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Muertes de verano

Written By Carlos Francisco Gutierre on 29 enero 2016 | 15:09

El índice de homicidios crece en Santa Fe y, en particular, en Rosario durante diciembre, enero y febrero, los meses más calurosos. Las víctimas son jóvenes varones que no superan los 30 años y los asesinatos suelen perpetrarse con armas de fuego. Especialistas opinan sobre el rol del Estado en la prevención y control.

Leandro Magnabosco | Cruz del Sur

En la novela “El experimento del Dr. Ox”, Julio Verne relató las consecuencia de un ensayo realizado sobre los pacíficos habitantes de la pequeña comunidad de Quiquendone, en Flandes. Con la excusa de alumbrar a la ciudad, el científico suministraba a los dóciles lugareños, a través de un sistema de tuberías, altas dosis de gas oxhídrico. Este misterioso gas afectaba los ánimos y predisponía a los incautos “conejillos de Indias” a actuar con violencia. 

En Rosario el calor parece desatar el mismo efecto: cuando el termómetro sube, se incrementan los homicidios. En los días de alta temperatura, y especialmente en los meses estivales, la tasa de homicidios crece. Diciembre, enero y febrero (e incluso marzo) son los meses con el índice más alto de homicidios dolosos. 

Vecinos que dirimen la disputa a balazos, amigos que luego de una noche de borrachera saldan antiguas cuentas en peleas callejeras que terminan en muerte. 

Pero este fenómeno, como casi todos, se resiste a las explicaciones únicas. Diversas hipótesis, entre ellas, el calor, el alcohol, los conflictos interpersonales y la proliferación de armas intentan dar cuenta de algo que persiste. En las crónicas policiales, muchas veces, la violencia y los homicidios se explican con la categoría de “ajuste de cuentas”, una expresión ligada a la disputa territorial por viejas rencillas o por la venta de droga. La realidad es que en la ciudad hubo 224 homicidios durante 2015, y el mayor número de casos se concentró en los días de calor y durante los fines de semanas. 

Para el criminólogo Enrique Font, los homicidios poseen varias características que se sostienen en el tiempo. Las víctimas, en general, son jóvenes, varones y pertenecientes a sectores populares. Al ser consultado sobre las causas de este fenómeno, el investigador fue cauto, evitó dar una interpretación lineal, y agregó: “Para nosotros la explicación más consistente es esta: una acumulación de situaciones que empiezan por inclusión cultural más exclusión estructural, y que continúan con una presión para la construcción identitaria, algo muy fuerte en una lógica de mercado”. 
Pero Font sostuvo que esas mismas variables no actúan siempre de la igual manera y que adquieren particularidades diferentes en los distintos barrios y zonas de la ciudad. “En donde hay una lógica de bandas, relativa facilidad de acceso a armas, la presencia o ausencia de Gendarmería y de la policía estructuran el panorama en forma diferente en cada caso”, afirmó. 

Masacre por goteo

Para el Colectivo de Investigación Militante sobre los Jóvenes y el Poder Punitivo (CIMJPP), los homicidios de hombres jóvenes de barrios periféricos y con armas de fuego se pueden inscribir en lo que suele denominarse una “masacre por goteo”. Este concepto fue acuñado por el jurista argentino y ex ministro de la Corte Suprema Argentina, Eugenio Zaffaroni. Para él, esta categoría define las “muertes por ejecuciones sin proceso, por la criminalidad organizada (que siempre opera con corrupción y complicidad de estamentos del propio poder punitivo), por maltrato, indiferencia o motines carcelarios, por mortalidad y morbilidad carcelaria, y por omisiones de las fuerzas de seguridad, por deficiencias del servicio de seguridad, por contradicciones incentivadas entre los segmentos carenciados, etcétera”. 

El sociólogo Javier Auyero, quien junto a la maestra Maria Fernanda Berti, analizó la violencia interpersonal en el conurbano bonaerense, sostiene que esta violencia urbana afecta a las poblaciones más desposeídas de manera desproporcionada; particularmente, a los jóvenes, tanto en su condición de víctimas como en su rol de perpetradores. Y concluye que en las sociedades latinoamericanas, especialmente tras la década de los 90, en la que se llevó adelante un proyecto político liberal, “esta violencia se concentró en asentamientos informales”. 

Para Auyero, quienes experimentan la victimización con mayor frecuencia son quienes están en lo más bajo del orden social y simbólico. Y es allí, entre los más desposeídos, donde se encuentran la mayor cantidad de homicidios y heridos graves. “La experiencia de la violencia interpersonal (y del miedo a esta) entre los más pobres se vuelve algo indecible; y el trauma que se vive a diario en los territorios de relegación en los que ellos habitan se torna en una experiencia negada”, asegura Auyero. 

Una fuente del Ministerio de Seguridad de la provincia reconoció que la tendencia marca que los homicidios aumentan siempre a partir de septiembre, octubre, diciembre, enero y febrero, y luego vuelven a disminuir. Pero el funcionario descartó que este incremento dependa del calor, aunque no pudo reducirlo a un solo factor. En cambio, aventuró que responde a una serie de factores, entre los que destacó la ausencia de mecanismos estatales para dirimir los conflictos y la presencia de armas de fuego. “Rosario tiene la particularidad de contar con sus números blanqueados, aunque son altos tenemos relevado todo el territorio”, aseguró. 

Latinoamérica-Rosario

El alto porcentaje de jóvenes asesinados no es una característica exclusiva de nuestra ciudad. Según el informe elaborado por el Programa de la Naciones Unidas 213/14 (titulado “Seguridad Ciudadana con rostro humano: diagnóstico y propuestas para América Latina”), en la mayoría de los países de Latinoamérica el segmento etáreo de jóvenes de entre 10 y 25 años representa el mayor porcentaje en los casos de homicidio. Otra característica que resalta este informe es que, en su mayoría, los homicidios son perpetrados con armas de fuego. 

Estas conclusiones del PNUD se replican en el ámbito local. La utilización de armas de fuego y la edad y el sexo de las víctimas de homicidios reseñadas en ese informe tienen características similares. Según las estadísticas elaboradas por la Dirección de Análisis Criminal del Ministerio de Seguridad de Santa Fe, en el departamento Rosario, el mayor porcentaje de homicidios se relaciona con armas de fuego; en segundo lugar, se registran los ataques con armas blancas y, por último, la categoría “otros”. Con respecto a la edad, en el 70,9 por ciento de los homicidios las víctimas eran menores de 35 años. 

En el informe de la PNDU un dato que se destaca es que, entre 2000 y 2010, la tasa de homicidios en la región creció un 11 por ciento, a pesar de que en la mayoría de las regiones del mundo descendió o se estabilizó. Como consecuencia de este crecimiento, en dicha década fueron asesinadas más de 1 millón de personas en Latinoamérica y el Caribe. En estos casos, el uso de arma de fuego, tanto en robos como en homicidios, supera el promedio mundial y alcanza el 66 por ciento (cuando a nivel mundial es del 41 por ciento). En Sudamérica esta tendencia se agrava y alcanza el 83 por ciento de los homicidios. 
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