Por Horacio Aranda Gamboa
[Imagen: Hormiga Negra anciano entrevistado por un periodista, fotografía de René Hardy] |
La vida de Guillermo Hoyo trascendió las páginas policiales hacia la Leyenda. Crímenes, pendencia y guapeza en anécdotas que pintan a un hombre y a la época en que vivió.
Era petiso, de ojos claros y cabellos rubios, poseía una nariz afilada y llevaba pecas en las mejillas, y sin embargo, por esas contradicciones de la vida, se lo apodó Hormiga Negra. El destino lo fue arrinconando, le tendió una trampa y su historia, crímenes y leyendas, lo terminaron metiendo de prepo en las páginas policiales del país.
Guillermo Hoyo, el nombre que figura en su acta de bautismo, nació en la ciudad de San Nicolás de los Arroyos a mediados de 1837. La mitología popular y los cronistas de la época, prefirieron endilgarle fama de gaucho malo, pero su coraje quedó evidenciado cuando, como soldado, combatió en las batallas de Cepeda y Pavón, en el arma de artillería. Trabajó como peón y resero. En 1859 se casó con Juana de los Dolores Acuña en la ciudad de Rosario.
Su sobrenombre de Hormiga Negra lo habría heredado de su padre, gaucho famoso a ambas márgenes del Arroyo del Medio, apodado del mismo modo, quien ante la temeridad y arrojo de su hijo habría afirmado: "A este le permitiré que lleve mi apodo porque es digno de hacerlo y ahora sabrán las policias lo que somos los arroyeros".
A lo largo de su vida lo acusaron de varios crímenes, muchos de los cuales no mostraron evidencias suficientes para inculparlo: el asesinato de Santiago Andino en Santa Fe, la muerte en riña de Pedro José Rodríguez, quien habría fallecido por tres heridas recibidas, hecho por el que Hormiga Negra pasaría casi diez años de su vida prófugo, el supuesto degollamiento de un niño para robarle los quesos que este llevaba; el crimen de Lina Paenza de Marzo, ocurrido el 14 de septiembre de 1902, por el cual purgó una condena de 6 años, cumpliendo efectivamente cuatro, en la Penitenciaria Nacional. Hormiga Negra pagó por un delito que no cometió. Fue la mujer de Martín Díaz, el verdadero asesino de Paenza de Marzo, quien años mas tarde terminaría develando el misterio; luego de una disputa familiar la mujer se presentó a la Justicia e hizo entrega de las joyas de la víctima. Cuenta la leyenda que Díaz se habría encontrado con Hoyo y arrepentido, le espetó: "Perdón don Hormiga", a lo que solo habría recibido como respuesta una sonrisa.
La historia personal de Hoyo parecía ir a contramano de su leyenda. Por un lado, un hombre apreciado al que algunos consideraban un romántico que daba en ayudar a los desvalidos. Por el otro, un hombre que causaba espanto y tenía aterrorizada a toda una región, ante la sola mención de su nombre, arrastrando un presagio de muerte. El supuesto degollamiento del niño sería solo un entremezclado con la mitología gaucha. Un crimen similar se le adjudicó a Juan Moreira, otro gaucho "malo" famoso.
Es evidente que Hormiga Negra, de puño y letra, construyó su propia leyenda, quizá en el afán de ganarse un sitio en una época y en un lugar social en donde el ser hombre se reforzaba con el cuchillo, la bebida y la pendencia, pero también es evidente que muchas de las historias que se le adjudicaron fueron parte del imaginario colectivo.
A Hormiga Negra le tocó vivir en una etapa de la historia en la cual parte de los males, estaban dados desde las mismas autoridades. En su libro, "Dramas Policiales", Eduardo Gutierrez sostiene: "La gran causa de la inmensa criminalidad en la campaña, está en nuestras autoridades excepcionales. El gaucho tiene dos caminos forzosos para elegir: uno el del crimen, otro el camino de los cuerpos de línea, que le ofrecen su puesto de carne de cañón... En el estado de criminal abandono en el que vive, está privado de todos los derechos.... Ve cerrados todos los caminos del honor y del trabajo...". Ser gaucho era mal visto, ser rebelde delito.
Cuentan que una tarde, ya viejo, Hoyo se enteró de que el circo de los hermanos Podestá llegaba a San Nicolás, dispuesto a representar la obra que contaba su leyenda. En vísperas de la función, se apersonó a la carpa. "Andan diciendo que uno de ustedes va a salir el domingo delante de toda la gente y va a decir que es Hormiga Negra. Les prevengo -dijo con gesto indignado- que no van a engañar a nadie, porque Hormiga Negra soy yo y todos me conocen". No hubo modo de que los Podestá lo hicieran entrar en razones. Hablaron de homenajes, mandaron a buscar ginebra para atemperar los ánimos, pero el anciano pobre, vestido con pulcritud, se mantuvo firme y exigió respeto. A quien saliera a decir que era Hormiga Negra lo atropellaría el mismo con su sola presencia. El domingo el circo representó una obra. El cartel rezaba en letras grandes: "Juan Moreira". Hoyos murió en la ciudad en que había nacido, el 1 de enero de 1918. Tenía 81 años.
Fuente: www.cardon.com.ar/nota?id=237
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