completa con la apertura de espacios de funcionamiento cooperativo, como el del experimento Mercado Solidario que realiza intercambio de bienes y servicios utilizando moneda social.

Mi Barrio Pichincha

Written By Charles Francis on 09 abril 2010 | 18:27

Pichincha, por definición: Barrio Pichincha se denomina al territorio comprendido por las calles Tucumán, Suipacha, Francia y el Río Paraná de la ciudad de Rosario,  Santa Fe, Argentina. Considerado un barrio de culto, con enorme pasado prostibulario, es  uno de los barrios más emblemáticos de la ciudad de Rosario, e inmensamente popular en el resto de la república e incluso de Sudamérica y Europa.
Rico en anécdotas, personajes e historias, es depositario de miles de historias de vida cotidianas, donde la prostitución, el rufianismo, la mala vida, trata de blancas. Muchas de ellas estarán glosadas en este mismo sitio, otras lamentablemente quedarán en el olvido.

Tomando su nombre de la célebre batalla por la independencia, también fue conocido como Rosario Norte, en referencia al nuevo nombre a la estación de trenes emplazada en el barrio; o como Barrio Sunchales derivado del antiguo nombre de esa misma Terminal ferroviaria. Actualmente, en homenaje a uno de sus mayores «próceres» se lo llama denomina Alberto Olmedo. No obstante, Barrio Pichincha es como se lo conoce habitual y cotidianamente.

Pichincha, el pasado:
En el siglo XIX, la instalación del ferrocarril y el crecimiento de la actividad portuaria debido a la exportación de productos agrícolas, fueron hechos fundamentales para la formación del barrio Pichincha. El desarrollo demográfico que experimentaba la ciudad, la proximidad a la estación de trenes y la cercanía al puerto de rosario fueron los factores que propiciaron la instalación de prostíbulos en toda la ciudad. Muchos funcionaban de forma clandestina, y pese a los intentos de control de la Municipalidad, el destino del barrio ya estaba marcado.

Así, la prostitución, las casas de citas, los «quilombos», la trata de blancas, burdeles, preingundines los rufianes, madamas, trabajadoras sexuales, cafés con camareras fueron proliferando de manera acelerada. Los había de todo tipo, para gente de clase media baja en donde por un peso podía encontrar los placeres carnales, o para elegantes hombres de negocios o de distinguidas familias que desembolsando una suma mayor podía disfrutar de una señorita francesa o polaca. Lugares como el Madame Safo, Petit Trianon, Chantecler, entre otros, dejaron una indeleble marca en el barrio.

Pichincha, la decadencia.
Tras la decadencia de la prostitución allá por 1930, el barrio fue abandonando su pasado prostibulario para transformarse en uno ferroviario, donde proliferaron los hoteles al paso, bares y restaurantes que aprovechaban la Estación de Trenes cercana para hacer su negocio. Lentamente se fue convirtiendo en un barrio de vivienda, en el macrocentro rosarino, donde el día a día y la monotonía no lo distinguían de ningún otro.

Ya por la década del 90, cuando el tren dejó de pasar por la Estación Rosario Norte, el barrio iba llegando a su decadencia. Numerosos comercios vieron mermados sus ingresos, los hoteles fueron desapareciendo, los bares al paso fueron cerrando envolviendo al barrio en un cono de sombra e incertidumbre sobre su futuro. Solo sus anécdotas e historias se conservaban del pasado, y perduraban a través de sus ídolos.

Pichincha; presente y futuro:
Con impulso de la Municipalidad de Rosario y de la mano del nuevo boom inmobiliario, el siglo XXI llegó con aires de renovación al barrio. Aprovechando que el barrio que conserva gran parte de su estructura edilicia tradicional, y el espíritu prostibulario de la zona, se han instalado mercado de artesanías, mercado retro en el que se venden y exponen objetos de antaño de diversos tipos, logrando la proliferación de comercios dedicados a la venta y restauración de antigüedades. También se ha mudado la secretaría de Cultura de la Municipalidad.

Además se asientan en las calles del barrio boliches, peñas, discotecas y bares donde los jóvenes escuchan música, asisten a recitales u organizan fiestas, concentrando gran parte de la movida nocturna de la ciudad de Rosario; aunque en mas de una ocasión causa insomnio y malestar entre sus vecinos.

Con la reciente sanción de la Ordenanza Plan Especial Pichincha, el futuro del barrio es agitado e incierto a la vez. La limitación en las alturas de los edificios, la preservación de edificios considerados de valor cultural e histórico, junto a la proliferación de locales bailables, bares y boliches nocturnos y la cercanía a un megaproyecto inmobiliario hacen del barrio un futuro incierto. Muchos sectores pujan defendiendo sus intereses y el debate está abierto.
Blog Pichincha

Las pensionistas del café Royal

Written By Charles Francis on 03 abril 2010 | 18:16

Historias de la Chicago Argentina
Fue uno de los prostíbulos más importantes de Pichincha, aunque su origen es todavía desconocido. En 1930 fue escenario de una insólita huelga de prostitutas María Luisa Múgica .
En la historia de los prostíbulos de Pichincha, los nombres del Madame Safo y del Petit Trianon, con las numerosas leyendas que evocan, han terminado por dificultar la visión del conjunto. Entre las casas de tolerancia que no gozan de tanta fama, pero que tienen una historia que también debe ser contada, se encuentra el café Royal.

En 1918 Elena Ribak y Elena Smith, domiciliadas en Suipacha 142/150, solicitaron permiso a la Municipalidad de Rosario para ampliar el café Royal anexando el vecino Montecarlo con el fin de establecer una Casa de Pensión para mujeres dedicadas al ejercicio de la prostitución legalizada llamada Royal o Café Royal. Una propuesta similar aunque más lujosa había sido presentada anteriormente por la regenta Elena Zelzer, del Moulin Rouge, de Jujuy 2961.

Las regentas señalaban que no había precedentes en el país pues se habían inspirado en los establecimientos europeos en los cuales se evitaba el encierro forzoso y ciertas restricciones que vulneraban la libertad de movimiento de las prostitutas. La principal novedad que encerraba el proyecto apuntaba a cambiar las formas de trabajo en el interior de los burdeles reglamentados modificando prácticas vetustas como entregar la mitad de las ganancias a la regenta.

Reglas de juego

En calidad de pensionistas libres o independientes -munidas de sus correspondientes libretas- las prostitutas ocuparían una habitación pagando por el alojamiento y pensión 3 pesos diarios en las habitaciones de primera y 2,50 en las de segunda. En el Moulin Rouge los precios oscilaban entre los 5 y 6 pesos diarios. Las pensionistas podían recibir a quien quisieran y entrar o salir de la casa y hasta abandonarla avisando con 24 horas de antelación a fin de informar a las autoridades pertinentes.

Por su parte, los concurrentes podían frecuentar la casa en los horarios estipulados por la municipalidad, dirigirse directamente a la habitación de la pensionista, penetrar en el bar, donde tocaba una orquesta, en las horas reglamentarias o bien utilizar las dependencias de la casa pagando sólo lo consumido.

El cliente abonaba el importe a la mujer -sin que la casa tuviera nada que ver- de modo que la ganancia era exclusivamente suya. La casa de pensión estaría gobernada por las dos regentas que eran responsables del cumplimiento de las ordenanzas, del pago de los impuestos y si alguna mujer eludía la visita médica.

La Dirección de la Asistencia Pública decía que si bien era un caso no contemplado en las ordenanzas municipales reglamentado en la forma propuesta y con algunas modificaciones -como que cada habitación tuviera lavatorio, bidet y buena ventilación- no tenía inconvenientes en autorizarlo. De esta manera se independizaba a las mujeres que allí trabajaban evitándose situaciones de explotación y se aseguraba la higiene con la instalación de una sala reservada para los exámenes sanitarios que estaban a cargo de los médicos del Dispensario y Sifilicomio, los que debían ser pagados por la casa.

En 1918 Obras Públicas sostenía que nada se oponía a lo solicitado y las dos casas podían convertirse en una. Por su parte, la Inspección General advertía que si se concedía el permiso era necesario reglamentar su funcionamiento interno, ya que no existía ordenanza para estos establecimientos. En 1920 las regentas solicitaron el pronto despacho del expediente, a fin de abrir el lugar que estaba acondicionado sin producir renta alguna.

Finalmente, el 27 de septiembre de 1920 se resolvió el asunto autorizándose a la casa de pensión Royal, situada en la calle Suipacha 150.

Hasta ese momento la forma más extendida de trabajo de las mujeres dedicadas al meretricio en Rosario era el sistema de latas. La regenta entregaba al cliente -luego del pago por el servicio sexual- una ficha conocida popularmente como lata. A su vez, el cliente la traspasaba a la pupila que la canjeaba al finalizar la semana por dinero a la madama, quien se quedaba con la mitad de lo producido.

Todavía hoy se pueden encontrar algunas de estas viejas fichas de bronce como la del Petit Trianon, que en una de sus caras contiene el nombre y dirección del prostíbulo Pichincha 87 y en el reverso, un rostro femenino con el torso descubierto, encerrado por dos términos en francés: discrétion y sécurité.

El Moulin Rouge y el Royal introducían como variante el alquiler por pieza, modalidad a través de la cual el trabajo perdía el carácter de clausura o encierro permitiendo una mayor libertad de movimiento para las prostitutas que podían entrar, salir, abandonar la casa y elegir el cliente y era más rendidor porque la ganancia les pertenecía de modo íntegro.

Se suele decir que el sistema de lata se usaba exclusivamente en el barrio Pichincha, en tanto que en los prostíbulos clandestinos se trabajaba a pieza. Los casos del Moulin Rouge o el Royal permiten relativizar la afirmación, porque los mencionados eran prostíbulos legales y representaban alternativas o flexibilizaciones del reglamentarismo. Claro que el sistema de alquiler podía también ofrecer otras opciones que apuntaban efectivamente hacia la prostitución clandestina, como las casas de citas, hoteles, etcétera.

Huelga en Pichincha

Cuando el poder político municipal autorizó el Royal no hizo ninguna objeción al número de mujeres que iba a albergar, pese a que en las notas de las regentes estaba estipulado que giraría alrededor de 40, debido al número de habitaciones. Resulta interesante señalar que ninguna de las autoridades competentes mencionó que al permitir el funcionamiento de esta casa se transgredía el número de las mujeres autorizadas -que era de 15- y por ende, las ordenanzas municipales, haciendo factible el ejercicio clandestino de la prostitución en un prostíbulo legal.

Recién en 1929, cuando la regenta era Rosa Bluma, los concejales David Abalos y Campana denunciaron que allí trabajaban 35 mujeres, muchas sin libreta, aunque La Capital había afirmado que el número llegaba a sesenta, aglomeración que obligaba a constantes intervenciones policiales.

Aunque el alquiler por pieza apostaba a lograr una mayor flexibilización del reglamentarismo y a mejorar la calidad de vida de las mujeres, esto no se lograba plenamente porque los dueños de las casas -adaptándose a los nuevos tiempos y aún arriesgando menos- solían presionar a las mujeres aumentándoles el alquiler a fin de obtener mayores ganancias.

Esa situación se dio tanto en El Elegante, el Bell Ville y el café Royal como en el Mina de Oro. A modo de reacción, en el primer burdel se inició el 9 de enero de 1930 una huelga que tendió -según el diario La Noticia- a extenderse a los demás prostíbulos ubicados en la sección 9ª.

El mismo medio, refiriéndose al Mina de Oro y al Royal, indicaba que al principio los dueños de lenocinios cedieron a las pretensiones de las huelguistas pero “cuando llegó el momento de cumplir con lo estipulado, se negaron a ello, exigiendo a las mujeres el pago de 12, en lugar de 9 pesos nacionales, en concepto de pensión”.

Una de las mujeres, moradora de la pieza Nº 10 (sin especificación del prostíbulo), indignada por “la jugarreta de los rusos”, se negó a abonar más de los 9 pesos convenidos y fue amenazada con la intervención de la policía.

Aunque la mujer no se amedrentó porque sabía que la fuerza pública carecía de atribuciones para proceder en esos casos, sucedió algo inaudito: los dueños de los prostíbulos acompañados por la policía consiguieron expulsar a la rebelde de la casa, a las 4.30 horas del día 10 de enero de 1930.

Claudio Martibnoni Blog

HISTORIA DE UNA BANDA

 
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