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Ejecutan de seis balazos a un pibe en el playón de una estación de servicios

Written By Carlos Francisco Gutierre on 25 febrero 2016 | 8:07

Un crimen con claro tinte mafioso. Ocurrió en la zona sur. La víctima tenía 19 años y el agresor llegó en un auto y bajó para matarlo delante de unos pocos testigos y cámaras de videovigilancia.

dársenas. Mansilla estaba sentado junto a un amigo tomando algo, cuando llegó un auto desde el que bajó el asesino. (Sebastián Suárez Meccia / La Capital)
Leo Graciarena / La Capital 
Media docena de disparos calibre 9 milímetros sacudieron la medianoche del martes en bulevar Oroño y Lamadrid. En el playón que comparten una estación de servicios y un local de compraventa de autos usados, Diego Nicolás Mansilla, de 19 años, fue ejecutado con seis balazos. El joven esperaba que su novia saliera de trabajar en un restaurante ubicado a escasos 50 metros de allí. Según testigos, el ejecutor pasó varias veces por el frente de la estación sentado como acompañante en un auto, y al confirmar que Mansilla estaba en la esquina fue a su encuentro. El cómplice detuvo la marcha del vehículo para que el agresor bajara y disparara. La víctima recibió impactos en el tórax, la región lumbar y la pierna derecha. Fue llevado en un auto particular al Hospital Roque Sáenz Peña, donde murió pasada la medianoche.
La brutalidad del ataque hizo inferir a los investigadores que se trata de un crimen con un mensaje mafioso. Y en ese orden nadie descarta que la ejecución tenga como telón de fondo un enfrentamiento de bandas con broncas barriales desmesuradas y extremas.
Última espera. Diego Nicolás Mansilla vivía a cuatro cuadras de la Petrobras, en el barrio Dorrego, limítrofe al asentamiento precario que los vecinos denominan villa Flammarión y que corre paralelo a las vías del Ferrocarril Mitre. El martes, pasadas las 23, Mansilla y un pibe de 16 años llegaron y se sentaron a tomar algo en la dársena de estacionamiento de la compraventa de autos Ramírez.
El muchacho esperaba que su novia saliera de trabajar en un comedor ubicado sobre bulevar Oroño, a escasos 50 metros del lugar donde estaba, a la altura de los surtidores 2 y 4 de GNC de la Petrobras y a un par de metros de los baños de la estación. El comercio tiene varias cámaras de videovigilancia y al menos dos enfocan la zona donde se produjó el crimen. Además, sobre bulevar Oroño existe un domo municipal.
"Los pibes vienen siempre y se instalan a tomar algo ahí, o en la esquina. Son pibes que se comportan bien, aunque cuando por acá se corren picadas esto es un descontrol que no sabés en qué puede terminar (ver aparte)", explicó una comerciante de la zona.
Testigos ocasionales indicaron que un auto de color oscuro pasó un par de veces frente a la estación. En el vehículo iban al menos dos personas. Al reconocer a Mansilla, el conductor del auto ingresó al playón por la ochava noroeste de Lamadrid y Oroño y se detuvo. Un muchacho bajó entonces del auto y comenzó a disparar haciendo foco en Mansilla. El pibe de 19 años recibió dos impactos en el tórax, dos en la región lumbar y dos en sus piernas.
Desesperada. En el mismo momento en que comenzó la agresión, la novia de Mansilla salía del trabajo y comenzó a correr hacia la escena en medio de una crisis. "La chica se dio cuenta que estaban baleando a su novio", explicó un testigo.
Una vez que el ejecutor cumplió con su faena, subió al auto y se marchó a toda prisa. Sólo se escuchó el chasquido de las cubiertas del vehículo al salir arando y los gritos histéricos de la novia de la víctima que se acercaba a la carrera. "Lo que pudimos ver en las cámaras de videovigilancia es que llega un auto, se produce un desbande de personas y motos y se escuchan los disparos", comentó Vicente Pecoraro, uno de los dueños de la estación de servicios. Mansilla murió en el hospital Roque Sáenz Peña a poco de haber ingresado.
Pelea de gavillas. "Según lo que declararon testigos ocasionales, la víctima estaba con un muchacho menor de edad tomando una gaseosa en el playón cuando llegó un auto que ya había pasado varias veces. Del auto bajó un hombre y comenzó a disparar haciendo foco en Mansilla. Muchas personas que estaban en la estación no advirtieron qué pasaba hasta que comenzaron los disparos. Pudimos reconstruir con cierta precisión la mecánica de lo ocurrido", explicó el fiscal de la causa, Miguel Moreno. Y fue cauto a la hora de hablar del móvil del ataque, aunque sin desconocer "la existencia en el barrio de dos facciones que pelean por el control territorial de las calles" limítrofes a la escena del crimen. Las gavillas en cuestión se denominarían "Los pochochos" y "Los nietos de la Doris". Y el territorio en disputa serían las calles de la villa Flammarión. El por qué, es la gran incógnita.
Fuentes de la investigación mencionaron que Mansilla había sido detenido e imputado por el fiscal Gustavo Ponce Ashad el pasado 18 de diciembre a partir de una denuncia por una supuesta tentativa de usurpación de domicilio ocurrida el 13 de noviembre último. La acusación fue contra otras seis personas por los delitos de abuso de armas, tenencia ilegal de arma de uso civil y tenencia de arma de fuego de guerra en concurso real. Sin embargo el juez Luis María Caterina resolvió liberar al muchacho junto a otros cuatro acusados dejando sólo a uno con prisión preventiva. Los pesquisas trabajan para determinar en qué contexto se generó el incidente y si podría tener relación con la hipótesis del móvil del asesinato de Mansilla.
Un bulevar convertido en picódromo de autos
Los vecinos de bulevar Oroño y Lamadrid denunciaron reiteradamente, durante los últimos cuatro años, un corrimiento en el escenario de las picadas en las calles rosarinas desde el norte hacia el sur. Eso escucharon de varias voces, los periodistas que ayer fueron a la escena del crimen de Diego Mansilla. "Esto es tierra de nadie. Acá hacen lo que quieren. Todas las noches, a partir de las 23, se empiezan a reunir los pibes con autos y motos y hacen picadas. Los autos pican por Oroño, desde Lamadrid hasta Uriburu. Y las motos hacen picadas por el interior de la estación de servicios. Es como «Rápido y Furioso» (por la película). La gente llena el cantero central como si fuera una tribuna. Se lo comunicamos a todo el mundo y nadie hace nada. Todas las mañanas sacamos dos bolsas llenas de botellas. Parecenos la Difunta Correa de las estaciones de servicios", explicó ofuscado Vicente Pecoraro, uno de los dueños de la Petrobras de Oroño a 5000. Pero el martes la escenografía no parecía la del mencionado film estadounidense, era más escueta, más de entrecasa. "Acá picadas hay siempre. Pero también mucho choro en moto arrebatando carteras. Anoche era más de choros que de picadas", explicó otro vecino de la zona.
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