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Lo mataron de un escopetazo cuando escapaba tras robar en una rotisería

Written By Charles Francis on 31 enero 2014 | 14:49

Lo mataron de un escopetazo cuando escapaba tras robar en una rotisería

Otro homicidio en las calles de Tablada. Facundo Paré tenía 18 años y varios antecedentes. Se desconoce quién le disparó la madrugada de ayer en Esmeralda al 3900.


El local. Los ladrones ingresaron a la rotisería que funciona en un garaje de Esmeralda al 3900 por un ventiluz.
Por Leo Graciarena / La Capital

"Antes en esta zona teníamos muertos por las peleas entra bandas, por la droga o por lo que fuera. Ahora tenemos a estos pibes que son unos rateros y nos quieren robar en nuestras propias casas. Así, por una cosa u otra, seguimos teniendo pibes muertos". Arropada por el anonimato, una mujer de Esmeralda al 3900 ofreció su visión de las cosas tras la muerte de un chico de 18 años ganado por el delito. Según la versión oficial, Facundo Elías Paré ingresó la madrugada de ayer en una rotisería de Esmeralda y Doctor Riva con fines de escruche (robar en ausencia de personas). Y cuando huía a la carrera llevándose algunas prendas de vestir, un vecino lo mató de un escopetazo por la espalda. Nada se sabe sobre la identidad del ejecutante del disparo y tampoco del cómplice del muchacho, que huyó con una cortadora de fiambre y avisó a los familiares del muerto.
Eran aproximadamente las 4.45 cuando dos fuertes detonaciones levantaron de la cama a los vecinos de Esmeralda al 3900, entre Doctor Riva y Presidente Quintana. "Yo escuché dos estruendos bien fuertes que parecían rompeportones. Después gritos de dolor y alguien que pedía auxilio. Cuando salí a la vereda me topé con el cuerpo del muchacho tirado frente al portón", explicó ayer un vecino de la cuadra. Todos los testimonios en el lugar se dieron bajo el mismo patrón: "No me saques fotos ni me filmes porque esta gente (los familiares del pibe asesinado) es muy conflictiva y acá todos tenemos familia". Y con respecto a quien abrió fuego contra Paré, se hizo honor al dicho: "Se dice el pecado pero no el pecador".
Esmeralda al 3900 está en medio de un cuadrado de tierra violenta delimitado por bulevar Seguí, Gutiérrez, Alem y Grandoli. Esa porción de territorio fue, en los últimos 10 años, escenario de peleas entre gavillas que disputaron la venta de drogas y el control de las calles cobrándose varios muertos y heridos. Ese barrio, conocido como Tablada, aporta a la estadística anual de homicidios entre 12 y 15 muertos. Y muchos de los nombres de esas víctimas quedan grabados en rudimentarios grafitis callejeros. "«Alan» y «Lepe», siempre presentes", reza por ejemplo una pintada en Berutti al 4000.
Iniciativa familiar. Allí, en ese barrio, a mediados del año pasado una familia decidió apostar por un negocio de rotisería en el garaje de una casa ubicada en calle Esmeralda, a metros de Doctor Riva. A la casa de comidas la dueña le agregó la venta de algunas prendas de vestir y juguetes. "Era algo que usaba para sumar un rebusque. Podías comprar algo para comer y si te gustaba también tenías unas ojotas", comentó una vecina. Los dueños de la rotisería no viven en el barrio pero la madre del dueño del negocio, una mujer de 85 años, vive en la casa contigua al local.
Hermanos difíciles. A dos cuadras de la rotisería vivía Facundo Elías Paré. Su familia es reconocida en el barrio por las andanzas de su hermano "Catito", quien con 17 años está detenido en el Instituto de Rehabilitación del Adolescente Rosario desde noviembre pasado y tiene una veintena de anotaciones penales además de haber sido investigado por tres homicidios. Catito marchó preso por la denuncia de una vecina, de 17 años, quien lo acusó de robarle la cartera en Biedma y Berutti. Sin embargo, los vecinos dicen algo que suena paradójico. "El padre de estos pibes labura de albañil. Y labura, no es mentira".
Las últimas horas en la vida de Facundo Paré lo mostraron, según los vecinos del barrio, robando o tratando de vender cosas de dudosa procedencia. "Ayer andaba ofreciendo una camisa nueva y llevaba las zapatillas que nosotros sabemos que le robó a una vecina de la cuadra. Y no eran zapatillas de 2 con 50. Eran señoras zapatillas", recordó otra doña. "Si les gusta salir a chorear que se vayan del barrio. ¿Cómo vas a ir robar un negocio a dos cuadras de tu casa? No tiene códigos", bramó otra vecina. "Todo es muy duro. Si te chorean los querés matar. Pero este pibe tenía 18 años. A la noche tenés que dormir con un ojo abierto porque si quieren, se te meten y roban. No les importa nada", reflexionó un residente de la cuadra.
Por el techo. La versión oficial indica que a las 4.45 de ayer al menos dos muchachos ingresaron a la rotisería rompiendo un ventiluz que da a un patio trasero. La madre del dueño escuchó ruidos y trató de espantar a los ladrones. Encendió la luz de su casa, preguntó a los gritos si había alguien y cuando ya no tuvo recursos llamó a sus parientes. Mientras tanto los ladrones se movieron dentro del local. Uno cargó una pesada máquina de cortar fiambre y Paré tomó algunas prendas de vestir. Luego subieron a la terraza y de allí ganaron calle Esmeralda.
A partir de ese momento el relato tiene un bache hasta que Paré cayó agonizante a media cuadra con un escopetazo por la espalda. Se desconoce si la persona que le disparó lo hizo desde la vereda o desde una terraza. "Se están recabando testimonios. En la escena del crimen se secuestraron tres cartuchos de escopeta calibre 12.70. La víctima recibió cuatro perdigones en la espalda, en la zona dorso lumbar en un radio de 20 centímetros, y tres en la región costal. Quien le disparó lo hizo desde unos 25 o 30 metros, aunque habría que ver qué tipo de escopeta es. El pibe caminó unos 30 metros entre la rotisería y el portón frente al cual murió. Cuando los dueños de la rotisería llegaron el pibe ya estaba muerto", explicó un vocero de la pesquisa en manos del juez de Instrucción Luis María Caterina.
Facundo Paré tenía tres antecedentes policiales como menor de edad y uno como mayor: el pasado 27 de junio por un robo. Su madre y sus parientes llegaron al lugar donde el pibe cayó muerto a los pocos minutos. La madre lo lloró ahí, sobre la vereda, hasta que la mortera municipal lo trasladó. "Así mueren estos pibes", reflexionó uno de los vecinos mirando la imagen en vivo, aunque pareciera que era por televisión.

Lo persiguen a bordo de una moto y lo matan con un tiro por la espalda

Written By Charles Francis on 30 enero 2014 | 21:37

Trágico final de un joven ligado al delito. Ocurrió la tarde de ayer en Gaboto y Felipe Moré. La víctima fue corrida varias cuadras y cayó en una casa vecina a la suya.

 

Marcos cayó malherido en la cama de una casilla en la que intentó guarecerse de quienes lo perseguían. (Foto: Bustamante)
Por Andrés Abramowski / La Capital
Un joven de 21 años fue asesinado ayer a la tarde de un balazo en la espalda en la zona sudoeste de la ciudad. Según fuentes policiales, el muchacho fue ultimado por dos hombres que le dispararon desde una moto luego de seguirlo varias cuadras. El crimen, trigésimo en lo que va del año en el departamento Rosario, es investigado por la brigada de Homicidios y la comisaría 19ª.
Marcos Agustín Vallejos fue baleado ayer alrededor de las 16.30 cerca de un pasillo ubicado en Gaboto y Felipe Moré, donde según vecinos vivía con sus padres y hermanos. Minutos antes algunos lo vieron correr por calle Amenábar intentando escapar de dos personas que lo seguían en una moto negra de 125 centímetros cúbicos.
Según los datos preliminares, los homicidas le dispararon por la espalda y el joven alcanzó a refugiarse malherido en una casilla del pasillo al que se ingresa por Gaboto. Los vecinos llamaron a una ambulancia y personal del Sies lo sacó para llevarlo a un hospital, pero al parecer ya había muerto, por lo cual fue trasladado hasta la comisaría 13ª, desde donde su cuerpo fue derivado al Instituto Médico Legal para que le practicaran la autopsia.
Pasillo. "Parece que le había robado a una transera (una vendedora de droga) y lo siguieron. Desde la moto le tiraron y parece que lo hirieron, pero él siguió corriendo hasta que se pudo meter en un rancho del pasillo para refugiarse", contó un joven que vive en la zona.
"El vivía en ese pasillo —agregó el vecino— pero no se metió en su casa sino en otra, donde hace unos meses mataron a otro pibe (ver aparte). Y creo que los que lo seguían quisieron meterse a meterle más balas, pero la mujer que vive ahí les dijo que por favor no lo hicieran porque había muchos chicos jugando en el lugar".
La versión presenta coincidencias con lo relatado por un vocero policial. "Al parecer la víctima escapaba de sus perseguidores por la vía y alcanzó a meterse en una vivienda precaria en la que en ese momento no había nadie. De pronto la dueña, que estaba tomando mates enfrente, vio parar una moto con dos tipos que estaban por meterse en su casa. Ella se acercó, le dijeron «no es con vos» y se fueron. La mujer entró y se encontró en su cama a este muchacho agonizando". Prueba de ello, un colchón con manchas de sangre podía verse ayer junto a un volquete en la entrada del pasillo.
"Los vecinos entrevistados en el lugar —añadió el pesquisa— dijeron haber escuchado uno o dos tiros y que al asomarse vieron que dos tipos en una moto perseguían a este joven. Y todos coincidieron en decir que no eran del barrio, que no los habían visto nunca".
Famoso. El homicidio de Marcos Vallejos no parecía sorprender a los vecinos que este diario consultó ayer a la tarde. Es que varios coincidieron en que el muchacho era conocido en la barriada por los asaltos que cometía. "¿Si era conocido? Famoso, demasiado famoso", resumió una mujer antes de reseñar algunos atracos que al parecer cometía con otro chico del barrio.
"Había una heladería que tuvo que cerrar porque la asaltó tantas veces que la dueña se cansó", comentó una joven que aseguraba que "siempre robaba en esta zona".
"Yo lo tuve que sacar dos veces de vuelo y por suerte no me molestó nunca más", contaba otra mujer que tiene un comercio en la zona.
Estos testimonios coinciden con lo aportado por una fuente policial que indicó que Vallejos tenía dos antecedentes por robo calificado del año 2008. "Un familiar nos dijo que este joven había estado trabajando haciendo changas de albañilería, pero que desde hacía un tiempo había dejado y se dedicaba a delinquir. También refirieron que tenía severos problemas de adicción", sostuvo el vocero consultado.
En cuanto al móvil del crimen, los investigadores consultados no descartaban ninguna hipótesis. Al cierre de esta edición no había sospechosos identificados por el homicidio.

Reclamo firme y conmovedor de los vecinos por el quiosquero asesinado.

Written By Charles Francis on 28 enero 2014 | 8:36

Reclamo firme y conmovedor de los vecinos por el quiosquero asesinado.

Amigos, familiares y clientes del comerciante muerto en un asalto el viernes pasado manifestaron frente a la comisaría 1ª. Unas 500 personas se unieron anoche para pedir que se esclarezca el crimen de Jorge Massin.


Bronca y dolor. Medio centenar de vecinos de distintos barrios se manifestaron ayer a la tarde en Juan M. de Rosas al 1300.
Por Andrés Abramowski / La Capital
"Jorge: te conocí cuando iba a primer grado a la escuela Rivadavia. Hoy tengo 24 años. Desde el viernes no puedo dejar de pensar en lo que te hicieron. Si eras un pan de dios. Silvina". Prolijamente escrito, tal vez con un fibrón comprado en el mismo negocio de la esquina de Mendoza y Juan Manuel de Rosas donde estaba pegado, el afiche sintetizaba el sentimiento de los vecinos para con Jorge Eduardo Massin, el comerciante de 53 años asesinado el viernes pasado a las 7 de la mañana cuando acababa de abrir su maxiquiosco.
Sin embargo, la masiva marcha que más de 500 personas protagonizaron ayer a la tarde en esa esquina y frente a la comisaría 1ª, ubicada a una cuadra y media, no fue sólo un acto para recordar a un vecino muy querido y apoyar a su familia sino también una manera de manifestarse ante cóctel de violencia que se agita cada vez con más virulencia en las calles de la ciudad.
Por escrito. Rebote de la manifestación que el sábado aglutinó a unos 300 vecinos frente a la seccional de Juan Manuel de Rosas al 1300, la marcha de ayer estaba convocada para las 19. A esa hora, en rigor, no estaba claro si sería una marcha o sólo una reunión de no más de cien personas de todas las edades —muchas señoras y señores mayores, muchos padres jóvenes con hijos en brazos y hasta grupos de adolescentes— y vestuarios, aunque con algo en común: los ojos rojos, a punto de llorar.
Algunos se acercaban a Nora y Francisco, la esposa y el hijo de Jorge para darles su apoyo. Otros aportaban más afiches —grandes, pequeños, con birome, fibrones o impresos— a los que ya cubrían la fachada del comercio. "Jorge: un ser excepcional", decía uno firmado por dos vecinos. "Tu sonrisa, tu paz, tu caballerosidad, tus consejos y tu comprensión", rezaba otro cartel que daba cuenta de que Jorge era mucho más que el quiosquero que más temprano abría en el barrio para resolver los problemas de los chicos que se habían olvidado de decirle a la mamá que ese día debían llevar un mapa a la escuela.
Pero no todas las pancartas recordaban a Massin. Pronto comenzaron a aparecer vecinos de otros barrios que han pasado por tragedias similares a la de esta familia de barrio Martin. Entre ellos, Cristina clamaba desesperada justicia por el doble crimen de su hija Laura y su nietita Mía, asesinadas hace poco más de un año en su casa de Espinosa al 6600.
A ella se sumaban, con pancartas y remeras estampadas, familiares de Nahuel Zalazar, Antonio Silvero y otros 23 jóvenes asesinados en los últimos dos años en casos que en su gran mayoría aún no fueron esclarecidos, más allá de un par de arrestos. "Hace dos semanas estuvimos en la zona sur y ahora venimos acá", contaba Claudia, madre de Nahuel y e impulsora de una organización que aglutine a las familias que atraviesan su mismo dolor.
Como la de Melani Navarro, que llegó caminando por Mendoza cerca de las 19.15 con una pancarta recién hecha. "Justicia por Melani. Cinco años, toda una vida por delante", decía el cartel como epígrafe de una foto tan llena de vida como la niña muerta una semana atrás en un tiroteo mientras jugaba en la puerta de su casa de Flammarión al 4900.
Debates. Cada minuto traía más vecinos y manifestantes. Y así, a la consternación inicial y al dolor escrito, se agregaban charlas entre vecinos preocupados e indignados. "Nuestra consigna es: justicia para las víctimas y seguridad para los que seguimos vivos. Es sencillo", resumía Alberto, comerciante de la cuadra y vecino de zona sur, una de las líneas de la manifestación.
Eran las 19.20 y el momento de los debates cara a cara. "Quisiera saber dónde están los concejales", reclamaba Oscar. "Dejalos. Esto no tiene que politizarse en ese sentido", le respondía otro vecino. Un ex futbolista que vive en la zona repartía un escrito con sus impresiones generales sobre la situación.
Algunos no podían ir más allá de la queja. Otros enfocaban en la búsqueda de soluciones, entre la utopía y la obviedad. Una chica juntaba firmas para una ley de protección de testigos "que en la provincia no hay", explicaba birome en mano. El denominador común: críticas generalizadas y apasionadas contra la policía, la clase política y los medios de comunicación.
Cantando. Todavía no eran las 19.30 cuando, de pronto y sin que estuviera establecido de antemano, la concentración se convirtió en una columna de palmas y cánticos en dirección a la comisaría. En tres minutos, al menos unas 500 personas se agolpaban frente al portón por el que algunos ingresaron a buscar a alguna autoridad policial.
Minutos después salió el comisario Claudio Peralta, inspector de zona Nº 1, quien se acercó a los familiares de Massin. La viuda del comerciante le recriminó a viva voz tanto por el esclarecimiento del crimen como por la situación de inseguridad que vive el barrio. "Señora, mi familia también vive en este lugar", le dijo Peralta, como para reforzar sus palabras de compromiso. "Ustedes no hicieron nada y tampoco me lo van a devolver", respondió la mujer.
El diálogo se desarrollaba entre insultos, reclamos y pedidos de silencio por parte de los manifestantes. Una señora clamaba por la plaza de 1º de Mayo y Mendoza, "un hervidero de todo, y nunca hicieron nada". "Ayer robaron un auto en la otra cuadra", decía un joven.
Pronto Peralta comenzó a recibir reclamos e ideas de los vecinos. La señora que pedía cámaras, el anciano que pedía perpetua y el señor que le decía al inspector: "Cómo salen con las sirenas prendidas, es una idiotez. ¿No ven que así los choros se dan cuenta de que hay una patrulla?". Otra señora le comentaba al oficial: "Hay mucha connivencia, la policía está mal mirada".
Tampoco faltaban los cultores de esas estúpidas soluciones exterminadoras tan en boga en las redes sociales, como una joven que gritaba por lo bajo, buscando miradas cómplices: "Hay que matar a los negros". Como si la hubiera escuchado, otra vecina declaraba luego a un medio: "No queremos venganza, porque la violencia nos está destruyendo como sociedad".
Luego de charlar en la vereda, los familiares de Jorge continuaron el diálogo con Peralta adentro de la comisaría. "Todas las fuerzas policiales están investigando el caso", dijo el inspector a este diario cuando le preguntó si había novedades en la pesquisa.
"Adónde está la policía que nos tiene que cuidar" comenzaron a cantar los manifestantes, antes de seguir con los cuestionamientos a la clase dirigente. También algunos cantaron "qué se vayan" durante unos segundos, consigna que careció de destinatarios tanto como de adherentes.
Mañana. "Muchachos, la culpa es de los políticos, vamos a la casa de ellos", vociferó un joven que propuso "ir a visitar" al ministro de Seguridad Raúl Lamberto. "Está de vacaciones", respondió otro, como si fuera un pase gol a una rechifla de los manifestantes.
"Algunos vecinos nos ocupamos desde el viernes de buscar respuestas", dijo en un momento Alberto, uno de los voceros de los vecinos, al anunciar que el jueves a la mañana serán recibidos por ediles de la comisión de Seguridad del Consejo. "Tal vez no encontremos las respuestas que necesitamos, pero este es el camino. Las instituciones nos tienen que dar respuestas", agregó, además de destacar la presencia de los familiares de víctimas llegados de otros barrios.
Mientras algunos trataban de impulsar otra visita al ministro de Gobierno Rubén Galassi —trascendieron, en ese sentido, dos o tres supuestos domicilios cercanos— la mayoría volvió al lugar donde todo empezó el viernes a primera hora. Durante unos minutos cortaron la calle mientras comenzaba a caer una lluvia incierta.
Al rato regresaron Nora y Francisco y volvieron a recibir el afecto del vecindario. Tal vez sea esa la única respuesta que la comunidad rosarina pueda brindarle ante tamaño dolor. Tal vez no.

Perfil de un laburante que empezó a morir la noche de fin de año en Empalme

Written By Charles Francis on 26 enero 2014 | 21:00

Perfil de un laburante que empezó a morir la noche de fin de año en Empalme

A Antonio Galván lo atacó a puñaladas un ladrón solitario en la zona de French al 6000, en el corazón del barrio Empalme Graneros y murió 21 días después por una infección.


Otros tiempos. Don Antonio Galván vivía en Empalme Graneros rodeado del afecto de sus hijos y sus nietos.
Por Claudio Berón / La Capital
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Afuera, en la puerta de un pasillo humilde de calle De La Salle al 5900, en el barrio Empalme Graneros, hace calor. Ahí un hombre grande solloza la muerte de su padre y el barrio recuerda al muerto, que agonizó veintiún días despues de haber sido herido en un robo cuando faltaban pocos minutos para que terminara el año 2013.
El calor no para la bronca de Claudio Galván. Su padre, Antonio, tenía 69 años, cuatro hijos, ocho nietos y una vida dedicada a la famila y al trabajo. Montaba estructuras tubulares y por ese motivo pasó horas incontables en Salta 2141 cuando se desató la catástrofe del 6 de agosto pasado con la caída del edificio y se tuvieron que apuntalar varios sectores. También puso sus manos en la previa de la largada del Rally Dakar. Pero su vida empezó a quebrarse el 31 de diciembre de 2013, cerca de la medianoche. Le intentaron robar en French al 6000, en el corazón del barrio Empalme Graneros. Entonces se resistió y lo hirieron feo. Luego de una impiadosa agonía murió por las heridas recibidas y, al parecer, "por una bacteria que no detactaron en los dos hospitales donde fue internado", o bien que "no la combatieron debidamente", dice su hijo.
La última cena. Galván había llegado a la ciudad desde Icaño, un pueblo santiagueño que es apenas un punto en el mapa, cuando tenía 18 años. Luego se casó con Estela y tuvieron cuatro hijos. La noche del último 31 de diciembre estaba con su esposa y la familia de su hijo Claudio en la casa de su consuegra, en French al 6100. Pero a las 23.30, después de cenar y antes del brindis, decidió irse de la reunión familiar. "Vaya a saber si es el destino o qué, pero se quiso ir y lo dejamos. Le dije a mi hijo y a mi hija que lo acompañaran y ellos vieron como prácticamente lo mataron", contó Claudio. Y mencionó que sus hijos tienen 15 y 12 años.
En su relato, Claudio cuenta una anécdota que cuesta creer. Dice que tiene en su casa "la cuchilla con la cual mataron a su padre y también el gorro que el asesino tenía puesto esa noche, y hasta la remera que vestía porque se sacó todo antes de escapar". Y dice que el juzgado no le solicitaron nunca esas prendas, ni se las pidió la policía para que integren el cuerpo de pruebas. Allí está el arma homicida, a la espera de nada.
"Mi viejo venía con sus nietos por French y de atrás de un árbol salio este muchacho (que al menos por sobrenombre está identificado) al que todos conocen en Empalme. Le pidió plata y un celular y mi papá, que además era grandote y estaba con los chicos, le tiró una trompada. Entonces éste le dio como seis puñaladas y le tiró la cuchilla como machete: al cuello, a los brazos, a la cara, a la cabeza. Lo tajeó todo", relató el muchacho.
Le dicen "El gancho" y suele andar por las esquinas de calle Gorriti cuando se cruza con Cullen, Fraga, Capmbell. "Se especializa en hombres grandes y en mujeres solas o con chicos. Todos lo conocen. Yo lo busqué, pero la policía es la que lo tiene qu encontrar", comentó Claudio con resignación.
En el hospital. La noche del 31 de diciembre de 2013 Galván ingresó con su cuerpo cortado al Hospital de Emergencias Clemente Alvarez. Su familia había esperado en vano una ambulancia o un móvil policíal que no llegaron. Finalmente lo cargaron en un auto y quedó internado en el HECA. Días después le dieron el alta. "Lo trajimos a casa y se quejaba de que le dolía el brazo. Entonces el 6 de enero lo llevamos al Pami II, en la zona norte, y ahí comenzó a descompensarse. Día a día estaba peor", contó Claudio.
Era la primera semana de enero y comenzó una pesadilla silenciosa que mostró su lado mas cruel en sueros, entubamientos e infecciones. "Le dolía el brazo, lo tenía muy hinchado y tenía suero permanente. Hasta que tuvo un paro cardíaco", explicó Claudio Galván.
"Se murió el 21 de enero y en casa tengo todavía la cuchilla del que lo mató. Nadie me la pidió nunca, ni me llamaron del juzgado. Lo único distinto es que cuando mi viejo falleció me dijeron que le tenían que hacer una autopsia para constatar el homicidio y la causa de la muerte. Y ahí saltó otra cosa", cuenta entre el asombro y la indignación.
Infección mortal. "El médico me preguntó si la autopsia era por una duda sobre mala praxis. Le dije que no, que era por el homicidio. Y me comentó que en realidad no murió directamente por las heridas, si no por la infección que le produjo uno de los cortes o también pudo ser una inyección que le dieron en un brazo". Le explicaron que la infección avanzó por los vasos sanguíneos y la causa de la muerte fue una septicemia generalizada.
Quien hirió mortalmente a Antonio Galván aún camina por la zona norte de la ciudad. En Empalme Graneros "todos conocen a El gancho", dijo su hijo Claudio. El mismo que contó que la ambulancia no buscó el cuerpo de Antonio aquella noche de Fin de Año, que nunca le pidieron la supuesta arma asesina, que tampoco lo citaron del juzgado ni de la seccional para preguntar qué sabe del asesino de su padre. En la puerta del pasillo de su casa Claudio llora. Un poco por tristeza, un poco por dolor y bronca, un poco por nada y por casi todo lo que le pasó a su familia, que tuvo la mala suerte de que el jefe del hogar, el hombre que todo le enseñó, se topara con un ladrón la última noche del año pasado.

Lo mataron en presunta venganza por el crimen de un menor

Written By Charles Francis on 25 enero 2014 | 21:03

Lo mataron en presunta venganza por el crimen de un menor

Cerca de las 17 ayer Domingo Enrique Flores, de 35 años, circulaba junto a Carlos Ariel B., de 31, en una moto por el barrio Tío Rolo.

Cerca de las 17 ayer Domingo Enrique Flores, de 35 años, circulaba junto a Carlos Ariel B., de 31, en una moto por el barrio Tío Rolo. Entonces fueron interceptados por otro rodado desde el que les disparaon con armas calibre 9 milímetros causando la muerte de Flores en el acto como consecuencia de un proyectil que le ingresó por la espalda.
Según testimonios recogidos en la zona, los hombres fueron interceptados por otros dos que se desplazaban en una moto de baja cilindarda y al llegar a la esquina de Viña del Mar y Playa Chica se les acercaron por detrás y les dispararon. Aparentemente, las balas iban dirigidas a Carlos Ariel B., quien sería pariente de un menor imputado en el crimen de otro chico, sucedido en el barrio Tablada el primer día de 2012.
Tanto Carlos B. como Domingo Flores volvían de una jornada de trabajo. Los dos son albañiles y el primer comentario del barrio fue que Flores "no tenía nada que ver. Los que tiraron fueron "El palo" y "La larva", dijeron los vecinos al señalarlos por sus apodos.

En Tablada. El crimen por el que aparentemente se generó este pase de facturas sería el de Alejandro Darmiño, un chico de 15 años que fue encontrado muerto la madrugada del 1º de enero de 2012 en Necochea y Doctor Riva. El chico fue alcanzado por sus ejecutores mientras manejaba una moto de baja cilindrada. Al dar con él los agresores lo balearon desde otra moto tipo scooter.
En el momento del asesinato una vecina del lugar aseguró que "le tiraron como diez tiros, pero no se pararon para ver si estaba vivo o muerto", los impactos fueron con una pistola calibre 9 milímetros y las heridas del chico fueron en el cuello, la cabeza y el tórax.
La lluvia de balas convulsionó la esquina. "El chico cayó y dio fuerte con la cabeza en el piso" dijeron los testigos. Esa misma noche llegaron al lugar algunos amigos de Alejandro y la madre: "Era una señora delgadita. Llegaron en una 4x4 roja. Eran sus padres y hermanos. La mujer se pegaba la cabeza contra la chata y no lo podía creer. El hermano dijo que quería saber quiénes eran los asesinos y que los iba a matar. No se veía que estuviese armado", comentó otra vecina aquel fatídico primer dia de 2012.

HISTORIA DE UNA BANDA

 
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