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Lo matan con un disparo en la nuca en el quiosco que tenía en una villa

Written By Carlos Francisco Gutierre on 12 febrero 2016 | 7:53

El hecho se registró la mañana de ayer en Ameghino al 4100. En el local la policía halló droga fraccionada para vender. Un ex policía que estaba en el lugar fue herido.
La madre de Elvio gritó que su hijo nada tenía que ver con las drogas. Luego fue arropada por sus otros hijos. (Celina Mutti Lovera / La Capital)

El cuerpo de Elvio Andrés González quedó tirado en el interior del quiosco que tenía en su casa ubicada en la prolongación de calle Ameghino al 4100, una zona de barrio Alvear que los vecinos reconocen como villa Caballito. Lo mataron con un balazo calibre 3.80 en la nuca. A unos metros de él quedó tirado Luis N., un ex policía que pidió la baja de la fuerza en el año 2005. Lo habían herido con un balazo en el omóplato izquierdo y otro proyectil le rozó el cuello. En el interior de la humilde finca la policía incautó 30 bochas de cocaína y 30 envoltorios con marihuana. "Que (el homicidio) esté vinculada a la venta de estupefacientes sería la posición más fuerte dentro de la investigación a raíz de lo secuestrado y de que los asesinos no han extraído cosas de la vivienda, ni siquiera los estupefacientes hallados por la policía", explicó el fiscal de homicidios Adrián Spelta.
En enero de 2012, unas 200 familias de distintas zonas de la ciudad tomaron alambres, hilos, maderas y unas pocas chapas y lotearon parte de un predio de cinco hectáreas ubicadas en Avellaneda entre el 4200 y el 4400. Las tierras usurpadas pertenecen al gremio estatal UPCN; a una sociedad formada por los sindicatos de petroleros, de la industria del hielo y del Correo; de la Municipalidad y de un privado. La toma, entonces, tuvo notoriedad a partir de un desaguisado judicial que no terminó en desalojo a pesar de varios chispazos. A esas tierras los vecinos la llaman hoy villa Caballito y allí vivía Elvio González junto a su familia.
Silencio vecinal. Tras la ejecución de González con un disparo limpio en la nuca, el asentamiento se blindó. Los comentarios de los vecinos fueron escasos. Y ese silencio casi hostil, roto sólo por algunas pocas palabras, le fue dando a cada cuestionamiento sobre el caso aires de confirmación. "Como a las 6 de la mañana escuché algunas corridas y un par de balazos apagados. Pero vio con es acá. Esto es de todos los días. ¿Quién se va a andar asomando porque escuchó tiros? Vio como son las balas, no reconocen a nadie", comentó una mujer entrada en años que vive en las inmediaciones mientras barría la calle de tierra.
El resto de los vecinos mantuvieron sus bocas bien cerradas. Algunos sollozos que se escuchaban desde adentro de los ranchos, y los gritos histéricos ahogados por el llanto de la madre de Elvio, se impusieron como banda de sonido de la escena criminal. "Mi hijo era un laburante. Hacía plomería y era gasista. Yo voy a vengar su sangre. Yo voy a vengar su muerte", exclamó la mujer, descontrolada, y apuntando a las cámaras del noticiero de la televisión antes de ser arropada por sus otros hijos.
Para llegar hasta la casa de Elvio González hay que ingresar por un pasillo usado como calle cuya boca se abre a la altura de Avellaneda al 4400. Transitando por un camino polvoriento que serpentea hacia el este, hasta las entrañas de la villa, entre pobreza y ranchos de chapas oxidadas se arriba a la casa donde vivía la víctima. Tras hacer un codo en el recorrido aparece un quiosco cuyo patio se cierra con un doble portón de rejas. Dos stickers de gaseosas, en puertas y ventanas, alertan la existencia del comercio. Ese mismo pasillo, tomado por los vecinos como la prolongación de calle Ameghino, tiene una salida a calle Alsina. Así las cosas, la vivienda queda a escasos 200 metros de la esquina de Garibaldi y Alsina, donde un muchacho de 29 años y su hijo de 2 fueron heridos con una perdigonada el miércoles a la madrugada. "Por el momento no puede establecerse relación alguna entre ambos episodios", explicó el fiscal Spelta.
Al amanecer. Según se pudo reconstruir, a las 6.30 en el quiosco estaban González y Luis N., un policía que pidió la baja de la fuerza en 2005 (ver aparte). Si bien se desconoce cuántos fueron los agresores que llegaron a sorprenderlos y de que forma arribaron hasta las puertas del local, lo concreto es que ingresaron sin miramientos, mataron a González e hirieron a Luis N., en ese orden. En la escena fue recolectada una vaina servida calibre 3.80 que quedó a centímetros del cuerpo de la víctima fatal. Ambos cuerpos fueron encontrados por un hombre de 41 años que supuestamente había llegado a buscar a González para ir a trabajar. Luis N., en tanto, fue trasladado al Hospital de Emergencias en un patrullero y quedó internado fuera de peligro.
Varias preguntas quedaron flotando en la escena del crimen. ¿Los delincuentes que mataron a González llegaron buscando droga o sólo querían matar?¿La droga que se incautó era todo lo que había en el lugar al momento del crimen o los maleantes se llevaron más bolsas con estupefacientes? Lo concreto es que el rumor del crimen corrió como pólvora entre los pasillos de la villa y la humilde vivienda de Ameghino al 4100 se fue poblando de parientes del asesinado. "Los dos hombres vivían en el mismo lugar. El ex policía herido atendía el quiosco cuando González se iba a trabajar", explicó el fiscal Spelta bajo un calor asfixiante en medio del asentamiento.
"Una de las hipótesis es que fue un ajuste de cuentas por algún problema que hayan tenido, supuestamente vinculado a la droga. Otra es la del robo de la droga, que tampoco se descarta, más allá de que no hay faltante de elementos en la vivienda", contó Spelta. Luego el fiscal indicó que en la casa había envoltorios con marihuana y cocaína. "Por la forma en la que estaban distribuidos, dónde estaban colocados y la cantidad que había se presume que estaban preparados para la venta", precisó dejando ver que allí funcionaba una boca de expendio de estupefacientes. Y por eso dio parte a la Brigada Operativa de la Dirección de Control de Adicciones de la policía. A las 11 de la mañana, bajo un sol abrasador, la mortera municipal se llevó el cuerpo de Elvio González.
"El muchacho era buen tipo. No se metía con nadie. Era gasista y plomero. Pero andá a saber a que bondi se subió (en que andaba) y por qué lo vinieron a matar. ¿Quién va a querer robar ese quiosquito a las 7 de la mañana?", comentó un muchacho del barrio, apostado a la sombra de un templo de la Asamblea Cristiana de Rosario ubicado a 70 metros de la escena del crimen. "Acá perdés el tiempo. Nadie te va a contar nada porque detrás de esto hay una bronca bárbara", confió escuetamente uno de los allegados a la familia del muerto y entonces el silencio volvió a caer sobre los vecinos de villa Caballito.
El ex policía herido y su vínculo con un oscuro hecho
El ex agente baleado ayer había participado el 4 de febrero de 2001, cuando era cabo del Comando Radioeléctrico, de un oscuro operativo policial en el que resultaron muertos Esteban Vicente Cabral, de 37 años, y Rubén Alberto Ortega, de 32. Ocurrió en la villa de Uriburu y Avellaneda, a pocas cuadras de donde lo atacaron ayer. Entonces el ex cabo, que era promoción 1999, recibió un balazo en el estómago. Tras recuperarse de las heridas fue reasignado como operador del Comando en Jefatura y en 2005 solicitó la baja. Algunos pesquisas recordaban que hasta no hace mucho tiempo se ganaba la vida manejando un camión.
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