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Por extorsiones y juego clandestino, imputaron a ex jefe policial y a integrante de Los Monos

Written By Charles Francis on 25 julio 2020 | 14:26

Fueron acusados este viernes junto a otras tres personas. Todos integraban una banda que extorsionaba a comerciantes legales y emprendedores ilegales
Un ex jefe policial y un integrante de la banda “Los Monos”, acusado como instigador del crimen del casino de Rosario, fueron imputados hoy junto a otras tres personas por una serie de extorsiones que permitió descubrir una red de juego clandestino, y que a la vez contaba con complicidad de un miembro del Ministerio Público de Acusación (MPA).
La investigación de la Agencia de Criminalidad Organizada del MPA sobre una banda acusada de extorsionar a comerciantes legales y emprendedores ilegales dejó al descubierto la existencia de una red de salas de juego clandestinas, en la que está involucrado el ex jefe policial Alejandro Torrisi.
Fuentes de la investigación informaron a Télam que Torrisi, que estuvo al frente de una Unidad Regional de la Policía y está retirado, fue detenido el lunes con un sobre que contenía 150.000 pesos durante el allanamiento a un garito en la localidad de Villa Gobernador Gálvez.
Los investigadores creen que participaba de una red de unas 30 salas de juego ilegales, que proliferaron desde el cierre del casino “City Center” por la pandemia de coronavirus.
Los fiscales del caso llegaron al comisario mayor retirado a partir del teléfono de Maximiliano “Cachete” Díaz, imputado con prisión preventiva como organizador de una balacera al casino de Rosario que derivó en la muerte de Enrique Encino (64) que había salido a fumar a un balcón de la sala de juegos.
Díaz también está acusado de extorsionar mediante balaceras a miembros del Sindicato de Peones de Taxi de Rosario a nombre de quien sería su jefe, el líder de “Los Monos”, Ariel Máximo “Guille” Cantero, y está detenido desde diciembre pasado.
De acuerdo con la investigación, Díaz extorsionaba a comerciantes legales e ilegales (como los dueños de las salas clandestinas de juego) a quienes cobraba por seguridad de sí mismo.
Quienes no pagaban la cuota mensual exigida eran baleados o intimidados, dijeron los investigadores, y contaron que el propietario de un comercio dejó el país ante las amenazas de la banda.
También el titular de una financiera del centro de Rosario fue extorsionado por la organización criminal, agregaron los voceros.
Otra de las imputadas como parte de la banda, fue identificada como Flavia Broina, pareja de “Cachete” Díaz.
De acuerdo con la evidencia reunida por los fiscales, la mujer era la encargada de cobrar las cuotas mensuales de “seguridad” exigidas por su pareja.
También fue imputado hoy como miembro de la asociación ilícita Otniel Almonte De León, un dominicano de 32 años que está detenido desde marzo pasado como presunto coautor del crimen de un policía vinculado a la venta de drogas, Cristian Ibarra, ocurrido en julio de 2019.
Por ese homicidio fue condenado en un acuerdo abreviado Ariel Máximo Cantero, alias “Chanchón”, hijo de un segundo matrimonio del “Viejo” Ariel Cantero, primer jefe de “Los Monos” y condenado por asociación ilícita en 2018.
Voceros del caso indicaron que en la causa hay cinco prófugos, entre ellos Mariano Ruiz, condenado en un juicio abreviado como “lavador” del dinero ilegal de “Los Monos”, y un hombre llamado Leonardo Andrés Peiti con antecedentes por juego ilegal.
Además, durante la audiencia se reveló que Peiti recibió un mensaje de un funcionario del MPA ante un pedido de información sobre un detenido vinculado a “Cachete” Díaz, quien buscaba liberarlo.
Si bien aún no está identificado, el fiscal Regional de Rosario, Patricio Serjal, dijo que “la ayuda a una banda desde una Fiscalía es de una gravedad enorme”.

Descubren que banda ligada a Los Monos recibía ayuda desde una fiscalía

Written By Charles Francis on 24 julio 2020 | 14:24

Se ventiló en una audiencia con acusados de extorsión y ligados a casinos ilegales en el Gran Rosario. Un ex jefe de unidad regional está entre los imputados.

Una vez más en una investigación penal aparecieron indicios elocuentes de que un grupo delictivo recibe colaboración desde adentro de una Fiscalía. Nada más que ahora las sospechas no se dirigen a policías sino a personal civil del mismo Ministerio Público de la Acusación (MPA). Así se expuso ayer en la audiencia pública en la que se ventiló una trama de extorsiones que llevó a descubrir una red de casinos clandestinos en el Gran Rosario y en la que fueron acusadas cinco personas, entre ellas un oficial retirado de la policía y un hombre que está preso por instigar el atentado cometido en enero pasado contra el Casino City Center donde un apostador resultó asesinado.

La jueza Valeria Pedrana, quien resolverá si acepta el pedido de prisión preventiva hecho por los fiscales, mencionó entre los imputados a cinco hombres con orden de captura por no haber sido localizados. El más conocido es Mariano Ruiz, quien fue condenado como integrante de la banda de Los Monos tras ser investigado por su rol de financista y encargado de la logística de ese grupo. Ayer se señaló que participaba de las extorsiones realizadas por el grupo imputado y que consistían en interceptar a empresarios, comerciantes o personas con problemas legales y prometerles represalias a balazos si no les entregaban importantes sumas de dinero. Según la evidencia aportada en audios o textos de celulares, las denuncias de víctimas o dichos de testigos, eso se hacía en nombre de Ariel Máximo "Guille" Cantero, el líder de Los Monos que ya carga sobre su espalda con seis condenas.

En esta investigación hubo varios acusados de llamativo perfil. Uno es el comisario mayor retirado Alejandro Torrisi, ex jefe de la Unidad Regional VI de Villa Constitución y con larga trayectoria en el área de Investigaciones de Rosario. El ex policía fue detenido el lunes al salir de un casino clandestino de Villa Gobernador Gálvez con 150 mil pesos en efectivo en un sobre. Otro acusado es Maximiliano "Cachete" Díaz, acusado de participar de extorsiones al Sindicato de Peones de Taxis que incluyeron ataques a balazos, y de ser organizador de la balacera de hace seis meses al casino de Rosario, donde murió alcanzado por un balazo el gerente bancario Enrique Encino. Por estos hechos "Cachete" está con prisión preventiva por dos años desde el 15 de enero.

La pista del casino
La notable revelación sobre la complicidad presunta entre personal del MPA y personas de este grupo delictivo surgió precisamente tras el atentado al Casino. Dos días antes de este hecho, el 9 de enero, dos individuos fueron detenidos con armas en un operativo de Gendarmería Nacional. A partir de la apertura de un teléfono de "Cachete" Díaz, que había sido destruido a propósito, los investigadores supieron que el acusado le pidió a una persona que moviera contactos para lograr la liberación de estos dos hombres.

El que recibió ese pedido debía estar sentado en la audiencia pero no fue hallado. Es Leonardo Andrés Peiti, un hombre de 46 años con reiteradas causas por controlar empresas de juego ilegal y buscado el miércoles sin éxito en varios allanamientos.

Los fiscales Luis Schiappa Pietra y Matías Edery dijeron que Peiti recibió el pedido de "Cachete". Primero se contactó con un policía (sería Torrisi) quien le dijo que no podía hacer nada porque el operativo era de Gendarmería y ya estaba judicializado. Frente a eso, según los fiscales, Peiti se comunicó con alguien en el Centro de Justicia Penal.

El llamado fue a una persona que trabaja en una Fiscalía y le pasó el nombre del que había quedado detenido, Hernán Horacio Quinteros, para que intercediera en su favor. Desde adentro de la Fiscalía, el consultado respondió con información fina: dijo que Quintero se había comido un encubrimiento por circular en un auto robado al ser detenido y que tenía un arma calibre 9 milímetros por lo que le imputaron portación de arma de guerra. También agregó algo significativo como para señalar que poco se podía hacer para beneficiar al detenido. "No tengo la causa yo". No obstante dejó ver que haría una última gestión intercalando "un comentario". Agregó por último que al no tener antecedentes al imputado en un mes podrían darle la libertad (ver aparte).

Peiti recibió el mensaje de su contacto dentro de la Fiscalía y se lo reenvió a "Cachete" Díaz para que le quedara claro no sólo que había efectuado la consulta, sino que se la habían respondido.

Hace dos años estos mismos fiscales descubrieron en otra causa, mientras investigaban al narco Esteban Lindor Alvarado, que tres policías que se desempeñaban con ellos en la misma oficina estaban colaborando con Alvarado para desviar la investigación en su contra o ayudarlo con datos. Lo de ahora tiene de parecido el caso es que también un grupo delictivo busca ayuda en una Fiscalía. Pero la diferencia es que la contribución esta vez parece provenir de personal civil del MPA. Una primera forma de delimitar el campo de mirada consistirá en establecer quién trabajó en el mes de enero, que es un mes en el que la mayoría del personal está desafectado por la feria.

La estructura
Lo que se desnudó en la audiencia imputativa de ayer es la existencia de una compleja estructura dedicada a extorsiones de parte de una organización criminal que hostiga a emprendedores económicos que operan al filo de la ley y que por esa razón quedan imposibilitados de denunciar los aprietes. Pero también a personas con negocios lícitos como el dueño de una financiera y el de un bar. La actividad de los chantajistas llevó a descubrir una treintena de casinos clandestinos en la zona de Rosario y su área metropolitana, cuyos responsables pagan de manera regular para evitar represalias.

Uno de los responsables de los locales de juego es Leo Peiti, a quien anoche efectivos del Organismo de Investigaciones (OI) buscaron al allanar una vivienda en Morrison al 8000. Su abogado dijo minutos después a este diario que su cliente está en la provincia de Buenos Aires y que el lunes se pondrá a disposición de la Justicia.

En conexión con Peiti está, según la acusación, el comisario retirado Torrisi detenido el lunes cuando salía con 150 mil pesos de un casino ilegal de Espora 229, en Villa Gobernador Gálvez. Allí había nueve computadoras con un software de juegos de azar a cambio de dinero. Según lo obtenido del celular de "Cachete" Díaz, a Torrisi le reportaban las ganancias de los casinos.

En ese sentido, hay conversaciones en las que le piden al ex comisario autorización para abrir lo que sería una casa de juego de azar. Y otras en las que surge que Torrisi se encargaría de cobrar el dinero de diferentes casas de juego.

En la audiencia también fue acusado Otniel Almonte De León, un ciudadano dominicano de 32 años que ya está preso como coautor del asesinato del policía Cristian Ezequiel Ibarra, muerto a balazos en su auto en julio de 2019 en el marco de una disputa por drogas.

También imputaron a Flavia Broin, pareja de "Cachete" Díaz, a quien le atribuyeron ser encargada de cobrar el dinero producto de la extorsiones.

Los fiscales señalaron que al investigar las tramas extorsivas, en la que está inserto el atentado al Casino City Center, aparece orquestando acciones Ariel Máximo "Guille" Cantero. Esto ya se expuso en enero pasado durante la audiencia del ataque a la sala de juegos de zona sur que le costó la vida a Enrique Encino.

El último de los imputados ayer es José Sebastián Perlo, a quien le atribuyen los delitos de asociación ilícita, extorsión y violación de leyes de juego.

Los negocios y los aprietes

Los fiscales consignaron que en abril de 2019 una persona no identicada se presentó en un bar de San Martín al 1600 y le dijo a su dueño, J.P., que era de la banda de Los Monos. Le indicó que si querían seguir funcionando tenían que pagarles, que ya habían tiroteado otro bar y que si no recibían dinero pasaría algo peor. A partir de allí se hicieron encuentros del comerciante con "Cachete" Díaz, su hermano Brian (prófugo) y José Perlo.

"Esas reuniones se hacían en un bar de Pellegrini 1657 llamado «Mansa» propiedad de Mariano Ruiz", dijeron los fiscales, y afirmaron que éste participó del cónclave. El extorsionado pagó hasta mayo de 2020 a Flavia Broin, quien pasaba a cobrarle.

Otro caso ventilado ocurrió el 8 de enero de este año cuando dos jóvenes se apersonaron en una casa de cambio de Entre Ríos y Córdoba. Le dijeron a su propietario, Pablo F., que estaban allí a pedido de "Guille" Cantero, que eran amigos de Leo Peiti y que tenía que pagar 5 mil dólares por mes. "¿En concepto de qué?", preguntó Pablo F. "En concepto de que no te baleamos todo el frente y no puedas laburar más", fue la respuesta.

Tras una reunión en un bar de Mendoza y Río de Janeiro donde estuvo Peiti, "Cachete" Díaz le dijo al empresario que empezara a pagar porque si no ponía la plata "ellos sabían donde vivía e iban a matar a toda mi familia y que sabían mis hijos van al colegio". Por eso la víctima se fue del país.

Uno de los que también será imputado en este caso es Rodrigo Ortigala, un amigo de Peiti que es testigo principal contra Esteban Lindor Alvarado. Según los fiscales, Ortigala tenía conocimiento de la maniobra que se estaba ejecutando contra el financista, se comunicó con "Cachete" Díaz y acordó con él "una investigación patrimonial de la víctima, los términos en que debe ser proferida la amenaza y los montos de dinero a exigirle".

Un topo en el MPA
Una de las pruebas de la que se valieron los fiscales en la audiencia de ayer para sostener que alguien del Ministerio Público de la Acusación traficaba información a favor del grupo acusado es el siguiente mensaje de WhatsApp: "Y Hernán Horacio Quinteros. En esta se comió un encubrimiento por andar con un auto robado y tenía una 9 mm cargada, le metieron portación de guerra. Fue ayer, por protocolo tenía que pedir prisión preventiva, pero aparentemente se puede cerrar después de peritar el arma. No tengo la causa yo, pero dejame ver como metemos un comentario ahí. En 1 mes le podrían dar la libertad, no tiene antecedentes así que seguramente". (La Capital)

Ex jefe de la UR VI involucrado con un garito clandestino

Written By Charles Francis on 21 julio 2020 | 14:17

Entre agosto de 2008 y diciembre de 2009 el entonces comisario mayor Alejandro Torrisi fue el titular de la jefatura policial del departamento Constitución.

El lunes fue detenido el ex jefe de la Unidad Regional VI, comisario mayor retirado Alejandro Torrisi en el marco de una investigación por juego clandestino que lleva adelante el Ministerio Público de la Acusación (MPA). El ex titular de la dependencia policial del departamento Constitución fue aprehendido por efectivos de las Tropas de Operaciones Especiales (TOE) en Villa Gobernador Gálvez, en cercanías de un garito que poseía máquinas de apuestas. Tenía en su poder un sobre con 150 mil pesos. Posteriormente fue allanado su domicilio situado en Funes.
El Diario La Capital informó que la investigación que realiza el MPA están relacionada con en el atentado al Casino City Center de enero pasado, donde hubo un muerto y que reveló tramas extorsivas. “No se había establecido cuál sería el vínculo entre Torrisi y el garito cerca del cual fue detenido, donde se presumía que pasaba cada tanto a retirar dinero. En ese sentido se intentaba establecer si le pertenecía o si realizaba alguna especie de protección policial, a pesar de que se encontraba retirado de la fuerza”, explicó el matutino de Rosario.
Torrisi estuvo al frente de la jefatura de la Unidad Regional VI con asiento en nuestra ciudad desde agosto de 2008 a diciembre de 2009. Previamente desarrolló gran parte de su carrera en la Unidad Regional II de Rosario, ciudad de la que es oriundo. Allí ocupó cargo en la por entonces denominada Agrupación Unidades Especiales (Brigada de Investigaciones, hoy AIC) para asumir en 2006 como jefe del Centro de Alojamiento Transitorio (CAT) de Rosario, lo que entonces se conocía como la “policía de menores”.
 En Villa Constitución
El miércoles 27 de agosto de 2008 Torrisi asumió como jefe de la UR VI tras la gestión de Eduardo Aucar, y permaneció al frente de la institución hasta el martes 22 de diciembre de 2009 cuando pasó a retiro al cumplir 30 años de servicio y fue reemplazado en su cargo por el comisario mayor Jorge Luis Martínez.
“Es un día difícil de aceptar para todo policía, ya que he dejado mi vida en esta institución. Son 30 años de ardua labor sin ninguna mancha en mi legajo. Me retiro, gracias a Dios, con la frente alta y convencido de haber cumplido con mi deber. Es difícil para nosotros, pero también una alegría, porque le quiero brindar a mi familia todos estos años que dí a la Policía”, manifestó Torrisi en Villa Constitución en su despedida.
Sin embargo, parece que había manchas en su legajo. “En 2013, ya retirado de la fuerza policial, su nombre circuló en una lista sobre policías investigados por distintas causas que había elaborado la Secretaría de Control de las Fuerzas de Seguridad del gobierno santafesino. Sin embargo, no se especificaba la razón de estar en esa lista”, recordó La Capital.
 Extraña reunión
Incluso durante su gestión en Villa Constitución se dio un hecho que nunca fue bien explicado cuando el jefe y elsub jefe de la Policía Provincial, Juan Luis Heck y al villense Jorge Gómez, respectivamente, visitaron sorpresivamente la ciudad para reunirse con el entonces intendente Horacio Vaquié y otros funcionarios en junio 2009, tal cual lo informó Diario EL SUR en su edición 628. A este encuentro Torrisi no sólo no fue invitado sino que además ni siquiera se le informó de la presencia de sus superiores.
Ahora quedó involucrado en la investigación que están llevando adelante la Agencia de Delitos Complejos y Crimen Organizado del MPA en conjunto con la Agencia de Control Policial (ACP), tal como se denomina ahora a la ex Dirección de Asuntos Internos del Ministerio de Seguridad. Al ser detenido el lunes tenía en su poder un sobre con dinero que habría retirado del garito clandestino de Villa Gobernador Gálvez.
 Banda de extorsionadores
Ayer se conoció que en el marco de la misma investigación fue detenida una mujer identificada como Flavia B., quien sería la pareja de Maximiliano “Cachete” Díaz, el cual se encuentra detenido desde hace 6 meses por el atentado homicida al casino de Rosario de enero. Este último está implicado “en una trama de extorsiones contra dirigentes del Sindicato de Peones de Taxis de Rosario y como partícipe primario del asesinato de Enrique Encino, un apostador de 64 años que recibió un disparo de arma de fuego en la cabeza el 11 de enero pasado, cuando estaba en el balcón de fumadores del City Center”, detalló La Capital.
Al cierre de nuestra edición estaba previsto que Torrisi, Flavia B. y otras dos personas fueran imputados por diversos delitos. La Capital explicó que la investigación en la que se encuentran involucrados “nació tras la detección de seis extorsiones cometidas por una banda para obtener dinero a partir de amenazas. A raíz del análisis de estos chantajes los investigadores tropezaron con los negocios de los casinos clandestinos en distintos lugares del Gran Rosario”.
“En la investigación se advirtió que existe una modalidad de apriete contra personas que controlan casinos clandestinos, de parte de una organización criminal que exigía dinero para dejarlos funcionar. Eso puso al descubierto la trama de juego ilegal. A Torrisi le imputarán ser quien recauda dinero de esos emprendimientos. A Flavia B. le atribuyen dedicarse a cobrar las extorsiones contra los capitalistas de esos casinos y guardar la plata para los ideólogos del chantaje”, reseño el matutino de Rosario. Esta mujer es sobrina de la exdirectora de Personal de la policía, quien es esposa del exjefe de policía provincial, Marcelo Villanúa.
 Policías investigados
Cabe destacar que en noviembre de 2013 el por entonces secretario de Control de las Fuerzas de Seguridad de la provincia, Miguel Picca, entregó al fiscal de Cámara Guillermo Camporini un listado con 97 policías investigados por la Dirección de Asuntos Internos desde 2004 hasta ese momento, todos ellos de la zona sur de la provincia y por «crecimiento patrimonial injustificado», informó en abril de 2014 La Capital. En ese listado estaba el nombre de Torrisi.
 Otro policía con paso por la UR VI
En ese listado también se encontraba otro ex jefe policial que pasó por Villa Constitución, Rodolfo Romero cuya causa prescribió el año pasado, al igual que la de otros policías investigados, porque pasaron más de seis años sin que lo llamaran a prestar declaración. Como Torrisi, Romero se retiró con el grado de comisario mayor tras dejar la jefatura de la Unidad Regional VI. Su causa administrativa se abrió en junio de 2007 aunque recién se elevó a la Justicia en diciembre de 2012.
Le atribuían un hotel en la localidad cordobesa de La Cumbre y la titularidad junto a su esposa de una agencia de seguridad privada que en esos años era contratada por la Municipalidad de Rosario para la custodia de inmuebles públicos, lo que motivó un pedido de informes de la oposición en el Concejo. Además, le asignaban una casa de 285 metros cuadrados en Rosario, un Peugeot 307, un Honda Fiat y un Chevrolet Corsa Classic.

Detienen a alto ex jefe policial con dinero de un casino clandestino

Un alto jefe policial retirado fue detenido ayer en el marco de una investigación por juego clandestino que lleva adelante el Ministerio Público de la Acusación (MPA).
Un alto jefe policial retirado fue detenido ayer en el marco de una investigación por juego clandestino que lleva adelante el Ministerio Público de la Acusación (MPA). Se trata de Alejandro Torrisi, quien ocupara entre otros cargos la jefatura de la Unidad Regional VI del departamento Constitución. Según la información preliminar, el ex policía fue apresado en inmediaciones de un casino clandestino en Villa Gobernador Gálvez con una cantidad de dinero importante cuyo monto no trascendió. Al respecto se dijo que el dinero estaba guardado en uno o más bolsos, pero en rigor lo llevaba en un sobre.
Anoche al cierre de esta edición continuaban las medidas derivadas de una investigación originada en el atentado al Casino City Center de enero pasado, donde hubo un muerto y que reveló tramas extorsivas. No se había establecido cuál sería el vínculo entre Torrisi y el garito cerca del cual fue detenido, donde se presumía que pasaba cada tanto a retirar dinero. En ese sentido se intentaba establecer si le pertenecía o si realizaba alguna especie de protección policial, a pesar de que se encontraba retirado de la fuerza.
En ese marco, también trascendió que a partir de la detención del policía retirado se dispuso un allanamiento en su domicilio particular de la ciudad de Funes.
Carrera
Torrisi es rosarino y gran parte de su carrera la realizó en la Agrupación de Unidades Especiales (AUE) de la Unidad Regional II de policía. A comienzos de 2006 asumió como jefe del Centro de Alojamiento Transitorio (CAT) de Rosario, lo que entonces se conocía como la "policía de menores". Su llegada al cargo se precipitó a partir de la fuga de seis adolescentes en lo que constituyó el cuarto escape masivo de la dependencia que por entonces funcionaba en Dorrego al 900.
Luego de dos años al frente de la Policía de Menores de la Unidad Regional II el siguiente destino de Torrisi fue la jefatura de Villa Constitución, sede de la Unidad Regional VI de policía. El comisario llegó allí en agosto de 2008 para reemplazar a Eduardo Aucar, quien había sido designado al frente de la Unidad Regional XVII de San Lorenzo.
En 2013, ya retirado de la fuerza policial, su nombre circuló en una lista sobre policías investigados por distintas causas que había elaborado la Secretaría de Control de las Fuerzas de Seguridad del gobierno santafesino. Sin embargo, no se especificaba la razón de estar en esa lista.
Su nombre volvió a sonar ayer, en medio del hermetismo en el que pretendía quedar una investigación de la Agencia de Delito Complejo y Crimen Organizado del MPA en conjunto con la Agencia de Control Policial (ACP), tal como se denomina ahora a la ex Dirección de Asuntos Internos del Ministerio de Seguridad.
A media tarde, según trascendió, Torrisi fue arrestado por personal de la Tropa de Operaciones Especiales (TOE) en inmediaciones de un casino clandestino ubicado en la calle Comandante Espora de Villa Gobernador Gálvez, una vivienda con computadoras que al parecer se empleaban para realizar distintas apuestas, una actividad que en plena cuarentena y con el casino City Center cerrado estaría floreciendo en distintos barrios.

Apresaron a un exjefe policial con un bolso de dinero en un casino clandestino

Written By Charles Francis on 20 julio 2020 | 14:11

Lo arrestó personal de la Agencia de Investigación Policial, en inmediaciones de un casino clandestino en Villa Gobernador Gálvez.

Un alto jefe policial retirado fue detenido esta tarde en el marco de una investigación por juego clandestino que lleva adelante el Ministerio Público de la Acusación (MPA). Se trata de Alejandro Torrisi, quien ocupara entre otros cargos la jefatura de la Unidad Regional VI del departamento Constitución. Según la información preliminar, el expolicía fue apresado en inmediaciones de un casino clandestino en Villa Gobernador Gálvez con un bolso en el que llevaba una cantidad importante de de dinero cuyo monto no trascendió.
Esta noche continuaban las medidas en el marco de una investigación que al parecer lleva mucho tiempo y en la que no se descartaba que hubiera más detenidos. Tampoco se había establecido cuál sería el vínculo entre Torrisi y el garito cerca del cual fue detenido, donde se presumía que pasaba cada tanto a retirar dinero. En ese marco, también trascendió que a partir de la detención del policía retirado se dispuso un allanamiento en su domicilio particular de la ciudad de Funes.
Torrisi es rosarino y gran parte de su carrera la realizó en la Agrupación de Unidades Especiales (AUE) de la Unidad Regional II de policía. A comienzos de 2006 asumió como jefe del Centro de Alojamiento Transitorio (CAT) de Rosario, lo que entonces se conocía como la “policía de menores”. Su llegada al cargo se precipitó a partir de la fuga de seis adolescentes en lo que constituyó el cuarto escape masivo de la dependencia que por entonces funcionaba en Dorrego al 900.
Luego de dos años al frente de la Policía de Menores de la Unidad Regional II, el siguiente destino de Torrisi fue la jefatura de Villa Constitución, sede de la Unidad Regional VI de policía. El comisario llegó allí en agosto de 2008 para reemplazar a Eduardo Acuar, quien había sido designado al frente de la Unidad Regional XVII de San Lorenzo.
En 2013, ya retirado de la fuerza policial, su nombre circuló en una lista sobre policias investigados por distintas causas que había elaborado la Secretaría de Control de las Fuerzas de Seguridad del gobierno santafesino. Sin embargo, no se especificaba cuál era la razón por la cual se encontraba en esa lista.
Su nombre volvió a sonar hoy, en medio del hermetismo en el que pretendía quedar una investigación de la Agencia de Delito Complejo y Crimen Organizado del MPA en conjunto con la Agencia de Control Policial (ACP), tal como se denomina ahora a la exDirección de Asuntos Internos del Ministerio de Seguridad.
A media tarde, según trascendió, Torrisi fue arrestado por personal de la Tropa de Operaciones Especiales (TOE) en inmediaciones de un casino clandestino ubicado en la calle Comandante Espora de Villa Gobernador Gálvez, una vivienda con computadoras que al parecer se empleaban para realizar distintas apuestas. Por lo que pudo saberse hoy, todavía no estaba claro si el lugar pertenecía al policía retirado pero sí se sabía que usualmente pasaba por allí a retirar dinero.
En esa situación, al parecer con uno o más bolsos con dinero en su poder, fue capturado entonces el exuniformado, que en principio quedó demorado y podría ser imputado en las próximas horas.

Testimonios sobre el derrotero del auto desde el que mataron al bolichero Demarre

Written By Charles Francis on 20 febrero 2018 | 21:03

La Fiscalía expuso que ese mismo vehículo pertenecía a Los Monos y fue también captado la noche anterior al crimen en el Clemente Alvarez.
Tribunal. Los jueces Usandizaga, Manfrin y Mas Varela.

El auto desde el cual Diego Demarre fue asesinado a tiros el 27 de mayo de 2013 fue uno de los puntos centrales en la audiencia de ayer del juicio a Los Monos. Mediante los relatos de testigos, la Fiscalía intentó probar que el vehículo blanco desde el cual le dispararon al bolichero y que fue registrado por una cámara en el momento del atentado es el mismo captado por el sistema de videovigilancia del Hospital Clemente Alvarez (Heca) un día antes, cuando asesinaron a Claudio "Pájaro" Cantero, y luego secuestrado en Córdoba pintado de otro color. También se reprodujeron escuchas a miembros de la banda en las que, se infiere, hablan del crimen.
La semana pasada Rodrigo Capdevila, un policía que al momento del crimen de Demarre prestaba servicio en la TOE, se refirió a un informe en el que daba cuenta de que auto usado en el crimen era del mismo modelo y color que uno utilizado por miembros de la banda que fue captado por cámaras del Heca el 26 de mayo, tras el crimen del Pájaro en la puerta de un boliche de Demarre. Su conclusión era que se trataba de un Volkswagen Bora 1.8 Highline, un modelo fabricado entre 2007 y 2013.
Para llegar a esa conclusión, Capdevila se entrevistó con empleados de una concesionaria de Volkswagen. Uno de ellos fue interrogado ayer por la Fiscalía sobre ese tipo de vehículo.
Con una experiencia de 20 años en la venta de autos, Germán G. se refirió a las particularidades de cada vehículo. Ayer recordó que en 2013 se entrevistó con el policía de la TOE y, observando fotogramas extraídos de los videos de las cámaras que tomaron el crimen de Demarre, llegó a la conclusión de que, por el tipo de faros y llantas, se trataba de un Bora 1.8 Highline.
La teoría del fiscal
El fiscal Luis Schiappa Pietra sostiene que el crimen de Demarre fue un vuelto por el de Claudio Cantero. Se comentaba que el bolichero había entregado al Pájaro a sus asesinos cuando salió a orinar a la puerta de Infinity Night y fue emboscado.
El 26 de mayo de 2013, después de las 4.30, el Pájaro fue llevado al Heca. El centro de monitoreo del hospital deja ver, entre las 5 y las 8, el arribo en distintos autos y motos de varias personas, entre ellas Ariel "Guille" Cantero y Ramón "Monchi" Machuca, hermanos del Pájaro y considerados el autor material y el instigador del crimen de Demarre, respectivamente. También se ve a Andrés "Gitano" Fernández, acusado de partícipe necesario, llegar en un auto blanco que, sostiene la Fiscalía, es el mismo Bora desde el cual un día después ultimaron a Demarre.
Tres meses después de los homicidios del Pájaro y Demarre se pidió un informe a la Dirección Nacional del Registro del Automotor para ubicar ese Bora blanco. El informe determinó que estaba radicado en la capital cordobesa desde el 30 de agosto de 2013 a nombre de Denise Viviana G. El auto fue localizado y secuestrado por una comisión de la Policía Judicial de Córdoba.
Al respecto ayer declararon Miguel Medrano, un policía cordobés que participó del allanamiento, y Oscar Rodríguez, de la Judiciales de la Unidad Regional II y diligenciado para traer el auto hasta Rosario. Según dijeron, el Bora estaba pintado de negro aunque conservaba la patente y el número de motor.
Escuchas
Ayer también volvió a declarar el suboficial Ariel Lotito, coordinador de la disuelta Brigada Operativa Judicial (BOJ) y uno de los principales investigadores de la causa. Fue citado, como ya ocurrió en el juicio, con la finalidad de introducir al debate escuchas telefónicas captadas por el BOJ, que son una de las columnas vertebrales de la acusación.
El interrogatorio fue objetado varias veces por las defensas, pero finalmente se reprodujeron varias escuchas en las que se hablaba, entre otras cosas, del crimen del Pájaro, del de Demarre y de allanamientos de fines de mayo de 2013 en casas vinculadas a los principales imputados.
Así, se escuchó una charla del día del crimen de Demarre, en la cual Monchi es captado en un diálogo telefónico con el policía Juan Marcelo "Chavo" Maciel, sargento que revistaba en la Secretaría de Delitos Complejos del Ministerio de Seguridad de la provincia, quien recibió tres años de prisión en el juicio abreviado firmado por once miembros de la banda en abril de 2015.
El tema de debate entre ambos era la ejecución de Demarre y en ese marco el Chavo le dice a Monchi: "Un Bora blanco, lo único que hay... Tené en cuenta que ese auto... no esté más, ¿entendés?".

Una sangrienta espiral de venganzas con sospechosos y familiares en la mira

Written By Charles Francis on 18 enero 2018 | 12:40

Sergio "Nango" Díaz, asesinado de 10 tiros cuando iba en bicicleta por el acceso sur, había sido demorado por el crimen de Chabela Cantero.

La ciudad que alguna vez se ganó el mote de "La Chicago argentina" hoy es un lugar donde muchos hampones han roto todo código y buscan revancha matando o hiriendo a familiares de sus rivales. Sergio David "Nango" Díaz es uno más en esa lista. Según el preinforme de autopsia fueron diez balazos terminaron con la vida de este hombre de 37 años, ejecutado el martes al anochecer en inmediaciones de Circunvalación y Acceso Sur.
"Nango" había estado detenido en la investigación por el crimen de Petrona Isabel "Chabela" Cantero, aunque no fue imputado. La pareja de Díaz, apodada "Pato", junto a uno de los hijos de la mujer, son los principales sospechosos del crimen. Ambos están prófugos.
Reyerta mortal
Sobre el mediodía del 16 de junio pasado en España al 7000, barrio Las Flores, una reyerta entre vecinos terminó en una batahola con una mujer muerta de un balazo en el abdomen, otras tres heridas y más de una decena de vecinos expulsados del barrio. Una de ellas, Luciana, de 16 años y nieta de la víctima fatal, recibió un balazo en la cabeza que la dejó ciega.
Quizás la reyerta vecinal en un barrio estigmatizado no hubiera tenido mayor trascendencia que la del noticiero de la noche y la edición del diario del día después. Pero la mujer asesinada era Chabela Cantero, una de las hermanas del "Viejo" Ariel Máximo Cantero, referente de la banda de Los Monos y del barrio Las Flores.
"Sí, somos parientes de Ariel Cantero pero no tenemos nada que ver con la droga", explicó por esos días Angel, uno de los hijos de Chabela. Y luego contó su verdad: "La Pato le disparó a mi mamá en el medio de la panza y a mi sobrina en la cara (Luciana). A mi hermana Juliana los tipos le desfiguraron la cara a golpes y le pegaron la cabeza contra el piso. A una chica que está embarazada también le dispararon en la pierna", relató el muchacho.
La fiscal a cargo de la investigación del homicidio es Georgina Pairola, la misma que tiene a su cargo el asesinato de Nango Díaz, a quien se llevó detenido ese día de Las Flores pero luego liberó al no tener indicios de que el hombre hubiera participado de la agresión homicida.
Pairola pudo identificar a dos personas como los principales sospechosos en esa reyerta de junio pasado: Ana María Schneider, la "Pato", por el crimen de Chabela, y un hijo de ella llamado Jonathan, por la tentativa de homicidio contra Luciana. Ambos hoy siguen prófugos.
Cinco minutos
Pero la ley de la calle continuó con su dinámica. Aquellos vecinos que fueron expulsados de Las Flores terminaron con sus casas quemadas. Entre ellos Nango, que había buscado refugio en la humilde casa de su hermano Gustavo César Díaz, de 39 años, que vivía en una humilde casilla sobre la colectora del acceso Sur al 4100, en la villa Manuelita.
La noche del 12 de julio pasado en esa desvencijada casa —ya demolida— estaban Gustavo con su esposa Melisa y sus cuatro hijos de entre 8 y 13 años. En un momento alguien introdujo la mano por la única ventana del lugar y comenzó a disparar con calibre 9 milímetros.
Gustavo recibió una bala mortal en el pecho, uno de los niños dos en una pierna y un perro de la familia murió alcanzado por otro proyectil. Cinco minutos antes, Nango se había ido del lugar. La investigación del homicidio quedó en manos del fiscal Pablo Pinto.
Diez días más tarde, la noche del 22 de julio, José Luis "Chino" Schneider recibió un balazo en la nuca en la esquina de Guaria Morada y Petunia, en Las Flores. La víctima agonizó quince días hasta morir el domingo 6 de agosto. El Chino era uno de los hermanos de Pato y ese crimen es investigado por el fiscal Adrián Spelta.
Anunciada
Y un día le llegó la hora a Nango. Fue el martes, poco antes de las 20, donde se encuentra la circunvalación con el acceso sur, casi en el ingreso a Villa Gobernador Gálvez. Por ese lugar Díaz circulaba en bicicleta, al parecer se dirigía desde la casa de su hijastra hasta la de su padre.
Testigos ocasionales indicaron que un Peugeot 206 blanco o gris se puso a la par del ciclista y uno de los ocupantes le disparó varias veces. Dijeron escuchar al menos cinco detonaciones. Fuentes allegadas a la pesquisa indicaron que Díaz recibió ocho impactos de arma de fuego en la región dorsal y dos en el brazo derecho.
Tras la descarga de plomo Nango perdió el control de la bici y cayó pesadamente sobre la banquina, donde murió. Sus familiares llegaron casi de inmediato a la escena del crimen y lo reconocieron, ya que la víctima no llevaba identificación.
La presencia de los parientes de Díaz en el lugar motivaron momentos de tensión. "Ahora lo mataron a Sergio, ¿qué esperás para meterlos a todos presos?", le recriminó a la fiscal una de las hijas de Pato en el lugar.
"Vendo pañuelitos en el centro para poder comer y me metiste presa. Dos días me comí por nada. Esto es un ajuste de cuentas. Teníamos custodia pero todos estamos amenazados, hasta a mi hijo de 13 años lo amenazaron y ahora esto", espetaba una mujer enardecida.
En la escena del crimen y sus inmediaciones se recolectaron ocho vainas servidas. La fiscal comisionó a efectivos de la Policía de Investigaciones (PDI) para que trabajaran en el lugar y ordenó que se concentraran en las filmaciones de las cámaras de vigilancia públicas ubicadas en las cercanías del lugar donde ocurrió el tercer homicidio desencadenado a partir del crimen de Chabela.

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Balance, anécdotas y dichos de la primera parte del juicio a la banda de Los Monos

Written By Charles Francis on 07 enero 2018 | 21:28

En los primeras jornadas del debate las partes se centraron en la existencia o no de una asociación ilícita dedicada a la comisión de varios delitos.

El enjambre de periodistas aguarda, impaciente, el arranque del juicio oral más esperado de los últimos años. Colman la tribuna, se amontonan sobre la alfombra de un salón a estrenar en el flamante Centro de Justicia Penal. Un centenar de policías vigila el moderno edificio de vidrio y cemento en un despliegue a tono con el caso. En la prisión del subsuelo, ocho presos a los que llaman Los Monos se desnudan. No quieren subir a la sala de audiencias. Reclaman en medias y calzoncillos: no van a pasar la noche en esas celdas sin terminar, quieren volver al penal de Piñero. El conflicto se zanja a las tres horas. Los presos se visten, llegan escoltados al segundo piso, se ubican en asientos con sus nombres y posan tolerantes para las fotos. Tres jueces suben a un estrado de madera que aún huele a nuevo y entonces sí: empieza la función.
Como el guión de una serie, pero en la vida real, esa fue la primera escena del postergado juicio oral y público a Los Monos. Aquel inicio de película a fines de noviembre, en el corazón de barrio Hospitales, dio paso a 21 jornadas extenuantes entre fiscales y abogados de 25 acusados: 13 de ellos son empleados de fuerzas de seguridad, los otros son civiles.
Dentro del llamado "núcleo duro" de la banda están sentados, como jefes, el padre y dos hermanos de la familia Cantero de barrio Las Flores: "El Viejo", "Guille" y "Monchi". Sus apodos se conocen más que sus nombres. Sus familiares más directos también están acusados, aunque en libertad, de actuar como testaferros o acopiar bienes obtenidos con medios ilícitos. Sobre los policías pesa la sospecha de haberles filtrado datos.
Tras ese debut accidentado con los presos sacándose la ropa, el juicio entró en su dinámica. Los fiscales pidieron penas de 24 y 41 años para los dos principales acusados, "Guille" y "Monchi". Los defensores apuntaron a la raíz de la causa reclamando que se anule porque la investigó un juez parcial. Durante las siguientes jornadas desfilarían policías, testigos, peritos, abogados, contadores, gestores, periodistas. Habría declaraciones de color político que repercutirán más allá de la sala y otras, dichas afuera, que impactarán adentro. Los imputados, cada uno con su perfil, elegirán sus momentos para defenderse y decir lo suyo.
Primera etapa
La primera parte del juicio a Los Monos buscó esclarecer el funcionamiento de una presunta asociación ilícita cívico-policial destinada al negocio de la droga; pero también a la violencia, el acopio de armas, las amenazas y los homicidios. Ese tramo del debate se extendió entre el 21 de noviembre y el 28 de diciembre pasados. Feria judicial mediante, las audiencias se reanudarán en febrero para discutir cinco homicidios achacados a la banda. El final se prevé para mediados de abril.
A lo largo de esas 21 jornadas, la Fiscalía encabezada por Gonzalo Fernández Bussy y Luis Schiappa Pietra se aplicó a demostrar qué es una asociación ilícita y cómo funcionaba en este caso: sus miembros y roles, la estructura interna, los negocios, el circuito del dinero negro, el poder de fuego del grupo.
Su principal evidencia fueron las escuchas telefónicas captadas al grupo, ordenadas en abril de 2013 por el juez de Instrucción Juan Carlos Vienna quien, a partir de informes policiales, consideró que la familia Cantero habría ordenado el crimen de Martín "Fantasma" Paz. Un prestamista acribillado el 8 de septiembre de 2012 en Entre Ríos y 27 de Febrero.
Las defensas (con Fausto Yrure, Carlos Edwards, Adrián Martínez y Carlos Varela al frente) se plantaron en un fuerte ataque a la figura del juez instructor. Como sostienen desde un principio, plantearon que no fue imparcial sino que actuó impulsado por una supuesta amistad con el mánager de boxeo Luis Paz, el padre del "Fantasma". Se enfocaron en dos viajes a Estados Unidos que el juez realizó, con los mismos destinos que Paz, para presenciar veladas pugilísticas en abril y diciembre de 2013.
Hablaron también de un contexto político que reclamaba más acción contra el narcotráfico durante el gobierno de Antonio Bonfatti, golpeado tras la caída del jefe de policía Hugo Tognoli por tráfico de drogas. En una estrategia de ruptura, no pidieron absoluciones sino que atacaron la legitimidad del juicio. Consideran que todo parte de prueba viciada, que todo es nulo.
La tribuna
Esa batalla jurídica tuvo momentos álgidos. La palabra "objeción" sonó con insistencia agotadora, lo que llevó a disputas tecnicistas que aletargaron el debate. Sin público en la sala por cuestiones de seguridad, el juicio siguió su propio libreto pero atento al nutrido grupo de cronistas que lo seguía desde el balcón. Las pruebas se ventilaban para el análisis estricto que harán los jueces Ismael Manfrín, Marisol Usandizaga y María Isabel Más Varela. Pero también como ofrenda al palco asignado a la prensa.
A los que cargan con el mote de Los Monos, curiosamente, casi nadie los llamó así. Sí lo hicieron sus abogados en sus alegatos, cuando plantearon que la causa erigió a sus clientes en "enemigos públicos" y en una suerte de encarnación del mal que justificó una caza de brujas. Los testigos policiales se cuidaron de llamarlos bajo ese rótulo que trascendió los límites de la ciudad. Aludieron al grupo como "Los Cantero", a secas.
Así, el tardío juicio para definir la situación del grueso de los acusados (otros once imputados ya pactaron penas que rondan los tres años de prisión en un abreviado de 2014) transcurrió sin grandes sorpresas. Aunque ofreció episodios atractivos para el consumo público (la declaración de Luis Paz) o de impacto institucional (los dichos del comisario Gustavo "Gula" Pereyra el último día) los ejes del debate no se corrieron de lo previsto. Estos fueron algunos momentos destacados de esos 21 días:
• Comedia de enredos: No faltaron equívocos de comedia. Estaba por finalizar la declaración de Luis Paz. Un hombre que lo había escoltado hasta la sala escuchaba la declaración de pie, casi de incógnito, al lado de los tres jueces. De pronto el abogado Sergio Larrubia interrumpió a Paz para decir que una persona citada como testigo estaba dentro de la sala cuando las normas del juicio oral lo prohíben. Es que ese hombre era el ex jefe de la Tropa de Operaciones Especiales (TOE), Adrián Forni, que acompañaba a Paz como encargado de la brigada de protección de testigos. Se tuvo que ir de la sala.
El 13 de diciembre llegó a declarar Alejandro Elías, director de Análisis Patrimonial del Ministerio de Seguridad, para dar cuenta de un informe sobre las propiedades que la familia Cantero tenía a su nombre y de testaferros. Cuando el juez Manfrín lo llamó a la sala, se informó que el testigo había tenido un "entredicho" con un policía. Inexplicablemente, había entrado a otra sala donde el público sigue el juicio en pantalla y presenciado las declaraciones anteriores, cuando los testigos deben permanecer incomunicados antes de declarar. Se admitió que reconozca su firma en el informe.
El 18 de diciembre los jueces llamaron a declarar al testigo Fabricio Rafael F. El secretario del tribunal contó entonces que al citarlo por teléfono había obtenido esta respuesta: "Tengo 90 años. Yo no conozco a esa gente, ni siquiera de los diarios. Vaya a molestar a otra persona". La carcajada general comenzaba a apagarse cuando, sorpresivamente, el testigo entró en la sala sin un atisbo de vejez. Joven, enérgico, dispuesto, se acercó al micrófono y aclaró el enredo: "Soy abogado y trabajo en la policía. Me llamo igual que mi papá".
• El padre del Fantasma: El testimonio público de Luis Paz era de los más esperados. El padre de Martín "Fantasma" Paz, cuyo asesinato dio origen a la causa, llegó el 5 de diciembre ultra custodiado y dijo que ansiaba el momento de declarar: "Perdí media vida. La otra media la voy a ocupar en demostrar que mi hijo no se quedó con ninguna plata".
Es que, según la hipótesis policial, Los Monos habrían ordenado el crimen porque le habían entregado a Martín 10 millones de pesos para la compra de autos que éste invirtió en un cargamento de cocaína confiscado en Salta. "Hay 200 homicidios por año en Rosario, y no lo puedo probar, pero la mitad pertenece a esta gente. Tienen que estar contentos de que sólo les endilgan cuatro o cinco. Han matado a medio Rosario".
• El ventilador de "Gula": Es el policía de mayor rango entre los 13 acusados. El comisario inspector Gustavo "Gula" Pereyra tenía a su cargo una brigada que recolectaba datos de calle para la disuelta Secretaría de Asuntos Complejos. En una causa aparte, sus ex jefes Ana Viglione y Andrés Ferrato fueron acusados por mentir sobre las tareas que realizaba "Gula". El jefe policial esperó a la última audiencia para despacharse con una declaración de alto impacto: "La Brigada de Judiciales (que investigó a Los Monos) estaba recaudando y los querían poner a Luis Medina (empresario narco asesinado) y Esteban Alvarado (preso por robo y desguace de autos) para que manejaran todo. Pero (desde el gobierno) había que sostener a diestra y siniestra a la Brigada. Políticamente había dos líneas: Una que quería recaudar y otra que no. Se ve que ganó una y sacrificaron a los peones".
• Cruces : Celebrado por referentes del Ejecutivo provincial como "el fin de la impunidad", el juicio generó más de un cortocircuito de los implicados con el arco oficialista. "Es muy grave que los presos decidan su lugar de detención", dijo el ministro de Justicia Ricardo Silberstein el primer día. Los abogados de Los Monos le dijeron que intentaba llevar al tribunal "contra el alambrado".
Sobre fin de año, el ex gobernador Antonio Bonfatti salió al cruce del comisario "Gula" Pereyra: "Que tiren caca para todos lados. Estoy tranquilo. No me preocupan las declaraciones de quienes recibieron pedidos de prisión de 40, 30 y 25 años, que recusan a los jueces, que atacan a la procuración de la Corte, al juez, a mí. Están presos por asociación ilícita, por crímenes, por tenencia de armas de guerra".

Un yerno del "Viejo" Cantero cayó en barrio Las Flores por un homicidio

Written By Charles Francis on 12 agosto 2017 | 13:59

Un yerno de Ariel "Viejo" Cantero fue detenido ayer a la tarde en el barrio Las Flores como sospechoso del asesinato de Eduardo Sebastián Oviedo, baleado en marzo pasado en el barrio Saladillo.

Fuentes policiales lo identificaron como Lucas P., quien en las próximas horas será imputado por la fiscal de Homicidios Georgina Pairola.
Desde un auto
Oviedo tenía 20 años y vivía en barrio La Granada. A las 15.40 del viernes 3 de marzo caminaba en compañía de un familiar por Regimiento 11 al 500 cuando, según el relato de testigos, apareció en escena un Fiat Siena rojo con dos ocupantes. Algunos vecinos vieron cómo un brazo se asomaba por la ventanilla esgrimiendo un arma negra y se escucharon tres disparos.
   Con dos balas calibre 9 milímetros en el pecho, Oviedo corrió unos 50 metros hasta caer malherido frente a la plaza Las Heras, donde murió antes de que llegara una ambulancia que según vecinos se demoró más de media hora.
   En ese momento fuentes policiales refirieron una vieja disputa entre Oviedo y quien le había disparado, una persona que fue reconocida por el muchacho que acompañaba a la víctima al ser baleada. Según relató una vecina a este diario, el familiar de Oviedo le contó que en el centro de salud habían visto a quienes les dispararon.
   "Me dijeron que los tiros estaban destinados al muchacho que salió ileso, no al chico que murió. Y que la persona que vieron en el hospital, el que disparó, ya lo había amenazado con matarlo", relató una mujer que intentó en vano reanimar al herido.
Resistencia
Ayer a la tarde personal de la División Investigaciones Criminales y Judiciales de la Tropa de Operaciones Especiales (TOE) detuvo a Lucas P., quien fue presentado como "pareja de una de las hijas" del Viejo Cantero, uno de los líderes de la banda de Los Monos.
   Los voceros consultados señalaron que Lucas P. tenía pedido de captura como sospechoso del crimen de Oviedo y detallaron que fue detenido en horas de la tarde en inmediaciones de Caña de Ambar y España.
   En ese lugar una brigada de la TOE "estuvo observando los movimientos del hombre hasta que éste salió de una vivienda a bordo de un auto. Desde ese momento comenzó a ser seguido de cerca por los investigadores quienes lo interceptaron a pocos metros", señalaron desde el Ministerio de Seguridad de la provincia.
   Según las fuentes, Lucas P. intentó esquivar la acción policial acelerando el vehículo y luego incluso forcejeó con un efectivo de TOE para evitar su detención. Los voceros agregaron que el personal policial "tuvo que retirarse rápidamente del lugar ante la hostilidad de los vecinos".

Guerra por el planeta de los monos

Written By Charles Francis on 10 agosto 2017 | 12:28


“Los Monos. Historia de la familia narco que transformó a Rosario en un infierno”, de Germán de los Santos y Hernán Lascano, indaga en la historia reciente del clan Cantero no sólo la violencia que se desplegó en la ciudad, sino el modo en que toda esa trama criminal ingresó en la economía formal.

En la fundación de Roma –siete siglos antes de Cristo, según la leyenda–, Rómulo traza los límites de la ciudad y ordena que nadie los traspase. Pero su hermano Remo lo desafía, cruza los límites, hay una pelea y Rómulo termina matando a su mellizo. Roma se erigirá sobre la tumba donde yace Remo. La ciudad, cuna de la civilización, nace en ese crimen originario. Para decirlo con un concepto más moderno: no hay acto de civilización que no lo sea también de barbarie.

La historia de Los Monos, que Germán de los Santos y Hernán Lascano siguen a través de varios hilos en su libro “Los Monos. Historia de la familia narco que transformó a Rosario en un infierno” narra lo que podríamos llamar la refundación de Rosario a comienzos de los 2000, cuando comienzan a expandirse las cocinas de cocaína en manos de grupos criminales familiares, con la complicidad de policías –la mitad de los 25 procesados por la causa son agentes policiales de rangos medios y altos– y empresarios que inyectaron el dinero sucio, ensangrentado de la droga a través de inversiones que van desde autos de alta gama hasta la compra de propiedades.

“Los monos”, la historia del clan Cantero que narran De los Santos y Lascano es también el dibujo de un mapa de la ciudad, de sus límites y su tolerancia: la violencia que generó el narcotráfico a través de bandas criminales comenzó a ser un dolor de cabeza para las autoridades políticas una vez que los muertos comenzaron a salpicar las veredas del centro: el Fantasma Paz en Corrientes y 27 de Febrero; el Quemadito Rodríguez en Pellegrini y Presidente Roca.

Sin embargo, para cuando esos muertos asaltaron la vista de los ciudadanos respetables de la zona céntrica –donde la tasa de homicidios es equivalente al de algunas ciudades europeas– en la zona sur, en los barrios La Tablada y Las Flores, donde se concentraba la actividad de Los Monos, ya había muerto un tendal de de jóvenes que, a falta de perspectivas, habían abrazado la causa y la economía narco; además de los inocentes que quedaban en medio de los disparos.

Entre los caídos de esas zonas donde las crisis sociales y económicas encuentran sus primeras víctimas, el libro también cuenta a las familias desplazadas porque los narcos se apropiaban de sus casas para usarlos como búnkeres de venta de drogas.“Cuando los flujos económicos allí generados se insertan en la economía –leemos en la página 259–, las marcas de sangre dejan de verse”.

El libro, escrito por dos periodistas que siguieron el caso incluso antes de que se visibilizara en medios nacionales, se detiene en más de una ocasión en esos detalles, acaso lo más político de un relato que comienza con la escena en la que el Pájaro Cantero, líder de la banda, encuentra la muerte en un boliche de Villa Gobernador Gálvez, el 26 de mayo de 2013, desatando una guerra feroz que sembró de muertos las calles de Rosario.

De los Santos y Lascano hurgan en la causa judicial, escuchan a testigos, a funcionarios judiciales y policiales, se encuentran con las escuchas telefónicas. Como en la serie “The Wire” (su creador, David Simons, un ex periodista de Baltimore, conversó con el presidente Barack Obama en la Casa Blanca acerca de la inutilidad de la guerra contra las drogas luego de ganarse el respeto con el planteo de la serie televisiva) los investigadores judiciales incursionaron en la escucha telefónica para conocer cómo funcionaba la banda y sus relaciones con la policía, que despejaban la zona, avisaban cuando los buscaban y permitieron así que Los Monos desarrollaran el negocio.

“Los búnkeres son el modelo de fuerza de ventas que proliferó en Rosario cuando el auge de las cocinas locales, a inicios del nuevo siglo, multiplicó la disponibilidad de una cocaína más abundante y más económica”, leemos en la página 103.

En Los Monos, que no son la única banda, se visibiliza el funcionamiento de todas: la complicidad policial, la pelea por el territorio a través de sicarios, el traslado de de droga y productos para “estirarla” a través del río y las rutas nacionales 34 y 11, que llegan al norte del país y a Bolivia y Paraguay, desde donde provienen los mayores cargamentos.

Entre las pocas causas que tiene el Viejo Cantero, padre del Pájaro y patriarca de la familia, figura una federal por tráfico de marihuana pero en Itatí, Corrientes, en 1999. “Pasaron 18 años –nos anota Germán de los Santos– desde que al Viejo Cantero lo apresan por primera vez por una causa federal. Es en la YPF de Itatí (que ahora es una Axion), lo detienen en un Ford Escort con 70 kilos de marihuana. Y él declara ante la justicia que sólo había ido a darle gracias a la Virgen porque se había podido comprar su primer auto”.

Violencia y política

“Creo que los dos teníamos como intención hacer un libro –nos dice Hernán Lascano– que pudiera contar la violencia descomunal y con visos teatrales que existió en los hechos de esta historia reciente de Rosario. Nos interesaba eso porque hay una trama sangrienta llena de matices originales que facilitan una narración atractiva, porque ese atractivo está en los elementos de la realidad, más que en la calidad de la escritura. Pero no queríamos que esa oleada de hechos muy brutales se volvieran lo más importante. La historia que queríamos contar pasaba por cómo la violencia era un instrumento para asegurar negocios económicos”.

En el séptimo episodio de la primera temporada de la serie televisiva “Ozark”, la maestra les pide a sus alumnos de 12 años que firmen un documento en el que se comprometen a decirle no a las drogas. Pero Jonah, cuyo padre es un contador que huye de un cartel de drogas para el que lava dinero, le dice si puede pensarlo. “¿Qué es lo que hay que pensar?”, le espeta la maestra. “La economía de todo este asunto –comienza el niño–; ¿no pretenderá que firme algo en lo que no creo, verdad?”. Y la maestra: “¿No piensa que es importante decirle no a las drogas?” “Bueno, no es tan simple –continúa el niño–. Es cierto que las drogas son adictivas y llevan al crimen y la muerte, pero también impulsan la economía de Estados Unidos. Digamos que firmaría algo que dijera ‘Sería grandioso que la gente no sea adicta a las drogas’. Pero la gente es adicta a las drogas y debe comprarlas, ¿no? Hay una teoría que dice que el dinero de la droga fue lo único que previno el colapso de la economía global en 2008; ya sabe, cuando explotó la burbuja inmobiliaria, porque el dinero de la droga era el único efectivo disponible para apuntalar a los grandes bancos, sin mencionar los 350 millones de dólares con los que se pagaron puentes, caminos y servicios de salud. Incluso hasta educación, tal vez hasta parte de esta escuela”.

Lo que el niño expresa, si bien es una teoría, describe el efecto que la economía del narcotráfico produce en los barrios, donde hay una respuesta económica para algunos jóvenes y vecinos, y en la ciudad, en la que respetables concesionarias de autos, firmas financieras y desarrolladores inmobiliarios que nunca pisaron el barro de La Tablada, La Granada o Las Flores, en zona sur, se encuentran con montañas de dinero. “La plata llegaba en bolsas de consorcio negras, en billetes ajados de baja denominación, con el humano olor a escoria del dinero”, leemos en una de las páginas de “Los Monos”.

Desde la operatoria de los sicarios, jóvenes que se desplazaban en moto con armas que iban desde pistolas 9 milímetros hasta ametralladoras poderosas, hasta la historia casi legendaria de dos departamentos alquilados sólo para ser llenados de billetes, cuidados por soldaditos en pleno centro de Rosario, hasta el seguimiento de un testigo por los pasillos de Tribunales: el libro despliega ese laberinto de límites que es la ciudad y los expone allí, en su realidad más brutal, el dinero y la sangre; “el dinero que es la sangre del pobre”, como decía en sus diarios –ahora que el papa vuelve a citarlo– León Bloy.

“La violencia es una herramienta que usan las organizaciones criminales, por precarias que sean –dice Lascano–, para cimentar su estructura de negocios. Me parece que Los Monos tienen dos distintivos en ese sentido. Por un lado, un uso eficaz de la violencia, que aterroriza a rivales, los saca de competencia, impone respeto y una forma de regulación del territorio. Lo otro que los distingue es una asociación estratégica con la policía que le facilita ese predominio. Lo político pasa por ahí, no por ver a la violencia como un recurso en sí mismo –si bien tal vez aporte agilidad a la trama y detalles que ayudan a la lectura. Lo político es ver que hay un negocio que vertebra todo. Porque el comercio ilegal del búnker entra de lleno en la actividad económica donde están los factores de poder real.

La plata de Los Monos está en concesionarias, en inmobiliarias, en estudios de contadores, escribanos, abogados y arquitectos, en financieras. Esta última parte queda invisibilizada o por debajo de los hechos de violencia, y sacarla de ese lugar recóndito era nuestro objetivo. A estos ámbitos de negocios y de poder formal se los interpela poco. En general vamos por el foco que es el hecho violento. Nadie quiere saber nada con limpiar la sangre de las veredas. Pero con esos crímenes se genera rentabilidad que es captada por la economía formal. Y esta parte no genera sobresalto”.

Civilización y barbarie

En el prólogo a “Los Monos” Osvaldo Aguirre recupera el mote con el que Rosario ganó los titulares de la prensa nacional en la década del 30: “la Chicago argentina”, nacido primero del próspero mercado de granos que tenía su centro en el puerto de la ciudad y luego, cuando se ganó las calles la guerra entre Chicho Grande y Chicho Chico (Juan Galiffi y Francisco Marrone).

“Los narcotraficantes –escribe Aguirre, uno de los escritores rosarinos que más estudió la historia criminal de la ciudad– son inversores cuidadosos de su dinero y consumen bienes suntuarios que el sentido común eleva como sus objetos más preciados, (…) también la violencia y el afán de lucro de las organizaciones criminales aparecen como un reflejo exasperado de tendencias más generales, que pasadas en limpio en otros ámbitos son valores de la sociedad y justificaciones de su ordenamiento. La identidad de Rosario cristalizada en el apodo ‘la Chicago argentina’ asocia así el desarrollo económico con la expansión criminal, en una sola moneda”. 

En su “Breve historia del neoliberalismo” David Harvey explica cómo en las grandes ciudades la especulación inmobiliaria convirtió a la tierra en un bien de intercambio, desplazó a grandes barriadas de sus zonas históricas para ganarles valor, las “gentrificó”, las convirtió en barrios de lujo con el 25% de sus viviendas ocupadas, y marginó a esa gente que antes los habitaban a zonas donde el único recurso, la única economía, es el narcotráfico.

Los Monos, con su nombre pre-civilización, provenientes de una barriada que la dictadura escondió para que los turistas que llegaban al Mundial 78 no vieran la miseria, la gigantesca desigualdad que generaba su política económica –De los Santos y Lascano no ahorran ese dato–, encajan en ese diagrama en el que el acto de barbarie parece desplazar al de civilización, cuando es en realidad al revés: “Estos instantes recientes y dispersos en el trazado urbano –leemos en una página cerca del final del libro– están organizados en una misma trama. Ocurrieron en un tiempo que la ciudad, a fuerza de una negación de lo que está a la vista, no estuvo preparada para comprender.


Cuando la violencia estalla, las preguntas aturden a los funcionarios del Estado, a las fuerzas empresarias, a los vecinos comunes. ¿Dónde se incubaba esta desmesura? ¿Cómo se vuelve rutinario que sicarios en moto maten gente bajo el sol? ¿Por qué pasó todo de golpe? ¿Qué se desmadró en una ciudad de fuerzas económicas multifacéticas, con una universidad poderosa y vida cultural desplegada?”

HISTORIA DE UNA BANDA

 
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