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Ciudad blanca, crónica negra.

Written By Charles Francis on 18 agosto 2014 | 21:53



Ciudad blanca, crónica negra.
Narcotráfico, capitalismo y etapa superior del imperialismo
Por Carlos del Frade
delfradec@ciudad.com.ar

Lo que sigue es el prólogo del nuevo libro de nuestra autoría Ciudad blanca, crónica negra. Postales del narcotráfico en el Gran Rosario, Santa Fe, Córdoba y Buenos Aires. Capitalismo y etapa superior del imperialismo que será publicado durante 2014.
“Voy a vivir hasta los 21 años. Nada más. Esto lo tengo claro.
Mi vida pasa por un par de buenas llantas (zapatillas), tener cargada la tarjeta del celular y poco más.
Lo único que te pido es que si me decís algo, cumplilo”, dice el pibe que no llega a diecisiete años y es de un barrio explotado de los arrabales rosarinos.

Mientras los grandes medios de comunicación y las redes sociales afirman que la expectativa de vida llega hasta pasados los setenta años, ese avance científico no llega a muchas pibas y muchos pibes de estas regiones.
No le hablen de lo que está mal ni de lo que está bien.
El muchacho sabe que lo van a matar a los 21 años. Que tener 30 es ser un viejo en su mundo, en su universo cotidiano.

Ellos no leen los libros que escribimos, ni los diarios donde publicamos ni tampoco escuchan nuestros programas de radio y ni ven nuestros proyectos televisivos.
¿Qué hacemos nosotros ante esta realidad?
En esa confesión hay, sin embargo, una secreta esperanza.
Una vieja consigna que se hace carne en un pibe que no tiene proyecto.
“Si me decís algo, cumplilo”,  pide el muchacho.
El viejo valor de la palabra.
Casi un mito fundacional de aquella Argentina de nuestros viejos.
Este chico desesperado, que espera la muerte a los 21 años, necesita tener cerca a alguien que le cumpla lo que le dice. He allí una señal de transformación.

Desde lo cercano, pelear cada uno de los chicos, cada una de las chicas para que no sean soldaditos, sicarios o consumidores consumidos.
El primer tomo de Ciudad blanca, crónica negra. Historia política del narcotráfico en el Gran Rosario, fue escrito en el año 2000 y daba cuenta de las informaciones que venían acumulándose desde los años setenta en la provincia de Santa Fe.
El libro se agotó y, según dijeron las librerías y los pibes en distintas escuelas de la ciudad, tuvo una especial repercusión en los barrios del Gran Rosario.

Esa también fue una señal del proceso de democratización no solamente del consumo de sustancias psicoactivas sino también de las disputas, a veces mortales, por el dominio de una esquina para vender droga.
Sacerdotes como Edgardo Montaldo, Joaquín Núñez y Néstor Negri, ya a finales de los años noventa, denunciaban la ferocidad que alcanzaban esas peleas. La Conferencia Episcopal Argentina recién habló del narcotráfico como serio problema social a fines de 2013 porque el cardenal Jorge Bergoglio se había convertido en el Papa Francisco I y con sus gestos dejó muy atrás a la permanentemente conservadora cúpula eclesiástica.
En aquella investigación aparecían los registros de exportación de cocaína hacia Europa, el testimonio de un narco holandés que hablaba de la sociedad de las entonces principales bandas con nichos corruptos de las fuerzas de seguridad y hasta la jueza Laura Cosidoy decía, por primera vez, que el dinero del grupo de Salerno fue para la campaña de Menem presidente.

Eran tiempos de gobiernos justicialistas en la provincia. Su responsabilidad es manifiesta a la hora de pensar por qué no descabezaron esos espacios de corrupción.
En forma paralela, la evolución de los negocios en complicidad con los gobiernos nacionales se hicieron evidentes con el lavado de dinero permitido, primero a través de la quiebra del ex Banco Integrado Departamental (mil millones de dólares, la mayor estafa financiera de la Argentina), la entrega del Banco Provincial a narcolavadores como los hemanos Rohn y la privatización de las aguas del Paraná y las terminales del puerto rosarino que produjeron muelles donde entra y sale cualquier cosa porque no hay nada que los controle.
Capitalismo puro. Negocios que se hacen desde arriba hacia abajo.

Un ex comisario de la policía federal a cargo de la delegación de Drogas Peligrosas, todavía en la calle avenida Francia y 3 de Febrero, en Rosario, Oscar Álvarez, se animó a decir que la mayoría de la droga entraba y salía por los puertos privados del Gran Rosario.
Recién en el año 2013, la Auditoría General de la Nación confirmó aquello con un informe que destacaba la ausencia de verificaciones en los puertos de Buenos Aires, Ramallo, San Nicolás, Rosario, San Lorenzo y Puerto San Martín. Y hasta la interesada DEA marcaba la región, a principios del tercer milenio, como uno de los más importantes lugares por donde pasaba gran parte del flujo narco hacia el continente y rumbo a Europa.
Esos negocios de delincuentes blancos preparaban el territorio allí donde la geografía había cambiado por el saqueo planificado durante décadas.

La ciudad obrera, portuaria, ferroviaria e industrial ya no existía. En los barrios, donde había comercios, pequeñas industrias y empresas, solamente había desesperados que buscaban algún trabajo para sobrevivir. Zafar reemplazó al verbo vivir.
Y no hubo tampoco palabras que explicaran el dolor de ya no ser [1].

Ninguno de los grandes partidos políticos de la provincia ni de la ciudad intentó comprender lo que se vivía en esas calles donde antes se abrían las puertas para los pibes y las pibas que terminaban la secundaria. Ya no estaban más, ya no están más. De allí que la región fuera la capital de los saqueos en 1989 y su consecuencia fuera la satanización del barrio Las Flores, producida por los grandes medios de comunicación de la ciudad que, obviamente, están en el centro. Muchos años después se ven esas consecuencias culturales: las chicas y los chicos de las escuelas secundarias de Las Flores sienten que valen menos que cualquiera de otro barrio. Este cronista escuchó esa confesión a días nada más del asesinato de Claudio “el Pájaro” Cantero, al mismo tiempo que otros pibes decían que “gracias” a Los Monos el barrio “ahora era más respetado”. Quizás algo de eso se refleja en el mural dedicado al asesinado referente del grupo narco más poderoso de la región a menos de tres cuadras del colosal casino de Cristóbal López.
En aquel libro, también, se hacía alusión a que había chicos que ingresaban con graves cuadros de intoxicación al Hospital de Niños Víctor J. Vilela por haber consumido kerosene.

No hubo reacción política ni tampoco demasiada acción judicial, ni provincial ni federal.
Rosario fue presentada en los medios de comunicación nacionales, los que en este país unitario imponen la visión de Buenos Aires a toda la geografía argentina, como capital nacional de los saqueos, de la desocupación y -en tiempos del menemismo rubicundo- de la protesta o los paros.
Hasta el día de hoy se escucha en las tribunas futboleras el cantito de las hinchadas de Capital Federal gritando: “Los gatos no se comen…”, en alusión a aquella imagen que Canal 13 mostró en una región del sur rosarino, entre Las Flores y La Tablada, hacia 1995.

Este libro recupera parte de aquella historia y le agrega la crónica de los últimos dos años cuando la región pasó a ser considerada la capital nacional del narcotráfico, una etiqueta que duele y molesta a las mayorías que seguimos insistiendo en los valores del trabajo, la educación y el esfuerzo como sinónimos de una realidad mejor para nuestras hijas.

El triple crimen de Villa Moreno, el primero de enero de 2012; la denuncia y posterior detención del jefe de la policía provincial, Hugo Tognoli, a partir de octubre de aquel año; los intentos de saqueo de diciembre protagonizado por extrañas bandas dedicadas a la comercialización de estupefacientes; la presentación ante la cámara de diputados de una investigación periodística (febrero de 2013) donde por primera vez se decía públicamente el nombre de los cuatro principales grupos narcos de la región y la forma con que Luis Medina había lavado dinero a través de cuatro empresas legitimadas por los organismos estatales municipales y provinciales; el asesinato del Pájaro Cantero y su secuela de crímenes en mayo y junio de 2013; la desarticulación de la cocina de cocaína de Delfín Zacarías en Funes y con ramificaciones en San Lorenzo, Granadero Baigorria y Rosario; el atentado contra la vida del gobernador Antonio Bonfatti, el principal de la democracia argentina desde la recuperación en 2013; el asesinato de Luis Medina y dos integrantes de la familia Bassi en la ya estragada Villa Gobernador Gálvez; el paro de la policía de diciembre de 2013 que también incluyó la participación de narcopolicías; la tasa de homicidios más alta del país; las permanentes amenazas contra el ministro de seguridad Raúl Lamberto, el juez Juan Carlos Vienna y el fiscal Guillermo Camporini más el increíble seguimiento del automóvil del secretario de seguridad, Matías Drivet; generaron conciencia sobre la evolución de un negocio mafioso que creció en los últimos 25 años gracias, entre otras cosas, a la mirada complaciente del poder político, judicial y legislativo, en la ciudad y la provincia y le imprimieron una evidente particularidad a la geografía santafesina.

Por eso este libro también avanza en algunas consideraciones sobre lo que hoy sucede en Córdoba, cuyo presente también es hijo de lo que no se quiso escuchar en torno al por qué mataron a Regino Maders, el 6 de setiembre de 1991, cuando denunciaba el narcotráfico como negocio fomentado desde el propio gobierno provincial.
O los números que muestran la realidad de los pibes en La Plata y el Gran Buenos Aires, como víctimas de una estructura económica que no puede pensarse sin la complicidad política, no solamente policial.
El narcotráfico es el ciclo capitalista actual de acumulación de dinero fresco e ilegal y que alimenta otras actividades. Y junto a las armas conforman esa manera de concentrar efectivo sin rendir cuentas a nadie.

Hay muchas armas y mucha droga entre los pibes y el pueblo en general porque así se mantiene el sistema.
Luchar contra el narcotráfico es luchar contra el capitalismo. Algo que suena estúpido a la hora de tomar conciencia del  objetivo de los grandes partidos políticos nacionales. Pero este cronista está convencido de la honradez y de las ganas de hacer las cosas bien que existen en los distintos gobiernos: nacional, provinciales y municipales.
El problema es que deben denunciar la corrupción política que tienen adentro para avanzar, por lo menos, en la lucha contra los engranajes estatales de la mafia. Y eso se hace difícil porque especulan con el costo político en las siempre presentes próximas elecciones.

El narcotráfico ha convertido a la Argentina en el tercer exportador de cocaína hacia Europa y primer consumidor de esa sustancia en toda América en proporción de habitantes. Por las fronteras, allí donde está la promocionada Gendarmería, ingresan toneladas de cocaína sin mayores controles.
Una historia que, como demostraba el primer libro y amplía la presente investigación, comenzó con Leopoldo Fortunato Galtieri cuando era comandante del Segundo Cuerpo de Ejército, con asiento en Rosario y jurisdicción sobre las provincias de Santa Fe, Chaco, Formosa, Misiones, Corrientes y Entre Ríos.

Pero volver a la particularidad de la provincia de Santa Fe exige preguntar por qué no se tuvieron en cuenta las páginas judiciales que -luego del asesinato de Sandra Cabrera (27 de enero de 2004) y el de Abel Beroiz, tesorero de la Federación de Trabajadores Camiones liderada por Hugo Moyano (27 de noviembre de 2007)- decían que el narcotráfico estaba manejado por narcopolicías vinculados a funcionarios políticos.

Mientras este libro termina su redacción, la confirmación de un complot, para terminar con la vida del juez Juan Carlos Vienna, del fiscal Guillermo Camporini y del policía Luis Quebertoque, remarca el nivel de osadía de las bandas mafiosas que actúan en la provincia, solamente comprensible por tantos años de impunidad, complicidad e indiferencia desde los gobiernos democráticos de distintos partidos políticos.
A 38 años del golpe genocida, es necesario pensar en quiénes fueron las víctimas y quiénes los victimarios y por qué. “Hicimos el golpe para defender el capital y la empresa privada”,  dijo Ramón Genaro Díaz Bessone, comandante del segundo cuerpo de ejército durante el 8 de setiembre de 1975 y el 12 de octubre de 1976 cuando fue reemplazado por Galtieri. Esa frase la planteó en el edificio de la Bolsa de Comercio de Rosario, en Corrientes y Córdoba, donde cientos de empresarios los aplaudieron de pie en octubre de 1977.

La mayoría de las víctimas fueron jóvenes trabajadores con ideas revolucionarias que podían sintetizarse en que la felicidad fuera patrimonio de todos y no la propiedad privada de unos pocos.
Casi cuatro décadas después, el capital y la empresa privada tienen formas legales e ilegales para multiplicarse, una de ellas, el narcotráfico; y los pibes, una vez más, son las víctimas fundamentales.
No fue casual. La recuperación económica de la región, a partir de 2005, según coinciden estudios de la Universidad Nacional de Rosario y del Litoral, entra otras, generó un cambio de perfil: ciudad de servicios, el famoso boom inmobiliario, exportaciones sojeras y recuperación industrial vinculada a lo agrícola.
Rosario, lugar estratégico desde lo geográfico, pasó a ser uno de los principales lugares por donde circulaba la mayor cantidad de dinero. Y, según se desprende de este trabajo, la mayor cantidad de dinero incluye la mayor cantidad de dinero ilegal.

Por otra parte, la investigación del doctor Vienna define que el poder de Los Monos se constituyó a partir de la instalación de un gobierno de facto en los barrios La Granada y Las Flores. Leyes propias, violencia permanente, miedo y silencio. Un gobierno ilegal que se construyó mientras existían gobiernos legales, municipales y provinciales que, claramente, miraron para otro lado.
“Quiero hacer uno sí o sí. Tanto sea Salchicha o comerme un traidor. Ese Judas hijo de puta, averiguame todo que les mando a los pibes”,  dice Arón Treves, detenido en Coronda, uno de los que planeaba matar al juez Vienna y al fiscal Camporini. La frase es emblemática: “…les mando a los pibes”. Los pibes como sinónimos de sicarios. Esa es la urgencia que plantea el narcotráfico.

Y no parece que haya recuperación del sentido existencial para los pibes con gendarmes y policías, sino con escuchas atentas, escuela, trabajo, deporte, cultura y alegría bien cerquita de ellos. Porque esa solución “coordinada” entre los gobiernos de Santa Fe, Córdoba y Buenos Aires con el nacional de poner gendarmes en las grandes ciudades no es más que cumplir el proyecto de Ronald Reagan de julio de 1988 y que luego se convirtió en el Plan Colombia, el plan Mérida en México y la permanente presencia del ejército en Río de Janeiro y San Pablo.
El resultado de esa política de seguridad ciudadana implementada por Estados Unidos generó y genera miles de muertes jóvenes, crecimiento del narcotráfico y negocios inmobiliarios varios. De allí que nuestra idea es que este ciclo de acumulación y circulación de dinero fresco que es el narcotráfico también funciona como nueva etapa del imperialismo: control social sobre los pueblos del continente para garantizar que nunca más se produzca un enamoramiento masivo con la idea de la revolución.

La esperanza está en volver a hacerle sentir a miles y miles de pibes argentinos que tienen derecho a soñar, a reír, a enamorarse y que trabajar no es una gilada [2] ni una pérdida de tiempo.
Y esa es una pelea cotidiana, cercana, afectiva y profundamente política y rebelde. Porque así como no hay que naturalizar lo malo, tampoco hay que naturalizar lo bueno: miles y miles de maestras y maestros, trabajadores sociales, médicos, psicólogos, artistas, mujeres y hombres, todos los días en cada rinconcito de esta fenomenal geografía argentina ponen el oído, la caricia, la palabra y el proyecto para que chicas y chicos no sean mandados por distintos explotadores.
En ellos está el presente mejor.
Es urgente reparar en ellos.
Y también es imprescindible denunciar con nombre y apellido a los mafiosos y sus cómplices, sin pedir permiso a ningún poder para hacerlo.
Nuestros pibes, nuestras hijas necesitan algo más que cantarle el feliz cumpleaños y apagar las velitas de la torta.
Todavía estamos a tiempo.

La Narco-Santafesina. Por Carlos del Frade

Written By Charles Francis on 26 marzo 2014 | 18:09

Dos mil veces creció la cantidad de cocaína secuestrada, según las cifras oficiales de la provincia de Santa Fe. En forma paralela, decenas y decenas de jóvenes fueron asesinadas en las barriadas de las principales ciudades de la provincia que lidera el socialismo. En estos 24 años el narcotráfico se ha metido en los distintos pliegues del Estado con complicidades en ejecutivos, con legislativos que no denuncian y con tribunales que penalizan a los perejiles. La consigna del momento narcomafias o democracia.


* por Carlos del Frade, periodista. 

Norma, Gabriel y Hugo.

-Ahora yo tengo todas las cartas en las manos, le dijo el flamante jefe de La Santafesina SA, Hugo Tognoli, a Norma Castaño, en los pasillos del Ministerio de Gobierno de la ciudad capital del segundo estado argentino.

La señora, mamá de Gabriel, adicto desde hacía años, lo había denunciado por suministrar información a los narcos de su barrio y cajonear distintas averiguaciones que lograron junto a las demás mujeres con las que conformaron“Madres Solidarias”. Para ella fue una amenaza. Sintió que le decía que ahora él tenía el poder real y que podía hacerle cualquier cosa. A ella o a su hijo.

Tognoli asumió como titular de la Dirección General de Drogas Peligrosas de la Policía de Santa Fe en el año 2008, durante la administración de Hermes Binner. Dos años después su nombre ya figuraba entre los policías vinculados al narcotráfico, aquellos que protegían a los que convertían a pibes como Gabriel en consumidores consumidos.

-Lo fuimos a ver para ponerle en conocimiento de lo que estábamos haciendo y pedirle que detuviera a los vendedores barriales. Nos dijo que si, que nos fuéramos tranquilas, pero luego veíamos que cada vez vendían más y andaban en mejores autos…-repitió Norma por estos días luego de conocida la investigación de la Policía de Seguridad Aeroportuaria que hace centro en Tognoli como potencial beneficiado de una red de trata de personas, por un lado, y otra vinculada al narcotráfico.

-¿Cuánto querés para retirar la denuncia contra Tognoli? –fue la pregunta directa de un dealer.

“Nosotras le llevábamos denuncias de los vendedores barriales”, pero Tognoli en vez de detenerlos “les cobraba una cuota y después éramos amenazadas por los narcos porque los habíamos denunciado”, afirmó la santafesina.

-Necesito drogarme, mamá. Pero no voy a robar…-le decía Gabriel a Norma Castaño mientras lloraba abrazado a ella. Lejos del lugar, Tognoli se convertía en jefe de La Santafesina SA. Esta es la expresión individual de una trama que tiene, por un lado, un fenomenal crecimiento económico y, por otro, la cuenta negra, la sangre joven derramada en los barrios de las principales calles de las ciudades santafesinas.

Las estadísticas oficiales santafesinas sostienen, en sus primeras mediciones, que entre 1973 y 1988 el negocio de la cocaína en la provincia fue de 3 kilogramos de cocaína secuestrados en esos quince años. Una cifra absurda pero oficial. A razón de doscientos gramos por año. A mediados de 2012, la cantidad de cocaína secuestrada era de 200 kilogramos. Es decir, 200 mil gramos. En un cuarto de siglo el negocio se multiplicó por mil. No hay otra actividad económica que multiplique el dinero de tal forma.

En aquellos lejanos años setenta, la división policial encargada de combatir la droga se llamaba “Unidades Especiales”, después se llamó “Drogas Peligrosas” y hoy “Prevención y control de adicciones”.

Cuando asumió como titular de la ya citada “Drogas Peligrosas”, en 2008, se sabía que el hijo de Hugo Damián Tognoli era arquero de las divisiones inferiores del club Newell's Old Boys. Su representante era, nada menos, que Roberto “Pimpi” Caminos, el jefe de la barrabrava en tiempos de la presidencia de Eduardo López. Aquella administración recibió la imputación de lavar diez millones de dólares a través de una causa iniciada por la AFIP; el dueño de la tribuna, acusado de distribuir droga en la zona sur de Rosario y el padre del pibe, por entonces alto oficial de la llamada Dirección General de Drogas Peligrosas de la Policía de la Provincia de Santa Fe, terminó siendo el jefe de la misma durante la administración del socialista Antonio Bonfatti.

Después llegaron las denuncias de Norma Castaño y las Madres Solidarias.

La narcopolicía.

“Las evidencias contra el jefe policial surgieron a partir de la investigación de una red de trata de mujeres: en una escucha telefónica, el dueño de un prostíbulo le preguntó a un comisario mayor la forma de arreglar para vender cocaína; mediante un mensaje de texto, el comisario mayor Oscar Ledesma respondió que debía pagar 30 mil pesos (por mes) directo con Tognoli. En el expediente hay además otra prueba de máxima importancia: un jefe narco que estaba siendo investigado recibió la información de que lo estaba siguiendo autos desconocidos. El sospechoso logró escapar. Luego se supo que alguien había consultado en el Registro de la Propiedad Automotor por las patentes de vehículos y le informaron que pertenecían a la Policía de Seguridad Aeroportuaria. Esa consulta, que requiere de un código y una clave personal, fue hecha –según consta en el expediente- a las 18.08 horas del 25 de noviembre de 2011 por el comisario Hugo Tognoli”, sostenía la información.

-Me tomó de sorpresa –dijo Raúl Lamberto, ministro de Seguridad del gobierno socialista, militante de décadas del partido de la rosa y conocedor de la historia de la provincia y la evolución de sus factores de poder. Fue una triste declaración.

El caso del comisario Tognoli, jefe de la policía del segundo Estado de la Argentina, pone en crisis institucional a los tres poderes de la república: el ejecutivo que lo nombró y que nunca quiso combatir la relación entre la policía y el narcotráfico; el legislativo donde todas las fuerzas políticas han mirado para otro lado en los últimos 30 años, que es la misma edad que cumplirá la democracia; y el increíble poder judicial que desde finales de los años noventa tiene investigaciones donde queda en evidencia que el mayor cartel de distribución de drogas en la provincia es la propia policía.

El caso más emblemático es el asesinato de Sandra Cabrera, la dirigente que logró constituir un sindicato con las trabajadoras sexuales, que denunció la corrupción policial con la que pasaron a disponibilidad al entonces oficial Walter Miranda de Moralidad Pública, hoy convertido en jefe de la policía rosarina. En cuyo expediente se ratifica que los integrantes de la provincial y la federal extorsionan a las meretrices para vender cocaína.

Que el jefe de la policía sea el jefe del mayor cartel de distribución de drogas en la provincia de Santa Fe es, de por si, una vergüenza enorme. Supera la imaginación de Francis Ford Coppola que al escribir el guión de la trilogía de “El Padrino” nunca vinculaba al jefe de policía con los mafiosos. En la realidad santafesina, si. Coppola es un simple relator de pasquines ante la dimensión del narcotráfico por estas pampas.

El problema es el lado oscuro del crecimiento patrimonial de jefes policiales, contadores, abogados, grandes empresarios y narcos; la cantidad de pibas y pibes asesinados en los últimos diez años como consecuencia de los“ajustes de cuentas” entre bandas siempre relacionadas con La Santafesina SA. Ese costo enorme de sangre joven es proporcional al silencio cómplice e hipócrita de los tres poderes del estado. Nacional y provincial.

La lucha contra el narcotráfico es la lucha contra el sistema capitalista. Esta definición es un concepto que quizás pocos compartan pero, entonces, será necesario entender otro: la inseguridad es hija directa de la corrupción policial. Es hora que las fuerzas populares se pongan de acuerdo, de mínima, en esta sugerencia. Solamente habrá futuro para nuestras hijas y nuestros hijos si hay combate contra la corrupción policial. Esa otra forma de la economía real de la cual el caso del comisario Hugo Tognoli apenas es una expresión individual.

La otra cuenta del caso Tognoli.

- Basta de excusas. Esta no es la policía que heredaron…-dijo el diputado nacional Agustín Rossi, una de las principales espadas políticas del kirchnerismo, al referirse al escándalo y posterior crisis institucional que provocó en Santa Fe, la segunda provincia del país, la renuncia de Hugo Tognoli a su cargo de jefe policial porque se lo investiga por vínculos con el narcotráfico y la trata de personas.

Por su parte, el actual ministro de Seguridad, Raúl Lamberto, dijo que “si la policía sigue funcionando bajo el sistema de cajas no tiene futuro” y ante la Legislatura confirmó que tanto Tognoli como el actual titular de La Santafesina SA, Cristian Sola, están siendo investigados por supuesto enriquecimiento ilícito.

A fines de noviembre, socialistas, radicales y peronistas de varios pelajes escenificaron una nueva hipocresía: convocaron a una reunión a los diputados nacionales y el kirchnerismo se fue porque, según dijo, no iba a estar presente la prensa.

Los chicos quieren ser narcos.

-En las escuelas las chicas de doce o trece años ya no sueñan con ser botineras. Ahora quieren ser narqueras…-cuenta la maestra Mabel Ríos como ejemplo existencial concreto de lo que sucede en el barrio con la naturalización del narcotráfico como herramienta económica pero también como identidad individual y colectiva.

Y agrega: “Un chico dibuja una imagen del barrio. En un costado, un chico triste con una pelota. Está solo. Del otro lado, un grupito de pibes contentos, con una gran sonrisa, disparan al cielo. Son los que venden merca”, describe Mabel.

Esa es la realidad que hoy parece ser olvidada por los funcionarios nacionales y provinciales, la cotidiana presencia del narcotráfico consumiéndose la vida de las pibas y los pibes en las principales ciudades de la provincia.

Por un lado, millones y millones de dólares que van a parar a pocas manos; por el otro, centenares de chicas y chicos que hoy ya no están, sangre joven derramada y hoy silenciada detrás de los números oficiales que multiplican las muertes detrás de la escasa y cómplice frase de “ajustes de cuentas”.

Es clara la responsabilidad del gobierno socialista en la selección de sus jefes, como también es notoria la construcción de los nichos corruptos dentro de La Santafesina SA del justicialismo a lo largo de sus veinticuatro años de gobierno. La serpiente apareció con la administración Bonfatti pero el huevo de la serpiente se fue alimentando y desarrollando con los restos del partido fundado por el viejo General.

Las últimas cifras oficiales dicen que hasta mediados de octubre se llevan secuestrados más de 440 kilogramos de cocaína, dos mil veces más que en 1988. Un fenomenal negocio económico que entraña no solamente la participación de narcopolicías y funcionarios del poder ejecutivo, sino también de miradas intencionalmente ciegas de parte del poder legislativo, del judicial y también del ejecutivo nacional.

Mientras tanto, en los barrios los pibes olvidan la pelota, se divierten disparando al cielo y las chicas quieren enganchar a un narco como sinónimo de progreso personal y social. La suerte individual de Tognoli no explicará la triste historia de resignaciones de los partidos mayoritarios, no solamente en Santa Fe, sino en toda la Argentina.

Federales.

En su momento critiqué que Hugo Tognoli quedara al frente de la policía santafesina. En cierta ocasión vino a verme y me dijo que necesitaba recaudar para los jefes de Santa Fe. Hay desidia, complicidad y falta de voluntad política de investigar el narcotráfico en la provincia – afirmó la conocida jueza federal, Laura Inés Cosidoy, la misma que fue ascendida cuando a principios de los años noventa había demostrado que los cheques de un narco iban a parar a las arcas de la campaña del menemismo provincial.

Los mismos años en que llegaban los asesores de la fuerza oficial norteamericana dedicada al supuesto combate contra el narcotráfico, los especialistas de la DEA, para impartir sus enseñanzas a la muchachada de La Santafesina SA. Cuando gobernaba Carlos Reutemann y su subsecretario de seguridad era un ex integrante del Servicio de Inteligencia del Ejército, Enrique Alvarez.

Tiempos en que la geografía cotidiana de los santafesinos cambió dramáticamente: el ferrocarril, las grandes industrias, el perfil obrero y los puertos sobre el Paraná fueron inmolados en el altar de las privatizaciones y miles de desocupados eran devorados por el dios de la convertibilidad y el ingreso al primer mundo. Comenzó, en forma paralela, el exilio de las chicas y los chicos de las escuelas secundarias y, en los barrios de las grandes ciudades santafesinas, surgió la economía informal del narcotráfico.

El poder judicial empezaba a recoger testimonios de la relación cada vez más repetida entre narcos y policías.

El 5 de diciembre de 1996, los jueces federales Laura Inés Cosidoy, Santiago Harte y Otmar Paulucci, determinaron que un testigo e imputado por tenencia de drogas fue apremiado por la policía y que, además, la supuesta cocaína incautada en su negocio fue implantada por los agentes del orden.

Era una causa del 8 de octubre de 1984, el mismo día que se robaron los expedientes que revelaban las identidades de los represores del Segundo Cuerpo de Ejército y los aportes de las grandes empresas a favor de la desaparición de personas.

Entre aquellos policías denunciados legalmente estaban los conocidos hermanos Romero, los que después aparecerían en varios hechos señalados en las crónicas periodísticas como presuntos distribuidores de drogas.

La geografía santafesina ya comenzaba a ser otra.

Y en los tribunales provinciales comenzaba a probarse y constatarse la participación policial en los hechos de narcotráficos.

A nivel internacional, Estados Unidos había decidido la lucha final contra los carteles de Cali y Medellín. Corría el año 1987. Se abrían nuevas rutas para la exportación de droga de América hacia Europa. La mejor ruta resultó ser aquella donde se producía uno de los principales insumos para convertir la hoja de coca en cocaína, el éter. El segundo productor de éter a nivel mundial es la Argentina.

-El negocio de la droga es como un puñado de lombrices. Salen de todos lados…-confesó un ex oficial de Drogas Peligrosas de La Santafesina SA a este cronista, a fines de los años noventa en la ciudad de Santa Fe.

Por aquellos días, en pleno menemismo rubicundo, el entonces comisario de la policía federal, Oscar Alvarez, le decía a este cronista que ya se habían verificado dos exportaciones de droga hacia Europa en 1998.

-Se secuestra y se investiga solamente el 7 por ciento de los hechos – decía el comisario. Pero lo más fuerte que dijo en aquel diálogo fue que “por los puertos privados del departamento San Lorenzo entra cualquier tipo de cosa que llegan y pasan sin control alguno”, refiriéndose, obviamente, a distintas drogas.

Aquella nota salió publicada en el diario “El Ciudadano” y generó que el entonces Ministro del Interior, Carlos Corach, lo retara en un primer momento y después, lo trasladara. El narcotráfico ya tenía una entidad propia en la provincia con forma de bota y nombre religioso.

Sandra Cabrera.

En octubre de 2003, en Rosario, la secretaria general de la Asociación de Mujeres Meretrices de la Argentina, Sandra Cabrera, denunció por extorsionadores a los integrantes de la entonces brigada de Moralidad Pública. Sus principales oficiales pasaron a disponibilidad. El 27 de enero de 2004, Sandra fue asesinada de un balazo en la nuca en la zona de la Terminal de Ómnibus “Mariano Moreno”. El principal imputado fue un policía federal, Diego Parvluckzyk, sin embargo no pudieron probar su autoría.

Lo que si quedó demostrado en el expediente tramitado en los tribunales provinciales rosarinos fue que “la línea investigativa respecto de la vinculación de Cabrera con Drogas Peligrosas de la Policía Federal, estableciéndose con certeza casi irrefutable que la occisa actuaba como "informante" de la sección, como así también su padre, que no sólo consumía sino que vendía sustancias estupefacientes (marihuana y cocaína) y que algunos "remanentes" de los procedimientos policiales realizados, le eran entregados, dentro de un contexto en donde aparecen involucrados el imputado y otros miembros de la policía federal…” Y las trabajadoras sexuales terminaban siendo vendedoras “de las drogas que le eran suministradas por el propio imputado, estableciéndose así, y al margen de algún acercamiento afectivo, una relación comercial de tipo ilegal, en la que se mueven importantes sumas de dinero, por lo que, en relación al posible móvil del asesinato, estima que sería harto probable que pudiera haber existido algún problema que degenerara en el resultado que motiva la causa, teniéndose en cuenta que se menciona la existencia de un entredicho entre ambos”, apuntaba el escrito del fiscal de entonces.

Para los integrantes de la Cámara, “la actividad de Sandra Cabrera se desplegaba en la prostitución callejera, caracterizada por sus pares como dotada de una fuerte personalidad que no desmienten las numerosas denuncias que la tienen como protagonista, entre las que se encuentran las que habrían generado conflictos con la policía provincial, al punto de motivar el alejamiento de funcionarios…La instrucción ha permitido verificar, asimismo, la existencia de denuncias de amenazas contra su vida y de testimonios que mencionan tal tipo de amenazas provenientes desde el padre de su hija hasta de otras personas en diversos contextos públicos o privados que la habrían tenido como protagonista, patentizándose su situación al punto de requerir custodia policial en su domicilio a raíz de las amenazas sufridas y dentro del contexto del conflicto con personal de la policía provincial perteneciente a Moralidad Pública...”.

Agregaban los funcionarios del poder judicial que “...la lectura de la causa permite concluir, por la existencia de una relación que involucra a Sandra Cabrera, a compañeras del ejercicio de la prostitución, a Parvluckzyk y a otros empleados de la policía federal, en un contexto en el que existe trato, relaciones íntimas de algunos con cierta permanencia, pertenencia, protección y en cuestiones vinculadas con la droga -tráfico, consumo, delación dentro de una actividad en la que no suele ser extraña una labor de inteligencia a través de informantes en el medio-“.

Es decir que en el expediente de Sandra Cabrera la justicia provincial rosarina ya señalaba que la droga que se vendía en los alrededores de la Terminal de Ómnibus era manejada y suministrada por nichos corruptos de La Santafesina SA y la Federal.

El triple crimen.

“Las barriadas populares seguimos poniendo los muertos. La narcopolicía sigue poniendo las balas. Los movimientos sociales peleamos en soledad. ¿Y el gobierno? Parálisis + inacción = Complicidad”, decía una elocuente bandera del Frente Popular Darío Santillán al recordar un nuevo mes del triple crimen de Villa Moreno, producido en las primeras horas de 2012. Jeremías “Jere” Jonatahn Trasante, tenía 17 años; Claudio “Mono” Damián Suárez, 19 años; y Adrián “Patón”Leonel Rodríguez, 21 años; fueron “masacrados a balazos” en la canchita del Deportivo Moreno, el primero de enero de 2012. El triple crimen de Villa Moreno, en el sudoeste rosarino.

“Tenían familiares, amigos, sueños, entusiasmo, proyectos. Militaban en el Frente Popular Darío Santillán. Querían cambiar un mundo que, todos los días, les cierra la puerta a tantos jóvenes como ellos. Le habían ganado una partida al abandono cuando limpiaron el basural y recuperaron la canchita del barrio… todas las semanas mueren pibes en los barrios asesinados por bandas delictivas en acuerdo con fuerzas policiales mientras el poder político mira para otro lado”, dice un excelente volante distribuido por los militantes del Frente que tenía como título una necesidad existencial: “Basta de matar pibes en los barrios”.

A casi un año de la masacre, el principal imputado, Sergio “El Quemado” Rodríguez, es el único que supera los 25 años. Los otros involucrados, Brian “Pescadito” Sprio, 23 años; Daniel Alejandro “Teletubi” Delgado, 21 años y Brian Damián “Damiancito” Romero, 20 años. La edad de los tres chicos asesinados y de los tres imputados grita varias referencias: menores de veinticinco años, ninguno de ellos había completado la escuela secundaria y la mayoría se ganaba la vida empatándole al fin de mes haciendo changas.

Las formas de matar son consecuencias de las formas de vivir. De las condiciones materiales y culturales en las que se desarrolla la existencia en determinados lugares.

Las cifras oficiales dicen que en el aglomerado del Gran Rosario, el 40 por ciento de la pebetada está en esta situación de vulnerabilidad, es decir 56 mil nenas o nenes menores de diez años. El mismo informe termina diciendo que “si se contrasta el 20 por ciento de los hogares con menos y con más ingresos se observa una gran diferencia, donde en el primer caso en promedio ocho de cada diez persona no tienen secundario completo mientras que en el segundo caso solo dos de cada de diez.”.

Estas cifras, sin embargo, no son hijas del presente. Son números que denuncian una histórica deformación de la geografía existencial en los barrios rosarinos.

Porque las denominadas “bandas armadas” nacieron, crecieron y se ampliaron al mismo tiempo que nadie se preocupaba por los otros saqueos que sufrían las chicas y los chicos: la ausencia de cumpleaños, de relatos infantiles, la desarticulación de la escuela secundaria, la escasez de fuentes laborales y la inexistencia de lugares para la práctica del deporte y otras actividades.

Pero el problema, una vez más, aparece en los tribunales provinciales.

“… Que la escasez de los testigos presenciales se explica por las características del hecho (sólo uno de los que fueran agredidos sobrevivió); sólo uno lo ha identificado –más allá de las dificultades que ha habido para ese indicamiento-, sin embargo, tal observación fisonómica –necesariamente limitada y siempre pasible de una confusión especialmente por las circunstancias- no puede valorarse sino es con el conjunto de pruebas –que surgen en las distintas causas- que demuestran una sucesión de vinculaciones entre distintas personas, enfrentadas violentamente a lo largo del tiempo en un reducido espacio urbano, cuyo origen indica el testigo Palavecino: "…es porque el negro Eze le mejicaneaba, es decir les roba los kioskos de los traficantes, de ahí la bronca, estoy seguro que viene de ahí". El hecho de este triple homicidio, ha de inscribirse como un efecto colateral de esos enfrentamientos, sumariamente descriptos como "ajustes de cuentas", pero que reflejan una pérdida casi absoluta de la presencia estatal en el espacio urbano, y que en el caso concreto afectó a personas –que todos los testigos lo afirman- estaban desvinculados de los grupos en pugna, que murieron por estar en el lugar y momento equivocados…”, dice el escrito del juez Luis María Caterina del 31 de enero de 2012 al resolver el procesamiento de Sergio Gustavo Rodríguez.

El relato judicial, entonces, tiene sus principales ideas fuerzas: grupos de traficantes que se enfrentan entre si(“ajustes de cuentas”), “pérdida casi absoluta de la presencia estatal en el espacio urbano” y ninguna responsabilidad policial ni siquiera en el aporte de las fotografías a los medios de comunicación que surgieron, justamente, de la Unidad Regional II de policía de la provincia de Santa Fe.

La matriz del sistema judicial santafesino ya definió el corralito ideológico del triple crimen: ajuste de cuentas entre traficantes de drogas sin que haya ninguna necesidad de explicar por qué surgieron ni quiénes los ayudaron a constituirse como “bandas armadas”, como las definió el propio Doctor Caterina en la entrevista concedida a la Comisión Investigadora Independiente.

En uno de los escritos de la brigada de unidades especiales se hace mención al conocimiento de un mercado ilegal de armas que tiene parte de la policía provincial y al cual se puede recurrir para obtener datos sobre las utilizadas en los hechos. De tal forma, queda claro que las “bandas armadas” no pueden crecer ni en Villa Moreno ni en ningún barrio de Rosario ni de la provincia sin la plena colaboración de integrantes de fuerzas de seguridad en actividad, como tampoco pueden crecer sin el auspicio de promotores o inversores económicos que no viven allí.

La continuidad de Saráchaga por Carlos del Frade

La independencia de la justicia federal y provincial es una ficción debido a las notorias influencias del poder político y a que las investigaciones dependen de las fuerzas de seguridad, atravesadas por la corrupción. Sólo el 5% de los delitos se esclarecen, conformando el imperio de la impunidad. Narcotráfico, política y justicia en Santa Fe.


* por Carlos del Frade, periodista. 

- No es negocio defender a los inocentes …

Así dice uno de los principales abogados penalistas de la ciudad de Rosario. Su principal mérito es saber moverse por los grandes huecos del servicio público de justicia, tanto sea la federal como la provincial.

El 15 de junio de 1968, cuando se cumplieron los 50 años del manifiesto liminar de la reforma universitaria, se quiso hacer un acto en la esquina de Córdoba y Entre Ríos, en la Cuna de la Bandera. La dictadura de Onganía lo impidió pero hubo cuatro jueces que defendieron la reivindicación de la memoria. Fue la excusa utilizada por el entonces ministro del interior, Borda, para intervenir el poder judicial de la provincia de Santa Fe.

El encargado fue el abogado cordobés Darío Saráchaga. Desde entonces al presente, la independencia de la justicia, federal y provincial, es una ficción. No solamente porque hay notorias influencia del poder político, nacional y santafesino, sino también porque la mayoría de las investigaciones dependen de las fuerzas de seguridad. Las mismas que están atravesadas de corrupción y plagadas de oficiales investigados por supuesto enriquecimiento ilícito. En la actualidad, por ejemplo, casi ciento treinta altos comisarios de la policía provincial están siendo investigados por esta razón.

Para el fiscal general de la provincia, Jorge Baclini, solamente el cinco por ciento de los delitos se esclarece. Un nivel de impunidad que vuelve tenue el peso de la justicia en la vida cotidiana de los santafesinos. Se confirma una vez más la imagen de la red de pescadores invertida: pasan de largo los peces gordos, quedan atrapados los peces chicos. Siempre y cuando esos delincuentes de manos sucias no sean socios de los delincuentes de guante blanco, los que nunca pisan los pasillos de los tribunales ni mucho menos las comisarías de las principales ciudades de la provincia de Santa Fe.

Desde las nueve muertes que costó el estallido de diciembre de 2001, tanto en el Gran Rosario como en Santa Fe, hasta el asesinato del narcotraficante Luis Medina –zar de la cocaína de la zona oeste y parte del norte rosarino-, el servicio público de justicia está plagado de contradicciones que, indefectiblemente, juegan a favor de la construcción de impunidades que protegen sectores poderosos.

Con excepción del asesinato del emblemático ex agente de pastoral social y militante a favor de la niñez explotada, Claudio “Pocho” Lepratti –cantado por León Gieco en “El ángel de la bicicleta”-, no hay detenidos por aquella masacre que tuvo origen en las órdenes que se dieron y las que no se impartieron desde el poder político conducido por el ahora senador nacional y dos veces gobernador de la provincia, Carlos Reutemann.

El 27 de enero de 2004, Sandra Cabrera, por entonces secretaria general de la Asociación de Mujeres Meretrices de la Argentina, fue asesinada por un policía federal en inmediaciones de la terminal de ómnibus de Rosario. En el expediente puede leerse con claridad que las trabajadoras sexuales eran obligadas a vender drogas para integrantes de los nichos corruptos de la policía federal y también de La Santafesina SA. Nada de esto tuvo su continuidad en la justicia. Desde 2004 quedaba claro que los principales distribuidores de drogas en la zona del Gran Rosario eran integrantes de las fuerzas de seguridad.

El 21 de junio de 2007, la seccional segunda de la policía de Rosario, detiene a tres hombres que se encontraban en actitud sospechosa en la Plaza Montenegro, en pleno centro de la ciudad, frente al Hotel Plaza. Uno de ellos tenía una Bersa con silenciador. Era Claudio “El Pájaro” Cantero, el que a principios de 2014, después de haber sido asesinado el 26 de mayo de 2013, fue tema de discusión nacional cuando su cara apareció en un mural en una canchita de la zona sur de Rosario. Cantero era el líder de la principal banda narco de la zona, “Los Monos”. En aquel inicio del invierno de 2007 estaba esperando a Abel Beroiz, poderoso tesorero de la Federación de Camioneros, conducida por Hugo Moyano. No pudo llevar adelante su cometido. Pero cuatro meses después, el 27 de noviembre de 2007, Beroiz fue asesinado salvajemente después de dejar el Hotel Plaza, mientras intentaba subir a su auto ubicado en la cochera subterránea de la Automóvil Club Argentino. Aquello que no hizo ni la policía ni la justicia sobre Cantero permitió, entre otras complicidades, el crecimiento exponencial de “Los Monos”.

En las primeras horas de 2012, Jere, Mono y Patom, tres muchachos de Villa Moreno, también en la zona sur de Rosario, fueron acribillados a balazos por la banda del “Quemado” Rodríguez, un grupo que trabajaba para los Cantero en la venta de droga. De acuerdo a las escuchas telefónicas que contiene la causa, se advierte la protección policial de la comisaría 19 a cambio de un pago de 7 mil pesos por semana. En esas desgravaciones también se percibe que “Los Monos” tienen infiltrados hombres en las principales fuerzas de élite de la provincia como también en los tribunales federales y regionales.

Pero cuando el 26 de mayo de 2013, el ya mencionado Claudio “Pájaro” Cantero fue asesinado a la salida de un boliche en Villa Gobernador Gálvez, algo cambió en la política provincial y, por lo tanto, en la justicia santafesina. La seguidilla de cuatro muertos en pocos días vinculada al homicidio del jefe de Los Monos impulsó a los principales referentes de los partidos políticos que integran el llamado Frente Cívico y Social que gobierna de la provincia desde 2007 a través de Hermes Binner, primero, y Antonio Bonfatti, ahora, a exigirle al Partido Socialista, (columna vertebral de la mencionada alianza), a generar hechos políticos judiciales que den señales claras que había una decisión de combatir el narcotráfico. Comenzaron las detenciones y eso generó, entre otras cosas, el atentado contra Bonfatti en la noche del 11 de octubre de 2013 que casi le cuesta la vida. Pero hasta aquella muerte del Pájaro, tanto la justicia provincial como el poder político santafesino seguían con la triste inercia de los últimos treinta años de democracia. Clara demostración de la dependencia del poder judicial en relación al ejecutivo.

El 29 de diciembre de 2013, Luis “Quiquín” Medina fue cosido a balazos también en la zona sur de Rosario. Uno de los principales narcos cuyas inversiones se hicieran famosas a partir de la franquicia que compró del boliche“Esperanto”, concesionarias de automóviles de alta gama importados, emprendimientos gastronómicos y hasta de importación de neumáticos –todos negocios habilitados por la Municipalidad de Rosario-; apuntado en su momento como el autor intelectual del atentado contra el gobernador Bonfatti y señalado como el jefe de la distribución de la droga en las zonas norte y oeste de la ciudad.

Pero lo llamativo vino después de la muerte (también la de su pareja, una joven modelo que apenas superaba los veinte años)cuando un integrante del Ministerio de Gobierno de la provincia tomó la computadora personal de Medina para, supuestamente, ayudar a la policía y la justicia. Ni las juezas intervinientes, ni el fiscal ni nadie del poder judicial dio la orden según sostuvieron públicamente. Una clara intromisión del ejecutivo sobre una investigación que todavía no se aclaró. A lo que hay que sumar que días después integrantes de la policía santafesina allanaron una finca de Medina en Buenos Aires sin ningún tipo de orden.

En la justicia federal, en tanto, no hay mayores avances en relación al lavado de dinero en la zona del Gran Rosario, más allá de las detenciones del ex jefe de la policía provincial, Hugo Tognoli, y del narco Delfín Zacarías. No parece existir lavado de activos en la zona del Gran Rosario.

Mientras tanto, la ciudad, en los últimos dos años tuvo el mayor índice de asesinatos de la Argentina por cada cien mil habitantes.

Un triste record que lastima la historia de un lugar que siempre estuvo vinculado al trabajo, la cultura obrera, el puerto y los ferrocarriles.

La cuenta roja de sangre joven derramada en los barrios es paralela a la cuenta blanca del dinero que algunos acumulan en el centro y las geografías privadas de la región.

Impunidades hijas del maridaje entablado en aquella intervención Saráchaga de 1968, cuando el poder político y los distintos niveles de la justicia se unieron a favor de los sectores del privilegio.

Hoy, en esta etapa superior del imperialismo y esta forma histórica que adquiere el capitalismo, llamada narcotráfico, esa unidad de criterios termina favoreciendo a los delincuentes de guante blanco que están detrás de ambas cuentas, de ambas cajas.

Carlos del Frade: “Las mafias del narcotráfico, fase superior del imperialismo”

Written By Charles Francis on 18 enero 2014 | 11:51

Carlos del Frade: “Las mafias del narcotráfico, fase superior del imperialismo”


El periodista rosarino presentó su libro de investigación sobre las narcomafias, junto a Juan Carlos “Pipón” Giuliani en Córdoba Capital.

El periodista rosarino Carlos del Frade presentó el martes el trabajo de investigación periodística “Narcomafias. Historia Política del narcotráfico en Santa Fe.  De Galtieri a Tognoli”. Lo acompañaron Juan Carlos Giuliani de la CTA y el Instrumento Electoral por la Unidad Popular (UP) y Luciana Echeverría y Raúl “Gato” Gómez del MST.
Se llevó a cabo en el Círculo Sindical de la Prensa y la Comunicación de Córdoba (Cispren-CTA) una charla debate a propósito de los últimos hechos ocurridos en Santa Fe y Córdoba relacionados con el narcotráfico. “Pipón” Giuliani, dueño de casa y presentador de la actividad señaló que la crisis cordobesa “pone negro del sobre la degradación de la política. Es una vergüenza que a casi 30 años de recuperada la democracia permanezca impune el asesinato del senador radical Regino Maders y que haya sido absuelto en la causa por enriquecimiento ilícito Eduardo Angeloz. Esa es la justicia que tenemos “, enfatizó.
Criticó a la Justicia, al que calificó de “servicio tarifado” que permite que De la Sota repita el pecado de decirnos que  ”mal de muchos, consuelo de tontos”. Fustigó el enriquecimiento de la clase política en el Estado y citó como ejemplo la abultada herencia del ex gobernador Ramón Mestre: “15 millones de dólares, casi 60 millones de pesos” cuando toda su vida fue funcionario. Y ni hablar de De la Sota. que hoy es un potentado. El Partido Único Cordobés -PJ-UCR-  ha firmado un pacto de gobenabilidad que le asegura al poder mantener invicta la matriz productiva y redistributiva “, acotó.
Tras cartón, señaló que “tenemos que ser capaces de construir fuerza organizada y poder popular” y explicitó que  no acuerda con el concepto de democracia restringida que proclama que “el pueblo no delibera ni gobierna sino a través de sus representantes”. En esa perspectiva, afirmó que “no hay posibilidades de solucionar los problemas de nuestra gente si no atacamos el centro del problema que es construir una fuerza política que sea alternativa al modelo productivo extractivista y dependiente”, subrayó. “tenemos que conjugar el nosotros porque el narcotráfico está metido hasta el caracú en la superestructura del poder, y está bueno debatirlo y discutirlo”, dijo, antes de dar paso a Carlos del Frade.

Nos robaron las Palabras   

Del Frade comenzó su alocución llamando a “rescatar las palabras” perdidas del vocabulario y a pelearle pibe por pibe al sistema y de cerca. ”Es absolutamente revolucionario, porque al sistema se le gana de cerca y con afecto”, afirmó y en ese sentido contó que en 1975 los jovenes manejaban 8000 palabras y hoy apenas 800.
Carlos Frade y Pipón Giuliani
Fotografía: Sergio Coria
“Nos robaron el país y las palabras para definir el proyecto de país que queremos. Por eso que hay que recuperar el sentido de las palabras. Acá tenemos sobrevivientes que dieron todo. Revolución, socialismo, lucha, son palabras maravillosas y que nos hacen ser lo que somos y eso tenemos que transmitirle a los pibes. Hay que empatarle a la seducción de la droga. Eso se logra encontrándole un sentido a las cosas porque el que vive sin sentido mata sin sentido. para eso hay que ir por la militancia cara a cara, cuerpo a cuerpo, uno a uno. Eso es revolucionario”, agregó.
Definió, parafraseando a Lenín, que “las mafias del narcotráfico es la fase superior del imperialismo” y afirmó que en Córdoba el primer cartel de distribución de la droga es la policía. El narcotráfico es el nuevo nombre del ciclo económico del capitalismo. Primero fue el lavado de dinero y luego la sangre joven derramada  en los barrios. Este fenómeno se materializa de arriba hacia abajo”, explicó ante la sala colmada.
“Cuando décimos narcotráfico no definimos al pibe que vende droga en el barrio. Hablamos de una estructura de poder “, consideró.
El periodista destacó que cuando  investigó el entramado del crimen organizado en la Región Centro, un día antes del cierre de campaña de Eduardo César Angeloz, fue asesinado el ingeniero Regino Maders, ejecutado por un ex policía del Departamento de Informaciones (D2) el 6 de septiembre de 1991, cuando se disponía a denunciar que la droga ingresaba por Tanti, en avionetas, y luego era distribuida en camionetas de la Empresa Provincial de Energía de Córdoba (EPEC).
En esa línea arecordó a la abogada María Elba Martínez -fallecida recientemente- quien derribó las hipótesis centradas en el homicidio Común y lo situó como un crímen político como finalmente resultó. “Y cuando nos tocó declarar, al lado nuestro estaba el pagador del asesino de Maders: Luis Medina Allende. Estaba todo demostrado, los medios lo sabían, los partidos lo sabían y se callaron, y eso es complicidad. 22 años después del hecho se hacen los sorprendidos de que haya  narcotráfico en Córdoba. ¡Caraduras! miraron para otro lado, igual que en Santa Fe o en Buenos Aires”, expresó.

Consumidores Consumidos

Del Frade hizo un recorrido histórico sobre como se avanzó en la construcción de un país narco, a partir de la creación de la DEA, una agencia norteamericana nacida “para combatir al narcotráfico” pero que en realidad funciona como una caja recaudadora, pasando por la dictadura y los noventa. Señaló que Estados Unidos eligió para procesar a la droga a la Argentina, principal productora de éter,  insumo necesario para fabricar la pasta base.
Llamó la atención sobre el aumento de muertes en los territorios por la disputa de la venta al menudeo. ”Para un pibe es más fácil encontrar un arma que trabajo”, sostuvo y alertó sobre el pedido de “más gendarmes” que vienen haciendo las provincias de Buenos Aires, Santa Fe y Córdoba. ”Argentina es el mayor consumidor de cocaína, alcohol y tabaco y principal exportadora de droga en América”, Afirmo.
Y aclaró que el “Plan Colombia” en realidad significó “un plan de exterminio” y no un plan que combatió al narcotráfico Es un “Programa” que bajó del norte para seguir fabricando “consumidores consumidos” que no sueñen con cambios estructurales.

Fuente: www.prensared.org
Carlos del Frade en Córdoba: El Narcotráfico y su relación con la Política.

Nombres y apellidos de los narcos en Rosario

Written By Charles Francis on 11 diciembre 2013 | 19:57

Nombres y apellidos de los narcos en Rosario

En el marco del lanzamiento de la Red Antimafia en Rosario la exposición del periodista Carlos Del Frade fue lapidaria. El saqueo que sufrió Rosario, una ciudad industrial que hoy es sede del crimen organizado. El narcotráfico como mascara del capitalismo.

 
 
La situación de Rosario, la provincia de Santa Fe y con seguridad cada rincón del país posee un sistema que es basado en un “entramado de relaciones gubernamentales, de fuerza de seguridad, de empresarios e abogados y como último nivel los que ponen el cuerpo que son los pibes”. Indicó que en lo que va del año son 235 asesinados en Rosario y que el 70% son menores de 35 años, dice que esto a la gente de Rosario no les interesa debido a que creen que “hay que dejarlos, que se están matando entre ellos” habla de un racismo “impuesto” por los grandes medios de comunicación. El periodista pide que se pare con estos asesinatos en Rosario, e implica que la sociedad es cómplice de esto por no llamarse a la acción, que son cómplices de un “plan de exterminio, que es un plan de control social”. Afirma que “los pibes que se matan en el barrio son las manos sucias, socios en última instancia de los delincuentes de guante blanco que saquearon la ciudad y se llevan millones y millones de pesos”.
 
El periodista de investigación hace referencia a la privatización del Banco Provincial de Santa Fe, que fue entregado a los hermanos Ron, ya conocidos y enunciados en ese momento como narcos lavadores y la privatización del Puerto de Rosario, también del presidente de Newell’s, Eduardo López, denunciado por el lavado de 10 millones de dólares. 
 
Carlos del Frade hace referencia a que “como todo fenómeno capitalista, este es un negocio que viene de arriba hacia abajo”, cuenta que primero fue el lavado de dinero el gran negocio, contadores, abogados, dueños de medios de comunicación, corrupción policial, corrupción judicial. 
 
Para el periodista, Argentina se convirtió en un país narco, por diversos factores, “al problema social de la falta de trabajo, de estudio, de deporte, de entretenimiento de cultura”. “Estamos en un país narco”, aseguró. 
 
Denuncia que en Rosario hay cuatro grupos manejando el negocio, 2 mil millones de pesos anuales mientras que el presupuesto de la municipalidad es de 3600, el 54% del presupuesto la municipalidad para atender las necesidades cotidianas de un millón de habitantes es lo que maneja estas cuatro familias, la familia Cantero en el sur, Los Monos, en la zona oeste Luís Medina, los Albarados en el centro de rosario y en la zona norte “Los Pillines”, la barra brava de Central, estas se denunciaron en febrero. Insiste con que “la mafia esta de arriba hacia abajo”, asegura que los que tienen que ir presos son “los delincuentes de guantes blancos, los que se disfrazan de funcionarios, los que se visten de fuerza de seguridad, que son los que están en realidad para hacer el negocio”. 
 
Sostiene que “el mayor cartel de distribución que tenemos en las tres principales provincias de la Argentina: Buenos Aires, Córdoba y Santa Fe, son las policías provinciales en complicidad con los que dejan entrar la droga en cantidad por todas las fronteras de la Argentina”. Hace referencia a un informe de las Naciones Unidas en donde indica que “la Argentina es el primer país consumidor de alcohol, tabaco y cocaína de América y es el tercer país exportador de cocaína a Europa”. 
 
Del Frade hace mención de una reciente encuesta de Santa Fe, en donde indica que Santa Fe es el primer consumir de cocaína, pero que el 70% de los que están presos por estupefacientes son madres, de barrios humildes, que vendían para poder darle de comer a sus hijos. Agrega que por estas situaciones es necesario lanzar una red anti mafia en Rosario. Resalta que lo importante es “hablar, decir lo que los demás callan”, invitando de esta forma a denunciar estos actos delictivos y sosteniendo que la lucha es cuerpo a cuerpo, en los barrios.

Matar para robar, luchar para vivir: Acerca del Autor. Carlos del Frade

Written By Charles Francis on 25 marzo 2011 | 0:27


Carlos del Frade
Acerca del Autor

Periodista y escritor. Nació el 5 de febrero de 1963 en Rosario. Técnico superior en Periodismo. Ha publicado una veintena de libros:
  • "Ecología y reconversión industrial en el Gran Rosario" (1991);
  • Postales del ex cordón industrial del Gran Rosario" (1994);
  • "Historia social del Paraná" (1994);
  • "La Iglesia y la construcción de la impunidad" (1995);
  • "Desaparecidos, desocupados" (1996);
  • "Impunidades y esperanzas" (1997);
  • "El Rosario de Galtieri y Feced" (2000);
  • "Artigas y San Martín, el proyecto para el siglo XXI" (2000);
  • "Somisa y Ponce de León, dos desaparecidos" (2000);
  • "Ciudad blanca, crónica negra. Historia del narcotráfico en Santa Fe" (2000);
  • "De Cavallo a Belgrano" (2001);
  • "Rosario S.A." (2001);
  • "Manual de zonceras rosarinas" (2001);
  • "El dinero de la sangre" (2002);
  • "De Saavedra a Duhalde" (2002);
  • "La Santa Fe de la revolución" (2002);
  • "¿Quién mató a Constantino Razzetti?" (2002);
  • "De La Forestal a Massat" (2003);
  • "Humo, dinero y feudos" (2003); 
  • "Orgullo portuario" (2003);
  • "Pibes. La historia en carne viva" (2003);
  • "Santa Fe, una provincia robada" (2003).
  • "La esperanza educativa" (2004, en colaboración con Marta Ferhmann).
Ha obtenido los siguientes premios:
  • Premio "Discépolo del pueblo al solidario con la cicatriz ajena", Cámara de Dipúitados de la Nación, 2002.
  • Premio "Onda de Plata", por su labor periodística, 2000.
  • Premio "Martín Fierro", Mejor Programa Periodístico del Interior del país, por "Apuntes", 1999.
  • Premio Nacional por el ensayo "Los gauchos malos de la prensa", Comisión de Cultura del Senado de la Nación, 1999.
  • Premio Nacional por el ensayo "El futuro desocupado. Mitologías, poder y salud en el Gran Rosario", Secretaría de Cultura de la C. A. de Buenos Aires, 1999.
  • Premio Martín Fierro a su programa "Columnas de Medianoche", por LT8 Radio Rosario, mejor periodístico del interior del país, 1994.
  • Premio Nacional Prensario, por su video "Inundaciones, la revelación del agua", realizado en la televisión de cable de Casilda, 1993.
  • Premio Memorial de la Paz, por su trabajo periodístico en favor de los derechos humanos y la historia social, 1993.
  • Premio Nacional "Coraje", Fundación Tierra Alerta, Greenpeace, por su investigación sobre la contaminación ambiental y la agresión a los trabajadores en las empresas del Gran Rosario, 1988.
Actualmente, año 2003, es director y conductor periodístico de los programas "Apuntes", LT8 de Rosario; "Sobre la Red", FM Red TL; "La Voz del Grillo", TV Regional San Lorenzo; y "Radiohistorias", Radio Universidad de Rosario. Conductor de "Sobre la Hora", FM Horizonte de San Lorenzo. Director de "Postales del sur. Primer sitio de investigación periodística de la región (www.postalesdelsur.com). Redactor del mensuario "El Eslabón", de la revista "El Vecino". Colabora en las revistas nacionales "Acción", "Realidad Económica", "Análisis" y "XXIII". Ex redactor de los diarios "El Ciudadano", "Rosario/12" y ex colaborador de "La Capital".
Como docente es titular de la cátedra "Investigación periodística" en el I.S.E.T. N° 18, Rosario. Titular del Seminario "poder económico e historia social" en la cátedra abierta de derechos humanos que dirige Osvaldo Bayer en la Facultad de Filosofía y Letras de la U.B.A., 2000; entre otras actividades.

Matar para robar, luchar para vivir: Capítulo 26 - Josefina y Simón


Carlos  del Frade
III Parte - Luces
Capítulo 26 - Josefina y Simón
 
   
Josefina y su hermana pasaron varios meses en el baño del Servicio de Informaciones de la policía rosarina.
Era el invierno de 1976.
Pletórico de sangre, gritos de torturados a su alrededor, el frío atravesó los huesitos de las chiquitas de cuatro meses y dos años y medio.
Hoy Josefina busca trabajo y es una de las tantas desocupadas crónicas de la ciudad que era el corazón del cordón industrial más importante de América latina después de San Pablo en la misma época en que los proveedores de la muerte le robaban sus padres.
La historia de Josefina y Mariana tiene una versión oficial que se multiplica en los expedientes de la justicia provincial, federal y militar, como así también los sumarios de las llamadas fuerzas conjuntas.
Esa versión trata de falsificar la realidad del genocidio pero, al mismo tiempo, es una irrefutable prueba de la existencia de distintos documentos y diferentes testigos que todavía hoy podrían ser indagados si es que existe la voluntad política para hacerlo.
A pesar de tanto dolor, el siguiente relato, enhebrado con los dichos registrados en distintos expedientes y con las vivencias de la propia Josefina que habla en primera persona, hay una innegable victoria del amor, los ideales y los valores que todavía existen.

Un expediente más
El 29 de julio de 1976, bajo el dominio del General Ramón Genaro Díaz Bessone, el sub comisario Oscar Oddone, jefe de la policía de menores de Rosario, escribió la nota número 2.168 dirigida a la jueza Nelly Alcira Penares.
“Por la presente doy cuenta que con fecha 20 del actual, provenientes de la Unidad Regional II Rosario y a disposición del Jefe de Policía, fue recepcionada en la Sección Femenina de esta dependencia a mi cargo a la llamada Dolores Aguirre, cuyos demás datos de identidad se ignoran, juntamente con sus hijitas Josefina y Catalina Aguirre de cuatro meses y 3 años de edad respectivamente y que en la víspera la menor Josefina y por orden telefónica de este tribunal fue entregada a la empleada de esta dependencia, cabo Norma Pilar Ramos, quedando la menor alojada en la Sección Femenina, quedando su progenitora mayor de edad alojada en la Alcaidía de Mujeres”.

Nací el 17 de febrero de 1976. Mi papá, Dardo José Tosetto, jefe de Logística del Ejército Revolucionario del Pueblo, había desaparecido dos meses antes entre el 5 y el 10 de diciembre de 1975 en el bar “Crisol”, frente al Hospital Español, en Rosario. Con mi vieja, Ruth González, estuvimos dando vueltas por un montón de lugares, junto con mi hermana. Al principio vivimos en la casa de los abuelos de mi prima, acá en Rosario.
Lo de mi nacimiento no estaba muy claro, porque mi vieja estaba viviendo en lo de mi tía. Ahí es donde cae estando embarazada y con mi hermana.
Después se va una semana y vuelve conmigo...
Pero no se sabe ni adonde se fue ni dónde nací.
Ella dijo que había nacido en el Sanatorio Británico de Rosario, pero no, en el expediente figura que no nací allí. Cuando pidieron el certificado de nacido vivo, no estaba, así que no se sabe.
Después estuvimos durmiendo en la calle, ella -mi mamá- antes que yo naciera estuvo viviendo en una estación de servicio, después de un tiempo volvió a la calle, aparte no se podía quedar en ningún lugar concreto.
Aquella primera casa de los Vitantonio quedaba a dos cuadras de la Jefatura, no era un lugar muy seguro. Cuando llegó el invierno nos enfermamos las tres. Y terminamos en la casa de Pedro Paulón.
Allí estaban, además de Pedro, Inés que es enfermera, así que nos empezó a curar a las tres.
Yo estaba bastante mal.


Alcaídía central

“Habiéndose tomado debida nota del contenido del presente expediente, cumplo en llevar a su conocimiento que la llamada NN o Dolores Aguirre, ingresó a esta dependencia el 24 de julio de 1976 a las 13.30 procedente de la Policía de Menores con nota número 2.140, recuperando su libertad el 9 de setiembre de 1976 a las 20.40 por orden del señor Jefe de Policía de esta Unidad Regional II, Don Agustín Feced, transmitida al señor Alcaide por el señor subjefe de esta unidad por falta de mérito”, mintió el comisario Jorge Casim, jefe de la Alcaidía Central de la policía rosarina, el 28 de octubre de 1976.
La mamá de Josefina y Catalina, ese día, no recuperó la libertad.
Fue llevada al centro clandestino de detención La Calamita, en Granadero Baigorria a disposición del Ejército.


Las caídas

El 19 de julio hacen un operativo los milicos. Nos llevan. Suponemos que a Pedro lo llevaron directamente a La Calamita.
A nosotras, como mi vieja tenía un documento falso, nos llevan al Servicio de Informaciones. A mí me internan porque estaba muy mal.
Las tres terminamos en el Hospital de Niños por unos días.
Después a la Jefatura. A mi vieja la legalizan y a nosotras nos dejan en el baño del Servicio de Informaciones. Nos llevan a varios interrogatorios de mi vieja y la dejan vernos cada tanto. Cuando la reconocen a mi mamá la pasaron a La Calamita en septiembre, entre el nueve o el diez de ese mes.
Mi vieja festejaba el cumpleaños de mi hermana ahí, que los cumple el 18 de julio. Se acuerda que se enteró de la muerte de Santucho ahí adentro, así que más o menos para esa fecha la deben haber bajado.
Diez días después secuestran a mis tíos, dejan a mi prima en la casa donde ellos estaban viviendo, le dicen a un vecino que avisara a la familia de mi tío, que si la querían a la nena que se la quedaran. Que ellos no la querían.
Supongo que tenía que ver con que Antonio, que es el padre de Lito, de mi tío, los conocía a la mayoría de ellos, porque iban a comprarle el pan, por eso le dejaron la nena.
Se los llevaron directamente a La Calamita con mi vieja alrededor del 23 de septiembre. El 5 de octubre los matan a los tres diciendo que fue un enfrentamiento.
Un absurdo: mi vieja por ejemplo estaba desnuda y mis tíos estaban con la misma ropa, que era ropa interior que le habían sacado del departamento.
Le tocan el timbre a mi tía abuela, le dicen que por favor los busque, que es la única que lo puede hacer.
Mi abuela todavía no había desaparecido.


Huellas

“Josefina Aguirre, argentina.
La madre está detenida.
Menor físicamente sana en general. Está bajo tratamiento médico por una afección de bronquitis.
Psíquicamente no impresiona como deficitaria ni presenta trastorno mental.
Por su constitución general, estado de sus fontanelas, reflejos psicomotriz y demás elementos de juicio, su edad probable es de 5 - 6 meses”.
Eso escribió el médico Oscar Infante el 18 de agosto de 1976.
Era el médico del Juzgado de Menores de la segunda nominación de Rosario.
Su informe no demuestra el mínimo temblor ético.
¿Qué pensaba Infante cuando le presentaban bebés cuyos padres estaban detenidos por razones políticas?.
¿Cuántos chicos en iguales condiciones atendió en su consultorio del juzgado de menores?.
¿Qué hizo con aquellas fichas que debió llenar?.

Una, dos, varias familias
Mi tía abuela decide buscarnos. A mi hermana se la dan bastante rápido, creo que en noviembre. Conmigo no fue así. Hasta mayo del año siguiente no me entregaron, después apareció la policía en la casa de mi tía diciendo que se había encariñado conmigo, que si me podía seguir viendo y yo terminé hasta los diez años viéndome con ella y su hijo.
Ellos tuvieron conmigo una relación que en una familia normal serían los tíos, yo necesitaba algo y ellos estaban, para mi fue bastante shockeante el tema.
Cuando a los 10 años a mí me operan, la hermana de mi vieja, que también estuvo en cana en jefatura la echa, entonces yo la eché a mi tía y le dije que si tenía que elegir la elegiría a ella. Entonces me dijo si sabía que ella había entregado a mi mamá. Me quedé sin poder emitir opinión. Fue bastante duro y tuvo bastante poco tacto para hablar con una nena de diez años. Así me enteré y después entré en contradicción, nunca mas la pude llamar...

Todas NN
“Dando cumplimiento a lo ordenado, cumplo en informar a Usted que con fecha 20 del mes de julio próximo pasado, por orden del señor Sub Jefe de esta Unidad Regional II, personal a mi cargo procedió a retirar de esa Oficina de Judiciales a una persona del sexo femenino de alrededor de 22 años de edad juntamente con dos criaturas de igual sexo, una de pocos meses y otra de unos cuatro años, todas NN de acuerdo a lo ordenado por superioridad, siendo conducidas a la Sección Femenina de la Policía de Menores, quedando alojadas en esta a disposición del Señor Jefe de Policía de la Unidad Regional II, que posteriormente se estableció que el nombre de la mujer era Dolores Aguirre y sus hijitas Josefina y Catalina...”, repitió Oddone el 30 de octubre de 1976.
Ya no estaba Díaz Bessone al frente de las vidas y las muertes en las provincias de Santa Fe, Entre Ríos, Chaco, Corrientes, Formosa y Misiones.
Ahora se encontraba a cargo el General Leopoldo Fortunato Galtieri.
Pero al frente de la jefatura de la policía rosarina seguía Agustín Feced.
Josefina volvería a sufrir las consecuencias de las decisiones de estos hombres.

De chiquita
Siempre fui muy introvertida. Siempre mi tía y mi hermana me cuidaron en exceso, por dos razones, primero porque era la más chiquita, siempre fui hipersensible en todo.
Después vino una enfermedad en el bazo. Yo sabía que estaba enferma, pero no sabían qué tenía. En un momento pensaron que podía tener leucemia. Entonces era un doble cuidado, no podía hacer mucho, no podía correr, tenía que tener cuidado, no podía jugar a los juegos que jugaban mis compañeros, tenía que tener muchísimo cuidado. Eso hizo que estuviera como en una burbuja dentro de la realidad, todo el mundo cuidándome, era la enfermita y guarda con lo que se hacía, si alguien me hacía algo, salía corriendo a buscar a mi hermana, la hacía venir y que me defendiera.
Fui al Normal 1 que es donde terminó mi mamá y yo fui desde jardín de cuatro años hasta quinto año. En realidad empecé a ir antes, porque estaba todo el día pegoteada arriba de mi hermana. Tengo una foto de un acto de mi hermana en el 79 disfrazada de negrita con una cara como diciendo “cómo me rompe” y yo así al lado, feliz de la vida porque mi hermana actuaba y tenía que estar conmigo al lado, disfrazada exactamente igual, yo la agarraba de la mano y tenía que actuar conmigo. Así que empecé a ir como a los dos años, porque no me podían sacar, porque entraba en crisis de llanto y gritos en el medio del colegio y las maestras decían “bueno déjela si quiere”.
Yo hasta los ocho años pensaba que mis papás se habían muerto en un accidente.
Cuando mi hermana me dice, “lo que pasa es que a nuestros viejos los mataron los militares, porque ellos pensaban diferente y lo dijeron…”, entonces yo dije, bueno listo, no hablo más, fantástico. Porque si a ellos los mataron por eso yo no iba a hablar por ahí, hasta el día de hoy me cuesta, si hay un grupo cerrado, dos, tres, cuatro, me puedo relacionar bien, pero en grupos mayores no.


Sobre la piedad policial

“La menor de autos que presuntamente se llamaría Josefina Aguirre, se encuentra en su domicilio bajo su atención directa, por cuanto tenía problemas de salud que han ido paulatinamente superando. Encontrándose bajo atención médica de una afección bronquial. En su carácter de empleada policial de la Policía de Menores, se apiadó de la criatura, la que había ingresado a dicha dependencia junto con otra hermanita y la madre de ambas; ésta última se encontraría detenida en razón de pertenecer a una organización de carácter subversivo. No tiene inconveniente en hacerse cargo de dicha menor, hasta que se regularizara su situación. Por lo tanto solicita su tenencia judicial y se le expida un certificado de la misma”, sostuvo la entonces cabo de la policía rosarina, Norma Pilar Ramos, el 18 de agosto de 1976 ante la jueza de menores, doctora Clotilde Cariello.
Para la magistrada no hubo ningún problema.

Pesadillas
Tenía sueños reiterados. Me despertaba muy agitada y le contaba a mi tía que iba por un lugar bastante oscuro, sentía que alguien me llevaba y que iba corriendo. Sentía la agitación de la persona que corría, por eso yo me agitaba y sentía que no era yo la que corría y sentía la angustia de esa persona, como que estaba escapando de algo. Estuve así varios días, hasta que decidieron decirme mirá pasó esto, en realidad me encaró mi hermana, porque mi tía no podía hacerse cargo de decírmelo, a mi hermana se lo había dicho su psicóloga.
Cada vez que salían a comprar algo, mi hermana se hacía la mochila, se llevaba las cosas que mas quería, su cepillo de dientes, su muñeca y algo de ropa. Le preguntabas por qué y decía por si no podía volver, o sea que le tuvieron que sacar un montón de hábitos, también le regalaban algo, lo rompía y decía no quiero.
Cuando a ella le tocó decírmelo, estaba bastante mal, lo hizo de la mejor manera que pudo, me llevaba dos años y medio, yo tendría siete años y ella nueve y medio.

Cuestiones familiares
María Cristina Nocera tenía 25 años y era agente de policía cuando el 13 de setiembre de 1976 se presentó ante la jueza de menores.
Dijo que “desde hace aproximadamente dos meses se encuentra en su hogar la menor de autos, supuestamente llamada Catalina Aguirre, de aproximados cuatro años de edad. Que con la anuencia de este Tribunal y dado su estado de salud en que la menor se encontraba, es que cobijó en la casa de su familia. Presentaba un problema de tipo bronquial, una cuestión que ya se encuentra plenamente superada”.
Su intención, dice el expediente, “fue la de preocuparse más íntimamente de la salud de la criatura en razón que en las dependencias de la Policía de Menores, por más buena voluntad que hubiere, no se le podían brindar los cuidados que la misma necesitaba”.
Sin embargo, a Nocera se le había acabado la voluntad: “...actualmente quiere ponerla a disposición de este Juzgado, por cuanto ya cree haber cumplido con la tarea que se había encomendado y ante la imposibilidad de seguirse manteniendo la misma situación, por cuestiones de índole familiar”.
Argumentó que su padre tenía problemas cardíacos y que no deseaba generarle un problema en el futuro en caso de que se encariñara con la criatura en caso de que el Tribunal “luego disponga otro destino para la misma”.
La jueza contestó que la niña debía “depositarse provisoriamente en el domicilio de la compareciente” y que era necesario librar un oficio a Feced “para que informe con respecto a la situación de la presunta progenitora de los menores y a disposición de qué autoridad la misma se encontraría y todo otro dato de interés para la presente causa a fin de resolver la situación de los menores de autos”.
La jueza de menores era Clotilde Cariello y nadie sabe hasta el momento cuántas otras personas se presentaron ante ella en relación a los chicos hijos de desaparecidos.

Descubrimientos
Cuando apareció Lelia que fue compañera de mi vieja le empecé a preguntar.
Recuerdo que por ejemplo cuando encontré un recorte de diario que decía que habían matado a un militar, le pregunté a mi tía y mi tía decía, “yo no se nada”, entonces fui, me tomé un colectivo, me fui hasta lo de Lelia y le dije, “explicame”. Porque una cosa es que lo mataron por hablar, por pensar y otra cosa es que ahí lo culpaban de haber matado a alguien, como que todo cambiaba de lugar, la defensa no era tan así, desde la mentalidad de alguien de doce años.
Entonces me dijo. Ellos estaban militando, ellos no lo mataron. Entraron para sacar armas y para protegerse cuando se iban se llevaron a un militar. Lo tuvieron preso para pedirles que largaran gente. El tipo entró en una depresión, lo descuidaron un día y se suicidó. Los militares saben que se suicidó, pero lo ponen como muerto por la subversión. Entonces ahí se me empezó a complicar todo y empecé a preguntar por el tema de la militancia.
“Yo te ofrezco empezar a buscar gente que los haya conocido en la militancia, porque ellos te van a explicar mejor, yo no se”. A partir de los doce y trece años empecé a conocer cada tanto un compañero de mi viejo, de mi vieja. Así fui juntando los datos. Hay cosas que yo se que mi tía de verdad no sabe...

Problemas de conducta
María Cristina Nocera no quería saber nada con Catalina en noviembre de 1976.
El 10 de aquel mes volvió a presentarse ante la doctora Clotilde Cariello “para que el Tribunal disponga lo pertinente con respecto a la menor depositada provisoriamente en su domicilio”. Ya no se hablaba de los problemas del corazón de su padre y el futuro desencanto en caso de un nuevo traslado de Catalina.
“...la referida presenta a esta altura problemas de conducta y le está complicando la vida a sus padres. Teniendo en cuenta que se ha presentado un presunto familiar de la menor sugiere que le sea entregada la menor en depósito a dicho familiar, por cuanto la situación familiar se ha tornado insostenible”, sostuvo.
La doctora Cariello tomó debida nota.
En el expediente, mientras tanto, no había una sola nota que aclarara el destino de la madre de las chicas.
Feced no se tomaba el trabajo de jugar a la supuesta legalidad que suponían los requerimientos judiciales.

Los quince
Dos meses antes de cumplir los 15 años se supo el nombre y ahí me dieron la primera foto, que está por ahí ampliada. Después, una semana antes de que cumpliera los 15 apareció en mi casa parte de mi familia paterna. Y después del cumpleaños conocí a toda la familia que era un montón...
Vivía en Corrientes y Pellegrini con mi tía, mi hermana y con mis primos.
Ese día a mi abuelo se le llenaron los ojos de lágrimas. Fue así: entre una multitud te llama alguien y ese era mi abuelo paterno.
Lloré todo el tiempo y a mí que me cuesta mucho llorar, fue muy fuerte.
Esto habrá sido en 1991.

Una forma de volver
Su tía Judit Brunet fue a buscarlas.
Era el quince de noviembre de 1976.
Llevó varios documentos, desde partidas de nacimiento a certificados de defunción.
Por ahora era una sobreviviente.
Ante la justicia rosarina que hacía de cuenta que no pasaba nada, tuvo que demostrar que Josefina y Catalina eran hijas de Ruth González Brunet que nació el 25 de setiembre de 1953.
Y “que habiendo sido impuesta que la depositaria provisoria de la menor Mariana González, que figura en autos como Catalina Aguirre, no puede seguir haciéndose cargo de la misma, viene a solicitar al Tribunal que la declarante sea designada depositaria de dicha menor, hasta tanto se regularice la situación de autos”.
Era una forma de volver al seno materno...
Por lo menos para Mariana.
De Josefina se sabía poco o casi nada.

Búsquedas
Un año después, alrededor de 1992, viajé hasta la sede de Abuelas de Plaza de Mayo. Me hice la filiación materna y se suponía que todos los trámites para conseguir mi verdadera identidad iban a ser fáciles y rápidos y todavía no hay sentencia.
Lo de mi viejo era más complicado porque la familia jamás lo denunció, yo le planteo a mi abuelo que quiero su apellido, empecé todos los trámites.
Así que ahora estoy con eso, peleándola...
También tengo que presentar una desaparición forzada de mi papá. De mi vieja tenemos que recuperar el cuerpo.

Lo que saben ellos
A fines de 1998, José Rubén Lo Fiego, imputado de 69 delitos de lesa humanidad, seguía en funciones en la policía rosarina.
En esos días entregó una serie de papeles en los que informaba que distintos expedientes que formaban parte de la justicia federal fueron remitidos al Consejo Supremo de las Fuerzas Armadas y que nunca más se supo de ellos.
Allí hace mención que en el legajo de la Comisión Nacional sobre Desaparición de Personas número 4.316, Ruth González fue vista en la Alcaidía de Mujeres hasta setiembre de 1976 cuando la sacaron y la cargaron en un taxi Agustín Feced, Guzmán Alfaro y el mencionado Lo Fiego.
El torturador escribió en esos papeles que Ruth murió en “un enfrentamiento” el 5 de octubre de 1976.
¿Cuánto más sabe Lo Fiego?.
¿Alguna vez volverá a declarar sobre los hechos en los que participó entre 1976 y 1983?.
¿O los jueces federales rosarinos seguirán trabajando para el olvido?.

HIJOS
En ese lío de mi vida, allá por 1995 entré a HIJOS, que se había creado en abril. Yo entré en mayo....
Para mi llevar el apellido de mi papá va mas allá de una cuestión legal.
Es primero tener la certeza de quién fue mi papá, el apellido me lo va a determinar, yo creo que lo tendría si ellos no lo hubieran matado, es como que vuelva todo a la normalidad y más que nada impedir que realmente lo hayan hecho desaparecer, porque para la ley está todo bien, mi viejo está por algún lugar.
Pero al mismo tiempo yo soy la hija y acá estoy, quiero que mi papá, sea mi papá y que figure que es mi papá y que figure que mis hijos van a ser los nietos de él, no quiero que se pierda mi viejo.
Por ahí lo que siento es que los extraño, los necesito y no los tengo y eso es algo que no va a cambiar nunca, pero creo que cuando empecé a investigar más el tema de la militancia empecé a entenderlos más. Pero cuando entré a HIJOS, cuando aprendí de verdad lo que es militar y los sentimientos que a vos te genera el compañero y lo que te genera a vos estar absolutamente seguro de lo que querés hacer y no te importa o ponés en riesgo tu integridad física por eso, creo que puedo entenderlos más.
Yo no tengo hijos, pero siempre fue incluso una batalla bastante interna y fuerte con respecto a si tengo un hijo qué hago, voy a permitirme seguir militando si eso implica que él pueda llegar a pasar por lo mismo.
Y digo que si, quiero que mi hijo aprenda a luchar.

La burocracia del terrorismo de estado
El caso de Josefina y Mariana consta en la Justicia de Instrucción Militar y en varios expedientes de la Cámara Federal de Apelaciones de Rosario.
El 11 de abril de 1986 se podía leer que: “Se procede a agregar al presente sumario fotocopias obrantes a fojas 476 a 481 que han sido extraídos del sumario nº 32.901.
“Chorobik de Mariani, María Isabel s/su presentación”, bajo el título de “Detalle de expedientes caratulados NN, ingresados en la secretaría civil del juzgado de menores de la segunda nominación durante el período 1976 - 1983”, dado que en tal listado, en el año 1976, se encuentran insertados los siguientes obrados: el expediente número 595: Aguirre, Josefina y Catalina s/situación (hoy González Mariana y Josefina Victoria s/situación), siendo tales menores las hijas de las llamadas Ruth González Brunet, femenino de figuración en el sumario número 562 de la causa AT 40.965/2665, Feced, Agustín y otros, s/homicidio, violación y torturas; el expediente número 5, Bettanin, Mariana y Carolina Luchetti, Cristina Inés s/situación, siendo las tales menores las hijas del matrimonio conformado por Leonardo Bettanin y María Inés Luchetti, personas estas de figuración en el sumario número 6/84 de la causa AT 40.950/2665 antes mencionada, como asimismo, se observan los expedientes números 8: Maggio, Paula, s/amparo y número 9, Tossi, Bárbara s/amparo, hija de Clotilde Rosa Tosi y siendo los padres Roque Ramón Maggio y Clotilde Rosa Tossi, personas de figuración en el sumario número 6/84 de las causas AT 40.950/2665, todo lo cual se asienta en la presente diligencia firmando de conformidad y para constancia en presencia del juez de instrucción militar y del secretario que certifica”.
Lo firmaba Higinio Salvador Pérez, sargento primero, oficial secretario del JIM 52 y Genaro Alberto Monzón, coronel, juez de instrucción, JIM 52, Comando Cuerpo Ejército II.

Juguetes
Me gustaba jugar a la mamá. Cuando me daban plata para la merienda yo gastaba menos, ahorraba y me compraba ropa de bebés para las muñecas.
Yo creo que con mi hermana en algún momento llegamos a tener ciento y pico de muñecas.
Tengo algunas, a mis preferidas las tengo guardadas, todas. En realidad siempre fui muy pegote con las cosas, cuando necesitaba cosas de mis viejos y no las tenía.
Por ejemplo mi pequeño Pony que está ahí, me lo regaló mi hermana, después de haberlo deseado muchísimo tiempo, para mi es re importante, yo lo pongo a mi pequeño Pony y cuando viene Aymará que es la hija de una amiga, es re lindo verla jugar con mi pequeño Pony, es como darle una parte más mía y se que lo que guardo es para poder dárselo a mis hijos. Quiero que ellos lo tengan, que después pueden optar por no usarlo, pero que lo tengan. Hay un montón de cosas mías, están mis cuadernos de tercer grado, algunos trabajos míos de la secundaria, cosas que para mí han sido importantes, por eso hay tanto quilombo acá, yo soy de guardar.
Mi sueño es tener una familia y tener un jardín de infantes.

Los recuerdos de una celadora
El 15 de abril de 1986, la ahora sargenta Norma Pilar Ramos declaró que “recuerda haber ingresado 3 NN femeninas, una de ellas de 23 años aproximadamente, otra de 3 años más o menos y la última una bebita de cuatro meses. La persona mayor femenina y las dos menores entraron a la policía de menores femenina y posteriormente la persona mayor fue trasladada a la alcaidía quedando en custodia las dos menores. A la niña menor (la de cuatro meses) al día siguiente de su ingreso tuvo que ser internada en el Hospital de Niños Héctor Vilela a raíz de un examen médico practicado en dependencias quien determinó diagnosticando un cuadro de broncolitis. Permanenciendo internada en dicho nosocomio durante el lapso de una semana. Que la bebita (de cuatro meses) le fue entregada en forma provisoria por orden del juzgado de menores de la señora Norma a cargo de la doctora Clotilde Cariello. Con respecto a la segunda menor (de tres años) estima que fue llevada en forma provisoria por la celadora Cristina Nocera. A los ocho o nueve meses de haber permanecido con la bebita fue solicitada por el juzgado de menores de la segunda nominación civil para ser entregada a un familiar”.

El nombre del documento
Ahora, en el documento, mi nombre es Josefina Victoria González, que es igual al de mi mamá, porque me lo pusieron porque es un apellido común, a los NN cuando le ponen el apellido, le ponen González, Pérez, Gómez, López.
El apellido verdadero de mi papá es Toseto. Aguirre es el nombre de guerra de mi viejo. Dos por tres me preguntan por qué me dicen Tana y cuando ven González, entonces dicen que el sobrenombre es es una cargada...Entonces tengo que explicar todo.

Los archivos policiales
María Lina Ruiz, sargenta, jefa de la sección femenina de la policía de menores declaró ante la justicia federal rosarina que revisó memorandum de guardia del año 1976 “como así también el índice correspondiente, no hallándose registrados en los usuarios la recepción de las menores Mariana y Jorgelina (sic) González”. Estos dichos fueron formulados el 17 de marzo de 1986.
A diez años del principio del terrorismo de estado, todavía era posible reconstruir cada una de las fichas elaboradas por la policía rosarina.
El comisario Roberto Scardino, el 25 de marzo de 1986, fue capaz de relatar lo sucedido el 20 de julio de 1976.
La versión oficial de la desaparición de Ruth González.
Aquel día, una unidad del Comando Radioeléctrico llegó hasta la casa ubicada en Sánchez de Bustamante 845 en donde se encontraron con “un femenino de joven edad, aparentando un fuerte estado psíquico anormal, al parecer por la consumición de estupefacientes, acompañada por dos niñas de corta edad, procediéndose al secuestro de gran cantidad de medicamentos, jeringas hipodérmicas y literatura de corte subversivo”.
“Dolores Aguirre” fue remitida a la Alcaidía de Mujeres el 24 de julio de 1976 y, según el parte oficial, fue puesta en libertad el 9 de setiembre de aquel año.
En esa misma respuesta aparece la versión que recoge Lo Fiego años después: el 5 de octubre de 1976 en un enfrentamiento armado con fuerzas legales caen abatidos dos femeninos y un masculino. Una de ellas era Ruth González, de acuerdo al análisis que se hizo por comparación dactiloscópica.
Pura historia oficial.
Pura mentira histórica.
Pero con un dato nada menor: la existencia de archivos policiales que permitían reconstruir los hechos sucedidos durante el primer año del terrorismo de estado.

Los sentidos y lo mágico
Así somos los hijos de los desaparecidos. Tenemos algunas cosas en común. Por ejemplo yo no escucho bien, pero hay ruidos que los reconozco. Y tampoco tengo olfato a lo que se suma que siempre tengo la nariz tapada por la alergia, pero hay olores que reconozco.
Un día que entré acá y todavía no estaba terminada la casa, sentí un fuerte olor a ratas. Fui, le pregunté a un tipo, y dice no, averigüé y las ratas no tienen olor, los que tienen olor son los murciélagos y que murciélagos acá no hay.
Insistí: acá hay olor a rata. Tres días después descubrieron que debajo de ese piso había un nido de ratas y yo no tengo olfato prácticamente.
También suceden cosas increíbles.
Hace un par de años yo tuve una depresión bastante fuerte. Digamos que terminé de caer.
Un día, en medio de esa situación, estaba tirada en mi cama llorando, sola y cerré los ojos y me vi tomando la teta y escuchando un corazón y me calmó absolutamente.
Ahí me di cuenta que mi mamá estaba conmigo.
Después tuvimos un encuentro de Hermanos donde estaba la psicóloga. Mirá, me pasó esto, yo quiero saber si puede haber sido un recuerdo.
Yo sentí que era mi mamá, lo sentí y no te puedo decir si la vi.
Pero ella. Ahí estaba.
Conmigo.
Y fue verdad...

Un Clemente con manos.
Así es Simón, el personaje y secretario de Raúl Milito.
Inventado cuando iba a las escuelas de la República de la Sexta, uno de los más emblemáticos barrios rosarinos.
“Su paso por las aulas es recordado por su compromiso, inteligencia y sentido del humor. Desde sus primeros pasos fue un hábil dibujante, creando personajes como Simón”, escribió uno de sus hermanos, sobreviviente de la noche carnívora iniciada el 24 de marzo de 1976.
Simón se colaba entre los papeles de la facultad de Arquitectura y en las reuniones de la Juventud Universitaria Peronista y del Peronismo de Base.
Ahí andaba la sonrisa de Simón dibujada en un solo trazo, mezcla de ternura y picardía, con grandes ojos y tres pelos locos que partían hacia el universo.
Vestido de polerón, con panza y pies grandes, Simón saludaba a los compañeros y cada tanto aparecía con una pelota de tientos.
También aparecía en las cartas de amor para Silvia Bianchi, la pareja de Raúl que tenía entonces 23 años. Vino de Entre Ríos, estudió psicología y se metió en el barrio San Francisquito “a repartir caricias y enseñar letras y cuentas” y se convirtió en militante peronista y montonera, como contó Eduardo Bertolino años después.
“Porque fue tu opción y tu elección. Una decisión meditada.
Peronista y montonera. Con orgullo, con pasión y con tu humildad de siempre, pero con una responsabilidad mucho más grande. Ya no había lugar para flaquezas y muy poco espacio para las dudas. Se blindaron las palabras, se endurecieron los gestos, se retempló el alma. Pero hubo lugar para el amor. Conociste a Raúl. Y los besos y las caricias poblaron tus días y tus noches. Tus ojos estallaban de felicidad y tus mejillas se coloreaban de pudor cuando te cargábamos. Y pucha que era duro enlazar los deseos personales, las pasiones íntimas con la responsabilidad política y la lucha revolucionaria...”, siguió Eduardo.
Y allí estaba Simón.
En la noche del 20 de agosto de 1976 entraron a la casa y los fusilaron. No importó que Silvia estuviera embarazada. Destruyeron todo lo que encontraron.
Pero Simón resistió.
Una gambeta del amor que burló a los asesinos y le ganó a la invención del olvido.
Un cuarto de siglo después, ahí está Simón.
Dibujado sobre el pizarrón, en los pupitres, en papeles y cartas varias.
Se metió en las manos de uno de los sobrinos de Silvia y Raúl y su cuello amplio de polerón de los setenta desafía silencios y solemnidades del principio del tercer milenio.
La memoria hecha caricatura.
El amor viajando en la manito de un pibe que no se olvida y sigue divirtiéndose con Simón, como sus tíos.

HISTORIA DE UNA BANDA

 
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