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Tras una larga agonía, murió la víctima número 22 de la explosión en Salta 2141

Written By Charles Francis on 09 octubre 2013 | 7:44

Tras una larga agonía, murió la víctima número 22 de la explosión en Salta 2141

La mujer vivía en el tercer piso de la primera torre del complejo siniestrado como consecuencia de un escape de gas. Beatriz López tenía 69 años y estaba internada hace 62 días en el Sanatorio Ipam.

Catástrofe. Como consecuencia de la devastadora explosión ocurrida el 6 de agosto pasado, 22 personas murieron y más de 60 resultaron heridas.
Una mujer que estaba internada en el Sanatorio Nuestra Señora del Rosario (Ipam) murió ayer al mediodía y se convirtió en la víctima falta número 22 causada por la tragedia de Salta 21414. Beatriz María López, de 69 años, había ingresado al centro asistencial el 6 de agosto pasado, a pocas horas de la explosión generada por un escape de gas en el edificio. Tenía más del 20 por ciento del cuerpo quemado y las vías respiratorias complicadas, lo que hacía su cuadro muy delicado. Y una infección empeoró su situación.
Beatriz era la única de los 62 heridos asistidos tras el incidente que continuaba internada. El secretario de Salud del municipio, Leonardo Caruana, confirmó que su muerte obedeció a una "complicación multicausal" generada tanto por la gravedad de las lesiones que presentaba como por la "misma internación prolongada".
La mujer había llegado al sanatorio de Sarmiento al 3100 algunas horas después de la explosión desatada a las 9.40 del martes 6 de agosto. Tenía politraumatismos y más del 20 por ciento de la superficie corporal quemada, con compromiso de la vía aérea, lo que hacía su pronóstico más que reservado.
Según comentó el secretario de Salud, Beatriz permaneció en la terapia intensiva del centro asistencial en estado crítico, aunque a principios de septiembre empezó a mostrar "leves mejorías", lo que incluso llevó a evaluar la posibilidad de desarrollar un dispositivo de internación domiciliaria para que pudiera dejar el efector.
"Sin embargo, en los últimos tres días la mujer sufrió una descompensación que la hizo ingresar nuevamente en terapia intensiva con un cuadro infeccioso que evolucionó desfavorablemente", explicó Caruana.
La sala velatoria de la cochería Bassi es el lugar en el que familiares y amigos de Beatriz se reunieron para darle un último saludo. Los restos de la mujer se velarán hasta hoy, a las 11, en Salta 3070 y después serán inhumados en el cementerio de Granadero Baigorria.
Una buena vecina. Beatriz vivía en el tercer piso A del primer cuerpo de departamentos de Salta 2141. La construcción no sólo fue sacudida por la explosión sino que fue afectada por el incendio posterior.
Algunos de sus vecinos afirmaban ayer que la mujer estaba sola en su casa cuando se desató la tragedia y había saltado desde una ventana a la pila de escombros en que se había convertido la segunda torre del complejo.
Todos los consultados por La Capital coincidieron en recordarla como una buena vecina, alegre y excelente cocinera.
La mujer vivía sola, era viuda y tenía un hijo y tres nietos menores de edad. En la Secretaría de Promoción Social del municipio indicaron que fue Ariel Morganti quien se hizo cargo de todos los trámites relacionados con la atención médica de su madre, el rescate de algunas pertenencias del departamento de la mujer y la gestión de los subsidios para los damnificados por la tragedia.
En el perfil de Facebook de la mujer, el joven se encargó también de llevar noticias a los amigos de su madre sobre el estado de salud de Betty.
Algunas alentadoras, como la del 6 de septiembre, cuando decía que la mujer dejó la terapia intensiva y esperaba visitas en la habitación 511 del sanatorio. Y otras menos entusiastas, como la que una semana después dio cuenta de que "tuvo un pequeño contratiempo" relacionado con la aparición de "una bacteria en sangre que complica el tema un poco".
Cada publicación inmediatamente despertaba los mensajes de cariño y los deseos de recuperación de sus amigos. La última fue ayer, a primeras horas de la tarde, y daba cuenta del fallecimiento de Beatriz.
Presente. El domingo, cuando se cumplió el segundo mes de la tragedia, familiares de Betty participaron de la marcha organizada por los familiares de las víctimas hasta las oficinas de Litoral Gas. "Pido justicia por mi tía", había dicho a este diario Alejandra López, sobrina de la mujer.
La muerte de Beatriz elevó a 22 el número de víctimas fatales del peor siniestro de la historia de la ciudad, desatado hace 63 días, cuando un gasista arreglaba un desperfecto en el regulador que ya había generado reclamos por parte de los vecinos en las oficinas de la prestadora del servicio, Litoral Gas.

Asesinó a su mujer, estuvo prófugo cinco años y la explosión en calle Salta permitió su captura

Written By Charles Francis on 03 octubre 2013 | 1:36

Asesinó a su mujer, estuvo prófugo cinco años y la explosión en calle Salta permitió su captura

El arresto de Eduardo Nogueira se concretó luego de que se lo investigara desde el 6 de agosto, ya que la explosión en Salta 2141 lo ubicó muy cerca del edificio y la policía pudo seguir su rastro.

Se hacía llama Juan Roger y fue uno de los damnificados por la tragedia de Salta y Oroño.
Un hombre condenado por asesinar a su esposa estuvo fugado durante cinco años pero la explosión en calle Salta al 2100, el 6 de agosto pasado, lo dejó expuesto y permitió su captura.
Eduardo Nogueira fue sentenciado a doce años por matar a su mujer en un acto de femicidio, pero antes de que la condena quedara firme se escapó y se mantuvo prófugo durante cinco años.
Sin embargo, la explosión en nuestra ciudad lo dejó al descubierto, según le portal de internet del Diario Uno de Mendoza.
El arresto de Eduardo Nogueira se concretó luego de que se lo investigara desde el 6 de agosto, ya que la explosión en Salta 2141 lo ubicó muy cerca del edificio y a partir de allí pudo ser investigado y seguido por la policía.
A partir de un llamado telefónico, los uniformados sospecharon de él y comenzaron a seguir sus pasos. Se hacía llama Juan Roger y vivía en el departamento de una amiga de su familia, donde era ayudado también por su hermana Liliana.
Durante cinco años se había cuidado, había cambiado de nombres y de vivienda, usaba celulares descartables, pero finalmente no pudo hacer nada cuando los investigadores dieron con él.
Nogueira asesinó a Etel Weksel y por eso fue condenado. El hecho ocurrió en julio de 2004, cuando la mujer fue atacada a golpes de puño y patadas, que le ocasionaron lesiones y hemorragias que llevaron a que fuese internada por varios días en un sanatorio, hasta que finalmente falleció.
En el 2006, Nogueira fue condenado pero recién en el 2008 la sentencia quedó firme, en ese tiempo, el acusado se había fugado.

La vida trunca de Santiago Laguia, el chico que buscó todo Rosario tras la explosión

Written By Charles Francis on 18 agosto 2013 | 13:33

La vida trunca de Santiago Laguia, el chico que buscó todo Rosario tras la explosión

"El gordo", como le dirá siempre su madre, estaba a punto de recibirse de médico. Era fanático de Independiente, le apasionaban los canarios y llamaba todos los días a sus padres y su hermana.


"Era perrero como yo". Claudia muestra una foto de su hijo con sus dos labradoras. Atrás se ve a Macarena.
Por Jorge Salum / La Capital
  • “Santiago quería ser deportólogo y soñaba con trabajar en Independiente. Era hincha fanático de ese club. El día que el equipo descendió no paró de llorar, pero no quería que lo vieran. Yo le decía:
– Llorá, gordo. Desahogate.
Entonces él se largaba con ganas y me decía:
– Qué querés, má. Nos fuimos a la “B”, somos de madera”.
Claudia Vaio está sentada de espaldas a un gran ventanal, en un edificio del centro de la ciudad de Pergamino. El departamento es de Carlos Laguia, su ex marido. Ambos se reunieron allí para recordar una vez más a Santiago, para volver a contar cómo fue la peor semana de sus vidas y para agradecer. Los acompaña su hija Macarena. Claudia dice que esa chica, que sufre con ellos, es la única razón para seguir viva.
Claudia y Carlos son los padres de Santiago Laguia, una de las 21 víctimas fatales de la explosión del edificio en Salta 2141 y uno de los últimos dos en ser rescatados. Macarena, “Maca”, es la única hermana.
El gordo
Santiago quería tanto a Independiente que se había hecho socio. Cuando encontraron su cuerpo, en el subsuelo del edificio destruido por la explosión, los rescatistas también hallaron su billetera. Adentro estaba el carné que lo reconocía como tal. Era el socio N° 1-092522.
En la misma billetera Santiago todavía guardaba la entrada de un partido entre Boca e Independiente. Se jugó el 11 marzo 2012 en la Bombonera y fue histórico: el Rojo ganaba 2 a 0 y 3 a 1, pero después perdía 4 a 3 y al final ganó 5 a 4. Los últimos dos goles, ambos del Tecla Farías, fueron en tiempo de descuento. Su papá recuerda que Santiago estaba exultante ese día. “Fuimos juntos y nunca me voy a olvidar cómo lo disfrutó”, afirma.
El gordo, como le dirá siempre su madre, también era hincha de Douglas Haig, uno de los clubes grandes de Pergamino. Jugaba en Comunicaciones, un modesto equipo del ascenso en la liga local. Ese club ahora le pondrá su nombre a la sede, en uno de los tantos reconocimientos que recibe por estos días.
Santiago estaba a punto de recibirse de médico. El jueves 8 de agosto iba a rendir Ginecología. Después sólo le quedarían Clínica General y Cirugía. Carlos, que es médico, dice que su muchachito había hecho una buena carrera.
El gordo cultivaba un hobby poco habitual: le apasionaban los canarios y tenía decenas de ellos. Cuenta Claudia que había adaptado un cuarto en la casa materna hasta convertirlo en un gran jaulón. “Pasaba horas mirando esos pájaros”, dice. Por las dudas aclara: el canario que apareció vivo debajo de los escombos que se tragaron a Santiago en Rosario no era de su hijo.
A Santiago también le gustaban los perros, como a su madre. Tenía muchos amigos y adoraba a Macarena. Ella le escribió una carta el día que, al cabo de una semana de incertidumbre, finalmente encontraron su cuerpo. “Te me fuiste campeón”, le dice azorada. La publicó en Facebook y decenas de usuarios la compartieron en sus perfiles.
En la vida de Santiago hubo un gran amor. La chica se llamaba Daniela, y Claudia sostiene que se amaban “de una manera difícil de describir”. Aquella pasión fue interrumpida por otra tragedia: Daniela iba en un auto que chocó un 31 de diciembre y al día siguiente murió. Santiago nunca pudo olvidarla.
“Gordo, traeme una novia”, solía reclamarle su madre un poco en broma y un poco en serio. El la miraba con ternura y respondía:
– Mamá, todavía no encontré a nadie que me haga olvidar a Daniela.
La mujer que hace apenas cinco días tuvo que enterrar a su hijo se aferra a una idea: “Quizás ahora esté con ella”, dice. En sus ojos cansados de llorar no hay lágrimas, pero el dolor que revela su voz estremece.
Hubo, de todos modos, alguien por quien Santiago pudo empezar a olvidar a Daniela. Se llama Pamela, es profesora de educación física y hasta las 9.40 del martes 6 de agosto era su novia. Se habían conocido en un viaje a Jujuy cuando él fue a alentar al “Milan de Pergamino”, como le dicen algunos a Douglas Haig. El estaba feliz. Claudia también.
Cuando estaba en Rosario, estudiando, Santiago llamaba varias veces por día a Pergamino. Hablaba con Carlos, con Claudia, con Maca. La semana previa a la explosión le contó a la mamá que se moría de frío. “En el edificio no tenemos gas. Tuve que ponerme unas medias en las manos”, le dijo. Preocupada, ella sólo atinó a sugerirle que se fuera a la casa de Pamela.
La explosión
A media mañana del martes 6 el teléfono de Claudia comenzó a sonar una y otra vez. La llamaban desde Rosario los amigos de Santiago. “¿Qué sabés del gordo?”, le preguntaban. Al principio ella no entendía. Pasó un rato hasta que armó un primer rompecabezas: la explosión sobre la que ya reportaban los noticieros de televisión parecía grave y no se descartaba que hubiera víctimas. El teléfono de su hijo no respondía.
Carlos estaba en La Plata cuando recibió un llamado de Claudia. Un rato después también lo contactaron un par de amigos y colegas. A las 11 ya viajaba rumbo a Rosario. Encontró a su ex mujer (el todavía dice “mi señora) frente a la playa de estacionamiento del supermercado La Gallega, en Oroño entre Salta y Catamarca.
Desde allí vieron una imagen que, a pesar del temor y la incertidumbre, les dio esperanzas. “El aparato de aire acondicionado del departamento de Santiago se veía entero”, recuerda Carlos. La destrucción que los rodeaba era un mal presagio, pero ese detalle los consolaba. El muchacho, se animaban entre ellos, tenía que haber escapado vivo al terrible estallido.
La búsqueda
Claudia no se movía del Centro de Especialidades Médicas Ambulatorias (Cemar), donde las autoridades sanitarias la contenían mientras los rescatistas trataban de encontrar bajo los escombros a Santiago y a otras “personas ausentes”. La supuesta declaración de alguien no identificado que al ver las fotos de Santiago afirmó haberlo sacado con vida del edificio colapsado aceleró sus pulsaciones. También las de Carlos, que seguía en Salta y Oroño las operaciones de búsqueda.
Horas después una presencia en el Cemar no anunciada previamente aumentaría sus esperanzas. “Vino el padre Ignacio y nos dijo que lo buscáramos”, recuerda Claudia mientras acaricia una foto en la que Santiago juega con sus dos perras. Primero el cura se lo dijo a Macarena y después a ella. “Me lo repitió tres veces”, remarca. Su intuición le decía que su hijo estaba bajo los escombros, como las víctimas que ya habían rescatado y las que faltaban, pero eligió aferrarse a la fe antes que a lo que le decía su propio cuerpo.
No le guarda rencor a Ignacio. “Al contrario, él me transmitió paz en un momento de mucha angustia”, dice.
Otro episodio inesperado potenciaría sus ilusiones. Fue cuando la empresa Claro le informó al juez Juan Carlos Curto que el teléfono de Santiago se había activado tres horas después de la explosión a varias cuadras de la zona cero. Eso disparó una formidable búsqueda en toda la ciudad y hasta en la ruta de Rosario a Pergamino, pero el muchacho no estaba en ninguna parte. “Algún día Claro me tendrá que explicar por qué informó eso”, se enfurece Claudia.
La búsqueda generó situaciones insólitas. Cuando Carlos vio en Youtube un video en el que supuestamente aparecía su hijo, en shock y deambulando, quedó perplejo: “La persona a la que filmaron era igual, tuve que mirar varias veces para darme cuenta que no era Santiago”, cuenta.
A Claudia le ocurrió algo parecido: la llevaban en auto hacia Gaboto y San Nicolás porque alguien avisó que había visto allí a su gordo. En un momento ella misma le gritó a quien conducía que se detuviera, porque le pareció verlo en una garita de colectivos. “Era alguien muy parecido. No sé qué le faltaba para ser Santiago”, recuerda ahora amargamente.
El peor final
A Claudia le encantan los perros tanto como le gustaban a Santiago. Durante la interminable semana en la que no supo dónde estaba su hijo visitó varias veces la carpa en la que los veterinarios asistían a los perros rescatistas.
La última vez fue el lunes 12 y ese día vio a Luna, la perra labradora que salió en todos los medios del país por su incansable búsqueda de víctimas. "Cuando me vio se puso muy nerviosa y empezó a ladrarme", cuenta. Los veterinarios tuvieron que cubrir la jaula con una manta para calmar al animal. La mujer pensó que era una mala señal, un signo inequívoco de que Luna había olfateado a Santiago bajo los escombros y al olerla a ella los había asociado. "Ya está, todo se terminó", le dijo a alguien que la acompañaba. Un rato después supo que los rescatistas habían encontrado dos cuerpos más, los últimos que buscaban.
Carlos seguía en la zona cero cuando se enteró del hallazgo de esos restos. Llevaba días hablando con el director de Defensa Civil de la provincia, Marcos Escajadillo. "Busquen en los ascensores", le pedía. Su hipótesis era que la explosión había sorprendido a Santiago y Luisina Contribunale, su vecina del octavo piso del bloque B, tratando de escapar a la fuga de gas que precedió a la explosión. Faltaba muy poco para saber que no se había equivocado.
Cuando llegó al Instituto Legal para reconocer el cuerpo, un colega le advirtió que sería duro. Su condición de médico le sirvió para entender el mensaje y decidió no verlo. No era necesario. "Preferí quedarme para siempre con esta imagen", dice mientras muestra la foto de Santiago que por esos días empapeló la ciudad. Es esa en la que el estudiante de medicina sonríe mirando a la cámara.
Un rato después el subjefe de la comisaría 3ª, subcomisario Jorge Albornoz, llamó a Carlos para entregarle lo que Santiago llevaba con él cuando encontró la muerte: un reloj, el celular que jamás se activó en ninguna parte, una tarjeta de crédito, el carné de socio de Independiente, un billete de un dólar y otro de 100 pesos. También la entrada de aquel inolvidable Boca-Independiente.
Carlos volvió a la zona cero. Llegó cuando bomberos y rescatistas daban por terminadas sus tareas y decenas de rosarinos bajaban desde los edificios linderos para agradecerles. Carlos se mezcló entre ellos y también aplaudió. Dice que jamás podrá olvidar a esos hombres y mujeres que trabajaron duro hasta encontrar a todas las víctimas. Y se quiebra.
Los agradecimientos
Los restos de Santiago descansan en un cementerio privado de Pergamino. Maca le dejó una carta y Carlos ya visitó la tumba un par de veces, pero Claudia prefiere no hacerlo. "El ya no está en ninguna parte", justifica.
En cambio, los tres se conmueven cuando recuerdan la solidaridad de los rosarinos. "Hicieron cosas increíbles, no lo olvidaremos nunca", dice Carlos. Claudia recuerda mucho a Rut, una psicóloga que la contuvo en los peores momentos y a la que espera volver a ver. Su ex marido menciona a la jefa de la comisaría de la mujer, Mariel Arévalo. "Cuando buscábamos a Santiago en toda Rosario me ofreció un móvil para entrar en los barrios más difíciles", recuerda. Su frase se entrecorta por la emoción, como tantas veces desde hace dos horas.
El futuro sin Santiago
Claudia, Carlos y Maca se preparan para lo que viene. "Tengo que seguir por mi hija", dice la mamá de Santiago con un hilo de voz. Menciona varias veces la palabra justicia y su rostro se tensa cuando sobrevuela el nombre de Cristina Fernández de Kirchner. También el de Carlos.
Carlos quiere que la explosión del 6 de agosto en una manzana de Rosario marque un antes y un después en la vida de los argentinos. "No es posible que un tipo haga volar todo y que muera tanta gente. No puede volver a pasar". Planea crear una fundación: se llamará "Fundación Santiago Laguia".
El jueves los tres volverán a Rosario. Caminarán desde el Monumento a la Bandera hasta la sede de Litoral Gas junto a la marcha de silencio para exigir que ninguna de estas muertes quede impune. Ellos saben que no estan solos.

Habló el gasista detenido: "Tuve una crisis de nervios"

Written By Charles Francis on 17 agosto 2013 | 11:48

Habló el gasista detenido: "Tuve una crisis de nervios".

"El impacto del gas me pegó en el pecho y me tiró", dijo ante la Justicia Carlos García, acusado de estrago culposo agravado por la muerte de 21 personas, a raíz de la explosión de un edificio de Rosario.
Habló el gasista detenido: Tuve una crisis de nervios
A diez días de la explosión del edificio de Rosario, el gasista detenido tras el hecho aseguró que el impacto del gas le "pegó en el pecho" y lo tiró al suelo.

Según publica el diario Perfil, que accedió a la declaración completa de Carlos Osvaldo García, el gasista matriculado que realizaba reparaciones en el inmueble ese martes por la mañana y está acusado de estrago culposo agravado por la muerte de personas se negó a responder preguntas que no fueran realizadas por su defensa.

"En la ciudad de Rosario a los 7 días del mes de agosto de 2013 comparece ante la presencia judicial una persona que debe prestar declaración indagatoria, la que interrogada por sus datos de identidad dice llamarse Carlos Osvaldo García, argentino, casado, nacido en Paraná, Entre Ríos, el 18 de marzo de 1951 (...)". Así comienza la declaración en la que el gasista diosu versión de los hechos ante la Justicia. 

Luego informa: "El compareciente manifiesta que va a declarar en presencia de sus defensores, manifestando rechazo a las imputaciones y voy a manifestar lo que pasó. El viernes pasado me convoca la administradora del edificio para cambiar un regulador, previamente me dice que Litoral Gas había llegado a reparar múltiples fugas que había en el lugar, y la específica era la válvula de entrada y previamente habían hecho una marca como habitualmente hace Litoral Gas porque había una fuga en la entrada general".

"Yo accedo a tomar el trabajo, el día lunes voy a comprar el regulador y el día martes habíamos programado cortar el gas, el primer procedimiento que hago es cerrar la válvula de entrada y voy hasta el subsuelo hasta una de las llaves candado para verificar si se había cortado o disminuido la presión, como eso no sucedió, pensé que era la carga que tenía el edificio o que la válvula no funcionaba, entonces cerré la llave candado dentro del subsuelo, de uno de los medidores, para que no se acumulara gas en ese recinto porque consideré que era peligroso y fui nuevamente a la cabina de entrada para poder aflojar la unión superior que está en el regulador, porque en esa sale menos presión, cuando voy a tocar la válvula estaba floja, estaba puesta con la mano, la desenrosco, a la unión doble e intento hacerle una palanca con el destornillador para hacerle el venteo, cuando estoy haciendo eso, hace una explosión, el caño, el regulador y la unión doble se desprende de la cañería, y el impacto del gas me pega en el pecho y me tira para atrás, con esa misma presión de gas se hizo una nube de tierra que no se veía nada y una sordera por el zumbido, ahí comprobé que no lo iba a poder detener, salí corriendo para la calle para poder darle aviso a la gente que estaba ahí porque había una fuga muy grande de gas, llegué hasta la esquina e intenté pedir ayuda al 911 y a la guardia de Litoral Gas y nunca me contestaron, como vi que tenía que pedir auxilio agarré la camioneta e ir lo más apurado a Litoral Gas, cuando doblo por Balcarce me encuentro con una camioneta S 10 de la tercera y le aviso que dé cuenta al 911 por una fuga muy grande de gas y seguí con el primer principio de ir a Litoral Gas a pedir ayuda a la guardia, cuando llego a San Lorenzo y Pte. Roca me encuentro con la guardia de Litoral Gas, es una camioneta y le pido ayuda para que auxilien y ellos se fueron para el lugar y yo agarro y doy vuelta para volver al lugar", dijo. 

Y prosiguió: "La dejé estacionada en Oroño antes de Salta porque lo había dejado a mi ayudante para que avisara a la gente que no se acercara al lugar, me costó unos minutos encontrarlo, lo encontré en Salta y Oroño, me arrimé al lugar del siniestro y las personas que estaban trabajando me impidieron seguir, me desalojaron. Lo busqué a Daniel, yo estaba con una crisis de nervios, me temblaba todo el cuerpo, me parecía que me iba a dar un infarto y lo trasladé a la casa de otro amigo donde guarda la moto cuando viene a trabajar. Me fui a mi casa y estuve desesperado, no le dije nada a mi familia, no sabía qué hacer, estaba desequilibrado, después de verme mis hijas me socorrieron, pasó un tiempo, no sé cuánto, una hora, llamaron a Emergencias, me dieron unos calmantes, estaba muy mal y después mi hija lo contactó al Dr. acá presente para decirle qué podíamos hacer en una situación así, después que me contacté con él me sugirió que venga a entregarme, lo que no sucedió porque me interceptaron antes y después me llevaron a la comisaría. Volviendo al día viernes, cuando me convocan para cambiar el regulador, yo me dirijo a la oficina técnica de Litoral Gas a preguntar si tenía que dar aviso o armar algún formulario para entregarle a ellos y el inspector de guardia me manifiesta que siendo habilitado puedo hacer esa tarea, fue cuando le manifesté a la administradora que tomamos la decisión y me dijo que comprara el regulador. El lunes hicimos una reunión en el edificio para comunicarle a los ocupantes que íbamos a cortar el gas a las 9 de la mañana del día martes". 

En otro fragmento de su declaración, García responde sobre la anterior intervención de la empresa Litoral Gas en el edificio de la calle Salta. "Sabía porque nos había comunicado la administradora. Me explicó que habían ido y habían encontrado fuga en la válvula de entrada y en otros lugares y habían arreglado, interrumpieron el servicio, arreglaron e hicieron una marca afuera porque iban a cambiar la conexión domiciliaria porque tenía fuga, marcaron con pintura amarilla, en la vereda, en el piso de la vereda, lo marcan pegado a la línea municipal".

Cuando le preguntan a qué atribuye desde el punto de vista técnico la estampida de gas, explica: "Hay dos formas de poder explicarlo, una es que el regulador esté roto y la descarga del tubo superior venga hacia abajo y la otra que la válvula de entrada no corte".

La emotiva carta de la hermana de una de las víctimas de la tragedia de Rosario

Written By Charles Francis on 15 agosto 2013 | 23:55

La emotiva carta de la hermana de una de las víctimas de la tragedia de Rosario

Se trata de Macarena, hermana de Santiago Laguia, cuyo cuerpo fue el último en ser rescatado de los escombros del edificio que explotó hacia diez días.

Rosario.- La trágica explosión y posterior derrumbe del edificio de Rosario dejó 21 muertos. Entre ellos, Santiago Laguia, un joven de 25 años quien, en un primer momento, fue intensamente buscado ya que varias personas habían declarado haberlo visto deambulando en estado de shock por las calles de la ciudad santafesina.

Sin embargo, en la tarde del lunes 12, los rescatistas hallaron su cadáver en la zona de los ascensores.
Este jueves, su hermana Macarena escribió una emotiva carta de despedida en la que destaca que durante la semana en que estuvo desaparecido, su familia hizo "lo imposible" para hallarlo porque "la esperanza y la fe (...) era increíble".
A continuación, la carta completa que la joven publicó en su Facebook:
¡Te me fuiste campeón! No tengo palabras que expliquen lo que se siente, el dolor inmenso que es perder a un hermano. Solo quería escribirte esta carta por este medio porque creo que todo el mundo merece saber lo grande que eras y que seguís siendo!
No tenías maldad hermano, me cuidabas como a una hija, me retabas, me dabas los mejores consejos y me bancabas en todas, sin dudarlo. Solo vos y yo sabemos lo que hablamos estos últimas días y me acuerdo cada palabra que me dijiste, te aseguro que me voy a cuidar y voy a cuidar de mamá y papá, que nada me va a lastimar.
Te amo, te amo con toda mi alma, no puedo dejar de escribirte ni de llorar. Doy mi vida por estar con vos, por darte un abrazo y decirte que te extraño. Te necesito hermano, te necesito muchísimo y todavía no puedo entender por qué a vos.
Solo quiero que sepas y que te quede claro, que hicimos lo imposible para volver a verte, que la esperanza y la fe que tenía era increíble. Y el lunes a las 19.30 de la tarde, mi vida cambió, ya no te tengo conmigo y todavía no puedo creerlo. Sos y siempre vas a ser mi ángel, mi hermano y mi mejor amigo.
Tenés que estar feliz y orgulloso de lo que sos. ¡Te ama mucha gente! Desde acá te digo hermano de mi alma que me fui con vos, que voy a sacar fuerzas de donde sea para seguir, pero cuesta mucho! Ayudame, te amo sin dudarlo y gracias por ser mi hermano. 

Los rosarinos, entre la angustia, el luto y la solidaridad

Written By Charles Francis on 12 agosto 2013 | 23:32

Los rosarinos, entre la angustia, el luto y la solidaridad

Toda la ciudad se vio conmovida por la tragedia y no fueron pocos los que hicieron su aporte anónimo en los días más tristes de la historia de Rosario.

Rosario aplaudió entre lágrimas a los rescatistas, quienes agradecieron el apoyo del pueblo rosarino. (foto: Francisco Guillén)
Por Hernán Maglione / La Capital

"Gracias", rezaba la bandera argentina que hicieron flamear los bomberos sobre una autobomba, minutos después de que se encontraran los cuerpos de los últimos dos desaparecidos que quedaban tras la tragedia de Salta al 2100. Rosario vivió en primera persona sus días más aciagos y no dudó en aportar su granito de solidaridad y su apoyo a los rescatistas.
Desde los minutos posteriores a la explosión los rosarinos vivieron en carne propia el dolor de una de las mayores tragedias de su historia. Algunos no dudaron en arriesgar la vida para colaborar cuando todavía las llamas no se habían extinguido, otros se fueron sumando con el correr de las horas para integrarse como parte imprescindible de las tareas de rescate. Pero no hubo nadie en la ciudad que haya quedado ajeno al dolor durante los casi siete días en que todavía quedaba alguna esperanza de encontrar un sobreviviente.
A la par de los héroes, los rescatistas rosarinos y los que llegaron desde distintos puntos de la geografía provincial y nacional, los voluntarios trabajaron sin descanso desde el martes de la explosión. Se turnaron para que no faltara nada en ningún momento, cocinaron, repartieron bebidas y también palabras de apoyo y una sonrisa, tan necesaria en momentos tan difíciles.
Los rosarinos se vieron conmovidos por la tragedia y respondieron con la urgencia que el momento exigía. En pocas horas se cubrió el cupo de dadores de sangre, y los voluntarios llegaron a pedir que no acercaran más donaciones porque se había sobrepasado el límite. Incluso los rescatistas agradecieron la generosidad de personas anónimas y solicitaron a vecinos de toda la ciudad y hasta de localidades cercanas que no intentaran llegar hasta la Zona Cero y dejaran las tareas de rescate en manos de los especialistas.
"Sentimientos encontrados", destacaron los rescatistas y paramédicos al culminar con las tareas de rescate, por el dolor de las pérdidas humanas, por la imposibilidad de encontrar los sobrevivientes que habían ido a buscar, pero también por la solidaridad del pueblo rosarino, que a pesar de la angustia no dudó en ponerse a disposición de quienes sufrieron el horror de cerca.
La imagen final fue la de Rosario aplaudiendo entre lágrimas a los rescatistas, y los rescatistas retribuyendo su agradecimiento a Rosario. Fue un "gracias" de todos y para todos en uno de los momentos más tristes de la historia de la ciudad.

HISTORIA DE UNA BANDA

 
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