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Garrafa, el pibe de Grandoli ejecutado en Ibarlucea

Written By Charles Francis on 13 abril 2018 | 20:55

Alan Ezequiel Pedraza salió anoche con intenciones de ir ver el partido de Central. Poco antes de este mediodía apareció asesinado en un descampado en la vecina localidad. Lo acribillaron de 28 disparos, a juzgar por la cantidad vainas servidas que quedaron allí.

Alan Ezequiel Pedraza salió anoche con intenciones de ir ver el partido de Central ante San Pablo en el Gigante. Desde entonces nadie supo de él. Poco antes del mediodía de este viernes apareció asesinado en un descampado en la localidad de Ibarlucea. Lo ejecutaron de 28 disparos, a juzgar por la cantidad vainas servidas que quedaron allí, y dejaron el cuerpo en una zona rural cercana al cementerio de Ibarlucea. Por la noche su padre había recibido un llamado que adelantó lo peor. “Llevale flores”.
Antes de que el reloj marcara las 12 del mediodía un trabajador de la zona encontró un cadáver en una zanja, al costado del trayecto conocido como Camino de los Incas, en Ibarlucea. Para llegar al lugar donde ejecutaron al joven, de 20 años, hay que adentrarse un kilómetro en zona rural, describió un investigador. Pasadas las 13 los detectives de la Policía de Investigaciones llegaron al sitio. Establecieron que el joven presentaba múltiples disparos, y en el lugar había 28 vainas servidas calibre 9 milímetros. “O le bajaron dos cargadores de pistola o usaron una metra”, dijo un vocero de la pesquisa.
Garrafa, como conocían en la calle a Pedraza, estaba afincado en Maestros Argentinos y Gutiérrez, en barrio Grandoli, una de las zonas en disputa entre los bandos de este barrio y el lindero Municipal, cuyos coletazos recrudecieron durante las últimas semanas en barrio Tablada.
Los familiares, desesperados, habían posteado su foto en las redes y un teléfono de contacto. La publicación se compartió cientos de veces. Esta tarde les llegó la peor noticia. Según investigadores, a Garrafa “lo chuparon” antes del partido de Central por la Copa Sudamericana, que se inició este jueves a las 21.30 en Arroyito.
Según las fuentes, los vecinos de esa zona de Ibarlucea comentaron haber escuchado a los lejos detonaciones, las que se presumen dieron muerte al joven, alrededor de las 21. En la zona no hay cámaras de seguridad, un dato que, se presume, los verdugos de Pedraza tuvieron en cuenta.
Un familiar del joven había radicado una denuncia de paradero este viernes en la comisaría  15ª, al tiempo que la familia hacía los desesperados posteos en Facebook. El fiscal a cargo del caso, Florentino Malaponte, dijeron los portavoces del caso, ordenó las primeras medidas, entre ellas el levantamiento de rastros y la ubicación de posibles testigos.

La Chicago Argentina: El Rosario de los narcos

Written By Charles Francis on 16 febrero 2013 | 14:11


El accionar del narcotráfico en Rosario

Los 400 “kioscos” que venden droga en Rosario recaudan más de 2000 millones de pesos anuales. Empresarios locales sospechados de lavar el dinero generado en forma ilícita. Y un hombre de de estrechos vínculos con Hermes Binner, denunciado por maniobras financieras de dudosa legalidad.
Escriben Carlos del Frade y Mauro Federico
mfederico@elguardian.com.ar

El accionar del narcotráfico en Rosario ha mostrado su cara más cruel y marginal. Tiroteos entre bandas que se disputan elterritorio, una tasa de homicidios que triplica la media nacional y la siempre presente connivencia policial son parte de una realidad que trasciende las fronteras provinciales y evidencia la incapacidad del Estado para controlar las mafias que lucran con la vida y la muerte de los ciudadanos. Pero hasta ahora, nadie se había animado a desnudar el complejo entramado de negocios a través de los cuales se lavan los cerca de 2000 millones de pesos anuales producidos por la venta de estupefacientes en los 400 “kioscos” que operan en territorio rosarino. Y las complicidades políticas que presuntamente protegen este accionar.

Un minucioso trabajo de investigación presentado en agosto de 2012 por dos funcionarios del gobierno nacional, con injerencia directa en temas de seguridad y lucha contra el narcotráfico, ante un juzgado federal de la ciudad de Buenos Aires, revela los vínculos entre las familias que manejan la venta de droga en los barrios periféricos de Rosario y varias de las empresas que participan del blanqueo de ese dinero a través de presuntas maniobras de lavado. En el informe –al que EG accedió en exclusiva–, se incluyen datos muy precisos sobre personajes, actividades, lugares y cifras, entre los que figura el doctor Marcos Escajadillo, ex secretario de Seguridad santafesino y colaborador muy estrecho de Hermes Binner desde los tiempos en que el ex candidato presidencial era secretario de Salud Pública rosarino.

La suerte del Quemadito

Sergio “el Quemado” Rodríguez es el principal imputado por el triple crimen de Villa Moreno, perpetrado en las primeras horas de 2012 contra tres militantes del Frente Popular Darío Santillán.

La preocupación del Quemado era su hijo, Maximiliano Rodríguez, herido esa misma noche y uno de los principales referentes de la oposición al Panadero Ochoa, actual mandamás de la barra brava de Ñuls. El 27 de enero de 2013, el Maxi volvería a ser herido en una pierna y el martes 5 de febrero, en pleno microcentro rosarino, fue fusilado de un certero balazo en la cabeza. De acuerdo a la investigación llevada adelante por el juez de instrucción Nº 7, Juan Donnola, los dos eran los líderes de la banda Los Quemados, tal como aparecen mencionados en las escuchas telefónicas que fueron remitidas a la justicia federal. Un grupo protegido por la comisaría 19 y relacionado con la familia Cantero, el poderoso clan conocido como Los Monos, según también se desprende de las escuchas.

Después del asesinato del Quemadito, la policía detuvo a su novia, la modelo Sofía Lafatigue, presunta familiar de un funcionario socialista, imputada por el encubrimiento del homicidio y por su presunta participación en una asociación ilícita dedicada a la comercialización de drogas y otros delitos de los que habrían participado el novio y su familia. Sofía –sin actividad laboral ni ingresos declarados– vivía en un lujoso semipiso ubicado en Pellegrini y Corrientes, con muebles de alta calidad y aire acondicionado en todas las habitaciones.

“Se trata de un homicidio a la luz del día, en pleno microcentro y a cara descubierta, una acción típica del crimen organizado”, sostuvo el juez que investiga el asesinato del Quemadito, Javier Beltamone. Ese lunes 4 de febrero, el ministro de Seguridad Raúl Lamberto había presentado al nuevo jefe de la Policía provincial, Omar Odriozola, en reemplazo del investigado por enriquecimiento ilícito, comisario Cristian Sola, quien había sucedido a Hugo Tognoli.

Espiral de violencia

La ciudad de Rosario registró 183 homicidios en 2012, una tasa de 15,3 por cada cien mil habitantes, mientras que, según el Ministerio de Justicia, a nivel nacional no supera los 5,5. Sólo en los primeros cuarenta días de 2013 ya hubo 35 asesinatos.

“Esto hace cinco años no pasaba”, coinciden las voces de los vecinos y las vecinas de Ludueña, Nuevo Alberdi, Tablada, barrio Toba y otros territorios de la geografía rosarina. Tal vez las razones que explican este cambio de realidad tan drástico puedan encontrarse si prospera la investigación presentada en agosto del año pasado al doctor Sergio Torres, titular del Juzgado Federal Nº 12 de la ciudad de Buenos Aires. En esa documentación, producto de una pesquisa aportada por dos funcionarios del gobierno nacional que pidieron expresamente no ser mencionados, hay argumentos que podrían ser parte de un guión de cualquier película de acción. Pero que al cruzarse con los hechos, estremecen por su verosimilitud. “A principios de 2009, Máximo Ariel Cantero conoce a ciertos personajes paraguayos, proveedores de marihuana, que lo contactan con vendedores de armas en la Triple Frontera, los que comienzan aprovisionándolo de armamento tal como pistolas ametralladoras Capoeira, de origen brasileño, pistolas y revólveres Taurus y escopetas CBC calibre 12.70 a trombón, los que son traídas a nuestro medio a mediados de 2009. Cantero padre, en tanto, concurre por algunos meses a una favela de Río de Janeiro, donde toma contacto con personas ligadas al narcotráfico integrantes del grupo conocido como Comando Vermelho, incorporando a sus conocimientos delictivos los métodos que comienzan a emplearse ese año, cuando expanden sus negocios de comercialización de drogas a diferentes puntos de la ciudad y zona de influencia, asociándose con el conocido narcotraficante y barrabrava de Ñuls, Daniel Vázquez”, dice uno de los documentos.

En el barrio Tablada, las leyendas urbanas dan cuenta de que los Vázquez fueron, originalmente, los soderos del barrio. Hoy su casa es visitada casi semanalmente por altos uniformados de fuerzas de seguridad nacional y provinciales, sostienen los vecinos.

Esperanto y otros negocios sospechados

En el abultado bibliorato que obra en poder del juez Sergio Torres aparecen referencias muy precisas a otro conocido de los rosarinos: Luis Alberto Medina. “Junto a Germán Tobo y utilizando como testaferro a Hernán Capucci, Medina adquirió la franquicia para instalar en la ciudad de Rosario un local bailable, restaurante y hotel de nombre Esperanto, ubicado en Presidente Roca 1463. Por esta franquicia habría abonado 250 mil dólares al dueño de la firma, Leo Battaglia, en tanto que como señal de agradecimiento por el negocio realizado, le habría entregado 50 mil dólares más. A pesar de la oposición de los vecinos, el 18 de agosto de 2012 la disco finalmente abrió”. Más adelante la denuncia agrega que “a Medina se le atribuyen la propiedad de un automóvil BMW cupé descapotable de color negro de última generación, dominio JIB 107, y otro vehículo marca Audi, tipo A3, de color blanco dominio HDX 414”, ambos presuntamente adquiridos con fondos provenientes de negocios no declarados. 

En varios de sus emprendimientos registrados, como las sociedades Lumed y Yazmin, el nombre de Medina aparece junto al de su compañera Daniela Natalia Ungaro, integrante de una conocida familia rosarina ligada al delito. Además de haber estado ella misma detenida en varias oportunidades acusada de distintos ilícitos. Daniela es hermana de Lelio “Chapita” Ungaro, a quien se vinculó con el asesinato del ex líder de la barra brava de Ñuls, Roberto “Pimpi” Camino, en marzo de 2010. Lelio recibió falta de mérito, pero igual lo procesaron por la tenencia ilegal de una pistola sin papeles. “En Rosario hay cuatro o cinco referentes del narcotráfico que manejan agencias de autos, que atesoran inversiones inmobiliarias, que han contratado buenos contadores, abogados y asesores financieros para canalizar estos recursos”, sostuvo el especialista en delito complejo y actual diputado bonaerense Marcelo Saín.

“Si yo vendo diez kilos de cocaína por semana y tengo una rentabilidad mensual de 500 mil pesos, puedo vivir con 100 mil y me quedan 400 mil para colocar. Esto me convierte en un empresario de 10 a 15 millones de pesos en dos años. Por eso personas respetables del sector inmobiliario, financiero y de servicios reciben flujos monetarios de la droga”, agregó. Y finalizó con una afirmación que bien podría ajustarse a cualquiera de estos casos: “Cuando uno puede comprar una lancha o un vehículo de 100 mil dólares sin dar cuenta del origen de los fondos, esa economía es propicia al narcotráfico”.

La sombra de Escajadillo

Como tantos otros ciudadanos de países latinoamericanos, Marcos Escajadillo llegó a Rosario a mediados de los setenta proveniente de su Perú natal para estudiar medicina en la universidad rosarina. Una vez egresado, Escajadillo comenzó a trabajar como médico en el sistema de emergencias en Salud, dependiente de la Municipalidad, y allí conoció al entonces secretario del área, Hermes Binner. A principios de los noventa, se desata una epidemia de cólera en Perú y, entonces, Escajadillo y Binner viajan juntos y entablan una fuerte amistad. Desde aquella circunstancia, la suerte política de Escajadillo quedó atada a la del dirigente socialista. Así fue designado como el primer director de la Guardia Urbana Municipal, mientras cumplía simultáneamente funciones en Defensa Civil. Aunque tuvo denuncias de trabajadores municipales en su contra, Escajadillo pudo gambetear cualquier tipo de traba y durante los primeros ocho meses de gestión de Antonio Bonfatti llegó a ocupar la estratégica Secretaría de Seguridad de la provincia.

Al estallar el escándalo que involucró al ex jefe de la Policía Hugo Tognoli, Escajadillo fue el único funcionario apartado de su cargo. Hoy es funcionario de Defensa Civil y con buena llegada a los cuerpos de bomberos voluntarios de la provincia. De hecho el comisario Rubén Criscenti cuestionó las maniobras que llevan adelante los policías Víctor Hugo Vargas y Sebastián Méndez, últimos responsables de la cúpula de los Bomberos Voluntarios. “Todos sabemos que están vinculados a Escajadillo y, lamentablemente, hay que decir que existen denuncias que hablan de la utilización de las instalaciones y algunos bienes de la institución a favor de negocios ilegales como el tráfico de armas y hasta se habla de narcotráfico”, dijo Criscenti a EG.

Escajadillo también aparece nombrado en la documentación entregada al juez Sergio Torres con una significativa referencia. Testigos afirmaron haberlo visto varias veces en los últimos cinco años cambiando grandes cantidades de pesos argentinos por dólares, en una conocida cueva financiera ubicada en el subsuelo de San Martín 783, pleno microcentro rosarino. Hasta se menciona una cifra: seis millones de pesos. En el material documental aportado a la Justicia constan los celulares y los nombres de las personas con las que presuntamente el funcionario debió haberse contactado para concretar las operaciones.

“Tengo excelente opinión de Marcos Escajadillo, de su familia y de su padre, que era sanitarista. Pero haría mal en poner las manos en el fuego, cada uno tiene que defenderse con sus propios valores”, dijo Binner al ser consultado sobre la situación de su ex colaborador. Mientras el máximo referente nacional del Frente Amplio Progresista hacía estas declaraciones, José Alberto Cándido, jubilado rosarino, se presentaba ante la fiscalía federal Nº 3 de Rosario para acompañar la información que da cuenta de la aparición del nombre de Escajadillo en una causa vinculada al narcotráfico. “Lo que hago en la denuncia es ratificar la información sobre dónde hacía las operaciones de dinero clandestino Escajadillo y doy fechas y horas y con quien hacía la compraventa”, le dijo Cándido a EG. “Le comenté a un amigo que me extrañaba que una persona con tanta exposición pública estuviera intercambiando dinero clandestino a la vista de quien lo quisiera ver, y mi amigo me respondió que era frecuente verlo los lunes y los viernes en esta situación. Por eso el día 8 de abril de 2008 me dirigí a la zona de los sanitarios y saqué una foto donde aparecían el funcionario público y un conocido arbolito. El hecho de ver a Escajadillo intercambiando dinero, a la vista pública, era una situación habitual y frecuente, pero esta vez llamó poderosamente mi atención la cantidad de dinero que había sobre la mesa”, declaró Cándido ante el fiscal federal Marcelo Gambacorta, el pasado 8 de febrero. “Yo tenía, por ese entonces, una cámara analógica a rollo y compraba los de 24 fotos, y guardo ese material en negativos”, explicó Cándido a EG.

La dimensión del negocio

Un caso testigo evidencia la magnitud del negocio. Un búnker de bulevar Avellaneda al 4000. “La protección de la comisaría asciende a 1500 pesos por día. Un soldadito armado cuesta 300 pesos diarios. Uno desarmado, 150 pesos diarios. Un cuidador y vendedor adentro del búnker cuesta 400 pesos diarios. Si es menor cuesta 200 pesos”, apuntan las cifras.

Y agrega el documento que “se suele cortar en cuatro un kilo de cocaína de buena calidad que cuesta 6500 pesos. En esas condiciones, un ‘kiosko’ o búnker deja 25 mil pesos por día, en ese lugar y con ese predicamento. Uno intermedio deja 12 mil pesos por día. Aunque hay 132 kioscos geoposicionados, con el nombre del soldadito a cargo y a qué banda pertenece, se calcula que en Rosario operan unos 400 puestos de venta de droga”. La cifra total rondaría entre los 1800 y 2000 millones de pesos por año: la tercera parte del presupuesto municipal en un año destinado a responder las necesidades de más de un millón de personas.

 Los 35 homicidios perpetrados en los primeros 40 días de 2013

Víctima

Edad

Motivo

Fecha

Raúl Omar Bragos
53
Robo
01/01/2013
Vicente Martín Vallejos
29
Riña (Posible paraguayos vs tobas)
01/01/2013
Cristian Gabriel Rodríguez
39
Robo
06/01/2013
Guillermo Gabriel Verón
23
Ajuste de cuentas
05/01/2013
Martín Ulises Leguizamón
18
Ajuste de cuentas
05/01/2013
Agustín Abud
17
Riña
13/01/2013
Marcos Suárez
59
Robo
19/01/2013
Axel Di Benedeto
18 - 20
Enfrentamiento
07/01/2013
Mercedes Delgado
50
Riña entre bandas
08/01/2013
Walter Francisco García
26
Riña
18/01/2013
Rodrigo Calderón
23
Riña
19/01/2013
Laura Marisol López
27
Robo
20/01/2013
Mía Lara
4
Robo
20/01/2013
Eduardo Marcelo Yosti
27
Posible ajuste de cuentas
21/01/2013
Lucas Matías Martínez
26
Ajuste de cuentas
21/01/2013
Fabio Andrés Romero
18
Ajuste de cuentas
23/01/2013
Lucas Elías López
17
Riña entre bandas
23/01/2013
Lucas Fabián Espina
25
Ajuste de cuentas
27/01/2013
Miguel García
54
Posible riña o ajuste de cuentas
26/01/2013
Walter Maldonado
38
Posible ajuste de cuentas
30/01/2013
Guillermo Roberto Giovannoni
29
Ajuste de cuentas
31/01/2013
Marcelo Fabián Arce
42
Robo
31/01/2013
Luis Alfredo Arce
64
Se investiga
31/01/2013
Diego Ramos
26
Riña
02/02/2013
Maximiliano “Quemadito” Rodríguez
25
Ajuste de cuentas
05/02/2013
Carlos Alberto Dolce
34
Enfrentamiento
05/02/2013
El Porteñito
25
Riña narco
05/02/2013
Alfredo Martín Guerra
18
Accidente posterior a robo
08/02/2013
Brian Sebastián Blanco
20
Accidente posterior a robo
08/02/2013
Luis Alfredo Godoy
41
Ajuste de cuentas
09/02/2013
Miguel Ángel Canteros
25
Riña
08/02/2013
Ezequiel Elías Martínez “Pirañita”
24
Ajuste de cuentas
08/02/2013
Jonatan Ezequiel Alejandro Retamoso
19
Riña pasional
09/02/2013
Lautaro Maximiliano González
20
Robo
10/02/2013
Juan Carlos Fernández
61
Riña
10/02/2013

Fuente: Defensoría General de Santa Fe en base a relevamiento de medios periodísticos.

Mónica Cuñarro
“Santa Fé es una zona de riesgo”

Es fiscal de cámara, profesora de derecho penal y ex integrante de la Ufidro (Unidad Fiscal Antidrogas). Fue la cara visible de una larga investigación judicial que desnudó la vinculación entre homicidios y narcotráfico por lucha por espacios territoriales en la Ciudad de Buenos Aires.

–¿Cual es su opinión sobre la situación de violencia que se vive en Rosario?

–Argentina viene sufriendo desde hace años cada vez mayor complejidad en el tema de la relación entre muertos, corrupción y el narcotráfico y el contrabando de autos, armas, trata de personas. Hace seis años hicimos un mapa criminal que elevamos al entonces procurador Esteban Righi, donde identificamos las zonas sensibles al comercio, distribución, tráfico y lavado de dinero, utilizando las bases de datos judiciales. Santa Fe es una de esas zonas, concretamente ligada al transporte, almacenamiento, comercio y distribución local. La cantidad de muertes vinculadas en forma concreta a la lucha territorial por venta de drogas evidencia que la desidia es local, la inteligencia criminal es pésima o negligente, o armada en causas en la Justicia. La fiscalía criminal no coordina con la fiscalía federal. Los jueces locales o federales desconfían de la policía local.

¿Y cómo se sale de esta situación?

–El gobernador debe ordenar un plan concreto de prevención, por un lado, y de seguridad y justicia, por el otro. La primera responsabilidad es política. Es de conducción de las fuerzas. De dar directivas claras, y esa responsabilidad primaria es de la cabeza de conducción de las fuerzas y no al revés. Si usted es el jefe de Drogas de tal provincia y desconoce qué pasa por sus rutas, dónde hay depósitos, no hace buena inteligencia para el comercio y distribución, no cruza su información internamente con los encargados de las causas de homicidios, armas, trata o contrabando de autos, debe dedicarse a otra cosa. Porque es un negligente o porque participa y esa participación no puede ser desconocida por las autoridades políticas. Son los políticos quienes deben controlar a sus fuerzas y al delito local y no al revés, sino terminan en sus trampas.

OPINIÓN

Rosario, una ciudad asolada por sicarios
Escribe Gariel Ganón, defensor general de Santa Fe  y  profesor de Criminología de la UNR.

Sin que se hubiese adaptado a su nueva función, el gobernador Antonio Bonfatti tuvo que lidiar demasiado temprano con el estallido público de las peligrosas relaciones que mantenía la policía con barras bravas y bandas narcos en la ciudad de Rosario. Eso ocurrió un año atrás, cuando tres militantes sociales fueron asesinados bajo una ráfaga de ametralladora en una villa de la ciudad. Desde ese momento hasta la fecha muchas palabras se dijeron pero poco o nada cambió.

La tasa de homicidios continuó en crecimiento y los números hoy superan las casi 200 muertes y colocan a Rosario en la cúspide de las estadísticas de homicidios en el país y por encima de la ciudad de Miami y muy pero muy cerca de Chicago.


Sí, Rosario, vaya paradoja, volvía a ser, como en tiempos de Don Chicho y sus hampones, la Chicago de América del Sur. Sin embargo, vale la pena decirlo, esas muertes no hicieron más que correr el telón para que los acomodados vecinos del centro de la ciudad y para que las miradas periodísticas/políticas tuvieran que distraerse por un rato de la narrativa criminal tradicional.

Así, se pudo ver por un instante que en el Rosario más oscuro sus habitantes no sólo deben sobrevivir al frío sin gas natural o a los calores intensos sin agua, cloacas ni pavimento, sino también poner en riesgo sus vidas cada vez que salen de sus casas a trabajar porque pueden ser alcanzados por las balas de los sicarios que circulan a su antojo bajo el amparo policial.

La muerte del “Pantera” Cano, balaceras con el “Quemado” y el “Quemadito”

Written By Charles Francis on 15 febrero 2013 | 20:25


Para entender lo que pasa en los barrios: venganzas protecciones y muertes



15/02/2013 12:01:03  | La muerte del “Pantera” Cano, balaceras con el “Quemado” y el “Quemadito” como protagonistas, grandes sumas de dinero, autos lujosos, negocios con la droga, venganzas, protecciones policiales y muertes que tiñen de sangre por los barrios, muchas de estas, inocentes. Una investigación que revela muchos detalles.

Hace justo cuatro años mataron a tu viejo, Juan Domingo Cano, y te persiguieron después de cargárselo de cuatro tiros en la espalda. Te amenazaron a vos, a tu mujer, a tu madre, a tus hijos, y lo denunciaste y nunca nadie, ni la policía, ni la justicia, te quisieron ayudar. Los testigos del crimen de tu padre desaparecieron –o porque alguien los borró del mapa, o porque huyeron después de una advertencia. Todos miraron para otro lado y te quedó claro que en Rosario la mafia manda. Por eso el día en que mataron a Maximiliano Rodríguez, el Quemadito, ese que los testigos dijeron le disparó a tu viejo, pensaste; qué satisfacción. No te dijiste a vos mismo qué felicidad, porque al Quemadito lo conocías de pibe y era un ser humano, una vida, pero sí dijiste qué satisfacción, qué tranquilidad.


A tu padre le decían el Pantera, de joven fue boxeador, y laburó hasta que lo despidieron por reclamar sueldos impagos en Newell’s; o al menos eso te dijo él. Era vigilador en el predio de Bella Vista y a veces hacía de culata del presidente Eduardo López; lo acompañaba a la cancha cuando estaba todo mal con la barra, o a tribunales, cuando tenía algún embrollo judicial. Creciste, como tus seis hermanos, al lado de un hombre grande, de pelo largo, de manos importantes, ancho, sin miedo, que te metía por el vestuario a ver los partidos de tu equipo. Ahora, con el cuerpo del enemigo frío, con el Quemadito muerto; con el Quemado, Sergio Rodríguez, su padre, preso por la masacre de hace un año; te sentás al fin a hablar, a contar este tiempo pasado, a ver si comprendemos qué pasa en Rosario. Con tu historia y la del Quemadito capaz que se entienda algo de esa violencia, de ese joven muerto cada 30 horas al que parecen acostumbrarse los socialistas, el gobernador, los sucesivos ministros y los jefes policiales enriquecidos.


Te llamás Juan Andrés Cano, y sos el hijo de Juan Domingo “Pantera” Cano. Cumpliste los 34 y tenés muy claro cómo se fue pudriendo en tu barrio, el populoso Alvear al que algunos le temen. De chico no se veía tanto transa, no había esta profusión de kioscos de merca y de faso. Sabés que el crimen que hizo estallar todo no fue el de tu viejo, que no tuvo gran repercusión y quedó impune, sino que fue la masacre del año nuevo del 2012, cuando el Quemado y otros cuatro llegaron a cobrarse los tiros que otra banda le había dado al Quemadito. El Quemadito había baleado a Facundo Osuna, un pibe de 17, hacía tres días. Esa noche los vecinos que siempre te alertaban cuando aparecía el Quemadito vinieron a avisarte que rondaba en el BMW del padre con la metra FMK3 a la vista de todos; porongueaba con ganas. Algunos hasta te dijeron que tiró al pedo en una zanja para puro mostrar que mandaba en el barrio.



Por las dudas, vos que estabas cenando con tu familia en la vereda, a la vuelta de tu casa, te metiste con todos adentro. El Quemadito no le había dado importancia a los amigos de Osuna. A la una y media de la mañana le vaciaron un cargador desde una moto mientras manejaba el BM. Para entonces esos vecinos que hasta el 2003 vivían de changas en una casa más humilde que la de ustedes, ya habían acumulado otro BM negro, un Peugeot 307 gris, un Fiat 147 color crema, un Ford Focus gris, un Peugeot 206 bordó, un Megane cupé gris, otro de cuatro puertas color champagne y un Escarabajo rojo. Además de la Kangoo blanca que usaban cuando se movían en banda hacia alguna venganza.



Ese 1 de enero vos ya dormías cuando el Quemado salió en la Kangoo en busca de los que habían querido matarle al hijo. Era la madrugada. Los tres pibes que cayeron por la ametralladora del Quemado no eran transas, ni soldados, ni tenían nada que ver con esa guerra: eran militantes del Frente Darío Santillán. Supiste eso al día siguiente y el miedo te volvió. Reviviste la muerte de tu padre. Fueron días raros: por un lado la tristeza por los pibes, y esa sensación de alivio cuando casi se la dan al Quemadito. Estuvo internado varios días. Le dieron tres tiros, el cuarto le rozó la nuca, le destruyeron el auto, estuvo en terapia, grave, pero ninguno lo terminó de liquidar. No lo mataron, pensaste, pero por lo menos queda preso. Y quedó: lo acusaron del intento de homicidio de Osuna. Y luego, después de pasar varios meses prófugo, cayó el padre, por la masacre. Pasaste el último año un poco más tranquilo.



Tu viejo, vos estás convencido, era un buen tipo, pero lo empezaron a ensuciar en ese año maldito: no sabés quién, pero en el 2008 alguien largó que el Pantera estaba creído y arañaba la idea de volverse jefe de la barra. Había estado desde el 95 al 2003 trabajando en el predio donde entrena el equipo, y a pesar del despido siguió entrando gratis a la cancha y arreando gente. Hasta cuarenta vecinos solía llevar un domingo de partido local: vos decís que eran pibitos, señoras, gente grande, que no eran barras. Y la verdad que los que conocen la interna de la hinchada no creen que haya tenido capacidad para pretender semejante cosa, sobre todo teniendo en cuenta que el que mandaba era el Pimpi Camino, al que terminaron bajando de un tiro en la puerta hace dos años. El Pimpi, lo saben en Rosario los que se equivocaron con él, apenas notaba que le podías mirar con cariño el trono, te mandaba a poner y no entrabas más en la cancha. Igual, vos mismo sabés que tu viejo peleó desde pibe, y no solo por boxeador: a los 18 le dieron un balazo en la cintura y tuvo que dejar el ring. Después se dedicó a entrenar a otros, y siguió dándole a la soga, por estar en forma, hasta grande. Murió de 49.



Cuando en 2008 corrió aquel rumor ni tu viejo ni vos se imaginaron que le costaría tan caro. La insidia tiene un poder que persiste en el tiempo. Como sea, fue duro para el, y para vos, que entre quince le dieran una paliza y le dijeran: “no te queremos ver nunca más acá, mucho menos atrás del arco”. Ese día te quedó claro que el Quemado y el Quemadito, por más vecinos y conocidos, por más que si se encontraban en la verdulería conversaban con el Pantera, serían para siempre tus enemigos. Unos días después, medio recuperado de los golpes, tu viejo fue hasta la casa del Quemado y lo molió a palos. El Quemado quedó resentido, y con miedo. Nada peor que un transa en ascenso con miedo. Si se encontraban en la panadería, el Quemado salía corriendo. Y le mandaba a la policía. Los de la 18 le decían, a ver Pantera, ¿estás armado? Y a vos te daba risa que tu viejo les contestara: ‘Eh, cada vez que vaya a hacer un mandado me vas a parar’. Vos sabías que el Quemado tenía todo el apoyo de la policía de Rosario, y que ya tenía su bandita.



Por eso no te sorprendió que pasaran unos meses y tu viejo se viera de cerca con la muerte. Estaba sentado en un tapial del barrio, en el cumpleaños de un amigo, tocando la guitarra. Siempre te encantó que fuera músico además de boxeador. Rasgueaba la viola haciendo chacareras, zambas, escondidos. Tu viejo te contó después que vio al Quemado pasar despacio en el Renault 9 bordó. Y entre medio de los invitados apareció un pibe que sacó un arma y le dio seis tiros, cinco en las piernas y uno en el costado derecho de la cintura. El guacho no tenía más de 18, pero sabía hacer su trabajo. Esto te lo manda el Quemado, le dijo. Entonces, por primera vez, supiste que tu viejo también podía arrugar. El Quemado había crecido. Ya se movía en autos nuevos. El Quemadito ya no se juntaba con los pibes del barrio. Era habitué de Yamper, el boliche de cumbia donde van los que la mueven. Para colmo, tu viejo quedó rengo.



Hay gente que por un solo tiro que le pasa cerca se muda de casa. Hay tipos que por un afano, alquilan en otro barrio. Es raro que tu viejo a pesar de que los siguieron amenazando tuviera miedo pero no se moviera. Tampoco quiso denunciar. Sabía que la 18 laburaba con los Quemados. Vos mismo no pasaste más por la taquería; ni por la puerta, ni por la esquina. Llamaban a su casa y le decían a tu vieja que le iban a matar a la hija, a tu hermana. No te sorprendió que cuando averiguaron por el llamado viniera de un almacén que es del padrino del Quemadito. Meses después vos estabas en tu casa, casi a la medianoche. Era el día de los enamorados. Como ayer. Quizás era lo que festejaban en la casa de esos amigos que lo llamaron varias veces para que fuera con la guitarra, hasta que lo convencieron. El remontó en bicicleta por la calle Biedma. Nadie te saca de la cabeza que fue mala suerte que se cruzara, entre Richieri y Suipacha, con un colectivo lleno de hinchas que venían de la Bombonera, donde Newell’s le había ganado a Boca 2 a 0 el día que Palermo volvió de la rotura de ligamentos. Detrás del bondi estaba el 206, con el Quemado en el volante, el Quemadito afuera, apoyado del lado del acompañante. Atrás, dos o tres que nadie identificó.



Vos estabas en tu casa cuando llegó un vecino con la noticia. Corriste con algunos de tus hermanos hasta el lugar y lo encontraste tirado. El colectivo y el auto ya no estaban. Nadie se había atrevido a llevarlo a un hospital. Nunca te vas a olvidar de tu viejo moribundo bajo la luz nocturna de ese verano, ni de la cara de ese rubiecito que estaba en cueros y te dijo que lo había visto todo, que el conocía a los que disparaban, que eran de la calle Dr Riva, la calle de los Quemados. Tampoco de la única vecina que se atrevió a hablarte y vio todo desde su ventana. Ella escuchó cuando el Quemadito le dijo al padre: ahí está el Pantera. En la mano, vio la vecina, el Quemadito tenía un fierro de caño largo, que no le funcionó. Entonces, supiste por la mujer, el Quemado le alcanzó una 9 mm a su hijo, y lo alentó: tomá, tomá, como quien pasa un trago. Vos estás seguro que tu viejo no vio ni escuchó cuando los verdugos lo mataron. Iba hacia una fiesta; seguro pensaba en canciones, en melodías.



Esa noche tenías todos los sentidos en alerta, aunque la muerte suele dejarlo a uno como en un limbo. Y todavía pareciera que escuchás al policía que le preguntó al rubiecito, ¿vos viste todo? Porque enseguida lo subieron al patrullero del comando y se lo llevaron a la comisaría, supuestamente a declarar. Lástima que el pibe no volvió a aparecer por el barrio, se esfumó. Lo viste irse en el patrullero con la remera de Central, orgulloso der ser un canalla testigo del crimen de un leproso. Por eso estaba dispuesto a contarlo todo. Se debe haber arrepentido. A la testigo le pasó lo mismo. Vos estás convencido de que declaró una vez en tribunales y contó todo. Pero cuando la volvieron a llamar, ya no fue. Fue la madre a deir que la habían amenazado y que ella se había mudado a Mar del Plata. Y a pedir que no la buscaran, que tenía miedo, prefería callarse. Te quedaste sin testigos.



En algún momento el miedo se te hizo hábito. No sé si fue cuando decís que el Quemado pasó en la moto, por Crespo y 24 de septiembre, la puerta de la herrería donde trabajabas y te dijo: si me seguís batiendo la cana te voy a matar como lo maté a tu papá. O fue cuando renunciaste al laburo para encerrarte en tu casa. Tenías razón: cuatro días después tus compañeros te contaron que el Quemadito con el Teletubi –que ahora está preso por la masacre—fueron hasta la herrería y preguntaron: ¿Cano a qué hora entra? Para luego dejarte el mensaje: decile que cuando lo enganchemos lo vamos a matar. No sé si fue al final, cuando estabas esa madrugada con tu esposa y escuchaste música desde afuera, miraste por la ventana y eran ellos, los Quemados. Entonces te escondiste en el techo y esperaste que se fueran, pero alcanzaste a escuchar la discusión. El Quemadito estaba al volante, con una gorrita y una remera celeste. El Quemado tenía la puerta abierta, estaba recostado con un pie afuera del lado del acompañante. Vos le reconociste la voz finita al Quemado que le decía al hijo: Vamos a mandarnos adentro. Y al hijo, por suerte, decir: “No, si ya va a salir”. Hasta que se cansaron y se fueron.



La muerte de tu viejo fue un punto de cambio en el crecimiento de los Quemados. Si es como te cantaron los testigos, lo hicieron ante toda la barra leprosa. Lo supiste cuando luego te dijeron los vecinos cómo se andaban peleando la autoría del crimen: en una esquina, el Quemadito se jactaba: yo lo bajé al Pantera. En la otra, el padre lo desmentía: fui yo. La espectacularidad de la muerte narco es lo que le da sentido a la escalada violenta. Cuando un capito miserable quiere darse corte en un barrio y demostrar que la tiene más larga que el resto porque le paga a la policía suele matar con ruido. La muerte de tu padre sigue esas reglas: fue el azar el que hizo que se topara con sus asesinos ante un público tan pertinente como el de la hinchada. La escena no fue azarosa: el tiro por la espalda, la demostración de impunidad, la armas listas, el fútbol en el medio. Después de esa muerte los Quemados tuvieron un año de prosperidad. Supiste, como todos en el barrio, que tenían entre seis y ocho kioscos. Y lo saben los que no son corruptos en la infectada policía santafesina: ese era el mercado que los Cantero, la banda más poderosa del tráfico local, y los propios comisarios narcos, le dejaban manejar con soltura a los Quemados.



Lo que quizás no sepas es que todo está tarifado. Al menos así lo dicen en la propia santafesina; así lo confiesa uno de los que no se prende, sentado en su despacho: “A veces después de toda la investigación llegás a hacer el allanamiento y a lo mejor hacés papa, como decimos nosotros. Llegás y no encontrás nada, o muy poca droga, algún menor de edad. Eso es porque alguien levanta un teléfono y avisa”. Lo dice con un mapa de Rosario a sus espaldas, un mapa en el que hay marcas que no sirven para nada. Quizás vos no lo sepas pero en Rosario, dice este policía tan poco común, “el llamado puede salir del propio Tribunal Federal o de la Brigada de Inteligencia que hace la investigación”. Y si le preguntás en confianza al policía que no está en el juego, hasta te dice la tarifa: “Levantar un teléfono cuesta 30 mil pesos. Si el aviso se hace dos días antes puede valer hasta 50 mil. Cada kiosco paga entre 15 y 20 lucas por mes a la comisaría del barrio”. En la causa judicial paralela a la del triple crimen que investigó la complicidad de la cana queda claro que el Quemado estaba protegido por la comisaría 15 y la Zona de Inspección 3, que es la que tiene a cargo todas las taquerías de la zona sur. Nada te sorprende, ¿verdad?



Fin de año no suele ser tranquilo para vos. Casi a fines de diciembre el Quemadito salió en libertad y te lo llegaron a contar: andaba dando vueltas por el barrio, volvía a hacerse el poronga. Quiso apretar a la familia de los pibes de su banda que mandaron al frente al Quemado por la masacre. Como si alguien lo hiciera por vos, el padre de uno le dio una paliza. Lo que no sabías es que el Quemadito estaba en la mira de demasiados. Y que en la justicia ya sabían que desde la cárcel intentaba rearmar el negocio de su padre. Se preparaba para reconstruir la banda que habían logrado tener: en las escuchas telefónicas que tienen los fiscales aparece queriendo instalar una cocina de cocaína para tener su propia mercancía. Era lógico: había perdido la impunidad que tenía en la época en que murió tu padre. Eso sí, dinero no le faltaba. Vivía en un departamento de siete mil pesos mensuales en la Avenida Pellegrini. Se movía en un Astra cero kilómetro.



Con el Quemadito en la calle dejaste de dormir bien. El alivio casi te llega cuando el 28 de enero dos pibes pasaron caminando por la puerta de la casa de su novia, Sofía Laffatigue, y le dispararon. Con un solo tiro en la pierna lo dejaron en muletas. Esas son las que llevaba el 5 de febrero. Eran las seis y media de la tarde. Había entrado a buscar plata en un cajero del centro, en Corrientes y Pellegrini. Estaba desarmado. Seguía el destino del hijo del transa; un camino cerrado, hecho del mandato del no te rendirás. Ni sabiendo que lo buscaban unos y otros, ni consciente de que los Cantero ya no le darían juego, y que en la policía la protección se había perdido, se pudo cuidar. El asesinato del que te enteraste por tu hermano luego fue un ejemplo de crimen organizado hasta para el juez de la causa. Limpito. Sin que los sicarios corrieran riesgos. El Quemadito apenas alcanzó a ver el brillo del arma a centímetros de la cabeza. En la vereda quedó su gorra, intacta solo en la visera, manchada de muerte, estallada, contra el piso. Cuando tu hermano te lo dijo prendiste la tele, y viste en Canal 5 la noticia. Ya se habían llevado el cuerpo en una ambulancia. Ya habían calmado a la novia que gritaba. Ya se habían dispersado los curiosos. Y a vos, hijo del Pantera, ya te había dado esa sensación tan rara, esa satisfacción parecida a la paz de los muertos. 



Fuente: Por Cristian Alarcón para Télam - Investigación: Sebastián Ortega y Equipo Cosecha Roja.

La Capomafia argentina

Written By Charles Francis on 28 marzo 2012 | 20:02

Agata Galiffi.
Agata Galiffi.
En 1939, el país era gobernado por Roberto Ortiz, el pueblo aún lloraba la muerte de Carlos Gardel, su ídolo popular más importante y el mundo estaba totalmente convulsionado; eran los prolegómenos de la Segunda Gran Guerra que se inició el 1 de septiembre de 1939 con la invasión de Polonia por parte del Ejército alemán comandado por Adolf Hitler. Pero Rosario de Santa Fe, también se convulsionaría: las autoridades policiales detuvieron a una joven mujer que pasaría a la historia como “La Flor de la Mafia”, Agata Galiffi de tan sólo 23 años, hija del mítico mafioso Juan Galiffi, un siciliano que llegó a la Argentina cuando tenía 18 años y se radicó en Gálvez, provincia de Santa Fe.

La capomafia argentina
Juan Galiffi alias “Chicho Grande”, fue el alma máter de la mafia de Rosario, más conocida como “la Chicago argentina” por aquellos años. Sin embargo su hija, Agata Cruz Galiffi, lo superó en audacia e inteligencia, pero como a muchas mujeres en la historia, la traicionó el amor por un hombre. Ella quiso defenderlo y por eso se autoinculpó. El, que no era muy agradecido, no se conformó con eso y declaró pestes sobre ella. Esta jovencita, que a los 21 años se convirtió en la capomafia, de particular belleza, que concurría a los teatros y salones más encumbrados de la época, se transformó en un dolor de cabeza para Scotland Yard, más que el mismísimo Al Capone, ya que sus delitos cruzaban la frontera, en tanto Capone limitaba su accionar a Chicago (Estados Unidos).

Tal vez por ser mujer, bella e inteligente, cuando cayó en desgracia, todos se ensañaron con ella.
Cuando Agata era apenas una niña, su padre la casó con un abogado que formaba parte de su entorno delictivo, Rolando Lucchini, mucho mayor que ella. Agata o “La Gata”, como también la llamaban, sabía manejar armas con destreza y comandaba una banda de falsificadores de moneda nacional y extranjera a gran escala. Mantenía vinculaciones con encumbrados políticos y controlaba una red de espionaje internacional que le permitía la falsificación de acciones. Entre una de sus hazañas más recordadas está la construcción de un túnel de 94 metros de extensión y de 80 centímetros de diámetro, que contaba con instalación eléctrica y oxígeno, que comunicaba directamente con la bóveda del Banco de la Provincia de Tucumán. Este túnel, que unía las calles Rivadavia y Laprida, tenía como fin ingresar al tesoro para cambiar billetes falsos por auténticos.

Su captura en una pensión
Sin embargo, no es por las falsificaciones que fue detenida, sino por un tiroteo que había ocurrido el 30 de diciembre de 1938 en el que habían muertos dos agentes de policía y un integrante de la banda que comandaba. La detención fue en Rosario, un 23 de mayo de 1939, a la madrugada, cuando después de un frustrado allanamiento en la casa de la curandera Margarita Iturbide de Jovita, que había refugiado a Agatha y a su amante, Arturo el “Gallego” Pláceres, uno de los policías se quedó “chamullando” a la mujer y le sacó información clave.

Y poco después la pareja fue aprehendida en la vivienda del obrero ferroviario Tomás Clarke. Allí estaban ocultos bajo los seudónimos de “Doña María” y “Don Antonio”.
La prensa de la época la estigmatizó y su amante y su ex marido la “vendieron” a la Justicia para salvarse.
El fiscal que estaba a cargo de la causa era un abogado de apellido Fontanarrosa, antecesor del famoso humorista y dibujante rosarino. Al ingresar al inmueble, encontraron al “Gallego” afeitándose, mientras “La Gata”, estaba a su lado. Lo primero que atinó a decir fue: “No lo vayan a matar, él no hizo nada”. Una vez detenidos, y siguiendo el hilo de la investigación se logró establecer la responsabilidad de la banda de Agata en las falsificaciones y en la construcción del túnel. En esos momentos ya estaba detenido un tal Agustín Fernández.

La operatoria de los billetes apócrifos la había empezado su padre 12 años antes.

Fuente: Diario EL TRIBUNO - Salta - Febrero 2011

Ágata Galiffi. Por Josefina Souza

Written By Charles Francis on 26 septiembre 2011 | 1:19

Señor Carlos:
Dice usted "Todo lo que puedas aportar para mejorar este Blog será bienvenido." Pues bien yo le acerco mi granito de arena.
En el tercer artículo sobre Ágata Galiffi (AG) se dice "Nunca se supo porque no se terminó.", no es correcto decir que no se terminó.
El túnel se hizo.
Basta con consultar diarios de mayo de 1939 que fue cuando descubrieron el túnel abandonado hacía rato. También se puede consultar el libro "Ágata Galiffi - La flor de la maffia" de Esther Goris, pero este libro tiene, en lo que respecta al túnel, una serie de inexactitudes. Reitero, el túnel se hizo y se completó, pero sólo hasta la losa de hormigón reforzado que era el piso de la bóveda del Banco.
Allí se abandonó la obra pues la magnitud de la misma superó los medios de aquellos que lo realizaban. Pensaron penetrar el hormigón con soplete para lo cual llevaron tubos de gas desde Buenos Aires (comprados en La Oxígena que creo, estaba en Barracas) hasta Tucumán pero fue inútil.
También se consultó con un "boquetero" experto que fue el que que les dijo "olvídense, esto no lo van a poder hacer" En el libro de Goris se dice que el túnel fue hecho por mineros bolivianos pero me parece que esto fue un invento de uno de los miembros de la banda para despistar a la policía.
Tampoco hubo un ingeniero italiano, hasta donde yo sé, metido en el asunto.
La dirección de la obra estaba en manos de José Manuel Paz, quien estuvo involucrado en el túnel del penal de Punta Carretas en Uruguay. Hasta donde yo sé AG no se metía en la construcción del túnel y su amante, Arturo Pláceres se dedicaba a prepararle la comida a los que hacían el túnel, jóvenes anarquistas de Buenos Aires.
Uno de los rasgos interesantes de este túnel fue la solución al grave problema que representa deshacerse de la tierra removida. En Punta Carretas apelaron a sacarla como bolsas de carbón desde el local (una carbonería) donde comenzaba el mismo.
En el caso de Tucumán uno de los jóvenes anarquistas mencionados tuvo la idea de levantar los pisos de tablas de las habitaciones en la casa donde estaban y llenar la cámara de aire con la tierra que sacaban. La casa había sido alquilada deshabitada y las piezas eran muchas.
Nunca se sacó la tierra de ese túnel fuera de la casa. Ese mismo joven fue quien tuvo la idea de comprar un carrito de juguete que usaban los niños para andar y adaptarlo para sacar la tierra desde la punta del túnel que avanzaba hasta la boca del mismo.
Ese carrito estuvo en el museo policial de Tucumán.
También albergó elementos relativos a la época de la represión a la guerrilla posterior a 1976, fue por esto que, al volver la democracia, desmantelaron el museo y no sé a dónde fueron a parar los objetos sacados del túnel. Esto lo sé porque me lo contó ese muchacho que estuvo cavando en Tucumán.
Este es mi aporte.
Muy interesante su sitio y se nota el amor que tiene por la "Chicago argentina"
Saludo atte.

Barrio Parque: la detenida que no entiende lo que pasa

Written By Charles Francis on 28 junio 2010 | 18:46

“Quién me va a sacar esto que estoy pasando cuando todo termine”, se pregunta una y otra vez Alicia P., en un pabellón húmedo de la comisaría de La Paz al 400, en la que se encuentra hace 16 días. Esta mujer de 54 años quedó implicada en la secuencia

La ejecución de Camino fue un acto no premeditado y por viejos rencores

Written By Charles Francis on 15 junio 2010 | 18:42

No hubo un plan para matar a Pimpi Camino. Los cinco tiros que fulminaron al ex líder de la hinchada de Newell’s resultaron de un impulso del momento, una decisión súbita de un grupo de agresores, con un móvil común a tantos crímenes

La Chicago Argentina

Written By Charles Francis on 01 abril 2010 | 12:39

HISTORIA DE UNA BANDA

 
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