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Cuando el crimen no paga

Written By Carlos Francisco Gutierre on 01 febrero 2016 | 9:37

Por Ricardo Canaletti 26 de agosto de 2011 0:41
(El caso de Sebastián Pira)

Venía a todo lo que da. A 100 kilómetros por hora. No, a 110. No a 120. No a 130. El Ford Galaxy iba suspendido por la calle Salta, en Rosario. ¡Dale, dale… A que lo hago volar… Dale, dale…! El mundo a sus pies o debajo de sus pies. ¡Dale, dale…! Era de noche. Una cuadra la pasaba en unos segundos, y la otra en unos segundos, y así. Eran las primeras horas del 2 de marzo de 1997. ¡Dale, dale… pisá el fierrito del acelerador…! La calle Salta es puro aire… Salta y la que viene Oroño, una más en la infinidad de cruces y bocacalles que venía dejando atrás. ¿Quién puede saber cuándo pasará el rayo? ¿Quién puede ver el bólido venir a 130 kilómetros por hora? Es imposible que las chicas que cruzaban la calle lo vieran. A esa velocidad no se está y al milisegundo siguiente está encima. La velocidad hace aparecer cosas inexistentes.

La primera chica, María Celeste Haiek, de 22 años, murió con el golpe del auto contra su cuerpo, dislocado como si fuera una muñeca. Pero su amiga, Daniela Caruso, de 16 años, que cruzaba con ella, no. A ella le pegó el bólido pero quedó viva y enganchada en el capó del Ford Galaxy… ¡La vio… Sí, el conductor la vio! ¡Pará! Pero el conductor no paró. Siguió con la chica de 16 años sobre el capó, y siguió a más velocidad todavía. No pisó el freno sino el acelerador. ¡Pero la va a matar! En la esquina de Balcarce frenó de golpe. Daniela cayó por fin al pavimento. Bueno, ahora el conductor se va a bajar… No. No. Calculó y la pasó por encima con el Ford Galaxy. Daniela finalmente murió.

Hasta el momento que le pasó con el auto por encima a Daniela el conductor tenía la posibilidad de ser tratado como un automovilista temerario, un caso de imprudencia criminal extremo. De hecho eso es lo que dirían sus abogados. Pero en el preciso momento que decidió frenar con el propósito de que Daniela cayera y después acelerar y pasarla por encima, abrió la posibilidad de alegar en su contra que cometió homicidio intencional. Es decir, que la quiso matar. El final de esta tragedia fue digno de su comienzo: el conductor escapó del lugar a toda velocidad.
El conductor tiene nombre y apellido, Sebastián Rodrigo Pira.Tenía entonces 21 años.
Horas después Pira y, como no podía ser de otra manera, un abogado, se presentaron en la seccional 3ª de Rosario. Bien descansado, bien peinado, bien asesorado, con cara de circunstancia. Y pasó lo que tenia que pasar o, mejor dicho, lo que los estrategas puestos al servicio de Pira, un muchacho de familia acomodada, habían pensado. Por la muerte de María Celeste Haiek, Pira fue procesado por el juez Correccional Edgardo Bistoletti como autor de homicidio culposo, es decir imprudente, cometido sin intenciòn directa de provocar la muerte. ¡Venía a 130 kilometros por hora por una calle… No tuvo intención!
Sin embargo a Pira se le complicó la cuestiòn cuando este juez entendió que el caso de la otra chica, Daniela Caruso, no podía considerarse una imprudencia y dijo que el delito debía ser homicidio simple. Como los jueces correccionales no tienen facultad para intervenir en delitos graves como un homicidio simple (de ocho a 25 años de cárcel es la pena prevista), dividió el expediente y envió la parte correspondiente a la muerte de Daniela al juez de instrucción penal Osvaldo Barbero.
Las circunstancias volvieron a ser favorables para Pira. Barbero, de criterio más conservador con los casos de muertes en tránsito, consideró que los dos casos eran de homicidio culposo o imprudente.Pues bien, flor de lío. Qué se hizo entonces, pues se mandó todo el asunto a la Cámara de Apelaciones en lo Penal, superior de los dos jueces, para que resolviera. Y este tribunal entendió que Pira debía ser juzgado por la figura más grave, es decir homicidio simple de Daniela Caruso, que no permite, ni entonces ni ahora, la excarcelación. Pero entre que uno decide, el otro le contesta y un tercero resuelve finalmente se fueron dìas, semanas, meses y el mismísimo Pira, que desapareció.
Pasó 1997, 1998, 1999, 2000. Nadie sabe qué fue de él durante esos años. En 2001, sin embargo, fue detectado por Interpol en el aeropuerto de Shiphol, en Amsterdam, a punto de abordar un vuelo rumbo a Tel Aviv, Israel. Lo detuvieron porque para ese entonces ya tenía captura internacional. Y comenzó un juicio de extradición, como corresponde. ¿Qué hicieron los holandeses con Pira? En el mientras tanto le dieron arresto domicliario. Claro, no tenían por qué conocerlo. Cuando un tribunal de la ciudad de Harlem dio vía a libre para su traslado a la Argentina, Pira volvió a escapar, “piró”.
Y así pasaron todos estos años. En 2004 prescribió el caso por la muerte de María Celeste Haiek. ¿Y por Daniela? Como el homicidio simple o intencional es más grave que el culposo o imprudente, el delito contra Daniela se persigue por un lapso de 12 años. En noviembre de 2009 el juez Barbero, aquél que no pensaba que lo ocurrido con Daniela fuese un homicidio intencional, declaró que el caso estaba prescripto, terminado, acabado, finito, kaput. El Estado no había movido un dedo en mucho tiempo y cuando lo hizo fue para mandar el expediente al archivo. Se abrió así la puerta para que Pira pudiera volver al país, si es que ya no lo había hecho.
A mediados de junio de 2009, es decir meses antes de que se firmara la prescripción, Celia, la hermana de Maria Celeste Haiek, estrenaban un servicio de internet en su casa. Como el domingo 28 había elecciones nacionales, le pidió a uno de sus hijos que buscara en el sitio oficial donde se exponía el padrón electoral. Se acordó que en una biblioteca guardaba una copia del expedientejudicial por la muerte de María Celeste y se le ocurrió buscar el DNI de Pira. Puso el número en el buscador de internet y vio lo que la administración de justicia no había visto. Apareció el nombre completo de Pira y el lugar donde debía votar: mesa número 949 de la Escuela Nº 43 Reino de España, ubicada en Ayacucho y avenida Guacurari, ciudad de Posadas, Misiones. ¡Tenía domicilio en Misiones!
Para figurar en el padrón electoral, Pira debió dar personalmente el domicilio meses antes de las elecciones, es decir cuando estaba vigente su pedido de captura. ¿Y? Y que esa informaciòn no fue obtenida por organismos de inteligencia ni de reconstrainteligencia ni de la Policía, nenos del juzgado, sino de Celia, una maestra, hermana de una de las víctimas de Pira. Celia, temblando, se comunicó con Felipe Caruso, el papá de Daniela. El dato se comunicó a la administraciòn de justicia que no hizo absolutamente nada. ¿Votó Pira en 2009?
“No lo quisieron buscar porque este chico es un privilegiado por el dinero”, dijo entonces Celia. “La prescripción de la causa, con la información de Misiones servida en bandeja y sin profundizarse, es una muestra más de la impunidad que hay a todo nivel. No sólo por nuestras chicas, en este país no hay castigos ejemplificadores, nenos para los que tienen dinero”, agregó.
Es posible que el escándalo que significa este caso, de principio a fin, pudiera provocar una profunda reflexión en los jueces de la Sala III de la Cámara de Apelaciones de Rosario. Allí fue a parar la apelación que hizo la fiscal Cristina Rubiolo, en desacuerdo con la prescripción del crimen de Daniela Caruso. En febrero de 2010, los camaristas resolvieron revocar lo decidido por el juez Osvaldo Barbero (el que había dicho, más de una decada atrás, que pasarle el auto por encima a Daniela luego de atropellarla y arrastrarla, no era homicidio intencional) y declarar que el caso no estaba prescripto.
Casi al mismo tiempo que la Cámara volvía a abrir el expediente, los familiares de las víctimas recibieron el dato de que Pira podía estar viviendo en una casa del barrio Fisherton. La Tropa de Operaciones Especiales de la Policía de Rosario allanó un domicilio en la calle Michetti al 7800, pero el prófugo no estaba.
El 2 de marzo pasado se cumplieron 14 años de las muertes de María Celeste y de Daniela. Es la misma cantidad de años que Pira lleva haciendo pito catalán. Hoy tiene 35 años. Quién puede saber si esas dos muertes han pesado alguna vez en su conciencia. El tipo hizo su vida igual. Habrá pagado por muchas cosas menos por las vidas de Marias Celeste y de Daniela.

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