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Un hombre vinculado a la banda de Los Monos fue ejecutado de seis balazos

Written By Carlos Francisco Gutierre on 08 noviembre 2015 | 10:01

Fue el viernes en Sorrento y Circunvalación. Roberto Cavalli iba en un Renault Clío junto a su pareja cuando desde otro auto le dispararon a mansalva. "Se le acabó la nafta", vociferaron.

A las 8.45 del viernes el semáforo sobre avenida Sorrento y Circunvalación provocaba un hervidero de tránsito. En ese pandemónium Roberto Cavalli, de 32 años, manejaba su Renault Clio modelo 2001 color azul en dirección al oeste. Iba junto a su esposa, de 29 años y embarazada de seis meses, y su pequeña hija. Entonces se detuvo en la fila que esperaba la luz verde de paso, sobre la mano este-oeste y a unos 50 metros del cruce. Llevaba la ventanilla baja. A su lado se colocó un Peugeot 207 Compact color negro con dos ocupantes. Enseguida de ese vehículo bajó el conductor empuñando una pistola calibre 9 milímetros y al llegar al lado de Cavalli le disparó al menos seis veces impactándolo en el pecho y la espalda. El disparo de gracia fue en la nuca. Su compañera sólo resultó herida por una esquirla en el cuello. Tras ello el asesino se subió al Peugeot 207 y lo sacó arando. Pasó el semáforo en rojo, cruzó el puente sobre Circunvalación y tomó por la avenida hacia el sur perdiéndose entre el tránsito.
  Cavalli quedó sentado al volante del Clio exhalando sus últimos suspiros. En estado de shock y gritos histéricos, su pareja e hija salieron del auto y fueron auxiliadas por ocasionales transeúntes que circulaban por el lugar. “Se le acabó la nafta”, vociferó uno de los allegados al muerto para explicar lo ocurrido.
Casos calcados. La escena del crimen de Roberto Cavalli hizo recordar inmediatamente la manera en la que fuera ejecutado el empresario Luis Medina el 29 de diciembre de 2013 en el acceso Sur y Ayolas. Fue cerca de las 6 de la mañana cuando el hombre, de 42 años y vinculado al mundo narco de la ciudad, conducía un Citroën DC 3 rojo en compañía de su pareja, Justina María Castelli, de 23 años. Al parecer regresaban de un boliche o una fiesta y se dirigían al hotel Pullman, del casino City Center, donde estaban alojados. Cuando el auto atravesó Ayolas fue interceptado por un vehículo desde el cual partió una ráfaga de tiros que alcanzó a Medina. Luego los ejecutores bajaron y lo remataron a balazos de calibre 9 milímetros. El cuerpo de la víctima tenía 20 orificios de bala y su pareja, vestida con un top, minifalda y tacos, recibió tres balazos mortales.
   Otro caso de similares características fue el asesinato de Martín “Fantasma” Paz la tarde del sábado 8 de septiembre de 2012. Cinco balazos retumbaron durante la siesta en Entre Ríos y 27 de Febrero. Paz quedó aferrado al volante de su flamante cupé BMW Z4. Su mujer y su pequeño hijo, que estaban sentandos junto a él, resultaron ilesos.
   Ese crimen se judicializó en el expediente 913/12 en manos del entonces juez de Instrucción Juan Carlos Vienna y puso bajo la lupa a la banda de Los Monos, una de las gavillas delictivas más temidas de la región bajo la acusación de ser una asociación ilícita sostenida en hechos violentos para concretar y asegurar negocios económicos.
Vínculos. El 31 de mayo de 2013, cinco días después del asesinato de Claudio “Pájaro” Cantero (quien era sindicado como líder de la banda Los Monos), la causa 913/12 saltó a la luz pública con una serie de allanamientos contra la familia del joven muerto. En esa investigación Roberto Cavalli fue mencionado como una de las personas ligadas a Los Monos. Incluso, en ese marco, fue llamado a prestar declaración informativa bajo la sospecha de ser el encargado de las compras de bienes muebles destinados al clan Cantero. Una de esas compras fue una partida de materiales de construcción y sanitarios adquiridos a dos firmas de Rosario, insumos que fueron encontrados en ocasión del allanamiento a la casa quinta y haras de tres hectáreas que le atribuyeron al clan en la localidad de Pérez. En febrero de 2014, sin embargo, Cavalli fue desvinculado de la causa por falta de pruebas.
   Roberto Cavalli estaba casado con una hermana de Andrés “El gitano” Fernández, un hombre procesado por el homicidio de Diego “Tarta” Demarre, quien era dueño del boliche frente al cual asesinaron a “Pájaro” Cantero y a quien Los Monos acusaron de ser quien entregó el hecho.
   La ejecución de Demarre, ocurrida el 27 de mayo de 2013 a pocos metros de su casa de bulevar Seguí y Maipú cuando volvía desde los Tribunales después de intentar declarar sobre la muerte del “Pájaro”, es investigada en el expediente 448/13 y, según la acusación, “El Gitano” Fernández era quien conducía el auto desde el que partieron los balazos que mataron a “El Tarta”. Los otros acusados en la causa son Máximo Ariel “Guille” Cantero, Emanuel “Ema” Chamorro y Leandro “Gordo” Vilches.
   Los dos expedientes mencionados se encausaron en procesos abreviados que fueron parcialmente homologados por la Justicia. La parte rechazada en Tribunales es la que vincula a “Guille”, “Ema” y “El Gordo” en el homicidio de Demarre ya que se les quiso bajar el nivel de la imputación para endilgarles una participación secundaria y una pena menor a la estipulada por el Código Penal. “El gitano”, en tanto, no quiso abreviado.
   Una anécdota de esa investigación es que para la pesquisa, en manos de la jueza de Instrucción Alejandra Rodenas, “El gitano” era un hombre sin rostro. Ninguno de lo que lo tenían en carpeta conocían su cara. Pero fue al revisar el Facebook de Cavalli que la cara de “El gitano” se ganó un lugar en el organigrama de la banda de Los Monos.
A plena luz. El sol primaveral vestía la mañana de noviembre cuando Roberto Cavalli encaró el último tramo de calle Sorrento, antes de legar al semáforo de la avenida de Circunvalación. El Clio azul llevaba sobre el costado derecho de su puerta trasera una calcomanía con un rosario. Él no sabía que estaba frente a los últimos tramos de su vida.
   Desde bulevar Rondeau y Sorrento un Peugeot 207 color negro que había sido robado el 15 de septiembre pasado en General Lagos lo seguía de cerca. En ese tramo, el conductor del Peugeot tuvo a tiro al auto de Cavalli al menos en tres semáforos. Pero el indicado para dar el golpe era el de Circunvalación ya que ofrecía una amplia gama de vías de escape. Entonces el Clío se detuvo en la cola del semáforo, a unos 50 metros de la colectora, entre los predios de la firma La Virginia y un mega outlet en construcción. La ejecución duró menos de diez segundos y fue ante una cantidad importante de testigos.
   “Lo que se puede ver en los registros de las cámaras de videovigilancia de la zona es que el Renault Clío en el que viajaba la víctima se detuvo por el semáforo en rojo. Desde Sorrento y Rondeau los autos (el Clío y el 207) vienen uno atrás del otro. Cuando el Clio se detiene, el otro auto se pone a la par, baja el conductor, va hacia la ventanilla del otro conductor y le dispara varias veces. Todos los tiros fueron dirigidos hacia él (Cavalli), porque la acompañante sólo recibió un roce en el cuello”, explicó el viernes en la escena del crimen el fiscal de la Unidad de Homicidios Rafael Coria.
No fue un robo. “No tenemos certezas de que la víctima tenga vinculación con Los Monos”, indicó el fiscal antes de aclarar: “No fue un robo, porque el hombre tenía su celular y dinero en su billetera. Una de las hipótesis es que podría tratarse de un ajuste de cuentas”, dijo sin animarse a catalogarlo como “un hecho de tinte mafioso”. El 207 negro, en tanto, fue identificado por la patente y así se pudo saber que había sido robado en General Lagos.
   En la escena del crimen, en tanto, quedaron seis vainas servidas calibre 9 milímetros. En el Clio no había armas ni drogas. En los bolsillos de la ropa de Cavalli quedaron su billetera con 1.150 pesos, el celular y media docena de cédulas verdes de diferentes vehículos. Su esposa fue asistida en un centro médico privado.
   Los días irán acomodando el asesinato de Cavalli en el complejo contexto de la narcocriminalidad rosarina. El crimen tiene una marca, un sello mafioso, y dejó un mensaje. Eso deberá ser decoficado por los investigadores y el núcleo duro de la delincuencia local.
   A la hora de buscar detonantes para el homicidio, en la calle se habla de que Cavalli “no honraba sus deudas” con sus viejos compinches. Y que eso pudo ser un disparador. También se enmarca su asesinato en la puja que mantienen en las últimas semanas facciones antagónicas de los barrios La Granada y Las Flores, en la zona sur rosarina. Una puja que ya se anotó al menos otras dos muertes: la de José Ramón Casco, ocurrida el pasado martes 20 de octubre en Moreno al 6400; y la de Miguel Angel Soloastro, el lunes 26 de octubre en Conscripto Bernardi al 6100, en el barrio de La Carne. La tercera opción es que alguna banda quiera desafiar el vacío de poder de la supuestamente desarticulada banda de Los Monos y pelearle la calle y los negocios que en ella se hacen. Y en esa pela parece no haber límites demarcados.
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