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Causa Monos: cada cosa en su lugar

Written By Charles Francis on 07 abril 2014 | 18:07

El juez y la causa de Los Monos están bajo bombardeo. Hay una serie de acontecimientos que se vinieron dando en los últimos quince días que tienen un mismo objetivo: golpear todo el esquema que permitió la detención y procesamiento o puso en fuga a los principales miembros de Los Monos, al juez que instruyó la causa y a la División Judiciales de la Policía que fue su mano derecha.
Es importante entonces saber mantener el rumbo. La causa de Los Monos, instruida por Juan Carlos Vienna, será valorada por la calidad y cantidad de sus pruebas cuando los jueces de los tribunales superiores deban resolver sobre cómo se llevó adelante la investigación. En manos de ellos está revisar si la investigación se hizo con todas las garantías del debido proceso. Y el paso siguiente, si como toda indica supera esta etapa, el caso se ventilará en el juicio donde los requerimientos de pruebas tienen un mayor peso que el de la etapa instructiva. Hasta ahora, vale aclarar, no hubo señalamientos concretos sobre ese punto. De hecho, la defensa se inclinó por una estrategia orientada a dinamitar a quienes instruyeron la causa y le proveyeron espalda política para ir para adelante, más que a desplegar argumentos jurídicos.
Dónde pararse
El clan Cantero se organizó hace casi dos décadas. Tuvo protección política, policial y judicial; creció, regó la ciudad de muertos, búnkers y violencia. Por primera vez el accionar conjunto de Justicia y poder político los golpeó; es necesario defender ese paso. No hay que perder de vista ese objetivo, por más que la realidad del narcotráfico siga siendo apabullante, que otros narcos estén disputando el lugar que los Cantero todavía no dejaron vacío del todo.
No es lo mismo que Los Monos estén presos a que estén sueltos. Porque los Cantero no son la romántica historia que tan amenamente divulgan algunos comisarios y el abogado que los defiende, en medio de copas y anécdotas risueñas, camino ya a construir un mito de ellos, como el de los Robin Hood que tanto le rindieron a la literatura policial. Estos hombres y mujeres están sospechados y acusados de reventar gente, de mandar matar, de traficar drogas, de amenazas, de tener un ejército de soldaditos para todo servicio, de pagar sicarios, de venganzas sanguinarias, de provocar accidentes colaterales que significaron vidas que se fueron por “error”.
Por eso no se entiende cuando un partido de la oposición permanece impasible teniendo como vocero y operador a un diputado cuyas declaraciones son escandalosamente funcionales y encastran a la perfección y en el momento indicado con la estrategia defensiva de Los Monos.
En el día a día de la política provincial Héctor Acuña cumple dentro del interbloque justicialista el papel de aquel que explicita sin filtro lo que sus compañeros de bancada se cuidan de decir. Hasta ahí todo bien, son los recursos de la disputa discursiva a la que unos y otros recurren habitualmente. La diferencia con Acuña es que sus dichos son funcionales a intereses muy concretos de sectores internos de la Policía que operan para hacer caer la causa de Los Monos, que ponen más el eje en los investigadores que los investigados. Y será mucho o poco, pero por primera vez en 20 años Los Monos están tras las rejas, prófugos o procesados. Siendo que la presidencia de la comisión de Seguridad de la Cámara de Diputados es el más alto lugar institucional desde el cual la oposición discute las políticas de seguridad, la pregunta es si Acuña es lo que tiene para ofrecer a Santa Fe en este crítico momento el principal partido de la oposición.
Las dudas sembradas
Ninguno de los anteriores señalamientos quita que es imperioso verificar las acusaciones lanzadas sobre policías de la División Judiciales. Son funcionarios públicos, deben rendir cuentas, aún cuando es manifiesto que las acusaciones, por la forma y el momento en que se hacen, tienen tufo a apriete.
En estos años, el gobierno provincial no se mostró nada hábil para lidiar con una fuerza policial atravesada por la corrupción. Erró feo a la hora de elegir jefes policiales y en el reclutamiento de algunos miembros para las nuevas áreas de investigación que generó; a eso se suma que dejó muchas dudas cuando en la anterior gestión quedaron cajoneadas las requisitorias sobre los bienes patrimoniales de los uniformados.
El Poder Judicial también tiene enormes responsabilidades, con causas que involucran a uniformados que pasan años sin resolución. El caso del comisario Hugo Giuliano, abierto en 2004, fue noticia la semana pasada porque por segunda vez la Cámara Penal revocó el sobreseimiento que en primera instancia le concedieron dos jueces diferentes.
La señal de la Corte
Mañana la Corte Suprema de Justicia analizará en la reunión de acuerdo semanal el detallado escrito que elevó el juez Juan Carlos Vienna sobre las circunstancias en las que viajó en dos oportunidades al exterior, en fechas coincidentes con las salidas y entradas al país del padre de una víctima de asesinato que él investigó.
El juez tenía que dar explicaciones y lo está haciendo. Primero en público y ahora a través de un escrito que, según quienes lo vieron, es muy preciso en detalles. Allí afirma “de forma tajante” no haber viajado junto a Luis Paz ni haberlo visto en el avión. “Si lo vio y lo saludó, al negarlo se expone a que mañana aparezca un video o una foto; pero él afirma con seguridad que no lo vio ni supo de Paz en el viaje”, contó una calificada fuente de Tribunales.
La divulgación de esos viajes obliga a dar explicaciones, sin perjuicio de señalar que la revelación tiene intenciones en extremo malolientes y que el único que no actuó con la cautela institucional ante el estupor generalizado fue otra vez el diputado Acuña, desembozadamente interesado en empujar al lodozal a un juez que lleva la causa contra bandas organizadas más importante en dos décadas. Si el juez está salpicado ya se verán las manchas, no se necesita un diputado que desde el barro lo tome de la mano para arrastrarlo con él.
Vienna quedó envuelto en un berenjenal del que ahora está dando explicaciones porque llevó adelante una causa emblemática, peligrosa como ninguna otra. A diferencia de algunos/as de sus colegas que se esconden o están prestos a excusarse ante la primera causa más o menos picante que llega a su escritorio. Lo miran de reojo a Vienna por haber impulsado la investigación contra los Cantero y hoy tiene que vivir con custodia y otras complicaciones cotidianas. Funcionarios judiciales que comentan sobre los Vásquez, los Medina, los Cantero, los Bassi, el búnker de aquí o de allá, café en mano como si fueran ciudadanos de a pie sin responsabilidad en el tema.
Nadie sabe si las explicaciones de Vienna alcanzarán para zanjar los interrogantes abiertos sobre el vínculo con Paz. Por lo pronto, el martes la Corte tiene varias opciones: mandar el escrito al archivo, abrir una investigación administrativa, pedir mayor información, entre otras. Como sea, dará una señal política reveladora con respecto al respaldo con el que cuenta el juez.
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Carlos

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